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miércoles, 26 de abril de 2017

RAMÓN PEÑA, BRAVO PUEBLO

EN POCAS PALABRAS

Y por el poder de una palabra vuelvo a vivir, nací para conocerte, para cantarte,
Libertad. Paul Eluard

La bruma de las bombas no ensombrece los colores de sus banderas ni el tronar de las balas acalla su voz. Sin dar un paso atrás frente a la fuerza bruta, este pueblo nuestro de hoy escribe una historia hermosa y digna. Mujeres y hombres de todas las edades en las calles. No hay diferencia. Todos con el mismo arrojo. Tampoco distinción entre humildes y ricos. Entre blancos o negros. El Este y el Oeste se han fundido en una sola geografía de batalla. El sentir es el mismo, la rabia se hizo igualitaria, el despotismo ha terminado uniendo a unos y otros. La caterva gobernante se ha quedado sola y luce ajena, extranjera, su crueldad no es propia de venezolanos contra venezolanos. Semeja las tropas napoleónicas arrollando los poblados de España. Sus cerebros cubanizados no encuentran razones para ser compasivos. Sus tropas, vueltas mercenarias, reciben premios y bolsas de comida como paga por cada jornada de brutalidad.

En su agonía al régimen solo le queda la bestialidad. Se le agotó el discurso. También las promesas. Se hizo jirones su bandera socialista coloreada con patriotero bolivarianismo; sus consignas de improvisada ideología se borraron de tanto manoseo. Ya languidecían antes de que desapareciera el profeta de la farsa. No sobrevive más que una banda criminal, miedosa, cruel y armada. Peligrosa por acorralada, pero perdida en su laberinto de soledad que crece dentro y fuera de nuestras fronteras.

Solo falta la gloria de la libertad conquistada. Y ya está en marcha

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42
Caracas – Venezuela

jueves, 20 de abril de 2017

RAMÓN PEÑA, EN CUENTA REGRESIVA

EN POCAS PALABRAS

En ocasiones se ha considerado conveniente que un proceso histórico complete su ciclo vital hasta el final, sin interrupción, para que descargue toda la verdad de la ideología –o intención- que lo inspira. Esta apreciación se ha cumplido en la historia de esta “revolución” a un costo muy alto y prolongado en el tiempo, pero solo así ha aflorado todo su miserable contenido. Son 18 años de atraso, abusos, hambre y crímen. Pero ha sido el tiempo necesario para que la sociedad, de manera paulatina, llegue hoy, casi en su totalidad, a tomar conciencia de la trampa y la mentira que escondía la promesa que le dio vida a este proyecto en el ya lejano 1998 y sea referente historico para evitar que semejante engendro resucite en nuestro futuro.

Vivimos la postrimería de esta aventura, engalanada con el apelativo de Socialismo del SXXI, pero que en verdad no era más que un menjurje de bota militar y autocracia con vicios de comunismo caduco. Lamentablemente, es cruenta hasta su ocaso. Cinco venezolanos: Jairo, Daniel, Miguel Angel, Brayan y Gruseny, entre 14 y 36 años de vida, son sus más recientes víctimas, asesinados por el brutal zarpazo, que puede ser el último, de la que sin duda ha sido la experiencia más nefasta del social-populismo en América Latina.

La camarilla gobernante, malquerida en todo el pais, se aferra hoy al poder sin logros que defender ni futuro que prometer. Sin asomo de vergüenza viaja nerviosa a la Habana a pedir línea, da zarpazos en su agonía grisácea, mata a jóvenes inocentes y, acechada por la sombra de la justicia, ya le da igual si el legado histórico de su profeta charlatán termina en el Olimpo o en algún vertedero de basura.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42
Caracas – Venezuela  

martes, 18 de abril de 2017

RAMÓN PEÑA, PODER JOVEN

EN POCAS PALABRAS
IN MEMORIAM: JAIRO ORTIZ,19,VÍCTIMA DEL MADURISMO

Requesen, Guevara, Guanipa, Olivares, Paparoni, Pizarro, para mencionar solo algunos, son los apellidos de los jóvenes que hoy escriben nuestra historia. No necesitan llevar uniforme ni revolver al cinto para ser heroes. Cívica y combativamente defienden la Constitucion y les dan lecciones a aquellos que lucen charreteras, soles y condecoraciones, pero que lejos de su alegada tradicion de forjadores de libertades, se han prestado a ser sostén de vil dictadura. 

Con su arrojo, estos jóvenes parlamentarios venezolanos han despertado la fe de la sociedad para resistir. Su valentía y temple ante los golpes y toda clase de agresiones, han contagiado a la juventud en todas las ciudades del país, que se ha lanzado resuelta a luchar por su futuro y a liberarlo de las manos que lo ensombrecen.

Cobra importancia histórica la mocedad de estos nuevos líderes. Por largas décadas nuestra política ha envejecido ante la ausencia de una generación de relevo. Es una deuda que dejaron los 40 años de institucionalidad democratica. Pero hoy vence la sombra de la dictadura castrense, autocrática y de culto a la personalidad, inhibidora por naturaleza de la renovación de cuadros en la escena politica. 

Hace méritos la juventud venezolana para ocupar posiciones trascendentales en el liderazgo político. Le corresponde también porque ha sido la víctima preferida del despotismo castro-chavista, materializado en la muerte violenta de tantos venezolanos a temprana edad, en miles de jóvenes estudiantes y trabajadores objeto de prisión, tortura y vejamen y en centenares de miles forzados a buscar un mejor porvenir fuera de nuestras fronteras. 


El poder joven emergente es esperanza de nobleza para nuestra existencia humana.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42
Caracas – Venezuela

martes, 21 de marzo de 2017

RAMÓN PEÑA, GUERRA A MUERTE A LOS CACHITOS

EN POCAS PALABRAS

En Maracaibo apresaron a dos jóvenes panaderos porque utilizaban parte de la harina del "pan del pueblo” para hacer cachitos. Los oficiantes del actual organismo represor de precios, el Sundae, otro en la larga fila de sustitutos revolucionarios de la vieja y hasta añorada Superintendencia de Protección al Consumidor, tienen ordenes de perseguir a los horneros que le pongan cachos al pan con los cachitos y otras delicadeces. Un acto muy propio de esa inquisición contemporánea llamada comunismo, que al igual que la original de la Edad Media, considera la diversidad como una suerte de adulterio.

La represión contra la variedad de productos es una norma que siguen estos vicarios del Castrismo en Venezuela. Ya antes, a la odiada Polar, le impusieron penas por usar el maíz para algo que no fuera la harina de las arepas. El principio no solo se aplica a los bienes alimenticios. En materia automotriz, por ejemplo, el encajonamiento en un solo producto es otra gloria revolucionaria. Los mortales comunes y corrientes de este país tienen como única opción comprar un carro nuevo chino, importado a través de los canales enchufados en el régimen. Solo los escasos ciudadanos con una reserva en divisas disfrutan la potestad de adquirir modelos de otro origen a cambio de una gruesa suma en dólares.


La cosa puede llegar hasta el hábito de vestir. En China, cuando el comunismo era comunista y miserable, no como ahora que se abrazó al capitalismo y la globalización, Mao Tse Tung impuso un solo atuendo: el traje Mao para todo el mundo, durante su atroz Revolución Cultural. No sabemos si algo parecido tuvo en mente el Golem gobernante cuando, el mes pasado, decretó que 2017 sería el año del liquiliqui. Probablemente gris, que es su color de mayor afinidad...

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42
Caracas – Venezuela

jueves, 9 de marzo de 2017

RAMÓN PEÑA, HISTORIAS ELECTORALES

EN POCAS PALABRAS

La conquista de mayor trascendencia para los derechos políticos de la ciudadanía venezolana, desde la Asamblea Constituyente de 1947, ha sido la obligatoriedad de elecciones universales, directas y secretas para la escogencia de gobernantes y legisladores. Este principio se ha preservado invariablemente en las cuatro constituciones que, desde entonces, han regido la vida del país. Una prerrogativa democrática que ha constituido una piedra en el zapato para quienes preferirían una ruta evasiva, antes que enfrentar la voluntad popular.

En 1957, a Marcos Pérez Jiménez se le presentó el desafío que le planteaba la Constitución Nacional, redactada por el propio régimen en 1952, cual era la obligatoriedad de ir a la elección presidencial para el periodo 1958-1963. El dictador tenia certeza de sufrir una derrota en las urnas, como había ocurrido en 1952 -la cual impúdicamente había desconocido  por la fuerza- o valerse de algún subterfugio para prorrogar su permanencia en el poder. Optó por esto último, asesorado por su Ministro de Relaciones Interiores, Laureano Vallenilla Planchart, quien le aconsejó la figura de un plebiscito, el cual fue formalizado por el oficialista Congreso Nacional mediante reforma constitucional. Ya sabemos cuan fraudulenta y grotesca fue la manipulación del inventado plebiscito. 

Hoy, sesenta años después, de manera más burda que la ideada por el inefable Vallenilla Planchart, el régimen, que se reconoce vapuleado en las urnas, también huye, como Pérez Jiménez, de la obligatoriedad constitucional de realizar las elecciones de las autoridades regionales.


Es oportuno recordar, como escribiera Simón Alberto Consalvi, que “en 1957 los venezolanos perdieron el miedo… y de muy poco sirvieron las cartas marcadas, las bayonetas, los tanques, la red de espionaje y el terror…” Enfrentado unitariamente por civiles y uniformados, el dictador fue obligado a hacer precipitadamente sus maletas y a largarse un mes después de aquella artimaña…

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42
Caracas – Venezuela

viernes, 10 de febrero de 2017

RAMÓN PEÑA, "SOBRE HÉROES Y TUMBAS"

EN POCAS PALABRAS

Tomamos prestado el titulo de la maravillosa novela de Ernesto Sábato -una densa y surrealista narración de civilización y barbarie- para comentar estos últimos días de exaltación de héroes y de mudanza de sepulcros. 

Sobre la delirante conmemoración oficialista del bicentenario de Ezequiel Zamora, recordemos que su hoy venerada Revolución Federal, fue una de las aventuras más sangrientas y sembradoras de miseria de nuestra historia. Zamora y su estado mayor de coroneles y capitanes analfabetas, perseguidores de gente blanca, tenían, a decir del historiador José Gil Fortoul, “…licencia para destruir, saquear y matar.” La pérdida de vidas en aquella cruenta gesta alcanzó a  casi el 10% de la población del país, para concluir en un vergonzoso reparto de botín entre los bandos en contienda, convenido en el famoso Tratado de Coche de 1863.

La efemérides zamorana del 1 de febrero es también, casualmente, la fecha del nacimiento de Cecilio Acosta, notable escritor y humanista, perteneciente a la pléyade de ilustres civilistas del sedicioso siglo XIX venezolano, junto a Andrés Bello, Juan Vicente González y Fermín Toro. Inútil sería esperar que la ramplonería revolucionaria reconociese méritos al valor intelectual y cívico de Don Cecilio –un auténtico héroe sin fusil- para rendirle algún homenaje.


En cuanto al reciente traslado de los restos de Fabricio Ojeda al Panteón Nacional, no sabemos si es reconocimiento por sus meses de lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez o por la “gloria” de haber vestido el uniforme de la guerrilla castrista en los años 60. Pero nos sirve para exaltar la memoria de auténticos héroes de la resistencia contra la dictadura, como lo fuesen Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevali, Antonio Pinto Salinas o León Droz Blanco, demócratas insignes que rindieron sus vidas por la libertad de los venezolanos y que bien merecerían los honores del Panteón Nacional.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42

Caracas – Venezuela

lunes, 15 de febrero de 2016

RAMÓN PEÑA, LA HORA DE LA POLÍTICA, EN POCAS PALABRAS

La periodista Gloria Bastidas escribió esta semana: “El chavismo que prometió una ‘Edad de Oro’, produjo en cambio una ‘Edad de Penuria’”. Una afirmación sustentada en hechos irrefutables, que evoca la sapiencia de Don José Ortega y Gasset, cuando en un esclarecido ensayo, Mirabeau o el político, publicado en 1927, escribía: “El revolucionario es lo inverso de un político, porque al actuar, obtiene lo contrario de lo que se propone. Toda revolución, inexorablemente provoca una contrarrevolución. El político es el que se anticipa a este resultado, y hace a la vez por sí mismo, la revolución y la contrarrevolución.” 

En Venezuela, por cumplir con ese axioma del filósofo madrileño, la revolución murió y ya está redactado su certificado de defunción. Ocurrió todo lo contrario a lo prometido, a su razón de ser: acabar con la pobreza, erradicar la corrupción, alcanzar la independencia económica, reducir la burocracia, etc. Murió también su ideólogo – y quizás su memoria tampoco sobreviva por  mucho tiempo-  y solo quedan sus viudas y viudos, que, temerosos de tener que pagar una gruesa factura de fechorías y abusos, lanzan hoy, desordenadamente, garrotazos estentóreos.

Hace algunos años, en la hermosa ciudad de Samarkanda, leímos en el mausoleo de Tamerlán –el gran conquistador mongol- su epitafio que rezaba: “Deja el mundo antes de que el mundo te rechace”. Un mensaje escrito a la medida para nuestro Golem gobernante y su corte. Todavía están a tiempo de dejar, no el mundo, pero sí el poder, antes de que el país entero los impugne. Si pensaran en su propio futuro, entenderían que se pasó el tiempo de la revolución, que ya es hora de volver a la política.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42

Caracas – Venezuela 

domingo, 3 de enero de 2016

RAMÓN PEÑA, EDITORIAL, DE LA DIGNIDAD A LA INDECENCIA

En 1968, el candidato oficialista de Acción Democrática (AD), Gonzalo Barrios, perdía la elección presidencial por una diferencia de apenas 30 mil votos frente a Rafael Caldera. En medio de dudas y presiones, Barrios, respaldado por Rómulo Betancourt, líder histórico del partido, aceptó el resultado con una frase aleccionadora: “Prefiero una derrota dudosa antes que una victoria sospechosa.” En las elecciones presidenciales de 1978, el candidato de AD, Luis Piñerúa Ordaz, fue derrotado por el opositor Luis Herrera Campíns. Ante el infortunio, Betancourt serenamente reaccionó con una sencilla exclamación: “¡We will comeback!” Y así fue, su partido pasó a la oposición y ganó las siguientes elecciones.

Rómulo Betancourt valoraba más la alternabilidad que la continuidad en el poder, incluida la de su propio partido; concebía el cambio de actores como renovado oxígeno para la preservación de la institucionalidad democrática. Un principio que con sentido estricto aplicó hasta consigo mismo, cuando en 1973, teniendo el camino abierto para volver a la Presidencia, cedió la oportunidad a otros lideres de su propio partido. Por sobradas razones, Betancourt es la figura emblemática de la democracia en nuestro continente.

Lamentable el contraste de aquellos lideres con los personajes que hoy escenifican un estropicio pueril y tramposo ante una convincente derrota, más que justificada por años de desmanes, desaciertos y corrupción.  En las propias filas del chavismo, voces sensatas, preocupadas por el futuro de su partido político, llaman a sus dirigentes a reconocer el fracaso y corregir el rumbo. Pero no obtendrán respuesta: al timón están el aventurerismo y la ignorancia.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42
Caracas - Venezuela

jueves, 17 de diciembre de 2015

RAMÓN PEÑA, EDITORIAL, LOS 112 SOMOS TODOS

Este triunfo de la Unidad Democrática trae consigo un compromiso monumental. Marca solo la primera fase de la esperanza de reconstruir una nación que ha sido degradada moral y materialmente. Tarea de reconstrucción que no podemos dejar únicamente en manos de los 112 diputados electos, algunos con la madurez a la medida del desafío, otros con la energía de su juventud aunque noveles en estas lides. 

En esta etapa inicial de la liberación, la Venezuela resuelta y pensante debe acompañarlos de todas las maneras posibles. Poner a disposición de esta cruzada democrática ideas, conocimiento, experiencia, participar en grupos de trabajo a todos los niveles, llenar las calles cuando sea necesario, respaldar las acciones legislativas desde nuestras comunidades, pero también practicar una actitud cotidiana que contribuya al rescate de los malogrados valores ciudadanos en un ambiente de convivencia y reconciliación.

Más de dos millones de venezolanos, que durante años vivieron seducidos por la utopía chavista, reaccionaron con frustración en estas elecciones parlamentarias cobrándole al régimen su engaño y fracaso. Uno de los retos es convertir el voto castigo de estos ciudadanos en esperanza y confianza en un nuevo liderazgo.  Todavía no somos gobierno, pero desde el parlamento vamos a dar señales claras de cómo labrar un futuro mejor para la mayoría de nuestra sociedad. No es fácil, enfrentamos un adversario inescrupuloso y de pensamiento marginal, en un ambiente económico complicado por la precariedad de recursos.  

Hagamos de éste un proyecto de todos, Declarémonos en campaña permanente para la reconstrucción. Ya la Mesa de la Unidad Democrática publicó su ambiciosa y necesaria agenda legislativa. Conozcámosla y hagámosla nuestra.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42

Caracas - Venezuela

viernes, 11 de diciembre de 2015

RAMÓN PEÑA, EDITORIAL, UN ACTO LIBERADOR

Las elecciones parlamentarias de este 6 de diciembre guardan una trascendencia comparable a la del Referéndum sobre la Reforma Constitucional, celebrado en diciembre de 2007, cuando la voluntad democrática del país impidió la pretensión de Hugo Chávez de hacer de Venezuela una república soviética. 

Estas de ahora no son elecciones convencionales que enfrentan a oposición y oficialismo por el control del poder legislativo, tampoco un engañoso desafío entre derecha e izquierda. 

Mucho más que eso, estas parlamentarias son el inicio del rescate de un país que ha sido secuestrado. Hoy Venezuela no es un país administrado, es una nación confiscada por una banda, con un poder omnímodo, que semeja más un ejercito extranjero de ocupación que un gobierno auténtico.  No puede calificarse de otra manera a un régimen que ha demolido todo vestigio de institucionalidad, arruinado la economía del país, humillado a la población en la satisfacción de sus necesidades primarias y convertido en práctica diaria el latrocinio y el crimen callejero.

Esta es la primera batalla de una cruzada de civismo que tiene como objetivo la liberación de los poderes públicos. Que comienza por la reconquista de una legislatura autónoma, que represente al país entero y destierre la turbia complicidad de la Asamblea Nacional con los abusos flagrantes del actual poder cívico-militar. De esta reivindicación inicial derivará el restablecimiento de la separación y autonomía de todos los poderes del Estado, del Tribunal Supremo de Justicia, del Consejo Nacional Electoral y del hoy innominable Poder Moral. 

Estas elecciones pasarán a la historia como el primer acto liberador de la secuestrada institucionalidad de la Nación.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42

Caracas - Venezuela

lunes, 30 de noviembre de 2015

RAMÓN PEÑA, LUIS MANUEL, EN POCAS PALABRAS


Luis Manuel Díaz, joven guariqueño, político de vocación democrática, hombre de extracción humilde cuya cédula de identidad solo exhibía su apellido materno, insospechable de pertenecer a una presunta “oligarquía de derecha”, adherente del 80 por ciento de la opinión del pueblo que clama por un cambio pacifico en el país, cayó abatido por la bala cobarde de los sembradores de miedo. 

Su grito de protesta fue ahogado, su vida fue el precio que el régimen cobró por su opinión.  Cayó como en los tiempos decimonónicos, cuando “Los caudillos arengaban a ganar las elecciones por la plata, por la tumba, por el voto o el puñal”, como narraba un viejo tango argentino la brutalidad en los tiempos del Tirano Rosas. Hoy, en el cuerpo de este joven dirigente hundieron el puñal del atraso, de la barbarie que desde el poder hala hacia atrás el carro de nuestra historia.

El “Estado secuestrado” -como lo llamaría Hanna Arendt- no tardó en dar su versión de este crimen en la voz del propio Golem gobernante, quien sentenció que la victima había muerto en una acción de sicariato por un ajuste de cuentas. O sea, un delincuente menos, de los que por docenas caen a diario en las calles del país. Por fortuna, las manipulaciones de la verdad no resisten hoy el poder de la tecnología de información, de las comunicaciones y el periodismo. El mundo entero conoció prontamente las circunstancias reales de este asesinato, de esta “herida de muerte a la democracia” como la calificó Luis Almagro, Secretario General de la OEA.

Honremos la memoria de Luis Manuel con aquella tenaz expresión del Presidente Roosevelt: “De lo único que debemos tener miedo es del propio miedo”.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42

Caracas - Venezuela

miércoles, 25 de noviembre de 2015

RAMÓN PEÑA, A TRIUNFAR SIN MIEDO

Simón Alberto Consalvi, en su conciso y bien documentado ensayo, El año en que los venezolanos perdieron el miedo, describe cómo en 1957, las fuerzas democráticas, cercadas durante diez años de cruel represión, se agruparon unitaria y concertadamente para enfrentarse a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, reclamando amnistía, libertad de expresión, libertad de los presos políticos, el regreso de miles de exiliados y una solución pacífica electoral. 

En noviembre de ese año, el dictador, contando con el control absoluto de los poderes públicos, incluido el Consejo Supremo Electoral, convocó un plebiscito para eternizar su estancia en el poder. Un insolente fraude le dio el triunfo, pero fue también la chispa para un contundente ¡basta ya! gritado decididamente en las calles, en las iglesias, en las universidades, que desembocó en la rebelión militar que dos meses más tarde desterró a Pérez Jiménez y su corte gobernante.

Hoy, ante un régimen insólito, que ha fundido autoritarismo y dilapidación, corrupción y vulgaridad, mediocridad y arrogancia, la sociedad democrática está resueltamente unida en busca de una salida pacífica electoral. 

Como en 1957, se enfrenta sin miedo a las amenazas del Golem gobernante, quien, ilustrando aquello de que el poder ciega y no pocas veces enloquece, anuncia que si la oposición gana “no entregará la revolución”, pasará a gobernar con una “unión cívico militar” y desatará el “caos”.  

Una estupidez que tiene el valor de quien la dice. No hay marcha atrás. En este enfrentamiento entre la civilización y la barbarie, entre el progreso y el atraso, entre los ciudadanos del SXXI y los chácharos decimonónicos, no hay dudas, triunfará la inmensa mayoría y comenzará el final de una mentira transformada en pesadilla.

Ramon Pena
ramonpen@gmail.com

domingo, 15 de noviembre de 2015

RAMÓN PEÑA, PAIS DE POSGUERRA

La curtida experiencia del periodista Jon Lee Anderson, testigo de conflictos en tantos lugares de la geografía tercermundista, le ha permitido dibujar la miseria que viven los venezolanos, con esta gráfica expresión: “Nunca había visto a un país sin guerra tan destruido como Venezuela”. Ciertamente, lo nuestro no es una guerra como esas que Anderson ha conocido en Somalia, en Afganistán o en Siria. Pero ¿Cómo es posible sufrir los estragos de una guerra sin haberla vivido? Ensayaremos una hipótesis.

Un cerebro  enfermo de poder, el de Hugo Chávez, junto al de sus torvos maestros cubanos -inmisericordes ante cualquier estrago causado en nuestro territorio- idearon un teatro de operaciones bélicas y una estrategia con el solo objetivo de su eternización en el poder. Identificaron como enemigos a la producción privada y el pensar, y, para armar su bando, a militares adocenados y al lumpen. Rotos los fuegos, la industria, las siembras y los comercios fueron casi arrasados mediante confiscaciones, controles, asedio y amenazas; el libre pensar fue arrinconado, silenciado por la hegemonía comunicacional, el cerco a las universidades y la persecución de la disidencia; en el lado “patriota”, la fidelidad de los hombres de armas fue negociada con privilegios y riquezas a la mano; y al lumpen se le armó con la limosna populista glaseada con promesas a cambio de su voto y el obsequio de la impunidad para delinquir. La devastación resultante, esa que observa Anderson, es innecesario describirla.
No pretendíamos enseñarle nada nuevo a este destacado periodista, solo hallarle alguna explicación sin cañones ni bombardeos a su certera afirmación.
Ramón Peña 
ramonpen@gmail.com

Estados Unidos