viernes, 8 de febrero de 2019

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, “GRUPO DE CONTACTO” UNGIÓ LA EXTREMAUNCIÓN


El chavismo continúa sumando reveses, analizando su situación, nos damos cuenta es un milagro (maligno) el que aún permanezca en el poder. Su última esperanza, el “Grupo de Contacto” le ha dado una estocada final imprevista, lo que ha propuesto sepultó definitivamente al régimen ¿Qué ha dicho? Veamos: 

Ese grupo alberga a la representante diplomática de la reunión europea, Federica Mogherini, quien funge como co-anfitriona junto con el canciller de Uruguay. Asistieron también los representantes de México, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, España, Suecia, Italia, Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda y Portugal, no es poca cosa. 

Ahora bien, en palabras textuales, el documento oficial hecho público por este grupo reza textualmente “Establecer las garantías necesarias para un proceso electoral creíble en el menor tiempo posible" y "permitir la entrada urgente de asistencia de acuerdo a los principios internacionales", lo que trae muy serias consideraciones al régimen chavista. 

En primer lugar, al llamar a unas nuevas elecciones presidenciales “creíbles” acusa tácitamente que la elección del 20 de mayo de 2018 fue fraudulenta, lo que aduce axiomáticamente que Nicolás Maduro Moros efectivamente usurpa el poder junto a todo su pretendido gobierno, ello de por sí es sumamente grave. 

En segundo lugar, concede razones jurídicas y democráticas a la oposición, sobre todo, a la juramentación de Juan Guaidó como Presidente interino de nuestro país, lo ratifica. 

En tercer lugar, coloca al chavismo contra la espada y la pared con relación al tema de la ayuda humanitaria, prácticamente, obliga al régimen aceptarla de acuerdo a los principios internacionales, una negativa traería consecuencias que solo continuarían agravando su ya extremadamente grave condición. 

Este grupo, que Nicolás Maduro vio con buen ojo y auspició su encuentro, termina de sepultar las esperanzas del régimen chavista, se suma a la pesada lista de naciones y organizaciones internacionales que rechazan la usurpación del poder por parte del régimen chavista, lo que inercialmente apoya al presidente del parlamento venezolano, Juan Guaidó, como Presidente encargado de la república, tal como mandata la Constitución del país en su Artículo 233. 

En resumidas cuentas, el chavismo/Madurismo cuenta con un rechazo popular de al menos 90%, tiene en su contra la legalidad, la democracia. Mencionemos también lo rechazan la sociedad internacional determinante e influyente, entre los que cuentan Estados Unidos, la inmensa mayoría de los países del continente americano como Canadá, Brasil, Colombia y Argentina, la inmensa mayoría de las naciones europeas incluyendo Reino Unido, Francia y España, además, numerosas organizaciones internacionales de vital importancia. El “Grupo de Contacto” le ungió al chavismo su extremaunción.

Leandro Rodríguez
@leandrotango  

GABRIEL BORAGINA, AGRESIVIDAD SOCIAL, COLECTIVISMO Y POLITIZACIÓN


Parece asistirse a un incremento de la agresividad social, por un lado, y de irresponsabilidad por el otro. Presenciamos una verdadera crisis de racionalidad.

¿Debemos acostumbrarnos a la irracionalidad humana, la que impresiona ser la "moneda corriente" de nuestros días? Los comportamientos más inverosímiles e inesperados aparentan estar a la orden del día. Conductas incomprensibles de los demás deberían dejar de sorprendernos, ya que da la sensación que se extienden. No solo ocurren en nuestro entorno más inmediato, sino que las noticias nos dan cuenta de ellas casi asiduamente.

En el campo laboral la falta de profesionalismo, de respeto, la improvisación constante, la ausencia de esfuerzo, de compromiso, noto como las más importantes y acusadas falencias de nuestra sociedad. Pero esto no es más que una extensión de lo que ocurre en planos más cotidianos de la vida social. Se traslada a lo laboral porque se expande una forma de conducta, una manera de ser, de un ámbito hacia otro.

Esto nos obliga a redoblar la búsqueda con la esperanza de encontrar ese "cisne negro" que marque la diferencia en medio de la mediocridad reinante que nos rodea. La que es producto de un proceso de masificación que se intensifica y se acrecienta, propagándose a través de los medios masivos de comunicación, hogares y centros educativos.

Este declive cultural y social lo atribuimos a la filosofía estatista reinante que domina las mentes y las costumbres humanas, y que lejos de amortiguarse como aseguran algunos, mantiene -a nuestro juicio- su ritmo ascendente. Es fruto de un proceso largo, lento y continuo que hemos denominado de politización.

Es evidente que este relajamiento cultural y educativo tiene raíces muy profundas. Las tradiciones no cambian por arte de magia, ni por generación espontánea. Existe una relación de causalidad para todo, como la hay también para esta notable decadencia social.

Vivimos en medio de una sociedad colectivista, cuya "filosofía" enseña que la responsabilidad individual es un mito que ningún beneficio reporta, porque es "el colectivo" el que debe proveer para nuestras necesidades. Pero ¿Quién o qué es "el colectivo"? El colectivo como tal no existe, es una entelequia, una construcción mental. Algunas veces es el "estado", otras "la sociedad" u otras etiquetas, según convenga a quien eche mano al término.

Pero, desafortunadamente para esos fabuladores, las acciones y omisiones no recaen en entes imaginarios, sino en personas concretas. Por lo que -en definitiva- "el colectivo" se reduce simplemente "al otro". Y si "el otro" es responsable, nosotros dejamos automáticamente de serlo. Esto es un mito, pero es el mito dominante, y es grave, porque estamos adiestrados desde pequeños para acomodarnos a uno o más de los mitos corrientes popularmente aceptados.

Los mitos socialmente admitidos no son fáciles de destruir por nuestra natural resistencia al cambio cifrada en el temor al rechazo y lo desconocido.

El colectivismo es esencialmente primitivo. Es un claro signo de retraso social cuando se manifiesta en tiempos actuales. El colectivo remonta sus orígenes a la tribu prehistórica, y encuentra sus antecedentes más remotos en la manada animal. Es, en consecuencia, un signo y símbolo de bestialidad. Siempre ha estado presente en el transcurro de las eras y la evolución se traduce como la salida de la sociedad tribal hacia la sociedad liberal a lo largo de los siglos. Pareció que el punto culminante de este largo proceso evolutivo había llegado entre los siglos XVIII y XIX. Pero el surgimiento del marxismo y sus derivados (el comunismo, el fascismo y el nazismo) durante el siglo XX mostraron que ello no fue así.

¿Cómo pudo suceder este retroceso? En parte, por lo que se dio en llamar el marxismo cultural que logró imponer cierta tergiversación del lenguaje, y que encontró favorable acogida por muchos de sus "intelectuales" que se dedicaron entusiastamente a propagarla. Así, por ejemplo, la palabra colectivismo fue reemplazada por la de "progresismo", lo que le daba cierto tinte más pasable y hasta respetable. "Progresista" sonaba menos primitivo que "colectivista", e incluso, parecía ser su antónimo (que no lo era). Cualquier idea aberrante e irracional basta que se la tilde de "progresista" para que automáticamente adquiera cierto realce y merezca consideración.

"El colectivo" equivale a lo que en el marxismo es la "clase social", y donde en el marxismo se plantea una supuesta "lucha de clases" en el colectivismo la misma "lucha" se reproduce, pero entre "colectivos", en el cual "la clase" y "el colectivo" son sinónimos. Conforme la dialéctica marxista, la sociedad (dividida en "clases" o "colectivos") es el escenario en el que estas "clases" luchan entre sí en una contienda en la que una explota a la otra y esta última sólo logra su liberación venciendo y explotando a la primera.

El colectivismo representa esta lucha de colectivos, en la cual todos tratan de explotarse mutuamente y salir triunfadores de la contienda. La humanidad entera (en esta visión) es un brutal campo de batalla donde la misión y el destino de unos colectivos es el de aniquilar a los restantes.

El enfoque liberal es -contrariamente- el de una atmósfera de cooperación social, único sistema idóneo para limar las diferencias entre individuos (no "colectivos"). Pero esta orientación no es la generalmente admitida.

Las consecuencias prácticas de la "filosofía" colectivista consisten en que cada individuo es enemigo potencial o real del siguiente, dependiendo del colectivo al que pertenezca. No interesan las características personales, sino cual es la adscripción del individuo a tal o cual colectivo.

Según las modas políticas, las etiquetas de estos colectivos van cambiando de tanto en tanto. Otrora estaba en boga el colectivo judío y el ario (según los nazis) el obrero y el burgués (según los socialistas) el estatista y el anti estatista (según los fascistas). En tanto, en la actualidad, los colectivos son otros: el feminista, el homosexual, el abortista, etc. y sus aparentes "opuestos”: el machista, heterosexual, antiabortista y varios otros. Es decir, se repite la dialéctica de la "lucha de clases" sin importar demasiado cual sea la etiqueta que se le adjudique a esa "clase", que puede ser cualquiera de las mencionadas.

Esta es una clara regresión a la época en que las diferentes tribus luchaban entre si a mazazo limpio en la prehistoria, y con lanzas, arcos y fechas un poco más adelante.

Gabriel S. Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

ROMÁN IBARRA, LA AYUDA HUMANITARIA PA´ CUANDO


Nada puede ser más cruel; más ruin y miserable, que negarle al país la llegada de la ayuda humanitaria que tanta falta hace, precisamente porque quienes la niegan desde ¨su altar¨ de corrupción e insensibilidad, son los responsables de la quiebra del país.



Con su actitud de bloqueo insensato para impedir la llegada de medicinas, y alimentos para los más vulnerables, están demostrando su odio profundo por nuestros ciudadanos, y un desprecio jamás visto por la reconstrucción de la sociedad que ellos destruyeron.
Lo bueno, es que el mundo civilizado en conjunto con las fuerzas democráticas de nuestro país, en perfecta armonía con la constitución; y la realidad política por el acompañamiento masivo del pueblo venezolano, decidieron decir basta a 20 años de crisis, y decadencia.

La decisión mayoritaria del pueblo venezolano, del liderazgo democrático de nuestro país, es la de poder expresarse en las urnas mediante elecciones libres, bajo supervisión internacional y con un organismo electoral profesional, imparcial, y no como hasta ahora con unas funcionarias obedientes a los mandatos del ejecutivo, sistematizando la violación de los derechos humanos, y comprometidas con la corrupción.

El mayor deseo de nuestra gente es la conquista de la paz social y la reconstrucción de nuestro país para –entre todos- impulsarlo hacia el desarrollo, aprovechando el talento de nuestros ciudadanos; la inversión de empresarios, y emprendedores nacionales e internacionales; la inteligencia y comprensión de los trabajadores, y el acompañamiento decidido de la sociedad democrática universal.

Venezuela tiene mucho que ofrecer al mundo para garantizar los equilibrios, pero necesita recuperar su democracia y sus instituciones para que nunca más sean vulnerables, ni objeto del secuestro por parte de demagogos irresponsables, y aventureros.

Nunca más los populistas aspirantes a caudillos decimonónicos utilizando las armas de la República; no más megalómanos y aprendices de brujo; no más ladrones y estafadores de las riquezas de la nación, y la fe pública.

Todavía falta mucho para reconquistar la democracia, pero nadie puede negar que en esta oportunidad parecen haberse juntado las condiciones sugeridas por los demócratas y el sentido común para restablecer la armonía, y la paz.

Contamos con la participación masiva de la población; contamos con la comprensión y la solidaridad de la comunidad internacional, y ahora solo falta que las Fuerzas Armadas cumplan su papel constitucional, y se pongan al servicio del estado de derecho, y no de una parcialidad política. Es cuestión de tiempo para que también se expresen.

Mientras tanto, los usurpadores que siguen intentando apropiarse del país, deben ceder y dar paso a un nuevo escenario –sin violencia- para que podamos comenzar la transición política, según las premisas marcadas por la unidad democrática y el presidente de la AN, y presidente constitucional interino de la República, Juan Guaidó, esto es: Cese de la usurpación; transición democrática y elecciones libres.

Todavía tienen tiempo de negociar su salida e irse del país, se los garantiza la ley de amnistía aprobada recientemente por la AN, siempre y cuando no estén incursos en delitos de lesa humanidad.

El interés de los venezolanos tiene que estar centrado en el rescate del sistema democrático, y sus instituciones; rechazar la venganza y el odio, y profundizar la paz como garantía de la reconstrucción  y estabilidad.

El bienestar de los venezolanos depende de que actuemos con inteligencia y sentemos las bases para el desarrollo armónico de las generaciones futuras; el país tiene la mayor potencialidad, y también el talento humano para garantizar el renacimiento.
Quiera Dios que a partir de que comience la transición, hagamos lo correcto. Pero, y la ayuda humanitaria pa´ cuándo?

Román Ibarra
@romanibarra

jueves, 7 de febrero de 2019

ACTUALIZACIÓN, DE "EL REPUBLICANO LIBERAL II”, DEL VIERNES 08-02-2019


TRINO MÁRQUEZ, LA COMPLEJIDAD DE LAS ELECCIONES DEMOCRÁTICAS

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 13 minutos
El punto central de la crisis política actual se encuentra en el cuestionamiento a la legitimidad de Nicolás Maduro y en la realización de una nueva elección para Presidente de la República. Los comicios del 20 de mayo del año pasado fueron desconocidos por la mayoría de la oposición y por gran parte de la comunidad internacional. El régimen cometió tantas irregularidades y atropellos, que la convocatoria no logró convencer de que participara a la franja más gruesa de opositores. Tampoco persuadió de su transparencia y equilibrio a los países democráticos que han seguido con det... más »

ANDRÉS HOYOS, LA NUEVA FASE DEL POPULISMO

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 20 minutos
El populismo —o los populismos, pues los hay de izquierda y de derecha— cambiará de fase en 2019. Antes la tenía más fácil que ahora. Dejemos de lado al de derecha, típico de los países desarrollados, y discutamos al de izquierda, que nos afecta más en estos países rezagados, así también tenga representantes, digamos, en España. Por autodefinición el populista es un representante de los deseos del “pueblo”, que a su juicio son traicionados por los políticos “tradicionales”. Perdón por las comillas, pero en esta materia las palabras no significan lo que usted y yo entendemos. Por ej... más »

FERNANDO LONDOÑO, VENEZUELA EN LLAMAS, SANTOS CALLA

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 31 minutos
Lo que pasa en Venezuela tenía que llegar y llegó, así sea que todavía falte lo peor. Por desgracia. El castrochavismo será recordado como autor de un milagro económico a la inversa, de los que se registran tan pocos en el devenir de los pueblos. Convertir en país miserable el más rico de América no es hazaña de todos los días. Habiendo tanta pobreza en tantas partes, en pocas tiene que pelear la gente, a dentelladas, por una bolsa de leche, por una libra de harina o por un pedazo de carne. Convertir en despojos una de las más organizadas, pujantes y serias empresas petroleras d... más »

PEDRO ELÍAS HERNÁNDEZ, LA PENITENCIA DEL 4 DE FEBRERO

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 37 minutos
El abrumador descontento nacional decidió el 20 de mayo de 2018 no ejercer su condición de aplastante mayoría electoral. Ese día el abstencionismo prendió y se apoderó de la voluntad de millones de ciudadanos que prefirieron mostrar su rechazo frente al gobierno de Maduro mediante su no concurrencia a las urnas. Varios meses después estamos en un lugar incierto y altamente peligroso, con una severa crisis política e institucional que aplaza más aun las urgentes decisiones que se demandan para atender la situación económica que día a día nos devora. También estamos en la antesala de... más »

JOSÉ ANTONIO GIL YEPES, LECCIONES DE LA EXPERIENCIA

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 46 minutos
Los aciertos y errores de los últimos 60 años nos pueden orientar para construir el país para todos. El gran acierto del régimen anterior fue avanzar en el pluralismo democrático. Su gran error fue implantar un pluralismo limitado, partidocrático, en vez de alcanzar un pluralismo efectivo en el que cada sector pudiera, con autonomía y verdadero acceso, participar en los procesos de toma de decisiones públicas. En esta limitación se basan las demás. Por ejemplo, los grandes errores económicos: la política rentista de altos precios y bajo volumen de petróleo, la sobre valuación ... más »

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, ARDIDES DEL APRENDIZAJE

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 46 minutos
Más allá del mágico barrunto que, “salga pez o salga rana”, la fe planta indefectiblemente en algunos, era difícil augurar, razón mediante, lo que hoy ocurre en Venezuela. Nada hacía vislumbrar la vertiginosa recomposición de las fuerzas que adversan al gobierno de Maduro; de hecho, remontar la desconfianza respecto a los propios bríos, la aprensión, el estelero emocional que dejó la acumulación de errores recientes, lucía improbable. Como improbable era, además, aspirar a que una nueva cara surgiera de las filas de ese mismo liderazgo, hasta ayer desarticulado y maltrecho, para si... más »

TRINO MÁRQUEZ, LA COMPLEJIDAD DE LAS ELECCIONES DEMOCRÁTICAS


El punto central de la crisis política actual se encuentra en el cuestionamiento a la legitimidad de Nicolás Maduro y en la realización  de una nueva elección para Presidente de la República.


Los comicios del 20 de mayo del año pasado fueron desconocidos por la mayoría de la oposición y por gran parte de la comunidad internacional. El régimen cometió tantas irregularidades y atropellos, que la convocatoria no logró convencer de que participara a la franja más gruesa de opositores. Tampoco persuadió  de su transparencia y equilibrio a los países democráticos que han seguido con detenimiento la evolución del gobierno de Maduro desde que se impuso sobre Henrique Capriles en las reñidas y discutidas elecciones de abril 2013. Maduro desestimó ese rechazo. Ahora paga las consecuencias de su arrogancia. La única salida posible al desbarajuste que su petulancia provocó es su salida de Miraflores, la formación de un gobierno transitorio y la realización de unos comicios libres y confiables para todo el mundo, incluidos los oficialistas.

            El artículo 233, que establece las faltas absolutas del Presidente de la República, es incompatible con la realización de unas votaciones justas y democráticas. Ese artículo, invocado para declarar usurpador a Maduro, señala que “si la falta absoluta… se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa  y secreta durante los treinta días consecutivos siguientes”. El texto, sin duda, fue redactado para favorecer al partido gobernante. Su propósito es ventajista. Resulta imposible organizar en un mes unos comicios transparentes y equilibrados. El artículo colide con la Ley Orgánica del Sufragio (LOS), aprobada por la Asamblea Nacional en 2009, cuando el chavismo la controlaba en términos absolutos.

En las condiciones actuales, para realizar unas elecciones democráticas conviene acoplar el texto constitucional con los lapsos y condiciones establecidas en la LOS. En primer lugar hay que nombrar un nuevo CNE, o al menos a las dos rectoras, una de ellas Tibisay Lucena, a las que se les venció el período, pero fueron ratificadas por la constituyente y el TSJ, en abierta violación de las atribuciones de la Asamblea Nacional.  Hay que liberar los presos políticos. Permitirles regresar al país a los dirigentes que se encuentran en el exterior. Facilitarles votar en el extranjero a los millones de venezolanos que han huido del país. Abrir el Registro Electoral Permanente (REP) para que los nuevos votantes se inscriban. Auditar el REP para depurarlo. Sólo una vez cumplidas al menos estas tareas, estarán dadas las condiciones mínimas para efectuar unas votaciones limpias, universales, democráticas.

El apego dogmático al artículo 233 de la Constitución, se convertiría en una camisa de fuerza para alcanzar la plena democracia electoral. La justificación, para mantenerse ceñido lo máximo posible al marco legal vigente, hay que buscarla en la LOS. 

Sin embargo, ninguno de los instrumentos jurídicos existentes sustituye el sentido común y los acuerdos políticos. El gobierno que se conforme cuando se realicen las elecciones universales y democráticas de la que habla la Constitución y la LOS, deberá contar con la base popular más amplia posible. A esos comicios deberán concurrir todos aquellos que quieran hacerlo, tanto para ser electos como para votar. Las restricciones arbitrarias le restarían amplitud a la convocatoria y legitimidad al Presidente y al gobierno que emerjan de esa cita.

            La preparación de  la consulta  se llevará, al menos, lo que queda de 2019, suponiendo que la crisis actual se resuelva en el curso de los próximos días o semanas. Mientras más tarde en solucionarse el conflicto, más lejana se pondrá la fecha de celebración de esas elecciones. El núcleo duro del madurismo no muestra ninguna intención de negociar su salida de Miraflores. Pareciera haber optado por la confrontación abierta y hasta el final. Por la inmolación. En el caso de que el chavismo-madurismo se fracturara, y como consecuencia se desprendiera una facción moderada que no quiere hundirse con Maduro, la negociación tendría que incluir a este sector más sensato del oficialismo. Su incorporación al debate y a los eventuales acuerdos que se logren, le daría al gobierno de transición una plataforma más amplia y a las futuras elecciones una base más sólida.

Tenemos que lograr que los próximos comicios superen todos los vicios que el régimen impuso durante veinte años. La comunidad internacional exige elecciones justas y democráticas ya. Hay que explicarle la complejidad del proceso frente al cual estamos.

Trino Márquez
@trinomarquezc

ANDRÉS HOYOS, LA NUEVA FASE DEL POPULISMO


El populismo —o los populismos, pues los hay de izquierda y de derecha— cambiará de fase en 2019. Antes la tenía más fácil que ahora. Dejemos de lado al de derecha, típico de los países desarrollados, y discutamos al de izquierda, que nos afecta más en estos países rezagados, así también tenga representantes, digamos, en España.

Por autodefinición el populista es un representante de los deseos del “pueblo”, que a su juicio son traicionados por los políticos “tradicionales”. Perdón por las comillas, pero en esta materia las palabras no significan lo que usted y yo entendemos. Por ejemplo, pocas más indefinidas que pueblo —a veces se sospecha que es de extrema derecha, a veces que quiere de cena a un oligarca en escabeche—, si bien por definición el caudillo solo habla de una porción del pueblo, grande aunque no necesariamente mayoritaria. Por eso, porque el “pueblo” cambia de opinión con facilidad es imposible generalizar sobre los objetivos concretos del populismo. Más fácil, en cambio, es definir los métodos: contacto directo con la gente, políticas inconsultas, desmonte de las instituciones, odio a terceros, necesidad de hacer reaccionar a los enemigos del “pueblo”, sean ricos u oligarcas, pese a que entre los “enemigos del pueblo” también abundan los sectores de clase media y populares que no comulgan con el caudillo.

Fácil estaría la cosa si hubiera a mano una colección de soluciones viables, necesarias y virtuosas que por A o B razones los gobernantes del pasado han hecho a un lado. Sin embargo, estos suelen ser espejismos o “soluciones” de corto plazo. Un ejemplo clásico es el de Chávez, copiado de Perón. Cuando el Estado adquiere súbitamente o tiene una gran renta, del origen que sea, se puede usar un pedazo para reclutar a los votantes a cambio de su sumisión. De más está decir que esa renta también alimenta a miles de burócratas, empezando por la familia del caudillo, quienes saquean el erario a sus anchas.

El problema está en la sostenibilidad de las “soluciones”, a lo cual suele sumarse una larga permanencia del caudillo en el poder. ¿Por qué? Porque las grandes rentas del Estado menguan o se acaban, como se acabaron los petrodólares en Venezuela, con el agravante de que los burócratas obedientes suelen ser, además de corruptos, ineptos.

Lo anterior sirve para explicar por qué andan tan desorientados los caudillos latinoamericanos más recientes, tengan votos o no. No han perdido ni un gramo del narcisismo ciego que los caracteriza —échenle un vistazo a AMLO—, pero los planes de gobierno —diga usted sembrar muchos aguacates— ya no se ven infalibles. Tampoco luce viable expropiar a los oligarcas para entregar lo expropiado a quienes no tienen ni idea de gestionarlo. Grave es el antecedente cuando las empresas de dominio estatal, tipo EPM, Ecopetrol, Petrobrás o Pemex, sufren grandes pérdidas que, por definición, afectan a sus socios mayoritarios. Lo adivinó, querido lector, las pérdidas las sufre el pueblo, no los oligarcas.

Tema aparte es la ilusión de que la gente puede beneficiarse de rentas cuantiosas sin tener que hacer demasiado esfuerzo. Una cierta izquierda (no la socialdemocracia europea) viene ilusionando a la gente con eso desde hace décadas. Pero hay que citar aquí la vieja frase inglesa: no hay almuerzo gratis. Tema para otra columna. Síntesis: es mejor insistir con los políticos afectos a la democracia liberal, así sean menos excitantes que los populistas.

Andres Hoyos
andreshoyos@elmalpensante.com
@andrewholes
Colombia

FERNANDO LONDOÑO, VENEZUELA EN LLAMAS, SANTOS CALLA


Lo que pasa en Venezuela tenía que llegar y llegó, así sea que todavía falte lo peor. Por desgracia.



El castrochavismo será recordado como autor de un milagro económico a la inversa, de los que se registran tan pocos en el devenir de los pueblos. Convertir en país miserable el más rico de América no es hazaña de todos los días. Habiendo tanta pobreza en tantas partes, en pocas tiene que pelear la gente, a dentelladas, por una bolsa de leche, por una libra de harina o por un pedazo de carne.

Convertir en despojos una de las más organizadas, pujantes y serias empresas petroleras del mundo no es cualquier tontería. Llevar a la insolvencia una nación ante las líneas aéreas, los proveedores comerciales y los que suministran material quirúrgico y hospitalario no es cosa que se vea cualquier día. Y arruinar al tiempo el campo y la industria, el comercio y los servicios, la generación eléctrica, la ingeniería, la banca y las comunicaciones es tarea muy dura, cuando se recuerda que la sufre el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo.

En esa frenética carrera hacia el desastre, el gobierno castrochavista tuvo que proceder a la eliminación paulatina de todas las libertades, al sacrificio del pensamiento y la conciencia, a la ruina de las instituciones, del periodismo, de los partidos, de la universidad, de los gremios, de los sindicatos. Pues todo se ha cumplido tras el designio implacable de los ancianos inspiradores del sistema, Fidel y Raúl Castro, que una vez más han demostrado su audacia, su carencia total de consideración y respeto por los valores más caros de la especie humana, pero también su falta absoluta de talento. Llevar a Venezuela a la ruina total es matar su propia fuente de subsistencia. Y es lo que han hecho, moviendo los resortes del fanatismo más imbécil, de los odios más cerriles, de los desquites más torpes.

Nicolás Maduro tiene la inteligencia y el tacto político que exhibe en cualquiera de sus discursos. Pero al fin de cuentas es un pobre rehén de los intereses inconfesables de la clase corrupta que ha llevado a Venezuela a su perdición. Si ese títere fuera libre, hasta de sus menguadas condiciones de estadista pudiera esperarse algún acto de rectificación, algún gesto de apaciguamiento, alguna voluntad de comprender el desastre y de corregirlo. Pero Maduro es el primer esclavo de las pasiones atroces que dominan en Venezuela. Los saqueadores de esa gran nación no están dispuestos a que nadie ensaye el menor examen de su conducta. En los antros del delito se pierde todo, empezando por el pudor.

El régimen de Venezuela se va a caer, porque se tiene que caer. No podría subsistir sino amordazando totalmente al pueblo, imponiendo cartillas de racionamiento, levantando un paredón, como el del Che Guevara en La Cabaña. Y no están dadas las condiciones para que el mundo soporte estas afrentas. Con una Cuba le basta a América.

El pueblo está en las calles, dispuesto a hacerse matar. Y lo están matando. La juventud estudiantil, que sabe cerrados los caminos del porvenir, le apuesta a cualquier cosa, menos al continuismo cobarde. Los empresarios lo perdieron todo hace rato. No tienen cuentas para hacer. Y los paniaguados del sistema ven con horror que el sistema ya no tiene mercados para comprar sus conciencias.

Y ante esta catástrofe, el presidente Santos no ofrece más que su silencio perplejo. Porque, si sigue ofendiendo a ese pueblo, tendrá un enemigo formidable. Y si ofende a Maduro, se le cae el proceso de paz. Esa es la consecuencia del primero de sus actos torpes, el de tomar por nuevo mejor amigo a un tirano despreciable. Y el de montar un proceso que llama de paz sobre los hombros caducos de unos patriarcas en su ocaso.

Fernando Londoño Hoyos
@FlondonoHoyos
El Tiempo, Bogotá

PEDRO ELÍAS HERNÁNDEZ, LA PENITENCIA DEL 4 DE FEBRERO


El abrumador descontento nacional decidió el 20 de mayo de 2018 no ejercer su condición de aplastante mayoría electoral. Ese día el abstencionismo prendió y se apoderó de la voluntad de millones de ciudadanos que prefirieron mostrar su rechazo frente al gobierno de Maduro mediante su no concurrencia a las urnas. Varios meses después estamos en un lugar incierto y altamente peligroso, con una severa crisis política e institucional que aplaza más aun las urgentes decisiones que se demandan para atender la situación económica que día a día nos devora. También estamos en la antesala de una posible conflagración violenta o esperando que una intervención militar extranjera le haga el mandado a una sociedad que un 4 de febrero de 1992 se sintió encandilada por una salida de fuerza pensando que no podía haber nada peor que el gobierno de CAP II.




“Los pueblos no se equivocan” se dice con frecuencia como una frase hecha políticamente correcta. Nos equivocamos. Claro que había algo peor que CAP II y fue Caldera II y también pensamos que no podía haber algo peor que Chávez y allí está Maduro. Los pueblos sin duda se equivocan y lo hacen con frecuencia, lo cual no se muestra de inmediato sino que suele quedar en evidencia en el mediano y largo plazo, es decir, cuando ya tiene poca utilidad práctica reconocerlo.

Juan Guiadó está allí porque antes la oposición ganó unas elecciones parlamentarias en 2015, es decir, que se conquistaron posiciones que hoy son decisivas para encarar el proyecto autoritario y empobrecedor del socialismo del siglo XXI, como siempre lo ha sido el socialismo de cualquier siglo. La lucha contra un régimen sobregirado en el tiempo debido a los errores de conducción política, siempre ha sido una lucha de posiciones, de acumulación de fuerzas, no de maniobras ni movimientos temerarios. A si lo entendió el chavismo que en 20 años fue colonizando paso a paso todos los poderes públicos y achicando a su mínima expresión la economía privada. No fue de un zarpazo, eso lo entendieron después de la intentona golpista del 4F.

Ese despropósito adelantado desde Miraflores se consumó en dos décadas y durante esas dos décadas el atlético músculo democrático de la sociedad venezolana, para sorpresa de propios y extraños, ha resistido larga y amargamente como una suerte de penitencia que la redima luego de haberse dejado seducir hace 27 años por un demagogo poderoso.

Hacia finales del siglo XX los venezolanos nos cansamos de la partidocracia hegemónica, del condominio adeco-copeyano al optar por una fórmula de cambio radical sumándose a la ola de una atractiva prédica anti política que prendió de forma virulenta entre la población. Poderes fácticos, intelectuales, religiosos, opinadores, militares y políticos ambiciosos, se convirtieron en sus causahabientes. Así nos fue.

Venezuela entró en un terreno de enorme inestabilidad al elegir a Hugo Chávez como presidente y a su revolución bolivariana como ideario. La promesa fundamental era la de una Asamblea Nacional Constituyente que planteaba "un nuevo comienzo republicano", algo parecido a lo que le oímos prometer a Maduro la noche del 20 de mayo durante la celebración de su triunfo electoral. No hubo desde luego nuevo comienzo sino la prolongación, por ahora indefinida de la agonía que vivimos.

El actual momento venezolano luce sumamente peligroso y al mismo tiempo, en contraste, también auspicioso. Como señalara en una oportunidad el gran pensador y economista Milton Friedman, lo que hoy luce políticamente imposible, puede ser en un momento dado políticamente inevitable. Lo que hoy se asoma posiblemente como inevitable es que el país se enrumbe hacia un cambio que rectifique, no sólo los graves errores de las últimas dos décadas, sino los que se vienen arrastrando desde 1977, año a partir del cual Venezuela no crece económicamente.

Pedro Elías Hernández
@pedroeliashb

JOSÉ ANTONIO GIL YEPES, LECCIONES DE LA EXPERIENCIA


Los aciertos y errores de los últimos 60 años nos pueden orientar para construir el país para todos. 



El gran acierto del régimen anterior fue avanzar en el pluralismo democrático. Su gran error fue implantar un pluralismo limitado, partidocrático, en vez de alcanzar un pluralismo efectivo en el que cada sector pudiera, con autonomía y verdadero acceso, participar en los procesos de toma de decisiones públicas. En esta limitación se basan las demás. 

Por ejemplo, los grandes errores económicos: la política rentista de altos precios y bajo volumen de petróleo, la sobre valuación del bolívar (que castró las exportaciones privadas, promovió las importaciones y el desempleo), el control de cambio y de precios, y el reparto populista no eran verdaderas políticas económicas ni quienes las aplicaron fueron mentalmente torpes. ¡No! Fueron políticos muy inteligentes que convencieron al pueblo de que con esos disparates los defendían contra la avidez empresarial, cuando lo que perseguían era limitar la empresa privada y a un sindicalismo autónomo que pudieran retar el poder de los partidos. 

Por supuesto, el chavismo se convirtió en un régimen peor que el anterior en la medida que no cambió sino que profundizó estas reglas de juego: La partidocracia se convirtió en una autocracia y, con ello, profundizó la Polarización, el Presidencialismo, Centralismo, Estatismo, Populismo y Rentismo Petrolero. Nicolás Maduro la transformó la autocracia en un régimen militar para sostenerse. 

En lo político, la regla de desconfiar todos los sectores de todos los demás sectores ha sido el origen de nuestros errores. 

Si queremos aprender algo de los últimos 60 años, es obvio que necesitamos un Plan País que sea pluralizador y no partidocrático, militarista ni autocrático; descentralizador; privatizador; despresidencializador, despopulizador y que arranque de raíz el rentismo petrolero, ahora también de otras fuentes (minas de esclavos y eunucos políticos). Pero, lo que no es obvio es que, para que ese Plan sea implementado, se necesita arrancar y seguir con un gobierno multisectorial y no sólo de partidos.

José Antonio Gil Yepes
Directivo de Datanalisis
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