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viernes, 11 de septiembre de 2020

VÍCTOR A. BOLÍVAR, A DIEZ AÑOS DE UNA INMOLACIÓN, SIGUE LA SUMISIÓN, MÁRTIR DE LA PROPIEDAD PRIVADA

A Franklin Brito, in memoriam

En junio del año 2010, poco tiempo antes de la muerte de Franklin Brito, hacíamos un símil de su caso con el del modesto albañil cubano Orlando Zapata, quien fallecía en La Habana luego de una larga huelga de hambre cuando cumplía sentencia de casi 26 años de prisión por delito de conciencia. Señalábamos que Zapata era el vivo aliento para quienes resistían la peor dictadura contemporánea que se haya vivido en Latinoamérica.

Fue una terrible decisión que tomó por métodos no violentos para sembrar la esperanza libertaria en las propias narices de sus opresores. Sin embargo, precisábamos que era del tipo de acción de protesta simbólica de los que el ya desaparecido Gene Sharp – conocido investigador del tema – aseguraba que aún teniendo gran repercusión nacional e internacional, de momento, no alteraba la posición de poder de la dictadura. Era sí, el punto de partida de lo que él denominaba como una forma selectiva de resistencia a través de la no cooperación y el desafío político que es un objetivo estratégico intermedio dentro de una gran estrategia global.

En Venezuela, Franklin Brito libraba una batalla en un contexto político y social caracterizado por una dictadura disfrazada bajo el cascarón de una constitución ultrajada a más no poder. Decíamos entonces, que su acto de resistencia podía costarle la vida, por lo que convocábamos al respaldo activo de todos aquellos venezolanos que debíamos ver en él el símbolo de una lucha por la restitución de un Estado de Derecho convertido en un trapo.

Fue estéril pedir una efectiva reacción colectiva que pudiese desactivar la diabólica maquinación dirigida a salir de él  a como diera lugar. La fuente de poder de este régimen es la intimidación. En sus genes totalitarios, reside la perversa desmesura de sus abusos y despropósitos de sometimiento del pueblo venezolano.

Esta es una causa que debió y aún debe ser la causa de todos. Es impostergable poner el acento en el rescate del Estado de Derecho para disminuirle la fuente de poder al chavismo. Franklin Brito solo pedía respeto a sus derechos, los mismos que están consagrados en nuestra constitución y las leyes que le permitieran dedicarse libremente a la actividad económica de su preferencia, el respeto a su iniciativa y propiedad privada, todos los cuales tenían que ser garantizados por el Estado; así como los derechos individuales a su dignidad, integridad, y libertad.

Concebimos la resistencia de Brito enmarcada en los supuestos contenidos en el artículo 350 CRBV al desconocer los actos de este régimen que contrariaron todos esos derechos y garantías, menoscabándole sus derechos humanos. Ese, como se dijo, fue un acto de desafío que debemos tomar en cuenta en el contexto de una estrategia global.

Hoy, diez años después de ese fatídico hecho, una Venezuela famélica, desgarrada y desesperada, se extingue. Una forma de materializar la sumisión es desobedecer al régimen; tal como lo proponía Sharp cuando sostenía que toda estructura de poder se basa en la obediencia de los sujetos a las órdenes de los dirigentes. De esa forma, si el sujeto no obedece, los líderes no tienen poder.

De Franklin Brito tenemos un legado de dignidad que debe inspirarnos para comprometernos con nuestro futuro.

Víctor Antonio Bolívar Castillo  
vabolivar@hotmail.com
@vabolivar

domingo, 17 de mayo de 2020

VÍCTOR ANTONIO BOLÍVAR CASTILLO, ¿PODEMOS LOS VENEZOLANOS DEJAR LA SUMISIÓN, PARA MARCAR LA DIFERENCIA?

¿Existe la mínima posibilidad de que la icónica disidente cubana Yoani Sánchez  –como quisiéramos– pueda hoy moverle el piso a la dictadura castrista, liderando a un pueblo sublevado dispuesto a rescatar definitivamente la dignidad perdida en la patria de Martí? Seguro coincidiremos en asumir ese escenario como supuesto negado; suena cruel, pero hoy es una dolorosa verdad. Ella, valiente y decidida, seguirá dando una lucha desigual, asimétrica diríamos. Ese testimonio nos pone de bulto la dimensión del problema cubano, pero también la del atolladero en el que nos encontramos los venezolanos.

Más de 30 años han pasado desde que estuve en la isla en una actividad académica; pude percatarme –ya para entonces– del verdadero estado de deterioro material y espiritual del pueblo cubano. Mercado negro de divisas, contrabando, robo de vehículos, caos de transporte, ruina urbana, esclavitud laboral, prostitución y un anestesiante y controlador Estado policial, fueron suficientes taras de la nomenclatura para constatar la naturaleza perversa de la revolución cubana que contaba para ese momento con la ayuda de la Unión Soviética.

Dos años después caía el Muro y luego se desintegraba la URSS. Se les acabó el chuleo a los soviéticos y les sobrevino una profunda crisis económica y financiera dando pie al período especial. Todo esto terminó agravando las condiciones ya precarias del pueblo cubano; pero no al privilegiado círculo gobernante, que nunca llegó a comer cáscaras picadas de plátanos o bistec de toronja, ni tomar agua de azúcar o comer gatos para mitigar el hambre. Estaba claro que esa sumisión del pueblo cubano ante el riesgo represivo, la carencia de lo elemental y los problemas ya mencionados le habían vaciado su alma. El descontento de ese pueblo impotente subyace en lo más profundo de sus entrañas.

Pasó más de una década para que le lloviera maná del chavismo, tenían de nuevo a quien chulear. La historia corta: petróleo por servicios de médicos (cuya actividad esconde una forma de esclavitud moderna, muy rentable), por respaldo político propio y de aliados internacionales. También a cambio de servicios de inteligencia y apoyo militar.

Cuba recibía en ese extraño trueque más de 100.000 barriles diarios de petróleo, a precio subsidiado, que luego revendía en el mercado mundial a precio internacional, obteniendo miles de millones de dólares. (igual se hizo con otros gobiernos de izquierda, con claros fines geopolíticos  en América Latina). Terminamos siendo una suerte de colonia del Foro de Sao Paulo, en este caso operada por el nuevo mestizaje castrochavista, que se abrió paso para quedarse entre nosotros por largos años.

Pero vinieron las sanciones, ahora fue Trump y no el comandante el que mandó a parar. También vino el derrumbe del mercado petrolero y una severa disminución de las remesas. Como señaló un estudio del español Real Instituto Elcano, sobre el insuperable problema estructural de la economía cubana, atada al comunismo: con estos hechos se ratificaba así la histórica dependencia económica cubana de otra nación y la necesidad de subsidios y ayuda sustanciales para poder subsistir económicamente.

En una especie de variable del síndrome de Estocolmo, a Venezuela la lanzaron políticamente a los brazos de la Cuba secuestradora, con un régimen chulo, que dependía económicamente de nosotros. En todo lo demás nuestra semejanza abruma; pareciera que hemos calcado lo peor de ella.

Hoy el pueblo venezolano, reprimido al igual que el cubano, no puede hacer valer sus derechos que le permitan cambiar de gobierno democráticamente. Somos pares en la miseria, abandono y destrucción,  con idénticos regímenes totalitarios que han causado grandes diásporas. De hecho, ya estamos sufriendo por igual horrendos  períodos especiales. ¿Podemos los venezolanos dejar la sumisión, para marcar la diferencia?

Víctor Antonio Bolívar Castillo 
vabolivar@gmail.com
@vabolivar