domingo, 7 de julio de 2019

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ: RUPTURA MILITAR

Tecleado esto el jueves 4, aparece el domingo 7, un hoy figurado en el que ya se sabe si hubo por fin intervención militar democrática. La destrucción y el abandono de fuerzas y partidos que defendían la sociedad, se suplen con dead-lines, fechas mágicas en las que alguien neutralizará nuestros traspiés, hará lo que no supimos, la carroza de Maduro se convertirá en auyama y los corceles en ratones. El quiebre, la ruptura militar, es el conjuro que emerge por no saber qué hacer o decir después de año y dos meses del 20M. 

Hay que repetirlo cien mil veces: negociación, normalización institucional y elecciones deben ser el nuevo mantra. 

Lejos de una solución, la fractura de las FF.AA pondría en peligro la existencia misma del país, otra desgracia atroz en tres décadas de ellas. No hay instituciones porque al decir de Mariela Rosso, el estatismo acabó con el Estado. Sin ministerios, ni AN, concejos municipales, comunales ni legislativos, alcaldías, gobernaciones, justicia ni prácticamente nada, lo único que ha sostenido la unidad nacional es el alto mando de Padrino al frente de las FF.AA, que mantuvo la cabeza cuando otros la perdieron.

Con la ruptura que claman los comandos de Bárbula y el Cedral, si la otra parte no se rinde, habría una guerra que de civil tendría los muertos, con zonas liberadas, tal vez dos países de leales y rebeldes, y suficientes bajas. Intervendrían en el conflicto Colombia y Brasil y quién sabe si el gobierno norteamericano. Irregulares colombianos, narcotráfico, megabandas, la delincuencia normal, tomarían dominio territorial, aunque ya disponen de la soberanía sicológica de la gente que se esconde a la puesta del sol como en Transilvania. 

¿Se desintegrará Venezuela?

Es la autopista de la disolución que tomaron Somalia, Yugoslavia, Irak, Libia, Sudán, Yemen y tantas. Se desatará el caos en los mandos represivos que prefigura la muerte del capitán Acosta previa a la reunión en Oslo y recuerda la del concejal el año pasado en plena visita del senador Corker. En ese contexto puede surgir una feroz dictadura militar. Tal vez no sea un 23 de enero de 1958, sino más bien Siria de 2014. En países más afortunados, si el gobierno siembra entropía la alternativa se ofrece como el regreso a la ley y el orden, pero aquí pone su cuota de caos. 

Por fortuna los uniformados tienen mayor comprensión política que el activismo civil sobre la unidad de la FF.AA. Saben que es antídoto de la desintegración nacional que reaparece con los amagos de golpe o invasión extranjera. La fuga de miles de millones de dólares en corrupción que dejan enano el peculado del gigante brasilero, se hizo explosivamente disociadora porque condenó a la pobreza a 90% de la población, y parte de ella come basura. Ridley Scott en La caída del halcón negro describe grupos encabezados por Mohamed Aidid que se enriquecían al paso del horror y la descomposición de Somalia. 

Es una metáfora de por qué en procesos de disolución de países surge un nuevo y próspero status quo nacional e internacional que se beneficia, y entorpece la posibilidad de enderezar la marcha hacia un cambio ¿Qué cuentas corrientes en el exterior se le quitaron al gobierno y quienes las manejan? ¿Cuáles son sus montos y quién y qué adquieren con ellos? ¿Ante qué contraloría rinden cuenta”? ¿Quién recibe las de Citgo? Este dualismo de poder parece tener incentivos no leninistas muy poderosos que le desean larga vida. Eso requiere respuestas claras. 

La policía del buen camino

Por si aparece alguno con su pistola de agua, puntualicemos: la raya de partida es que este es el gobierno más corrupto de la historia latinoamericana, pero aterra que con la informalización de tales cuentas corrientes, podría tener competencia. Es interesante que se observa una especie de policía del buen camino, que arresta retóricamente y con rabia a quien pretenda debatir las “estrategias” (¿?) y señalar fallos ¿Estará esa policía al servicio de la defensa del nuevo stablishment? No sería raro. Las torres gemelas de Caracas, viveza y candidez desde hace décadas también se derrumbaron, aplastaron la democracia y no paran de hacerlo. 

Dijimos décadas. Mataron las reformas económicas. Editores prestaban casas a Chávez, empresarios sus aviones, intelectuales componían ditirambos y algunos curas le celebraban misas. Luego se voltearon hacia la abstención en 2005, golpes de Estado, lanzaron gente desarmada a los colectivos, y se dejaron birlar el poder de las manos en 2016, 17, 18. Eran ¿son? remedos sin jerarquía para llamarse elites. Se lanzaron a todos los barrancos, desacreditaron a gobernadores que ganaron heroicamente sus estados. Todavía hoy insultan a la princesa guerrera Laidy Gómez, con el “argumento” de que se juramentó en la Constituyente. 

Impusieron la no participación, comunidades y dirigentes locales quedaron abandonados a la miseria sin alcaldías ni concejales. Es un amargo recuerdo aquella trágica e irreparable reunión de Montalbán, en la que obligaron a partidos desmoralizados y apaleados a claudicar, y sin disimulo les “prohíben” participar en las elecciones mientras solicitan una invasión y declaran la ingenua ilegitimidad. De allí salieron a crear un frente abstencionista y ahora piden pasar mil páginas sin leerlas (y las que vienen). ¿Hubieran aceptado Betancourt, Barrios o Villalba algo así?

Carlos Raúl Hernández
@CarlosRaulHer

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