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jueves, 3 de octubre de 2019

CARLOS BLANCO: EL FALSO DILEMA, DIÁLOGO O INVASIÓN

1.-La opinión pública es víctima de un chantaje político que no por evidente es menos repulsivo, según el cual si no se está con el diálogo –en términos venezolanos: las simulaciones de Oslo y de la Casa Amarilla–, se está del lado de la “planta insolente del extranjero” que busca profanar “el sagrado suelo de la patria”.

2.- Sean dichas algunas precisiones: una invasión en toda la regla, con desembarco de tropas incluido para llevarse amarrado a Maduro, no es una hipótesis viable. Solo tres países podrían acordarse en esa materia, Estados Unidos, Colombia y Brasil, y no lo van a hacer: sus presidentes no lo consideran como opción; la opinión pública de esos países no lo admitiría; las condiciones y experiencia de América Latina y el Caribe producirían rechazo a la idea; y militarmente podría ser un pantano. Puede o no gustar esa conclusión, pero así es con los datos que hay disponibles.

3.- El problema es que hay una confusión sobre la naturaleza de las opciones militares y no todas implican invasión. El TIAR apunta a salidas negociadas y al contemplar el tema militar abre las puertas a una diversidad de acciones con participación de oficiales y soldados de otros países sin poner un pie en el territorio venezolano, salvo estilo piquijuye. Ejemplos: una zona de exclusión aérea, un espacio en el cual los países involucrados no permiten vuelos; también puede ser el resguardo limitado de la entrada por distintos puntos fronterizos de alimentos y medicinas; incluso obstrucción de comunicaciones comprendido el ciberespacio; todos estos son mecanismos del tipo referido.

4.- ¿Es posible que esos países actúen de su cuenta sin importar lo que digan las fuerzas democráticas domésticas? Pienso que una decisión unilateral solo sería posible si Maduro y su banda provocan un enfrentamiento en las fronteras de Colombia o Guyana, lo que obligaría a los países a defenderse e involucrarían inmediatamente a Estados Unidos. ¿Puede Maduro jugar adelantado? Es una hipótesis que no descartaría, pero es de un riesgo máximo para la corporación criminal.

5.- Oponer el diálogo de Barbados-Casa Amarilla a una invasión que no va a ocurrir es inventar un muñeco de paja para caerle a trompadas y justificar, con esos diálogos, el abandono de la consigna fundamental de lo que iba a ser el movimiento liberador, resumida en “el cese de la usurpación”.

6.- La alternativa a los falsos dilemas es construir tanto una coalición nacional como una internacional alrededor de un objetivo no negociable: la salida del régimen. Esto significa no colocar, aunque sea a hurtadillas, la idea de que se pueden hacer elecciones libres con el régimen prevaleciente. Esa propuesta llevada a Oslo-Barbados contradice el Estatuto de la Transición, así como la oferta hecha por Guaidó en mejores momentos y las aspiraciones mayoritarias del país.

Carlos Blanco 
@carlosblancog  

viernes, 14 de junio de 2019

ROMÁN IBARRA: ¿HASTA CUANDO?

Ya son veinte años desde que –para desgracia de los venezolanos- llegó al poder en nuestro país lo peor que nos podía pasar como sociedad, esto es, el militarismo acompañado del ropaje del comunismo más ruin y cruel sobre la faz de la tierra, llamado pomposamente socialismo del siglo XXI.

El oportunismo y la ambición desmedida de Caldera, fueron pieza clave para justificar el golpe militar del 4F/92 con su discurso irresponsable de ese día en el Congreso, y luego su acceso al poder para hacer un gobierno inútil, pero sobre todo perverso por haber sobreseído la causa de un criminal peligroso y engreído, cuyos complejos y resentimientos lo llevaron, seducido por su amo, a entregar nuestro país en bandeja de plata para ser colonizado por la dictadura asesina, y chupasangre de los Castro.

Hoy, 20 años después, Venezuela a pesar de sus inmensas riquezas naturales, y demás potencialidades, es considerado –por culpa del régimen- como uno de los países más pobres y peligrosos de la tierra. Paradójicamente, los otrora dirigentes austeros de izquierda vinculados hoy al oficialismo, están multimillonarios en bolívares; euros y dólares. Qué tal

El deterioro no se frena y por el contrario se agudiza todos los días, haciendo tortuosa la vida de los ciudadanos, especialmente de los más desposeídos. Estas condiciones miserables tendrán repercusión en las próximas generaciones producto de la desnutrición, la imposibilidad de acceder a la educación formal, y la falta de servicios.

Mientras la destrucción social, y económica corren a sus anchas en nuestro país, los factores que tienen la responsabilidad de las decisiones políticas no terminan de ponerse de acuerdo. Los del régimen jugando a ganar tiempo y al cansancio de la gente que acompaña y respalda al presidente de la AN, Guaidó; y los de oposición, echándose cuchillo en las redes para ver cómo hacen fracasar los avances del presente y posicionarse como los nuevos líderes.

No se dan cuenta de que la crisis puede alcanzar niveles tales de gravedad, que termine arrastrándonos a todos. Es hora de olvidarse de los egos y dar paso a una solución electoral que nos ayude a salir de la crisis política y desde allí comenzar la reconstrucción socioeconómica.
No sigamos buscando fórmulas mágicas que no existen. No va a haber ninguna incursión militar internacional para hacer el trabajo que no hagamos nosotros en lo político, y el régimen lo sabe. Por eso se atreve a meter presos a los diputados como un mensaje para el resto de la población, y con ello desmovilizar a la gente.

Ya son muchos los diputados a quienes se les ha allanado la inmunidad parlamentaria, sin posibilidad de revertir esos atropellos en lo inmediato. Lo real es que Maduro sigue en Miraflores, y eso no va a cambiar si no logramos presionar la realización de unas elecciones supervisadas internacionalmente, y con nuevo CNE, que nos permita participar a todos, dentro y fuera de Venezuela, y derrotar a los bárbaros.

Es un error grave no atender las necesidades y carencias de la gente común; la gente se está muriendo de hambre porque no les alcanza el sueldo a quienes trabajan. Imaginemos lo que le sucede a quienes no trabajan por cualquier razón. 

Es hora de negociar una salida electoral, pues creo que sin elecciones no se podrá alcanzar el cese de la usurpación. Ya estamos terminando la primera mitad del año, y la destrucción sigue avanzando.
El líder de la oposición es el presidente de la AN, Guaidó. Vamos con él y luego en democracia se abrirá el juego para la participación todos los aspirantes. Hasta cuándo?

Román Ibarra
@romanibarra

domingo, 31 de marzo de 2019

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, MALAS IDEAS


Sobre Siria se lee en un editorial de “El País” del 19 de marzo de este año: “el nivel de destrucción es tan grande que se puede afirmar que el país que existía antes de 2011 ha desaparecido. Más de 370.000 personas han muerto, unas 100.000 se encuentran desaparecidas, 12 millones han abandonado el lugar en el que vivían (5,6 millones como refugiados y 6,6 como desplazados internos sobre una población de 30 millones) y 1,2 millones han sufrido mutilaciones y heridas permanentes”. Acerca de la patética radiografía de un lugar borrado por la violencia, la información abunda. Hablamos del vivo horror que se desprende del testimonio de las víctimas, los mártires que nunca pidieron serlo; el rostro lleno de sangre y polvo de Omran Daqneesh, de apenas 5 años, por ejemplo, tras un bombardeo ruso. Del emblemático caos de una ciudad como Alepo, la promiscua afluencia de huestes extranjeras y guerrillas locales, el avance de las tropas de Al-Asad a través de los escombros. Y el vacío, la escabechina, la carrera hacia la hondura, la paz que no llega, un desgaste que luce inacabable para la población civil. Eso y no otra cosa es la guerra.


Los eventos y sus causas nunca son idénticos, claro, pero los efectos de la hostilidad a gran escala muestran implacables coincidencias. “Los habitantes de Mosul, Al Raqa, Kobani, Sirte, Faluya, Ramadi, Tahuerga y Deir Ez Zor han muerto como árboles que se van cayendo en un bosque”, nos cuenta Nicolas J. S. Davies. Basta atreverse a repasar con serenidad estos y otros casos para divisar el riesgo de flirtear con invasiones, por más “piadosas” o quirúrgicas que se estimen. Sí: antes de enterrar la política e invocar la mano destructiva de Ares, asumiendo que nuestra historia será “radicalmente distinta”, es vital examinar cruda y conscientemente los potenciales espejos.

Pero, ¿qué pasa si la elección es flotar en el aljibe del optimismo a ultranza, y no querer ver más allá del deseo, la ira o la desesperación; ni aceptar que tales acciones involucran a seres humanos inermes, rotos, famélicos, profundamente vulnerables? Si la defensa de la vida se pone en el centro de la preocupación ética más básica, la muerte nunca debería ser canjeada por otras muertes, las bajas no deberían ser admitidas a priori como aséptico “daño colateral”… ¿de qué ha valido entonces que la humanidad, crónicamente pinchada por la astilla de esa “barbarie interior” de la que habla Oswald Spengler, haya cometido errores tan tremebundos, si no se puede apreciar en ellos algún aprendizaje útil para el futuro?

De esa desazón no nos libramos en Venezuela. Recientemente, tras la fatigosa relación de los estragos en países que como Siria, Libia, Yemen, Somalia o Irak han caído en el hueco de esos extendidos conflictos, alguien respondía: “Y esto, ¿para qué? ¿Acaso quieren asustarnos?” Lo que pretendía contrarrestar la frívola visión de la guerra que campea en redes, al final destapaba el muro, la trinchera urdida por la psique. Nada más retador que lidiar responsablemente con el miedo. El menú de reacción ante la amenaza también incluye ignorarla, torear su vis amarga, meter la progresión de los hechos en una elipsis que omita los mordiscos de la realidad y sus brutales gestiones. Sólo así, despojados del dato desalentador, se puede abrazar lo incierto sin pizca de duda, y contar con la esperanza de una solución “justa” que barra con el mal radical y no importune a quien está “del lado correcto de la historia”. (Como si la utopía pudiese prescindir del manual de procedimiento; como si la sola fe bastase para adelantar el final feliz.)

Eso recuerda la seducción que despliegan las ideas interesantes, aunque no necesariamente ciertas. Pero los políticos, como advierte Michael Ignatieff, “no pueden darse el lujo de tener en cuenta ideas que sean meramente interesantes. Tienen que trabajar con el escaso número de ideas que son ciertas y con el todavía más escaso de las que sirven para la vida real”. Lo anti-ético es sacrificar el conocimiento por corazonadas sin sustento, por esa versión dulcificada de la atrocidad que a expensas del “como sea” lleva a fantasear con victorias redondas, rápidas y sin costos. No, eso no existe.

No en balde Craig Faller, Jefe del Comando Sur de EEUU, tras reunirse con socios de la región para discutir el tema venezolano reveló que “nadie, absolutamente nadie, piensa que la opción militar es una buena idea". Suponemos que las decisiones que se barajan en los cautos terrenos de la diplomacia –aún cuando no falten demostraciones de fuerza y rumbosas movidas para demarcar áreas de influencia geopolítica, algo que también cuenta para una negociación- no evaden las nítidas secuelas de las malas ideas. Aún hay tiempo; aunque algunos acá ahora tapan sus oídos cuando habla la otrora sagrada Comunidad Internacional, no es secreto que el afán de los últimos tiempos apunta a una dirección: la salida política a través del logro de elecciones libres y justas, en el menor tiempo posible. Por algo será.

Mibelis Acevedo Donís
@Mibelis

miércoles, 25 de noviembre de 2015

RAMÓN PEÑA, A TRIUNFAR SIN MIEDO

Simón Alberto Consalvi, en su conciso y bien documentado ensayo, El año en que los venezolanos perdieron el miedo, describe cómo en 1957, las fuerzas democráticas, cercadas durante diez años de cruel represión, se agruparon unitaria y concertadamente para enfrentarse a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, reclamando amnistía, libertad de expresión, libertad de los presos políticos, el regreso de miles de exiliados y una solución pacífica electoral. 

En noviembre de ese año, el dictador, contando con el control absoluto de los poderes públicos, incluido el Consejo Supremo Electoral, convocó un plebiscito para eternizar su estancia en el poder. Un insolente fraude le dio el triunfo, pero fue también la chispa para un contundente ¡basta ya! gritado decididamente en las calles, en las iglesias, en las universidades, que desembocó en la rebelión militar que dos meses más tarde desterró a Pérez Jiménez y su corte gobernante.

Hoy, ante un régimen insólito, que ha fundido autoritarismo y dilapidación, corrupción y vulgaridad, mediocridad y arrogancia, la sociedad democrática está resueltamente unida en busca de una salida pacífica electoral. 

Como en 1957, se enfrenta sin miedo a las amenazas del Golem gobernante, quien, ilustrando aquello de que el poder ciega y no pocas veces enloquece, anuncia que si la oposición gana “no entregará la revolución”, pasará a gobernar con una “unión cívico militar” y desatará el “caos”.  

Una estupidez que tiene el valor de quien la dice. No hay marcha atrás. En este enfrentamiento entre la civilización y la barbarie, entre el progreso y el atraso, entre los ciudadanos del SXXI y los chácharos decimonónicos, no hay dudas, triunfará la inmensa mayoría y comenzará el final de una mentira transformada en pesadilla.

Ramon Pena
ramonpen@gmail.com