sábado, 18 de marzo de 2017

RAÚL SANZ MACHADO.EL “CHE” GUEVARA: ¿HEROÍSMO O TRAICIÓN?

LOS DICTADORES NO ADMITEN SEGUNDOS

El 9 de octubre de 1967, hace ahora 50 años,  fue ejecutado, o más bien asesinado, el emblemático comandante-guerrillero Ernesto Che Guevara, en una modesta escuelita ubicada en la apartada región montañosa de La Higuera, Departamento de Santa Cruz, en Bolivia. La orden fue impartida, por el General René Barrientos, dictador de Bolivia, quien había derrocado al Presidente Paz Estenssoro en 1964.

Profesional de la medicina, político, militar,  periodista e ideólogo, el “CHE” conoció a  Fidel Castro en México, a principios de  la década de los años ´50, cuando abandonó su profesión de médico, atraído por sus inquietudes revolucionarias y su empatía con Fidel, uniéndose al naciente grupo guerrillero para luchar contra el régimen cubano, presidido por el dictador, sargento Fulgencio Baptista. De México el CHE regresó a Cuba, con Fidel Castro y 80 miembros que integraban el “Movimiento 26 de julio” a bordo del yate Granma, pero al ser sorprendidos por las fuerzas oficialistas, Castro y su hermano Raúl , junto con el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y Juan Almeida Bosque, entre otros, lograron escaparse y refugiarse en la legendaria Sierra Maestra, donde se inició la guerra de guerrillas que se prolongaría por cuatro años, hasta el 1° de enero de 1959 cuando Castro con sus comandantes y guerrilleros, entraron en Santiago de Cuba, mientras Fidel se dirigía a La Habana y 7 días más tarde, proclamaba el triunfo de la Revolución.

El 23 de enero, Fidel acompañado por el Che y sus comandantes armados, visitan  Caracas, para participar en la celebración del primer aniversario del derrocamiento del régimen dictatorial de Pérez Jiménez y la obligada visita de “estilo” al Presidente Rómulo Betancourt, cuyo distanciamiento ideológico con el líder cubano, era más que evidente y premonitorio. Pocos años después, ante la insistente y creciente injerencia política e ideológica del régimen cubano en los asuntos internos de Venezuela, Betancourt, le envió su célebre mensaje a Castro: “Dígale a Fidel Castro que cuando Venezuela necesitó libertadores, no los pidió, los parió”. Hoy las cosas han cambiado. Cuba los exporta.

Dos años después de haber promovido las “bondades” de su revolución socialista y anti-imperialista, Fidel Castro reveló su auténtico objetivo, en su terminante declaración del dos de diciembre de 1961: “…con entera satisfacción y entera confianza, declaro que soy marxista-leninista y que lo seré hasta el último día de mi vida”. Lo demás es historia.

Después de haber desempeñado altos cargos en el gobierno presidido por Castro y antes las ya indisimulables rivalidades, el Che convencido de la necesidad de extender la revolución armada en Latinoamérica y aún en Africa y Asia, consideró cumplida su misión en Cuba y presentó su dimisión a Fidel, de todos sus cargos y compromisos. Luego emprendió su tarea revolucionaria, inspirado en los postulados del Foro de Sao Paulo, para sembrar focos guerrilleros en diversos países. Todas las intentonas en Nicaragua, Venezuela, Perú Colombia y Argentina fracasaron, aunque en algunos países el Che, bajo la consigna de “crear muchos Vietnam”, logró sembrar las bases de futuros movimientos guerrilleros, como el Frente Sandinista en Nicaragua y la de los Tupamaros en Uruguay. A principios de mayo de 1967, se produjo la invasión de un grupo de guerrilleros cubanos y venezolanos, entrenados en Cuba, en las playas de Machurucuto con la misión de sembrar y entrenar la guerrilla en Los Andes venezolanos, y promover el derrocamiento del Presidente Raúl Leoni.

El intento no tuvo éxito; Venezuela denunció a Cuba ante la OEA y rompió relaciones con el país caribeño, las cuales se reanudaron 7 años más tarde, durante el gobierno de Rafael Caldera después de haber culminado exitosamente su política de pacificación y la reincorporación a la vida normal a personas y grupos que habían participado en la insurrección armada. Un ejemplo histórico  

Por su parte, ese mismo año de 1967, el 8 de octubre, el Che Guevara, y 6 de sus compañeros, eran capturados y rendía la vida, a los 34 años de edad, en  el sitio de La Higuera de la selva boliviana, región de Santa Cruz. Aquel día un comando del ejército boliviano, al mando del sargento Mario Terán, ejecutó la orden del Presidente René Barrientos, con el apoyo de la CIA, justamente 1 año después de haber iniciado el intento de invasión, en noviembre de 1966. Cuando el sargento Terán se enfrentó al Che, éste serenamente le dijo: “va matar a un hombre…apunte bien”.  Terán ordenó disparar desde el pecho hacia abajo para simular que había muerto en combate. Sonaron 9 balazos; 6 guerrilleros corrieron igual suerte. Al Ché  le cortaron las manos en prueba de su muerte. Treinta años después, a fines de junio de 1997, un equipo de científicos cubanos y argentinos encontraron en Valle Grande, 7 cuerpos enterrados clandestinamente en una fosa común; uno resultó ser del Che. Al siguiente mes los restos fueron llevados a Cuba para ser sepultados en el Memorial de Ernesto Guevara, en Santa Clara, donde también se hallan los guerrilleros que lo acompañaron en Bolivia.

Dos factores fueron determinantes en el fracaso del Che en Bolivia: la falta de apoyo operativo de Cuba desde su arribo a Bolivia y su captura y muerte en el transcurso de 1 año, 1966 / 1967, como también el hecho de que los campesinos bolivianos, con los que contaba, eran leales  al  dictador boliviano Barrientos. Es curioso, además, que hayan transcurrido 30 años para que “un equipo cubano-argentino” haya localizado los restos en un lugar clandestino de Valle Grande. Lo cierto es que a medio siglo de la muerte del Che, su imagen se ha convertido en un ícono paradigmático de la revolución cubana, instalada en el gigantesco mural de la plaza de la Revolución.  

En este medio siglo, persisten las incógnitas:   ¿Heroísmo o traición?.   Los dictadores no admiten “segundos”. El fiel, consecuente y aguerrido Che Guevara tenía méritos para ganar el liderazgo en reemplazo de Fidel Castro. No era “el segundo”, era el “rival posible”. Raúl Castro no hacía sombra.

Raul Sanz Machado
rsanzmachado@gmail.com
@rsanzmachado
Miranda - Venezuela

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