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martes, 1 de septiembre de 2020

LUIS MARIN, VENEZOLANOS FRENTE A BIDEN

En los anales de la psicopatología social del siglo XXI debe figurar en sitio destacado el caso de los venezolanos que han salido del país huyendo del socialismo y una vez instalados en lugar seguro, en los EEUU, por ejemplo, apoyan allá la misma agenda política que los expulsó de aquí.

Lo curioso es que utilizan el mismo discurso: EEUU no es Venezuela, exaltan las sólidas instituciones norteamericanas, el imperio de la Ley, el Estado de Derecho, ese ADN democrático que corre por las venas de los ciudadanos de ese gran país. No, allá no puede ocurrir lo que pasó aquí y ante cualquier reparo responden: “No vale, yo no creo”.

Recordemos la ingeniosa tesis de Moisés Naím de que el problema de Venezuela no es el socialismo: “Los venezolanos están huyendo no sólo de la indigencia sino también del colapso del orden público y de la falta de servicios más básicos: la electricidad, el agua corriente, las telecomunicaciones, las carreteras, una moneda que funcione, la salud y la educación. A fin de cuentas, estos refugiados no huyen del ´socialismo´, se escapan de un gobierno infernal y fracasado”. Es como decir que los cubanos que se echan en una balsa al estrecho de La Florida no están escapando del ´comunismo´ sino de toda la lista anterior.

De manera que se puede reconocer la realidad de ambos países, que es imposible negar, y no obstante salir de ello con la convicción socialista intacta, porque todas las consecuencias que se derivan de la aplicación del modelo, donde quiera que sea, no le son imputables, se explican por una mala gestión, corrupción de funcionarios u otros errores inexcusables; pero la doctrina sobrevive completamente refractaria al testimonio de la realidad.

Otros venezolanos, menos ingeniosos que Naím, eluden esas disquisiciones doctrinarias y prefieren argumentar que JB, en realidad, no es socialista. Él es un individuo moderado, sensato, equilibrado, equidistante del supremacismo derechista de Trump y del extremismo de izquierda, representado por las turbas de Antifa y Black Lives Matter que, por alguna razón maliciosa, se suelen asociar con su agenda.

No es poca razón haber sido vicepresidente de Obama durante todo su reinado confirmando la percepción tradicional de que “este cargo es el más insignificante de cuantos haya imaginado o concebido el hombre hasta el momento”, al decir de John Adams, vicepresidente y sucesor de Washington; o en forma más moderna, que es como la quinta rueda del carro, que revela su importancia sólo en caso de que se pinche el principal.

Para Obama estos movimientos resultan “inspiradores” y de hecho, en ejercicio de su vocación de “organizador social”, desarrolló su propia plataforma llamada Organizing For Action (OFA), con decenas de oficinas desplegadas por todo el país, cuya finalidad es coordinar las acciones de los sedicentes “movimientos sociales espontáneos” dirigidas a sabotear el cumplimiento de las promesas de campaña de Trump que ellos repudian.

Se les ha visto aparecer en manifestaciones contra las medidas anti-inmigración, en el caso del muro con México, en el desmantelamiento del sistema conocido como Obama-care y aportando asistencia jurídica y financiera a los grupos en general, proveyéndoles recursos logísticos, materiales y de transporte, propagandísticos, dando asesoría legal y pagándoles fianzas a individuos detenidos en actos de vandalismo, también presentando demandas para neutralizar judicialmente las iniciativas de la Administración.

Pero si todavía quedaran dudas de estos nexos simbióticos, el mismo JB se encargó de despejarlas con la selección de su compañera de fórmula, Kamala Harris, que representa en sí misma este coctel ideológico no exento de su “toque racista”. Es muy falazmente llamada “afroamericana”, porque sus padres son inmigrantes de Jamaica y la India.

Hizo su carrera en la conocida popularmente como “República Popular de California”, uno de los Estados más radicalizados de la Unión, donde fue Fiscal General, con propuestas tan controvertidas como legalizar el consumo de marihuana, responde vagamente que hay que “reinventar” el concepto de seguridad pública frente al reto de retirar fondos a la policía para invertirlos en programas sociales, su propuesta “Back on Track” consiste en reducción de penas por planes de formación laboral y reinserción social de delincuentes, en cambio, recomienda procesar a los padres cuyos hijos falten a la escuela.

Es partidaria de la ideología de género y del aborto. Como Fiscal anuló la “propuesta 8” que impedía el matrimonio entre personas del mismo sexo; como senadora promovió la Women´s Health Protection Act, que “prioriza proteger a la mujer en la decisión de abortar a la vez que procura que los servicios de abortos sigan disponibles sin restricciones”, una forma muy sibilina de asentar que el aborto es una “decisión” y que se deja sin protección alguna al niño, sin duda, la parte más indefensa.

A Venezuela le ofrece dar ayuda a organizaciones humanitarias internacionales para ser distribuidas a los venezolanos residentes y refugiados, continuar apoyando los esfuerzos diplomáticos multilaterales hacia una transición pacífica hacia elecciones legítimas, lo cual debe ser el último objetivo: “Finally, we should take US military intervention off the table”. 

Pero afecta más directamente a los venezolanos la declaración explícita de JB de volver a la política de Obama de apertura hacia Cuba, el “deshielo”, de tan ingrata recordación. Esto implica deslindar una realidad para tratarla como procesos desvinculados.

Imposible olvidar que durante esa administración se celebraron en La Habana las “negociaciones de paz” entre Santos y las FARC, se firmó el llamado “acuerdo del siglo”, que condujo al actual desbarajuste que sufre Colombia, con los guerrilleros controlando el poder judicial y dirigiendo el Congreso, sin haber sacado ni un voto, mientras Álvaro Uribe está en prisión, habiendo ganado todas las elecciones a que se ha presentado, incluyendo el plebiscito en que se rechazó con un NO rotundo los mentados acuerdos.

Las FARC disidentes ahora acampan en territorio venezolano, disputándoselo con el ELN, sus dirigentes viven en Caracas y La Habana respectivamente, el ejército y la policía de Castro ejercen autoridad en toda la subregión, ¿cómo puede resolverse esta situación separando una realidad geopolítica única que aquí se denominó Venecuba o Cubazuela?

Gustavo Petro manifestó su apoyo a la candidatura de JB, la foto de Piedad Córdoba pasea por las redes del brazo de Nancy Pelosi, no exactamente vestidas de rojo porque la Pelosi prefiere darse un exquisito toque roji-negro, como hacen Hillary Clinton y Michelle Obama. Todos están clarísimos: quieren hincar de rodillas a todo el mundo.

¿Y qué les pasa a los venezolanos? Lo que exhiben es, por ejemplo, una morbosa devoción por Michelle Bachelet, olvidando que su Partido Socialista es miembro del Foro de Sao Paulo y del Grupo de Puebla, que promueve disturbios para abolir la libertad desde la Patagonia hasta más allá del río Bravo.

Va siendo hora de hacer una reflexión muy seria: ¿No podría haber algo en su mentalidad y en su conducta que contribuye a lo que todos estamos padeciendo? ¿No tendrán una gran responsabilidad en lo que ocurre aquí y que están llevando donde quiera que van? Porque, bastante que se les advirtió y nunca escucharon.

Como colofón puede preguntarse, una vez que hayan contribuido a destruir a los EEUU, porque la mala noticia es que sí puede ser destruido, ¿para dónde van a emigrar?

Luis Marin 
lumarinre@gmail.com
@lumarinre 

viernes, 5 de junio de 2020

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, VENEZOLANOS EN HIBERNACIÓN

La situación política se encuentra estancada, pero las condiciones de vida aceleran su descomposición. La gasolina, que venía dando tumbos desde hace más de 3 años, terminó de sucumbir ante el espectro gubernamental, la destrucción de Pdvsa y las sanciones como resultado de la retención ilegal/ilegitima del poder, nos han costado “cruentas horas de dolor” como dice el tango gardeliano.

El régimen y la oposición son ineficientes a la hora de solucionar las parvedades que aquejan a los venezolanos, al contrario, día a día parece que ambos bandos abogan al empeoramiento de todo. El coronavirus fue la guinda de la torta, viene a entorpecer nuestra agónica economía, además de interrumpir las acciones internacionales tendentes a la solución de nuestro conflicto, los gobiernos del mundo están abocados a afrontar internamente al covid-19.

Es harto difícil los venezolanos podamos enfrentar un régimen castrista solos, ha quedado demostrado en 2002, 2014, 2017 y en la actualidad, al chavismo no le tiembla el pulso para utilizar todo tipo de fuerza/violencia, incluso la “atroz”, tal como la definiera el mismo ministro de defensa en las protestas nacionales contra el intento constituyente. El régimen tampoco puede solo, depende de sus aliados internacionales, mismos que comparten la concepción patrimonial del poder y respectivas sanciones, los habitantes de Venezuela estamos a merced del mundo.

La prospectiva luce negativa, el régimen no pierde tiempo, aún en estas circunstancias de alarma sanitaria continúa con su agenda política, acelera la elección del un “nuevo CNE” con alma roja de la mano de los denominados “diputados Clap”, bajo la inamovible meta de las elecciones parlamentarias, proceso electoral que será perpetrado bajo mismas condiciones que, desde 2017, se vienen desarrollando las elecciones en el país; el chavismo aparta con desafueros a sus verdaderos rivales e impone a conveniencia electores, partidos, candidatos y resultados, no olvidemos la misma Smartmatic así lo confesó inmediatamente después del intento de constituyente.

La gran estratagema del chavismo es que ha logrado desmantelar a Venezuela, no hay identidad nacional en un país ajeno a su historia, costumbres y tradiciones… como venezolano cuesta un mundo identificarse con el país que habitamos, somos inmigrantes en nuestra propia nación, los que se han ido no quieren regresar a “esta Venezuela”. La cruenta realidad económica obliga a cada quien enfocarse en lo personal/familiar, en esta coyuntura impuesta el concepto nación es casi inexistente.

Así, Venezuela es un foco de incertidumbre e inestabilidad propia y regional, lo poco que hoy la sostiene se debilita diariamente. Lo económico, político y lo social es un caos sin precedentes, los actores del mundo involucrados dinamizan los hechos provocando especulaciones en todos los terrenos. Lo único claro es que tras el agitado paso de las horas todo empeora y la sobrevivencia se complica.

Los venezolanos pareciéramos estar en hibernación, aislados en nuestras realidades individuales consumiendo lo que aún nos queda, esperando todo lo que envuelve al país genere los cambios requeridos “naturalmente” por aquello de los ciclos naturales de la política, por aquello de una nación con las características que presenta Venezuela es “imposible” se sostenga en esta parte del mundo, por aquello de lo terriblemente innatural que es esta Venezuela desdibujada, ficticia, a empujones. 

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango

martes, 2 de junio de 2020

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, VENEZOLANOS DE 120 LITROS Y DE MEDIO DÓLAR

Lo realmente alarmante del nuevo sistema para surtir gasolina, opinamos, es que no va ser circunstancial, como todos los paliativos del régimen terminan convertidos en norma. Así comenzó el control de cambio que, bajo la voz del “por ahora”, está próximo cumplir dos décadas. Lo mismo con el racionamiento de alimentos, los Clap, los productos de Agropatria, etc. todos estos sistemas controlados (se respeta la máxima) se han convertido en focos de corrupción y pillaje.

Lo vimos con la gasolina antes de la aplicación del sistema actual, se vendió “secretamente” en dólares, se asignó vía tickets a la élite “enchufada” y todo aquel chanchullo posible ligado a “los contactos”. No tenemos dudas, el nuevo sistema por placas pretende instalarse permanentemente sí es que los inventarios de gasolina logran mantenerse. Las refinerías en Venezuela aún se encuentran en coma profundo y la importación desde Irán no es nada económica ni sencilla.

Otra marca de fábrica del chavismo es la improvisación, anuncia un sistema “moderno” con alta tecnología entre otras novedades, sin embargo, el país se encuentra “a pasos de vencedores” rumbo a la prehistoria. La mayoría de las estaciones no tienen punto de venta, no poseen internet, ni ningún otro requerimiento necesario para modernizar el vital servicio, pasará mucho más del tiempo previsto para adecuarlas.

Con este nuevo sistema de racionamiento, permite al régimen tener un férreo control sobre todo aquello que destruye, los racionamientos son marca de fábrica de los sistemas comunistoides. Le tocó el turno a la gasolina, a parte del control, le permite recibir ingresos provenientes de aquellas estaciones donde el precio del combustible será cercano al precio internacional, imaginamos, estás 200 estaciones anunciadas serán privilegiadas en cuanto a combustible y pronta adecuación tecnológica.

Nadie se opone a un precio racional de la gasolina, allí el Socialismo del Siglo XXI también ha sido trágico, por criterios disque ideológicos, nunca quiso aumentarla a precio real, la nación se ha desangrado bajo un nefasto subsidio, desviando recursos que debieron ser invertidos en salud, educación, infraestructura y todo aquello cuya carencia hoy nos martiriza la vida. Además, la desinversión en Pdvsa, la corrupción, desidia y una malsana diversificación ajena a la actividad petrolera produjeron el caos que padecemos ¡y que tanto se advirtió!

Winston Churchill advirtió el día que el socialismo llegase al Sahara la arena comenzaría a escasear, 70 años más tarde, Venezuela, una de las naciones con mayores reservas de petróleo, con una Pdvsa que hace 20 años se ubicaba entre las primeras del planeta, con 6 refinerías descomunales, hoy se ve obligada a importar gasolina porque no la produce gracias al socialismo, un sistema de gobierno centralista, paternalista, clientelar que partidiza la institucionalidad y patenta el control del ciudadano a través del caos que genera… absolutamente todos los sistemas comunistoides han finalizado como la Venezuela chavista., ojalá fuera una simple opinión, pero es una triste realidad.

Existen dos clases de ciudadanos en nuestra nación: la inmensa mayoría sometida a los indignantes controles/racionamientos para poder comer, obtener documentos, insumos para trabajar, producir, surtir gasolina, etc. Y la otra clase de venezolanos, la minoría perteneciente a la élite gubernamental quienes no padecen ninguna restricción, pueden darse el lujo de comprar gasolina ilimitadamente pagándola a medio dólar, un precio gigantesco en una nación donde el salario mínimo es aproximadamente 4$ mensuales. La única igualdad que logran los comunistas es la material, pero no elevando la calidad de vida de los menos favorecidos sino bajando la de quienes han podido surgir a través de esfuerzo propio. Mientras, los “izquierdosos” en el poder disfrutan las bondades del “capitalismo” que tanto critican, posando en los medios de comunicación y redes sociales con sus estampas del Che o los ojitos de Chávez. 

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango 

domingo, 17 de mayo de 2020

VÍCTOR ANTONIO BOLÍVAR CASTILLO, ¿PODEMOS LOS VENEZOLANOS DEJAR LA SUMISIÓN, PARA MARCAR LA DIFERENCIA?

¿Existe la mínima posibilidad de que la icónica disidente cubana Yoani Sánchez  –como quisiéramos– pueda hoy moverle el piso a la dictadura castrista, liderando a un pueblo sublevado dispuesto a rescatar definitivamente la dignidad perdida en la patria de Martí? Seguro coincidiremos en asumir ese escenario como supuesto negado; suena cruel, pero hoy es una dolorosa verdad. Ella, valiente y decidida, seguirá dando una lucha desigual, asimétrica diríamos. Ese testimonio nos pone de bulto la dimensión del problema cubano, pero también la del atolladero en el que nos encontramos los venezolanos.

Más de 30 años han pasado desde que estuve en la isla en una actividad académica; pude percatarme –ya para entonces– del verdadero estado de deterioro material y espiritual del pueblo cubano. Mercado negro de divisas, contrabando, robo de vehículos, caos de transporte, ruina urbana, esclavitud laboral, prostitución y un anestesiante y controlador Estado policial, fueron suficientes taras de la nomenclatura para constatar la naturaleza perversa de la revolución cubana que contaba para ese momento con la ayuda de la Unión Soviética.

Dos años después caía el Muro y luego se desintegraba la URSS. Se les acabó el chuleo a los soviéticos y les sobrevino una profunda crisis económica y financiera dando pie al período especial. Todo esto terminó agravando las condiciones ya precarias del pueblo cubano; pero no al privilegiado círculo gobernante, que nunca llegó a comer cáscaras picadas de plátanos o bistec de toronja, ni tomar agua de azúcar o comer gatos para mitigar el hambre. Estaba claro que esa sumisión del pueblo cubano ante el riesgo represivo, la carencia de lo elemental y los problemas ya mencionados le habían vaciado su alma. El descontento de ese pueblo impotente subyace en lo más profundo de sus entrañas.

Pasó más de una década para que le lloviera maná del chavismo, tenían de nuevo a quien chulear. La historia corta: petróleo por servicios de médicos (cuya actividad esconde una forma de esclavitud moderna, muy rentable), por respaldo político propio y de aliados internacionales. También a cambio de servicios de inteligencia y apoyo militar.

Cuba recibía en ese extraño trueque más de 100.000 barriles diarios de petróleo, a precio subsidiado, que luego revendía en el mercado mundial a precio internacional, obteniendo miles de millones de dólares. (igual se hizo con otros gobiernos de izquierda, con claros fines geopolíticos  en América Latina). Terminamos siendo una suerte de colonia del Foro de Sao Paulo, en este caso operada por el nuevo mestizaje castrochavista, que se abrió paso para quedarse entre nosotros por largos años.

Pero vinieron las sanciones, ahora fue Trump y no el comandante el que mandó a parar. También vino el derrumbe del mercado petrolero y una severa disminución de las remesas. Como señaló un estudio del español Real Instituto Elcano, sobre el insuperable problema estructural de la economía cubana, atada al comunismo: con estos hechos se ratificaba así la histórica dependencia económica cubana de otra nación y la necesidad de subsidios y ayuda sustanciales para poder subsistir económicamente.

En una especie de variable del síndrome de Estocolmo, a Venezuela la lanzaron políticamente a los brazos de la Cuba secuestradora, con un régimen chulo, que dependía económicamente de nosotros. En todo lo demás nuestra semejanza abruma; pareciera que hemos calcado lo peor de ella.

Hoy el pueblo venezolano, reprimido al igual que el cubano, no puede hacer valer sus derechos que le permitan cambiar de gobierno democráticamente. Somos pares en la miseria, abandono y destrucción,  con idénticos regímenes totalitarios que han causado grandes diásporas. De hecho, ya estamos sufriendo por igual horrendos  períodos especiales. ¿Podemos los venezolanos dejar la sumisión, para marcar la diferencia?

Víctor Antonio Bolívar Castillo 
vabolivar@gmail.com
@vabolivar

miércoles, 13 de mayo de 2020

BEATRIZ DE MAJO, LOS COLOMBIANOS Y NOSOTROS, COLOMBIA EN CAPSULAS, DESDE ESPAÑA

Con 9.000 casos de Coronavirus para esta hora y casi 400 muertos reconocidos por sus autoridades, Colombia no tiene frente a si un camino fácil. Lo tiene más fácil que otros, quizá, porque al haberse incorporado más tarde en la cadena de contaminación global del voraz virus, ello le ha permitido aprender de las experiencias, de los traspiés y de los aciertos de terceros.  No quiere lo anterior decir que están siendo heroicos en el manejo de las dos vertientes de la crisis planetaria, la sanitario y la del destrozo económico, pero han sabido distinguir entre una y otra, han sabido establecer prelaciones en sus estrategias y, casi con toda seguridad, saldrán mejor parados que cualquier otro país latinoamericano de los desacomodos residuales de este episodio luctuoso. 

Son mucho los factores que juegan en contra de una política de manejo de crisis en un país que no tiene la estabilidad social ni política que es indispensable para batallar contra adversidades de este tamaño.  Las medidas de confinamiento han sido poco respetadas por la población – salvo excepciones, claro está- y ello es la causa de que la contaminación haya crecido más rápidamente de lo que sus instituciones de salud son capaces de manejar con eficiencia. Pero donde si están bien equipados en la resiliencia de sus sectores productivos, acostumbrados a lidiar por décadas contra muchos elementos de desestímulo. 

El gobierno ha puesto en marcha algunas medidas para reanimar a aquellas empresas de pequeña y mediana talla que son el eje del dinamismo del consumo en Colombia,   aunque todavía la cuarentena sigue en pie hasta casi fin de este mes. No hay nada que sea diferente en Colombia a otros países en materia de fórmulas de ayudas para mitigar el impacto sobre las empresas y los individuos: asistencia de carácter fiscal, préstamos blandos para proteger los flujos de caja de las unidades productivas y comerciales afectadas por el desconsumo, líneas de crédito especiales para actividades vulnerables, subsidios selectivos, una política de protección al empleo y otras tantas.  

La novedad es que estas son progresivas pero su gradualidad no va a depender de la voluntad del gobierno en Bogotá sino del ritmo y tono que le quieran otorgar las regiones. No es que todas Alcaldías estén felices con las políticas dictadas por la Casa de Nariño, pero tienen reglas claras de actuación a la vez que holgura en el manejo de lo que se ha dado en llamar “protocolos de bioseguridad”, estos si, dictados por las autoridades a escala nacional. El “tempo” de la reapertura de industrias y comercios va a ser manejada por las regiones, lo que intenta respetar las particularidades regionales y evita por igual, o al menos atempera, los conflictos de carácter político que se puedan originar en diferencias de opinión.  

Los ministerios de la Economía y Hacienda se han movido con rapidez en los círculos internacionales y han sido de los primeros en obtener renovación de créditos del Fondo Monetario para apuntalar al sector financiero frente a las necesidades crecientes de la industria y del comercio. Es necesario recalcar que ni sus exportaciones ni sus importaciones se han paralizado en estos tiempos de pandemia. 

Es claro que el país vecino está siendo carcomido por el desempleo que se ha estado generando particularmente en la micro-empresa, en las de pequeña talla y en las medianas. Los cesantes también están gozando, hasta donde es posible, de una atención prioritaria con fondos para aliviar las secuelas del desempleo, pero donde no existen fórmulas eficientes es en la atención de las necesidades que genera la economía informal que en el caso colombiana es muy significativa.   

El caso es que nada de lo que le está ocurriendo a la economía nacional tiene a las autoridades del país vecino cruzados de brazos. Dos elementos coyunturales les dificultan aún más el rescate: los 2 millones adicionales de ciudadanos que deben atender como consecuencia de la emigración venezolana y la caída de los precios petroleros.  

Para nosotros venezolanos, esta pro-actividad de los vecinos debe ser inspiradora. Porque no es que Colombia haya tenido mejores cartas que Venezuela como punto de partida. No. Si algún país fue bendecido por Dios extraordinariamente en materia de recursos por explotar y una geografía benévola fuimos nosotros. Lo que han tenido aquellos como factor de diferenciación en el momento actual es un espíritu constructivo y trabajador que no han podido desmontar 50 años de violencia guerrillera. Y es cierto, tampoco han sido como nosotros, por dos décadas enteras, víctimas de la destrucción programada de las industrias, del saqueo de sus riquezas y del destrozo de la moral de los ciudadanos.   

Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1
Desde España

martes, 19 de noviembre de 2019

VICENTE BRITO: MALESTAR SOCIAL Y SUS CAUSAS

El malestar social sigue creciendo causado principalmente por el deterioro de todos los indicadores más importantes, que reflejan la drástica caída de la calidad de vida de los venezolanos.

Lo podemos observar al compararnos con los 5 países del mundo que en los últimos 10 años han tenido desmejoras en sus condiciones de vida, en todos ellos las causas que han originado estas caídas de los índices sociales, las han causados guerras que suceden en estos, reducción drástica de su actividad económica o desastres naturales.

Lo preocupante es que de esos países somos el único que la causa de la situación coyuntural fue causada por la aplicación de políticas publicas antagónicas al bienestar de sus ciudadanos, lo podemos observar en como este deterioro ha sido causado principalmente por el proceso inflacionario, originado por la política monetaria expansiva del Banco Central con la emisión de dinero inorgánico para subsidiar el déficit publico, el cual ha crecido exponencialmente en los últimos tres años, estando sometidos los ciudadanos a la mayor hiperinflación del mundo oscilando su elevado orden numérico entre 6 y 7 cifras en los últimos meses, sus efectos en la perdida del poder adquisitivo se ha echo evidente, en la caída del consumo.

Lo cual se refleja principalmente en los productos esenciales como alimentos y medicinas, muchos de los cuales han subido hasta 10 veces en un año. Sus efectos en la población se refleja en los crecientes niveles de pobreza, la que mas aumento y se duplico en lo que va del año 2019 es la extrema, que son aquellas familias cuyos ingresos familiares totales al mes están por debajo del 35% del valor de la canasta alimentaría familiar, la cual se estima se acerque a los 10 millones para el próximo mes de diciembre.

Vamos a demostrarlo al escoger a uno de los alimentos al cual los Venezolanos hemos tenido como el mas importante en nuestras comidas tradicionales, como es la carne donde pasamos de consumir hace unos años atrás un promedio anual de mas de 30 kilos por habitante a un estimado para este año 2019 que oscila entre 7 y 8 kilos.

Otro factor que empuja las desmejoras sociales es que entre el 50% y el 60% de las tierras y empresas vinculadas a la producción están en manos públicas, observando una sostenida caída en las toneladas producidas, al alcanzar para este año 2019 unos niveles de producción oscilante entre un 10% y un 20% de cuanto eran manejadas por empresarios privados, lo cual ha tenido un impacto preocupante en la reducción de la cantidad de productos que surten el mercado nacional, haciéndonos mas dependientes de las importaciones, las cuales están sujetas su precio de esos productos traídos del exterior al valor del dólar, el cual ha subido constantemente con sus consecuencias negativas en los consumidores.

Hoy el malestar social que embarga a los venezolanos es causado por las limitaciones, carencias y el creciente deterioro en la calidad de vida. Lo cual no se justifica a la Venezuela ser uno de los países con mayores riquezas naturales por habitante y haber tenido ingresos extraordinarios por su explotación..

Lo preocupante es que no se observan medidas que permitan detener el creciente deterioro social y faciliten las decisiones necesarias para que las familias mejoren su poder adquisitivo, consumo y calidad de vida.

Vicente Brito
vicent.brito@gmail.com
@vicentejbrito
Presidente
Red por la defensa al Trabajo, la Propiedad y la Constitución  

jueves, 10 de octubre de 2019

GONZALO VILLAMIZAR ADARME:NO ES XENOFOBIA

Otra manifestación de ignorancia y mala fe  hace la dictadura chavez maduro al rotular como un ataque de orden racial el repudio general que están sufriendo los millones de venezolanos escapados forzosamente para salvarse del hambre y de todas las necesidades. Porque  los latinoamericanos somos la misma raza de los tres colores, de manera que aquí no cabe la palabra xenofobia. 

Simplemente es la natural reacción  contra quien  invade masivamente ocupando  viviendas, lugares de trabajo, instituciones de enseñanza y salud, esparcimiento,  obstruyendo el espacio para la vida cotidiana de los lugareños. Aquí hemos recibido exiliados de toda raza y época, luego de la Segunda Guerra Mundial llegaron familias completas, grupos hasta de treinta personas, nunca por centenares de miles, pudimos acogerlos sin estorbos y aquí establecieron su segunda patria. 

Pero el caso venezolano es único, al acercarse a millones los exiliados que llenan violentamente los espacios que ningún país puede soportar; de aquí la indignación y violencia de los invadidos. El culpable es el presente régimen al provocar la miserable situación de Venezuela en veinte años destruyéndola. 

Asombra que uno de los países más ricos del mundo, producto del subsuelo, protagonice esta escena escalofriante contra países hermanos, ellos sin los recursos para atendernos, esas multitudes hacen casi imposible las ayudas. Momento para recordar el cercano Día de la Raza, 12 de Octubre, oportunidad para decirle al grupo de Miraflores, donde hay hasta académicos infiltrados, que este Día se debe celebrar, no repudiarlo como ellos lo hacen, porque es fecha de significación mundial, donde se rememora el momento cuando España nos trajo la heredad grecorromana, la Civilización Occidental; nuestros aborígenes forman parte de ese proceso, cuya evolución mezcló indios, blancos y negros, con violencia porque ésta ha estado presente siempre en la formación de nuevas razas, reinados e imperios y ésto no es motivo para odiar a España, la Madre Patria, para mantener rencores que llevan a negarlo todo, hasta derribar la estatua de Cristóbal Colón en Caracas, colocando a Venezuela como  ingrata e ignorante, porque en América, comenzando por Columbia y la sede del Congreso norteamericano, como todos los demás países de Latinoamérica, rinden reconocimiento y respeto al hombre que hizo posible cambiar el mapa del planeta  agregando un nuevo Continente, el que faltaba por descubrir; con las gentes que trajo comenzó la formación de la raza de los tres colores  y por disposición de Dios, fue posible, al llamarnos Tierra de Gracia, cuando nuestro medio ambiente facilitando los recambios con los genes de esta nueva raza, hizo posible naciera entre nosotros el Genio de América, Simón Bolívar, nuestro Padre Libertador . 

La gente de nuestro país lamenta a diario el irrespeto hacia Simón Bolívar que hace este régimen titulando de bolivariano cuanta cosa se les ocurre, hasta las Fuerzas Armadas, cuando en esta patria todos somos bolivarianos, no deben  existir preferencias.  Entre centenares de ofensas destaca el colocar el retrato del nefasto Chávez  junto al Libertador, presidiendo  los dos, grave delito  al menospreciar su dignidad. 

Gonzalo Villamizar Adarme 
gonvillan1924@gmail.com
@GonzaloVillami2 
Asociación de Médicos Escritores, Federación Médica Venezolana.    

HUMBERTO MARCANO RODRÍGUEZ: XENOFOBIA

La xenofobia como cualquier peste suele extenderse rápidamente entre cualquier tipo de población y ella en la casi totalidad de las veces es producto mental del traso cultural y educativo de los que la practican que creen ver en los nacionales de otros países que vienen a quitarles el trabajo, los migrantes que por múltiples razones salen de su patria, solo lo que hacen es ofrecer sus conocimientos y profesionalidad comprobada al sitio donde llegan, no es su culpa que en la mayoría de las veces estén por encima de los conocimientos de los lugareños, sin embargo podríamos hablar de dos tipos de xenofobia, la espontanea de los nativos y la inducida por las autoridades, ambas son malignas y llevan a actos de crueldad hacia personas que son víctimas de la situación que se vive en sus países de origen, que los obliga dejar todo en busca de un futuro mejor y que esto les permita ayudar a la familia que dejó atrás. 

La xenofobia se sabe cuando comienza, lo que se ignora es cuando termina y el enorme daño que puede ocasionar, Xenofobia fue la inducida por Hitler y sus secuaces contra los judíos al declararlos apátridas y culparlos de todo el mal que sufría Alemania producto de la primera guerra mundial y se sabe los resultados, el gran genocidio, seis millones de judíos asesinados, también están los ejemplos más recientes de las guerras tribales en África y de la guerra en los Balcanes, con saldos ambos de cientos de miles de asesinados, donde este flagelo comienza a brotar, corresponde a los gobiernos, trabajar y promover fórmulas de entendimiento, pero esto no solo debe ser llevado con rapidez por los gobiernos sino por las Iglesias de cualquier credo religioso, los partidos políticos verdaderamente democráticos.

En realidad la xenofobia es un crimen contra natura, es un atentado contra la humanidad, contra personas que vienen de sufrir profundamente en sus países de origen, victimas de dictaduras totalitarias, en el caso de Venezuela, de una dictadura totalitaria narco – terrorista.

Venezuela fue siempre un gran ejemplo de aceptar con cariño y familiaridad a todos aquellas personas que allende los mares llegaban a nuestra patria, tuvimos migrantes alemanes los que fundaron la Colonia Tovar, los que llegaron huyendo del nazismo, los españoles, italianos y portugueses que tras la destrucción de Europa por la segunda guerra mundial, vieron en Venezuela un oasis y la convirtieron en su segunda patria, también tenemos el caso de los franceses (los corsos) que llegaron al oriente del país donde se establecieron para siempre, turcos, y libaneses que se convirtieron en grandes comerciantes del detal y del crédito semanal, chinos con sus lavanderías, las primeras que se conocieron en el país, a todos estos les agregamos los miles de latinoamericanos que también huyendo del hambre y las dictaduras sangrientas de sus países aquí vinieron a rehacer sus vidas, a todos por igual siempre el venezolano los recibió con los brazos abiertos y una eterna camaradería, compartiendo con ellos lo poco que tenían. 

Históricamente no se conoce que en Venezuela hayan existido actos de xenofobia contra ningún migrante, era proverbial el decir “Venezuela país de puertas y brazos abiertos a todos los extranjeros, sin ninguna clase de discriminación. Venezuela siempre ha sido un perfecto crisol de nacionalidades,
donde ha existido esa total integración sin ninguna clase discriminación y menos xenofobia, a los extranjeros siempre se les tratado con respeto y consideración, de igual manera hay que tener presente que la xenofobia representa todo un conjunto de desviaciones y fanatismo que se pueden denominar como perversos, por eso es condenable al actitud de la congresista del fujimorismo Esther Saavedra, que haya utilizado su posición para lanzar sus arengas de odio contra todos los venezolanos radicados en el Perú.

Lamentablemente hoy el venezolano agobiado por el desastre económico a que ha sido sometido el país por este régimen narco terrorista y de traidores a la patria, ante la destrucción casi total de las industrias, el gigantesco desempleo, la total inseguridad, el hambre, la falta de alimentos y medicinas así como de asistencia médica en el sector salud pública, el caos de los servicios públicos, agua, luz, gas, transporte y comunicaciones , una inflación la mayor del mundo y los miserables sueldos que se volatizan ante el alza diario de los precios, solo ha visto como vía de escape ante este enorme tragedia, salir de su país, SEIS MILLONES DE VENEZOLANOS COMPONEN LA GRAN DIASPORA, 

Venezuela se ha convertido en un país de abuelos y padres huérfanos, casi se puede decir que no hay hogar donde algún miembro de la misma no se haya ido al exterior, los aeropuertos y los terminales de pasajeros se han convertido de lugares de lágrimas derramadas. Con un salario de apenas dos dólares mensual, cada día aumenta el hambre en la población, la falta de alimentación afecta cruelmente a los ancianos y niños y entre estos últimos se está creando toda una legión de niños que a la larga arrastraran taras cerebrales y de crecimiento por desnutrición.

No se trata que si Trinidad, Aruba, Curazao, Panamá, Argentina, Ecuador, Perú, Uruguay, Paraguay y Chile cada día están poniendo más trabas al ingreso de venezolanos, es su derecho como naciones, se trata de los brotes de xenofobia que están surgiendo en esos países y donde hay partidos políticos que se dicen democráticos y actúan como totalitarios que los aúpan como el caso del Perú con los Fujimoristas que desde el propio Congreso han lanzado diatribas solicitando que todos los venezolanos sean expulsados del territorio, o que sea el propio gobierno de Panamá lanzando un eslogan contra los venezolanos que dice “Panamá, para los panameños, no queremos arepas ni tequeños”, hay que insistir que desde el punto de vista humanitario son los propios gobiernos que tanto declaran en defensa de los derechos humanos, los que deben por obligación buscar formas de exterminar esos brotes de xenofobia.

Esos seis millones de venezolanos en la diáspora en su gran mayoría son técnicos y profesionales universitarios, miles con doctorados y todos con amplia experiencia en sus profesiones, que desesperados salen en busca de un futuro que esta rica patria en manos de una banda de narco terroristas, traidores a la patria y corruptos de toda ralea la tienen azotada y les niegan el derecho que
tienen a una vida mejor. 

No es contra ellos que han de descargar la ira los nacionales de esos países, es contra sus gobernantes que durante muchos años mantuvieron un silencio cómplice con el régimen dictatorial de Venezuela y hasta se beneficiaban haciendo negocios de toda clase con este y que aún, es más lo que declaran que lo que hacen. Mientras tanto que hacen los Embajadores y Cónsules nombrados por el Presidente interino en estas naciones, hasta se ignora los nombres de la mayoría de ellos, parece que desconocen por completo cuáles son sus obligaciones para con sus nacionales, no hemos visto ninguna posición firme al respecto del Canciller Julio Borges.

Estamos claro que solos no podemos salir de este régimen y que tampoco lo lograremos con elecciones amañadas como pretenden los politiqueros de oficio que rodean al Presidente Juan Guaidó y que él sabe que es así, todos tratan de ignorar que cada día que pasa aumenta el número de muertos por hambre, asistencia médica y medicinas, entierran la cabeza y dejan el culo al aire como los
avestruces, 

Humberto Marcano Rodríguez
hjmrodriguez@gmail.com 
@Hmarcanor

viernes, 26 de julio de 2019

ELIDES J. ROJAS L.: EL SUBE Y BAJA DE LOS VENEZOLANOS

Desde hace bastantes años se viene acrecentando esa vieja manía tan venezolana de pasar del más extremo amor hacia alguien, directo al más recalcitrante de los odios. Hay algo en ese sentimiento de electrocardiograma que revela una de las inconsistencias más claras en la forma de ver las cosas del criollo de estos tiempos. Y de hace muchos lustros también. Este fenómeno es muy notorio en el ámbito político especialmente. En ese mundillo, y otros ámbitos cercanos, podemos ver cosas sumamente extrañas. Vamos a darle una vueltica. Veamos. 

Simón Bolívar, el Padre de la Patria, El Libertador, el hombre de las historias más increíbles, muere en Santa Marta odiado y repudiado por gran parte de la Venezuela de esa época, después de llorar de emoción con solo verlo en sus entradas triunfales en cualquier parte. Era un amor verdadero y profundo, no como el del chavismo y la cúpula que es pura propaganda y uso de marca, donde existían miles de personas capaces de dar la vida por el líder de la Independencia. Pero cuando comenzó la campaña contra Bolívar, el asunto pasó para una gran parte de los fanáticos a “traición” y rabia. Así que el hacedor de historias muere en términos de desterrado. 

Y así avanzó la historia por casi dos siglos. Del amor al odio de un caudillo tras otro. Zamora, por mencionar a uno de los más malandros, pasó de justiciero revolucionario a ladrón de ganado y esclavista en un momentico. Muchos de las figuras clave de la historia nacional pasaron por esa especie de guillotina histérica sin mucha fórmula de juicio. 

Para entrar en fechas más recientes pudimos ver cómo la gente de oposición, justo cuando estaba más enardecida contra el régimen encabezado por el comandante muerto, pasó en esos momentos del odio sin frenos hacia la Policía Metropolitana a marchas con dientes pelados a abrazar a los agentes parados a un costado de la manifestación. Esa vez fue al revés. De odio a amor. Pero hay casos más emblemáticos, pues pasan por idas y vueltas casi que consecutivas. El caso del general Raúl Isaías Baduel es señero en esta materia. Cuando saltó con sus armas a defender a Chávez del golpe del 2002 y lo devolvió a la silla fue odiado hasta en grado de jonrón con tres en bases. Luego saltó la talanquera y pasó al equipo del amor. Incluso defendió el resultado del referendo que le negó la reelección la primera vez a Chávez. Odiado, amado en un tobogán hasta llegar al actual estadio en que es una especie de ni fu ni fa. No lo quiere el régimen por traidor y tampoco lo quiere la oposición. El peor de los estados. 

El propio comandante fallecido, quien por años, más allá de la posición que se pudiera tener sobre su protagonismo, reinó como quiso en el favor de las mayorías. Ahorita, salvo la cúpula del régimen y sus propagandistas, la gran mayoría está harta de sus discursos y su ojitos regados por todas partes. Ya a Chávez nadie lo quiere. Se sabe claramente que es el origen de la quiebra moral y económica del país. Y ni se diga nada de Maduro, quien en sus tiempos más frescos llegó a derrotar, con dudas, a Capriles en unas elecciones para con los años terminar con más de 80% de rechazo a su gestión y a la captura del cetro del presidente más impopular del mundo. No querido es hasta un calificativo decente si tomamos como cierto lo que se escucha a cada rato como grito colectivo.

La oposición como ente organizado ha pasado por el mismo fenómeno. La Coordinadora Democrática y la MUD son vistas con más rabia que cariño, luego de haber puesto a llorar a millones entre emociones y esperanzas. Los pelones y fracasos en sus estrategias las llevaron a pasar al renglón del rechazo de manera indiscutible. El chavismo, en el mismo sentido, es ahora una raya institucional. Una imagen de ineficiencia, manipulación y corrupción lo llevó a volar del nivel estatua en plazas al escalón de casas del partido quemadas en los pueblos y ciudades. Rabia pareja. 

Ya empezamos a escuchar cosas muy indicadoras sobre Guaidó. Y algunas encuestas, por encima de las creencias de los más comprometidos, lo ubican entre quienes vienen en caída. Aunque también es cierto que en enero tampoco nadie lo quería, pues nadie sabía quién era. 

Y nada de raro tendría ese descenso en la estima popular. La historia venezolana es un sube y baja de parque infantil. 

Basta revisar un poquito. 
Elides Rojas
elidesr@gmail.com
Twitter: @ejrl

miércoles, 12 de junio de 2019

HUMBERTO RUIZ CALDERÓN: ENTRE EL VUDÚ Y LA FAMILIA

Hemos pasado varios meses en Playa del Carmen (México) como parte de ésta particular diáspora que el régimen venezolano nos ha impuesto a los ciudadanos del país. 

A unos los ha hecho huir para no morir de hambre, enfermedad  o desempleo. O sufrir los rigores del régimen  como no renovar la identificación de sus ciudadanos.  

Hoy por ejemplo, recibí la llamada de uno de mis nietos quien desde Lima  me informó haber retirado el pasaporte de su nueva nacionalidad.  

Otros, con mayor suerte, pasamos períodos extensos de nuestras vidas, al amparo de familiares, quienes ya están establecidos  en el exterior. Ahora nuestra familia es colombiana, mexicana, española, gringa y hasta inglesa y paremos de contar, pues se alargara sin duda alguna.  

En cualquier caso, vivimos fuera de nuestro lugar de origen, de nuestro terruño y de nuestros conocidos.  Pensando, todo el tiempo, en lo que dejamos atrás.

Una de las actividades que hacemos con nuestra “nueva familia” en el exterior, en las muchas horas de tiempo libre,  es hablar de quienes dejamos en el tiempo, o a los lados. Es decir,  de quienes quedaron en el pasado y de los que hoy están en otros muchos lugares del globo, que son nuestra familia. Y hay que ver que la realidad de la familia ahora se siente verdaderamente arraigada pese a las distancias. Hablamos de los abuelos, padres, tíos, hijos, primos y un largo etc.  Cada uno es recordado con sus particularidades y por supuesto con las muchas anécdotas que van pasando de generación en  generación.
   
“¿Y cómo se conocieron Uds.?” Preguntó la nuera y más reciente miembro de la familia. Nos miramos con picardía y soltamos una sonora carcajada.

¡Fue en una conferencia sobre el Vudú!. Recordamos ambos. ¡Eso no se olvida!

En medio de la celebración del aniversario del Museo de Antropología e Historia de la ULA (Mérida-Venezuela) se habían organizado disertaciones sobre temas diversos de la antropología. Una de las conferencias era sobre el Vudú en Venezuela, dictada por Michel Asencio,  Profesora de lingüística en la UCV.  

El Museo de Antropología e Historia estaba ubicado en una casa en la calle 25 entre las Av. 3 y 4 de Mérida. En esos tiempo el centro estaba iluminado y tenía una activa vida diurna y nocturna. 

Luego de tantos años solo recuerdo una expresión de la conferencista quien aseguró que ese rasgo tan venezolano de señalar con los labios hacia una dirección determinada para orientar a otros,  era común en las poblaciones esclavas que también trajeron, las creencias del Vudú, a partir del siglo XVI.

Por supuesto luego de la conferencia un grupo de los asistentes y de la conferencista nos fuimos a departir y allí en un momento de la noche nos acercamos y conocimos. Además, seguimos juntos hasta hoy, más de cuarenta años después. Sin duda que temas tan complicados y hasta esotéricos  como el Vudú pueden tener aspectos muy familiares. ¿No les parece a nuestros lectores? 

Humberto Ruiz Calderón
@Ruizhumberto

lunes, 6 de mayo de 2019

ALBERTO BARRERA TYSZKA, LOS VENEZOLANOS ESTAMOS CONDENADOS A NEGOCIAR

Los venezolanos creemos que la improvisación es un método. Tal vez eso pueda explicar lo inexplicable: la fallida rebelión contra un Estado fallido que se produjo el 30 de abril. A medida que pasan las horas, cada vez parece más difícil conocer realmente qué ocurrió. La ausencia de información y la falta de credibilidad en los diferentes actores implicados dejan al ciudadano común sin posibilidades de acercarse a la verdad. Más que datos ciertos, solo abundan las especulaciones. Como si, más que analizar la realidad, solo fuera posible imaginarla.

Quizás nunca se llegue a saber ciertamente ni qué pasó ni qué podría haber pasado esta semana con las fuerzas armadas en Venezuela. Esta opacidad, sin duda, es otro síntoma del enorme deterioro institucional del país. Pero lo ocurrido también demuestra, nuevamente, que ese vacío institucional no puede llenarse con violencia. Es otro recordatorio de que la democracia no se legitima con fusiles sino con votos.

Cuando apenas amanecía el martes pasado en Caracas, apareció Juan Guaidó en las redes sociales anunciando “el cese definitivo del gobierno usurpador” y la activación de los militares para consolidar la llamada Operación Libertad. El líder de la oposición estaba rodeado de soldados y, tras él, en primera fila, destacaba Leopoldo López, un preso político emblemático del gobierno chavista que se encontraba bajo arresto domiciliario. El hecho de que López estuviera también ahí, libre, sobre un puente, en medio de soldados, parecía ser una parte fundamental de la noticia.

En algunas oportunidades de su mensaje, Guaidó habló en pasado. Como si, de alguna manera, ya lo importante hubiera ocurrido. Las imágenes que se transmitieron después le sumaron más confusión al momento. En rigor, no se encontraban dentro de una base militar. Tampoco había ningún alto oficial dando la cara y haciéndose responsable de la rebelión ni hubo información sobre algún alzamiento militar en otras regiones del país.

La transmisión desde el puente se fue convirtiendo rápidamente en un espectáculo cada vez más pobre: imágenes de Leopoldo López sonriendo y abrazando a algún amigo, como si celebrara algo que nadie podía entender. Juan Guaidó se difuminó y el escenario épico del amanecer empezó a transformarse en un espacio incomprensible, lleno de movimientos erráticos y sin voceros dispuestos a declarar. La llamada Operación Libertad no parecía ni siquiera una operación.

Sin embargo, la ausencia de los altos funcionarios del oficialismo hizo posible que se pensara que algo estaba ocurriendo. Nicolás Maduro desapareció completamente. Las hipótesis de las conspiraciones se sostienen en el silencio. Ese martes 30 de abril nadie dijo nada definitivo. Hubo alguna declaración de algún ministro, denunciando un intento desestabilizador de la oposición, pero nada más. Los discursos articulados empezaron a llegar los días posteriores, cuando la marea bajó y el panorama comenzó a aclararse. Pero durante el día crucial la mayoría de los actores quedaron en silencio. En suspenso. A la espera.

Ni siquiera los otros líderes de la oposición se manifestaron abiertamente. Tampoco lo hizo de forma decidida y en bloque la comunidad internacional. Ni todos los funcionarios del gobierno ni todos los altos jerarcas militares. Es posible pensar que, en el fondo, todos estaban contenidos, atentos, calculando. En una situación límite, se sintieron obligados a esperar de qué lado, finalmente, se inclinaba la balanza. Nadie deseaba arriesgarse sin saber el resultado. Todos querían tener alguna certeza de que están apostando al ganador.

A esta ausencia de las élites, hay que sumar también la censura oficial que controla medios de comunicación y bloquea redes y plataformas. Frente a esto, el chisme termina siendo la única fuente de información. Los ciudadanos, finalmente, estamos obligados a aceptar que solo tenemos el rumor como forma de conocer e interpretar la realidad. Que si Leopoldo López y Juan Guaidó actuaron en solitario, traicionando al resto de la oposición. Que si había un plan acordado con altos mandos militares para forzar la salida institucional de Maduro, pero que los rusos intervinieron antes y lo impidieron. Que si había una conspiración en marcha pero, al final, todo se abortó por culpa del afán protagónico de Leopoldo López. Que si había un acuerdo entre el Departamento de Estado estadounidense y varios dirigentes cercanos a Maduro. Que si los cubanos evitaron que los militares traicionaran a la revolución. Que si sí. Que si no. Que si Rusia, que si los chinos, que si Donald Trump. Que todo puede ser mentira, que todo puede ser verdad. Que nunca hubo nada y que casi hubo un golpe. Que la intervención viene y se va cada día. Que la Operación Libertad continúa pero de otra forma. Que estamos igual pero no tan igual que ayer. Seguiremos informando.

Como si se tratara de un desquite infantil, dos días después, también al amanecer, Nicolás Maduro apareció en una transmisión obligatoria para todos los canales, rodeado de los jefe militares que le juraban lealtad. Esa era su respuesta al llamado rebelde de Guaidó. Pero también tenía algo de espectáculo patético e incomprensible. Parecía un mensaje para el interior de la propia institución castrense.

Probablemente, en un balance temprano de lo ocurrido esta semana, nadie quede bien. Ni la dirigencia de la oposición ni la del oficialismo. Tampoco los líderes internacionales. Parecen todos una élite errática que se echa la culpa, unos a otros, sin demasiados argumentos ni lucidez. Sobran las palabras grandes. Los discursos se desinflan. La apelación a la libertad, a la patria, a la soberanía… parece fatua. Todo son solo errores de cálculo. La improvisación no sirve para gobernar. El chavismo lo ha demostrado. Tras veinte años en el poder solo han logrado un récord de corrupción y la destrucción total del país. Pero del otro lado pasa lo mismo: tampoco la improvisación sirve para derrocar dictaduras.

Venezuela está cada día más débil. Incluso como noticia. Lo ocurrido esta semana también lo demuestra. Hay un agotamiento generalizado que cada vez se contagia más, la fragilidad de todos los poderes es cada vez mayor. Es obvio que Maduro no puede confiar en quienes lo rodean. Es evidente que la unidad de la oposición está fracturada. Ninguno de los dos bandos tiene la capacidad de derrotar y someter al otro. Ni el chavismo puede gobernar ni la oposición puede quebrar internamente a la fuerza armada. Ni los cubanos van a salir voluntariamente del país ni Trump va a invadir militarmente a Venezuela. Se acabó el tiempo de las consignas radicales. Los venezolanos estamos condenados a negociar. El problema es cómo hacerlo, con quiénes, bajo qué condiciones.

Ante una crisis económica que se desborda y adquiere una dimensión cada vez más aterradora, las decisiones políticas son también cada vez más costosas y determinantes. No es el momento de improvisar, sino de diseñar y de acordar un salida institucional. Esta semana ha vuelto a quedar claro que la violencia, de ninguno de los lados, representa un verdadero desenlace. Mientras no haya elecciones limpias y confiables, tampoco habrá futuro para Venezuela.

Alberto Barrera Tyszka 
@Barreratyszka 

martes, 5 de marzo de 2019

JOSÉ LUIS ZAMBRANO PADAUY, EL MAPA DE LAS MIL Y UNA POSIBILIDADES SAINETE EN CÁPSULAS


Un grupo incuantificable de seguidores le esperaba a las afueras de su reunión con Macri en Argentina. Los rostros se iluminaron al verlo con la mansedumbre acostumbrada y su buena voluntad para dar aliento. Le gritaron: “¡Queremos regresar!”, como una súplica enfebrecida y esperando una respuesta acorde para no debilitar las esperanzas entrañables en este proceso. Guaidó, un soñador de cuerpo entero y con la sapiencia de haber asumido de buen grado su papel en la historia, nos les defraudó y prometió con una certeza casi bajada del cielo, que pronto llenarían sus equipajes con la sonrisa inigualable de la libertad.

Han sido unos días casi impertinentes en torno al cambio anhelado. Las redes sociales y los comentarios presurosos en los grupos de WhatsApp, no daban a más ilusiones y solo hablaban de una derrota en todo el accionar de este nuevo líder. Los vértigos por la decepción fueron incontables.

Llovían los comentarios insaciables sobre la carencia de valentía para asumir las variantes. Las contrariedades han sido el plato de los últimos días. El dolor más profundo era ver especular sobre la inexistencia de un plan B al no poder entrar la ayuda humanitaria y escuchar los importunos graznidos de felicidad de los malhechores de Miraflores.

Muchos se creyeron estar abandonados a su suerte cuando las declaraciones diversas de los países involucrados en el Grupo de Lima eran para descartar una intervención militar. Pero no hace falta ser un erudito indiscreto para no ver la intención por parte de los EEUU, en resolver estos quebrantos con una acción conjunta, acompañada por una coalición de naciones que no abandonen el empeño por restituir la democracia en Venezuela.

En esa reunión hubo un secreto debajo del mantel de la mesa de discusiones de los cancilleres y Mike Pence. El hecho que los yanquis ofrecieran ese mismo día, 56 millones de dólares a los países aliados, también se estarían depositados en el mismo saco de dudas de que todo se ha perdido.

Debemos entender que Maduro no es un simple majadero empecinado con el poder. Detrás se halla todo un aparataje de discordia e intereses de muchos. Por eso el continuar con la estrategia de congelar activos y aislar financieramente a los trúhanes del régimen, va haciendo mella en los cimientos del sistema y permite seguir mermando en sus propias alternativas.

Es incuestionable que el vicepresidente norteamericano fue a eso a Bogotá. Se necesita una acción militar conjunta y evitar los señalamientos posteriores sobre el irrespeto a la autodeterminación de los pueblos y la violación de los territorios independientes. Esa carga, por ahora, no la quieren asumir los gringos de manera solitaria. Este hecho lo saben todos los representantes de los países involucrados, por eso se adelantaron para descartarla.

Pero las palabras de Pence dejan entrever la determinación sólida por cambiarle la realidad a los venezolanos. Mientras, con una fortaleza ignota y una claridad infranqueable, afirmaba que estaba 100 por ciento con Venezuela y que esperaba una transición pacífica hacia la democracia, también volvió a refirir la visión drástica del presidente Trump: “todas las opciones están sobre la mesa”.

No hace falta ser un facultado, con premoniciones admisibles, para entender que existe un esfuerzo decidido para forjar la democracia y reestablecer el Estado de Derecho. Tampoco escarbar en el ánimo para complicar la ruta. Debemos calarnos de buenos atuendos emocionales para comprender esta inédita ocasión. Era un cometido inalcanzable el año pasado y hoy nos reviste de una posibilidad altamente probable.

Guaidó tuvo la templanza de recorrer la semana pasada, gran parte del mapa sudamericano. Compartió su inagotable inquietud de libertad en Colombia, Brasil, Paraguay, Ecuador y Argentina. Se quedó corto en descripciones sobre las complicaciones nacionales y no dejó de levantar una polvareda de esperanzas que estaban a punto de perderse.

Anda pivoteando por estas naciones con el convencimiento de los grandes estrategas. No suelta su vocablo certero para hacer concebir en las mentes más incrédulas, que estamos frente a un momento único y que no debe desaprovecharse. No se ve temeroso. No le tiemblan los sueños de liberación ni se le escapan pensamientos incorrectos. Está centrado en que su destino arropará a un país estremecido por sus propias desgracias e incógnitas.

Se le ve corpulento en liderazgo. Le ha nacido por los acontecimientos trasnochados y los momentos en que parece la oportunidad escapársele de las manos. Su periplo internacional buscó corroborar el respaldo necesario para las nuevas decisiones.

Una irrupción militar futura está sobre la mesa. Pero no será asumida todavía. Mucho menos descartada. Esta cruzada continúa y no será ubicada en un rincón polvoriento. Lo vemos en que EEUU volvió a enviar más toneladas de ayuda humanitaria, sumándose ahora Honduras. También en la dimisión de más de 600 funcionarios militares, que siguen llegando a Colombia. 

No nos van a defraudar. El presidente interino llega esta semana con la valentía de siempre y sus conceptos bien claros. No se detendrá en preámbulos ni cambiará la ruta. Zanjará la deuda con la historia, no cabe la menor duda.

Sabe que una posible detención al llegar a Venezuela por parte del gobierno, detonaría las acciones más extremas de los norteamericanos y la coalición. Por eso esta lucha intestina debe ir acompañada de paciencia. El tiempo es el mayor enemigo de la dictadura y solo nos resta esperar para ver la alborada de la independencia, que iluminará pronto nuestras ventanas.

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571

sábado, 16 de febrero de 2019

HEISY MEJÍAS, LOS JÓVENES SOMOS EL CAMBIO


Mucho nos han señalado por ser jóvenes "muchacho no es gente grande/.../ ese es un niño, no sabe lo que hace, los chamos de ahora no piensan" y como estas frases, un sin número de ellas nos acusan de estar poco preparados para afrontar el devenir de la vida. 

Gente con poca visión, incapaz de ver que los millenials somos en su mayoría, personas con metas y sueños por alcanzar, preocupados por la sociedad en la que vivimos, la educación, la salud, la economía y los diversos factores que determinan el "buen vivir" que aspira cualquier ser humano. 

Sin embargo, las dificultades son muchas, sobretodo cuando el sistema imperante niega nuestras oportunidades para el desarrollo socioeconómico y personal ¿Cuántos jóvenes se han visto obligados a salir de su salón de clases, de su trabajo, de su confort para hacer cosas que jamás en sus vidas se habrían imaginado que harían? ¿Cuántos chamos se nos han ido del país por buscar algo mejor, de una universidad por no poder pagarla o por no tener el dinero de los pasajes y dónde quedan los que dejan sus trabajos porque el sueldo no alcanza ni para trasladarse de un lugar a otro, cuando menos para comprar comida. 

Unos se van y otros se quedan. Ambos son igual de temerarios. Aquí no es más difícil que afuera y ahí vamos, los despatriados, los huérfanos de historia, los de sueños olvidados y las maletas sin memorias, buscando nuevos rumbos, nuevas cuentos que contar, nuevas historias. 

Nosotros los jóvenes somos unos visionarios y hoy más que nunca, lo decimos a viva voz, no tenemos temor. No podrán vencer nuestras ganas de construir la Venezuela que queremos, porque nosotros somos las piezas que servirán de fortaleza para la nación que nos abraza. No tenemos miedo "pues somos muchos y ellos poca gente" diría Lope de Vega en Fuenteovejuna.

Aguerridos lucharemos contra la tiranía, con nuestras fuerzas y nuestro ímpetu, lograremos nuestro gran anhelo, liberarnos de la opresión.

Heisy Mejias
vivzla@gmail.com
@HeisyVisionaria

domingo, 13 de enero de 2019

OMAR ÁVILA, NEGOCIACIÓN Y DIÁLOGO, POR CAMBIO Y PAZ


Si ha habido un momento determinante en la historia contemporánea del país y sus ciudadanos es este. Luego de la toma de posesión de Nicolás Maduro y del desconocimiento de unos 60 países, la gran mayoría de los venezolanos espera que, perentoriamente, haya un cambio de gobierno. 

Esta meta se torna cada vez más complicada pues el gobierno controla los Poderes Públicos y las Fuerzas Armadas. No obstante, los radicales de este lado, esa parte de la oposición que grita y se impone en la opinión pública, crea falsas expectativas acerca de una pronta salida del poder de Maduro. Y muchos lo creen, aunque los métodos para lograrlo pasen por opciones como una intervención militar. Los prudentes, los que pretendemos transitar caminos menos escabrosos y que redunden en soluciones más sólidas y con paz, somos víctimas del odio de muchos de nuestros propios aliados.

Pero como dice el amigo Jesús Seguías: “Si están contando con las fuerzas de los “traidores”, “colaboracionistas” y “cobardes” de la oposición para hacer valer sus propuestas, han escogido un pésimo camino. No esperen por nadie. Ejecútenlas ya… y que Dios los bendiga”. 

Los irresponsables que ahora promueven la fantasía de desalojar a Maduro de Miraflores o nombrar un gobierno paralelo, son los mismos que promovieron la abstención y con ello desaprovecharon que una gran mayoría ejerciera su derecho al voto y le dejaron el camino a Nicolás para que “ganara”, apoyado por las presiones y condiciones anticonstitucionales que ejerció. 

El problema ya no es constitucional sino político. Maduro seguirá ejerciendo el poder, independiente del calificativo que se use para su gobierno. Hay que buscar mecanismos políticos que conduzcan a negociaciones con grupos de poder que están dentro del gobierno y que, aunque no lo expresen públicamente, no están dispuestos a seguir acompañando los desmanes del régimen de Nicolás. Solo nos queda la presión interna y externa para una negociación política.

No podemos olvidar que desde la AN se declaró responsabilidad política a Maduro, el abandono del cargo presidencial, moción de censura al exministro de Interior y Justicia Néstor Reverol y un largo etcétera, y no ocurrió nada porque la crisis venezolana es política y requiere una solución política, posiblemente consensuada, más que meramente legal o simbólica.

Quienes creen que la Presidencia simplemente se "asume" y por arte de magia se es reconocido, que busquen el ejemplo de Andrés Manuel López Obrador en México en el año 2006, quien se "juramentó" como presidente legítimo pero no fue reconocido por las instituciones, mientras que Enrique Calderón sí. No basta con "nombrar" o "nombrarse" si no se tiene la fuerza institucional.

Cuando el Grupo de Lima exhortó a Nicolás Maduro a que el 10E no asumiera la presidencia, a respetar las atribuciones de la AN, a transferirle, en forma provisional el Poder Ejecutivo hasta que se realicen nuevas elecciones y expresó, taxativamente, su rechazo a cualquier intervención en Venezuela, lo invitó a negociar. Si, a negociar. El comunicado señala que si Maduro tomara las acciones que el restablecimiento del orden constitucional impone,  “reevaluarán relaciones” con el país.

La expresa ratificación del pleno respaldo y reconocimiento a la Asamblea Nacional",  así como la manifestación de la "convicción de que la solución a la crisis política en Venezuela corresponde a los venezolanos" son puntos que dejan claro los alcances diplomáticos de esa declaración.

En Venezuela hay un caos institucional que no se resuelve a través de las armas ni la violencia, sino dialogando con quienes piensan distinto a nosotros en aras del bien común.

Además de la emergencia humanitaria compleja que azota nuestra nación, en este momento enfrentamos una crisis política que requiere dar pasos analizados y estratégicos, como el ajedrez, antes que asumir posiciones efectistas que no contribuyen en nada a encontrar una solución que nos conduzca al restablecimiento de la democracia. 

Chile retomó el camino democrático a través de la unión de los distintos grupos opuestos a la dictadura y de la negociación. Mandela condujo a Sudáfrica a la paz, a través del diálogo y la fuerza del voto popular. Hubo transiciones y se evitó que la violencia arropara.

Omar A. Ávila H.
dip.omaravila@gmail.com
@OmarAvilaVzla

jueves, 3 de enero de 2019

LEANDRO RODRÍGUEZ L., VENEZOLANOS ESTAMOS EN 2019 ¿SEGUIREMOS EN ESTO?


Venezuela no aguanta más, de la conducción chavista no podemos esperar más que el empeoramiento de lo que ya hoy es indigno, patético. El gobierno solo se aferra a promesas cazabobos tan desgastadas como inútiles, aún sigue prometiendo castillos aéreos como sí tuviese un mes en el poder… ya tienen 20 años manejado todo a placer y el país agoniza cada vez más aprisa, día a día se exacerban las diferencias entre el pueblo llano y los denominados “enchufados” a quienes sus vínculos con personeros del régimen los dotan como jeques en medio del hambre e infinidad de carencias masificadas.

Al igual que 2013, 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018 Maduro ha prometido este 2019 será el año del crecimiento y la prosperidad definitiva ¿Usted le cree? Cómo va serlo en medio de sanciones internacionales impuestas por haber roto el hilo constitucional y haber masacrado la democracia. Cómo va serlo si el 10 de enero Maduro y su gobierno serán desconocidos por la comunidad internacional influyente/determinante como consecuencia de su ilegalidad e ilegitimidad. Cómo va ser el 2019 un año mejor sí el chavismo destruyó Pdvsa, única fuente de divisas tras haber maniatado el sector productivo. Cómo va serlo si nadie se atreve invertir en Venezuela, un país desinstitucionalizado, sin constitución imperante, de violencia permisada. Cómo va serlo sí el gobierno insiste en su “Plan de la Patria” que no es más que la imposición del castrismo en el país

¿Podrá ser el 2019 un año de prosperidad? La gran pregunta es cómo. Será imposible en mitad de controles y racionamientos donde la corrupción es la regla. Será imposible donde una denigrante caja de comida importada y excluyente es el epicentro de las “políticas sociales”. Será imposible cuando el esfuerzo y el trabajo han sido sustituidos por bonos populistas exiguos, partidizados. Será imposible mejorar al país cuando la democracia, su voto, ya no premia, castiga ni genera cambios, una élite gobiernera y sus parentescos se han apropiado de todos los cargos, organismos e instituciones públicas. Venezuela jamás mejorará, sino que continuará agonizando, de la mano de una conducción desprovista de virtudes, que atiza la emigración de un pueblo sometido. Imposible mejorar cuando los principales socios internacionales son naciones antidemocráticas, tan endeudadas y sancionadas como Venezuela. Cómo el país mejorará si el chavismo no hace más que reciclar mismas políticas y personeros que han fracasado una y otra vez.

Entiéndase algo: Los “años dorados” del chavismo con Chávez se basaron en un estruendoso boom petrolero que le permitió tapar errores, desaciertos y corrupción con más y más petrodólares, cuando el precio del barril se estancó comenzaron los problemas. Luego, con Maduro, la pronosticada caída del precio del barril y la destrucción de Pdvsa dejaron en el hueso el proyecto chavista, así, la violencia institucionalizada, el reforzamiento de los controles/racionamientos se convirtieron en las herramientas para someter a un pueblo amante de la paz. Sí Chávez estuviera vivo hoy ocurriría exactamente lo mismo, pues la destrucción del aparato productivo, la petróleo-dependencia in extremis y el castrismo cubano eran su más firme norte… sí lo duda eche un vistazo al infausto “Plan de la Patria”.

El chavismo está vencido, aislado, atado ilegal/ilegítimamente al poder, es rechazado por propios y extraños, todo cuanto haga será solo para retener el poder sin importarle costos al pueblo. 

Estimado lector ¿Cree usted que el país, usted, su familia, podrían soportar otro año como el fatídico 2018? La respuesta es un rotundo ¡No! pero qué podemos esperar sí quienes dirigen la nación continúan siendo los mismos, con mismo proyecto, mismas intenciones, mismas trilladas excusas inverosímiles, haría ventilar un 2019 mucho peor al año que recién finalizó… ¡Reflexione!

Leandro Rodríguez L.
@leandrotango