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sábado, 30 de mayo de 2020

JOSÉ ANTONIO GIL YEPES, ECONOMÍA DE BAJO CONTACTO

La economía que surgió con la cuarentena por el coronavirus se caracteriza no sólo por desacelerar la actividad económica sino también porque cualquier actividad que aspire a reactivarse necesita ser una “Low Touch Economy” o economía de bajo contacto para protegernos del contagio mientras no se descubra un tratamiento eficaz o la vacuna.

Es muy importante desarrollar estas prácticas, sobretodo para quienes creemos que no podemos atacar la enfermedad sin atender, simultáneamente, la necesidad de la mayoría de los habitantes de la tierra de “salir a trabajar para ganarse el sustento diariamente”. Es decir, que el reto de la pandemia hay que manejarlo como un dilema entre enfermedad o hambre, y no en una sola dirección.

El sitio digital “Slack” ha desarrollado una prueba que le permite a Ud. calificar la capacidad de su empresa u organización de trabajar bajo el enfoque de “low touch” o bajo contacto. En total, son nueve indicadores que le permiten calificarse, del 1 al 6 en cada indicador, siendo la puntuación 1 la mejor porque indica menor contacto y 6 la que indica mayor presencia de contacto o menor capacidad de adaptación. Los indicadores son muy interesantes y sencillos, así como son ingeniosas algunas de las estrategias de adaptación:

Nivel necesario de contacto físico entre sus trabajadores y clientes; restaurant vs. delivery, uso de geles, guantes, mascarillas, separadores plásticos entre comensales.

Necesidad de compartir los mismos objetos entre trabajadores y clientes; peluquería vs. delivery del tinte y orientación por Zoom, Webex, etc. para aplicarlo.

Los clientes y empleados comparten el mismo espacio físico; comprar en la tienda vs. pickup; espaciar, medir temperatura al entrar; distribuir atención por horarios; desinfección constante.

Empleados trabajan unos cerca de otros; espaciar, reorganizar horarios.

Los clientes comparten de cerca para disfrutar de su producto o servicio; discoteca vs. control de temperatura al entrar, mascarillas, guantes, geles o delivery de comida y bebidas, más música y video del grupo por vía digital.

Empleados o clientes pertenecen a grupos vulnerables; ej. mayores; controles de temperatura, tests frecuentes, reducir visitas no esenciales.

Clientes o empleados necesitan viajar; reducir viajes a lo esencial, cuarentena y teletrabajo al regreso.

Dependencia del abastecimiento local o foráneo; operar sin o con medidas de higiene adicionales; ej. poner los insumos en cuarentena, desinfectarlos.

Elasticidad de la demanda de su producto o servicio según la pandemia; turismo internacional vs. local; este último tiende a reactivarse primero.

Estas prácticas son sólo unos pocos de los muchos ejemplos que ya se observan en el mundo en cuanto a nuestra capacidad de inventiva y adaptación. Los primeros atajos que Ud. puede tener en mente para adaptarse son el delivery, el pickup, el teletrabajo y todo lo relacionado con lo digital porque estos mecanismos reducen el contacto.

Luego le siguen las medidas de higiene. Por último, habría que pensar en algo tan drástico como cerrar el negocio y dedicarse a un ramo más noble, lo cual depende del nivel de elasticidad de su demanda; ej. turismo y aerolíneas son muy elásticos, cruzado por el tiempo que Ud. estime que pueda mantenerse su negocio en situación de contracción del mercado.

Ninguna fuente seria ha estimado que la pandemia pueda controlarse en menos de un año. La mayoría se refiere a un plazo de año y medio –dos años para que la vacuna pueda inventarse y distribuirse. Haga Ud. sus propios cálculos y revise sus estrategias.

José Antonio Gil Yepes
prensayradio9@gmail.com
@joseagilyepes
Director de Datanalisis
Contacto: 0424.9909099

sábado, 18 de abril de 2020

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, ¿VACUNA CONTRA EL CORONAVIRUS O EL CHAVISMO?

Para el universo político no hay sorpresas, el chavismo es un alias para el castrismo, así el castrismo venezolano es un enemigo de armas tomar. Imagínense todo lo que ha logrado por más de 60 años en Cuba sin recursos propios, dependiendo siempre de un protectorado, primero la Unión Soviética, luego de puntuales socios europeos por aproximadamente una década, hasta que llegó Hugo Chávez con todas las inconmensurables riquezas venezolanas.

En Venezuela no se radicó un régimen totalitario cualquiera, que superarse a través de mecanismos democráticos, insistir en ello a estas alturas es una torpeza inexcusable o, lo más seguro, solo pueden sugerir dichas vías aquellos que han sido tarifados por el régimen, no hay medias tintas… en más de una ocasión, lo líderes rojos rojitos han demostrado a raja tabla “no saldrán por las buenas ni por las malas” ni siquiera hay que leerlos entre líneas.

Es una redundancia numerar los intentos de diálogos, negociaciones o elecciones transparentes, desde época del difunto Chávez ello era una quimera, desde luego, a él le tocó fácil pues hasta el día de su defunción el barril de petróleo permitió financiar sus artilugios. Con Maduro la corrupción, la desidia y algunos malos cálculos desde la habana hicieron que el proyecto cubanizador se quedara si financiamiento suficiente, dejando en evidencia el desmadre país que hoy nos atormenta. El coronavirus llegó como una radiografía donde se exhibe la miseria tercermundista que padece la otrora tierra prometida del continente.

Y es que no hay disimulos, desde 2017 se han perpetrados afrentas a la democracia con presuntos procesos electorales al margen absoluto de la constitución, con una oposición irreal, pactada con el régimen, mientras que los partidos y principales figuras opositoras fueron inhabilitadas, encarceladas, apartadas del escenario político coercitivamente. Pero dichas andanzas tienen un alto precio, el régimen paga con innumerables sanciones y con un despliegue militar sin precedente en la región liderado por Estados Unidos y su comando sur, más de dos decenas de países americanos, así como Francia, Inglaterra, Países bajos, entre otros… maniobras que tienen en la mira a todo el espectro cubano-chavista.

Ahora, solo en este nivel de acción (no de presión retórica) podemos observar como los aliados del régimen mantienen la distancia (desde luego, es lógico suponer que USA los enteró de las medidas antes de accionarlas). De no ser por tímidos mensajes diplomáticos se podría asegurar el alejamiento definitivo de China y Rusia. A lo interno del país, el chavismo mantiene su desgastado discurso nacionalista, mucho más cuidadoso, recurriendo una vez más al “vamos a dialogar”. Tengan la plena certeza, las conversaciones entre la oposición y el régimen están al rojo vivo, pero en términos de negociación, la política oculta se mueve como nunca antes… arrojará resultados definitivos.

Quedarán en el basurero de la historia aquellos líderes políticos, muchos de ellos figuras consagradas, que se prestaron para hacerle el juego al régimen en farsas electorales/diálogos, pactando con, como dirían Pericles, Sócrates y Platón, el gobierno de los peores o “caquistocracia”. La marca de fabrica del castrismo venezolano es la ausencia absoluta de buena voluntad en todos sus actos… su único fin es la retención del poder al precio que sea.

La región entera atraviesa aguas inexploradas, nunca antes se había enfrentado a un castrismo millonario. Pero ese castrismo tampoco se había enfrentado a una comunidad internacional con muchísimas más herramientas (de todo tipo) que cuando logró enquistarse hace seis décadas. La naturaleza del conflicto político venezolano es inédita, también su indiscreto radio de acción, por lo cual no se puede descartar ningún desenlace ¡Ninguno!

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango   

miércoles, 11 de septiembre de 2019

CARLOS ALBERTO MONTANER: UNA VACUNA CONTRA LA “VOLVEDERA”

Creo que la palabra “volvedera” la acuñó el novelista peruano Alfredo Bryce Echenique. Le preguntaron por qué regresaba a Perú después de tantos años en Europa. Se quedó meditando un instante y respondió: “no sé, me dio la “volvedera”. Y se quedó felizmente instalado en una Lima que cada día es más habitable y hermosa. 

Otro que volvió a sus orígenes fue mi amigo el escritor Plinio Apuleyo Mendoza. Plinio había pasado su juventud en París. Regresó a Bogotá varias veces, pero siempre para coger impulso y escapar de nuevo. En una de esas volteretas acabó en La Habana, en Prensa Latina, y se trajo a Cuba a García Márquez, su amigo “Gabo”.  

El contacto con la realidad cubana (los fusilamientos y otros datos asquerosos) comenzó a curarle la rubeola ideológica. Hasta que en 1971, tras el lamentable “caso Padilla”, la venda cayó del todo. La Isla era una satrapía estalinista. Años después regresó a Europa como embajador en Italia y Portugal. Finalmente, le dio la “volvedera”, se instaló en la bonita zona norte de Bogotá, rodeado de “cachacos” y con un tráfico endemoniado, pero mucho mejor que la ciudad que él había abandonado varias décadas antes. 

El escritor Néstor Díaz de Villegas acaba de publicar un libro en el que demuestra por qué es un error volver a Cuba. De alguna manera, la obra es una vacuna contra la “volvedera” de los nostálgicos cubanos que llevan toda una vida en el destierro. La obra, prodigiosamente escrita, se titula De donde son los gusanos y lleva un subtítulo aclaratorio: “Crónica de un regreso a Cuba después de 37 años de exilio”. 

En 1974 Néstor fue condenado a varios años de cárcel porque le “ocuparon” unos poemas “contrarrevolucionarios”. Era un muchacho que cursaba el onceno grado. La policía política lo sacó de la clase de Historia. Seis años más tarde, en 1979, estaba en el campo de concentración de Ariza, cuando Fidel Castro, magnánimamente, le “regaló” tres mil presos políticos a Jimmy Carter siempre que se los llevara de la Isla.  

El presidente de los gringos, débil y con una inflación de dos dígitos en el país, inútilmente intentaba arreglar las diferencias con un régimen envalentonado por sus victorias en África y los triunfos diplomáticos de Castro. Fidel era el presidente de los No-alineados, pese a su subordinación total a la URSS. Ese fue el año, 1979, en que Fidel le profetizó al historiador venezolano Guillermo Morón que algún día se pasearía triunfante por un Washington sometido a Moscú.  

En medio de ese tumulto, Néstor llegó a Estados Unidos. En Los Ángeles, poco a poco, se transformó en uno de los grandes cronistas en español. Pero en el 2014 el presidente Barack Obama, decidido, como Jimmy Carter, a arreglarse con los díscolos vecinos, rompió sigilosamente todas sus promesas de mantener las presiones comerciales mientras el régimen de la Isla no mostrara señales de cambio y restableció los vínculos diplomáticos.  

Fue entonces cuando a Néstor Díaz de Villegas le dio la “volvedera”, acaso víctima de esa maniobra oscura del cerebro que emborrona nuestros recuerdos negativos y nos hace creer que los cambios ocurridos (todas las sociedades algo se modifican) y pudiera ser que la Isla albergara esperanzas. 

El autor confirmó, desde el aeropuerto, que Cuba era prácticamente inhabitable. Mientras todas las capitales de América Latina en los últimos sesenta años habían dado un salto a la modernidad y el progreso, unas más que otras, Cuba había involucionado, como consecuencia de la incapacidad de un sistema que sólo crea riquezas para la pequeña cúpula de militares que lo dirige. 

El grueso del perfil urbano es desolación, destrucción, hedor y pobreza. Los funcionarios son indolentes. La policía política continuaba apaleando a las gentes. No hay casi nada que indique que se intenta rectificar. El régimen continúa anclado en la vulgata leninista de un partido único y unas ideas únicas que inexorablemente han conducido el país al desastre. 

Una última confesión: al cabo de mi vida, con 76 años de edad y 57 fuera de Cuba, secretamente me había dado la “volvedera”. Leer De donde son los gusanos me convenció que ese país nada tiene que ver conmigo o con mi familia. Prefiero recordar la Cuba que dejé, a vivir en el infierno en que se ha convertido mi país. Es triste, pero es así.  

Carlos Alberto Montaner 
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner