miércoles, 20 de enero de 2016

GERMÁN GIL RICO, DESDE ANA MARÍA CAMPOS HASTA LILIAN TINTORI

Ana María de Campos y Cubillán de Fuentes forma entre las valientes mujeres del Siglo XIX que enfrentaron el poderío español en la lucha por la independencia. Nació en Los Puertos de Altagracia, hija de un matrimonio con sobresaliente posición socioeconómica que fijó residencia en Maracaibo.

Saltando por sobre las normas sociales que condenaban a la mujer al solo desempeño en los  oficios del hogar, se incorporó a grupos clandestinos que fraguaban acciones contra la cruel dominación española, ejercida por el Mariscal Francisco Tomás Morales. Su carácter y amor por la libertad no le permitían ser invitada de piedra. Intervenía con pasión y sus arengas las concluía con la consigna: “Morales, si no capitula monda”.
La sentencia se coló por las rendijas del clandestinaje, cogió calle y de boca en boca penetró en el mercado donde la gaita, de suyo entre jocosa e  irreverente, la esparció por toda la comarca. También llegó a los oídos del tirano y un espía, antecesor del patriota cooperante o sapo de esta época, le suministró el nombre de la autora de la desafiante expresión.
La apresaron y sometieron al escarnio público. Montada, semidesnuda, sobre un burro famélico y patuleco, en deprimente espectáculo circense, la “pasearon” por las calles de Maracaibo y mientras el esbirro Valentín Aguirre la flagelaba para que se arrepintiera de su actividad patriótica, Ana María gritaba, sin ella misma saber de dónde sacaba fuerzas, cada vez más fuerte: “¡Morales, si no capitula monda!”
Son los métodos usados por los sistemas totalitarios cuando pretenden quebrantar la moral de quienes se les oponen. En Venezuela tenemos amplia experiencia. Los esbirros de la dictadura militar (1948-1958) sometieron a tratos vejatorios, entre muchas otras luchadoras, a Isabel Carmona Borjas, Ada Pellicer, Clarisa Sanoja Hernández, Bernarda Istúriz y… fueron tantas que faltaría espacio para escribir sus nombres. Honorables damas profesionales, empleadas administrativas, obreras o timoneles del hogar.
Por no ser menos criminal que el tirano Morales y los felones de 1948-1958, la dictadura castro-comunista implantada por el finado Hugo Chávez Frías y estirada por el ilegítimo Nicolás Maduro, ha encarcelado, maltratado, asesinado y escarnecido a infinidad  de mujeres luchadoras por la democracia, violándoles los más elementales derechos humanos.
Los monstruos que nos desgobiernan disfrutan cada atropello, cada vejación inferida a sus oponentes, por eso apañan, dan rienda suelta a sus aberraciones y estimulan la basura cerebral de sus esbirros. Monstruos que parecen engendrados y gestados por íncubos y súcubos, porque si son humanos fueron defecados mas no paridos. Tales son quienes sometieron a las señoras Lilian y Antonieta a la indignidad de ser desnudadas y requisadas por orden del Coronel (GN) José Viloria Sosa, en presencia de los hijos de la señora  Lilian Tintori de López y de su marido Leopoldo, preso político en la cárcel militar Ramo Verde, así como nietos de la venerable abuela Antonieta Mendoza de López.
Por supuesto que el Ministerio Publico no actuará motu proprio ni por denuncia expresa, pero la nueva Asamblea Nacional tiene que investigar hechos tan escandalosos, levantar el respectivo expediente y presentarlo ante los organismos jurisdiccionales nacionales e internacionales.
Nota: Antes de enterarme de los vejámenes a que fueron sometidas las señoras Tintori y Mendoza, pensaba escribir sobre la Guerra Económica desatada por el gobierno militar-civil contra la población venezolana. Son cañonazos de grueso calibre y bombas de profundidad los más de $ 200 millones en alimentos perdidos en pudreval, $ 247.215.026.oo regalados a panas extranjeros, los “perdidos” en obras inconclusas, más lo sacado de la caja con guantes y sin recibo. El decreto es una trampa. Autoriza comiso, corralito y otras formas represivas. Si la Asamblea Nacional no lo aprueba la acusarán de odiar al pueblo y si lo hacen caemos al abismo junto con ellos. Es imperativo reformarlo. Duras han de ser las medidas, pero no queda otra.
German Gil Rico
gergilrico@yahoo.com
@gergilrico

Miranda - Venezuela

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