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miércoles, 13 de enero de 2016

CARLOS ALBERTO MONTANER: EL DÍA DE SOLTAR LOS PRISIONEROS

Henry Ramos Allup, el nuevo presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, ha comenzado su labor sin miedo

La prioridad clarísima de esa angustiada sociedad es aliviar sus graves problemas económicos

El mal gobierno ha diezmado la capacidad productiva del país

No pude evitar el déjà vu. Me lo recordó Eduardo Suárez, profesional del mundo de la imagen con un fino instinto para la noticia. La imagen de Hugo Chávez expulsada de la nueva Asamblea Nacional venezolana me trajo a la memoria los inolvidables episodios del fin del comunismo europeo, con las estatuas de Stalin rodando por el suelo en medio de una gloriosa polvareda.

De alguna manera, lo sucedido en Caracas es la continuación de aquellos eventos. No en vano los chavistas y sus compañeros de viaje se proclamaron los cultivadores del “socialismo del siglo XXI”, aunque con mucha menos violencia que los del XX, pero con el mismo nivel de incompetencia y acaso más corrupción. Era la mayor cantidad de clientelismo, colectivismo y desprecio por las formas de la democracia liberal que permitían estos tiempos posteriores al derribo del Muro de Berlín y el descrédito total de las supersticiones marxistas.

Ha hecho bien Henry Ramos Allup, el nuevo presidente de la AN, en comenzar su labor sin miedo. No solo tiene tras sí la razón, la Constitución y los dos tercios de los escaños parlamentarios. Según una encuesta de Datincorp, 81% de los venezolanos rechaza la convocatoria de Nicolás Maduro a desconocer las decisiones del nuevo parlamento.

La prioridad clarísima de esa angustiada sociedad es aliviar sus graves problemas económicos, pero esa operación de salvamento comienza por hacer respetar la voluntad popular, expresada en la designación de 112 diputados, ni uno menos, y poner en la calle al centenar de presos políticos injustamente encarcelados, encabezados por Leopoldo López y Antonio Ledezma. Lo anticipó hace muchos años Andrés Eloy Blanco, el poeta nacional venezolano: “Yo le sembré los luceros/ que en el corazón tenía/ y era bueno como el día/ de soltar los prisioneros”.

Lo ha advertido con toda urgencia Felipe González. Venezuela se dirige a una situación de crisis humanitaria. El mal gobierno ha diezmado la capacidad productiva del país, no hay suficiente comida, medicinas o dinero para importarlas, y el crédito internacional se ha terminado. Como Maduro continúa dialogando con los pajaritos, indiferente a la realidad, y como su nuevo ministro de Economía no sabe dónde tiene la mano derecha y acabará pulverizando los escombros, la única esperanza de rectificación son las medidas que pueda tomar la AN.

Esta insólita situación por la que pasa una de las naciones potencialmente más ricas del planeta se debe al guión populista por el que se ha regido el chavismo. La secuencia siempre es la misma. Primero, el gasto público desenfrenado, generado para reclutar a una legión de estómagos agradecidos, provoca una etapa de euforia económica, anormalmente prolongada en Venezuela por los altos precios del petróleo. En segundo lugar, se desata la inflación y el gobierno responde con controles de precios y emisión creciente de moneda, lo que empeora la crisis. La tercera etapa es el desbarajuste total: desabastecimiento, aumento exponencial de la pobreza y quiebra virtual del sistema. La cuarta, en la que deberían estar los venezolanos si Maduro no fuera tan ostensiblemente ignorante, es la del ajuste. Hay que sincerar los precios, recortar el gasto público y revitalizar el aparato productivo abriéndoles las puertas a los emprendedores e inversionistas nacionales y foráneos, lo que requiere respeto por la propiedad privada y un sistema judicial confiable.

El “socialismo del siglo XXI” surgió con los petrodólares de la Venezuela de Hugo Chávez, bajo la pérfida dirección de los Castro, y terminará con el hundimiento de ese mundillo artificial, disparatado y, sobre todo, incosteable. Afortunadamente, como sucedió con los países comunistas de Europa, el tránsito probablemente sea pacífico y por medio de elecciones que no podrán controlar. El que a urna mata, a urna muere.

Carlos Alberto Montaner
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner

Estados Unidos

miércoles, 25 de noviembre de 2015

RAMÓN PEÑA, A TRIUNFAR SIN MIEDO

Simón Alberto Consalvi, en su conciso y bien documentado ensayo, El año en que los venezolanos perdieron el miedo, describe cómo en 1957, las fuerzas democráticas, cercadas durante diez años de cruel represión, se agruparon unitaria y concertadamente para enfrentarse a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, reclamando amnistía, libertad de expresión, libertad de los presos políticos, el regreso de miles de exiliados y una solución pacífica electoral. 

En noviembre de ese año, el dictador, contando con el control absoluto de los poderes públicos, incluido el Consejo Supremo Electoral, convocó un plebiscito para eternizar su estancia en el poder. Un insolente fraude le dio el triunfo, pero fue también la chispa para un contundente ¡basta ya! gritado decididamente en las calles, en las iglesias, en las universidades, que desembocó en la rebelión militar que dos meses más tarde desterró a Pérez Jiménez y su corte gobernante.

Hoy, ante un régimen insólito, que ha fundido autoritarismo y dilapidación, corrupción y vulgaridad, mediocridad y arrogancia, la sociedad democrática está resueltamente unida en busca de una salida pacífica electoral. 

Como en 1957, se enfrenta sin miedo a las amenazas del Golem gobernante, quien, ilustrando aquello de que el poder ciega y no pocas veces enloquece, anuncia que si la oposición gana “no entregará la revolución”, pasará a gobernar con una “unión cívico militar” y desatará el “caos”.  

Una estupidez que tiene el valor de quien la dice. No hay marcha atrás. En este enfrentamiento entre la civilización y la barbarie, entre el progreso y el atraso, entre los ciudadanos del SXXI y los chácharos decimonónicos, no hay dudas, triunfará la inmensa mayoría y comenzará el final de una mentira transformada en pesadilla.

Ramon Pena
ramonpen@gmail.com

sábado, 24 de octubre de 2015

PABLO ELOY MOSCO, PEROGRULLADAS, SIN MIEDO

UD., y yo sabemos que entregarle 100 millones de bs a una persona, no lo convierte en un hombre rico, quizás al entregarle el dinero, Ud., le esté haciendo más mal que bien  y ese hombre pobre terminara siendo un pobre hombre. Ser rico es bueno , bueno para el individuo, bueno para la familia, bueno para la sociedad, rico es el individuo que crea riquezas y no debe ser confundido con el hombre adinerado.

El ignorante, el aventurero, el charlatán, suelta la lengua y exhibe ante el mundo su ignorancia e irrespeto, es así como sentencia que ser rico es malo. 
El es un iletrado y se rodea de individuos cobardes y ambiciosos, algunos con talento, todos inescrupulosos.
Igual que el hombre que entrego a otros los 100 millones de Bs. El iletrado al leer los MISERABLES, ordeno la impresión y distribución masiva de los miles de ejemplares, ese esfuerzo se perdió, la sin razón del iletrado, unida al oportunismo de Fidel Castro le hizo embarcar al país, en una innecesaria e inútil campaña de alfabetización, ellos dicen que acabaron con el Analfabetismo  en Venezuela., cosa que muy pocos creemos, no obstante, mi pregunta al chavismo y al antichavismo
Es ¿Cuántos nuevos lectores hay en Venezuela?. Entiendo que no es la misma cosa ALFABETA que LECTOR, por eso se habla de los analfabetas funcionales. Y tengo que preguntar ¿Harina Pan, Mayonesa, Yogurt, Aceite, Margarina, Arroz, Vinagre; Pastas, todos estos productos y muchos más llevan la marca POLAR? ¿Cuánto dinero de las misiones termina en empresas polar? ¿Podrá NICOLAS NO con ellos?  , pienso que el enfrentamiento de NICOLAS NO con POLAR dará al traste con la dictadura militar CHAVOCASTRISTA.
Libertad para todos los presos políticos y pronto regreso a la patria de los exiliados
Pablo Eloy Mosco
pabloeloymosco@gmail.com

@pablomosco