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martes, 9 de julio de 2019

MERCEDES MALAVÉ: EL ÚNICO CAMINO ES EL ACUERDO POLÍTICO (RESEÑA PERIODISTICA)

La presidente nacional de Copei Mercedes Malavé, se refirió al informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, y señaló que el mismo refleja en su opinión que «el principal responsable de lo que ocurre en Venezuela es el Gobierno de Maduro«.

Alegó que no cuestiona el informe de Bachelet «porque sé que se hizo con testigos y con la mayor seriedad posible», y agregó que «el Ministerio Público tiene la responsabilidad de atender las denuncias de la Alta Comisionada y ayudar a solucionar la problemática«.

Por el camino del diálogo

Con relación a la reanudación del proceso de diálogo en Barbados entre las delegaciones del Gobierno y la oposición expresó que existen dos alternativas para Venezuela.

La primera consiste en el diálogo, la conversación y estímulos para la resolución de los problemas por la vía pacífica. La otra es la violencia, la guerra, la confrontación. lo que en opinión de Malavé no es la mejor opción porque «la violencia solo generará más problemas para el país», es por ello que a su juicio, «el único camino es el acuerdo político«.

Afirmó que si no se consigue solución pronta a los problemas del país, al menos 8 millones de venezolanos se verían obligados a salir. Sin embargo, dijo que la gran mayoría de los venezolanos espera una salida por la vía del voto.

Sobre las soluciones, Malavé propuso la creación de un convenio que incorpore a todos lo sectores sociales que permita crear un pacto de gobernabilidad y la recuperación de Venezuela.

«Pasemos de las propuestas del Plan país o las del Plan de la Patria a un convenio país donde participen y se vean incorporados todos los sectores«, dijo.

En alusión al papel de los militares y el abordaje de la oposición a la institución castrense, aseveró que «pedir que la Fuerza Armada genere una ruptura o quiebre institucional es irresponsable y contradice el espíritu de la institución».

«Elecciones con garantías y camino a la transición»

Para la presidente de Copei, ante un escenario electoral es necesario tener garantía porque según opina, «por encima de las condiciones está el ánimo de la gente, por eso exigimos condiciones para que la gente se anime a participar».

Reiteró que «la oposición debe contrarrestar los efectos de la desconfianza hacía el poder Electoral» y enfatizó que es necesario entender «que en Venezuela debemos pasar por una transición, ya que la transición esn proceso, no es un evento para poder conseguir garantías, más democracia y participación»

julio 7, 2019 Prensa COPEI
Merdedes Malave
@mercedesmalave 
http://globovision.com/article/mercedes-malave-el-unico-camino-es-el-acuerdo-politico

jueves, 28 de febrero de 2019

GABRIEL S. BORAGINA, EL CAMINO AL SOCIALISMO


Será interesante repasar como se gesta el camino al socialismo, tomando como ejemplo la experiencia europea, donde este nació y se plasmó en todas sus formas y variantes posibles. Y de paso recordar, llevados de la mano de un maestro genial, como el socialismo gestó -en última instancia- y permitió la aparición del nazismo y el fascismo, al punto de concluir que, sin el socialismo, tanto el fascismo como el nazismo hubieran sido imposibles.

"En los países de Europa central, los partidos socialistas habían familiarizado a las masas con las organizaciones políticas de carácter paramilitar encaminadas a absorber lo más posible de la vida privada de sus miembros. Todo lo que se necesitaba para dar a un grupo un poder abrumador era llevar algo más lejos el mismo principio, buscar la fuerza, no en los votos seguros de masas ingentes, en ocasionales elecciones, sino en el apoyo absoluto y sin reservas de un cuerpo menor, pero perfectamente organizado. La probabilidad de imponer un régimen totalitario a un pueblo entero recae en el líder que primero reúna en derredor suyo un grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto."[1]

Hayek describe aquí las condiciones previas reinantes a la aparición del fascismo en Europa. Su tesis consiste en afirmar que -en primer lugar- el aspirante a dictador debe reunir en torno suyo un "grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto". El totalitarismo es sólo posible en la medida en que exista o pueda conformarse un grupo de fanáticos adictos al aspirante a dictador que lo acepten por propia voluntad y -naturalmente- adhieran a sus convicciones, aspiraciones y planes de dominación. Resulta aparentemente contradictorio afirmar que un grupo menor, por mejor organizado que este, pueda aplicar su disciplina totalitario al resto, ya que este resto implica un mayor número de personas que las del grupo totalitario. La solución a este aparente dilema por el cual una minoría se estaría imponiendo sobre una mayoría la da -a nuestro juicio- el hecho de que quien detenta realmente la fuerza es quien la ejerce. Lo que parece ser lo explicado en el párrafo siguiente:

"Aunque los partidos socialistas tenían poder para lograrlo todo si hubieran querido hacer uso de la fuerza, se resistieron a hacerlo. Se habían impuesto a sí mismos, sin saberlo, una tarea que sólo el cruel, dispuesto a despreciar las barreras de la moral admitida, puede ejecutar."[2]

El uso de la fuerza es exitoso en la medida que no encuentre tenacidad alguna que se le oponga. Y esto puede ocurrir cuando solamente aquel o aquellos sobre los cuales se pretende ejercer la violencia se consideraren si mismos ineptos para hacerle cara. No hay otra posibilidad, ya que si estuvieran de acuerdo con los violentos no sería necesario hacer uso de la fuerza por parte de estos ni resistirla por parte de los violentados. Nótese que las reticencias de los partidos socialistas europeos no tuvieron analogía con la del partido bolchevique ruso, que se impuso por la fuerza en lo que luego fue la I.R.S.S. Sigamos con Hayek:

"Por lo demás, muchos reformadores sociales del pasado sabían por experiencia que el socialismo sólo puede llevarse a la práctica por métodos que desaprueban la mayor parte de los socialistas. Los viejos partidos socialistas se vieron detenidos por sus ideales democráticos; no poseían la falta de escrúpulos necesaria para llevar a cabo la tarea elegida."[3]

Sin duda, esos "reformadores sociales" estarían pensando en la experiencia soviética. La tarea elegida era la de forzar un régimen planificado de gobierno. Esos métodos -según parece derivarse del texto- son los antidemocráticos, que fueron los empleados -v.g.- por los rusos. Evidentemente, Hayek no se está refiriendo a los socialistas marxistas, sino a otro tipo de socialistas, ya que es sabido que los marxistas son partidarios expresos del uso de la fuerza, y se hallan en contra de la democracia a la que consideran una superestructura burguesa de dominación, es decir, una ideología en el sentido marxista del término. El párrafo ha de aludir, entonces, a lo que se conoce como el socialismo democrático, o bien, socialdemocracia.

"Es característico que, tanto en Alemania como en Italia, al éxito del fascismo precedió la negativa de los partidos socialistas a asumir las responsabilidades del gobierno. Les fue imposible poner entusiasmo en el empleo de los métodos para los que habían abierto el camino. Confiaban todavía en el milagro de una mayoría concorde sobre un plan particular para la organización de la sociedad entera."[4]

Es decir, no reconocían que sus planificaciones no podían lograr el consenso de la gente, sino que debían exigirse por la fuerza, por lo imposible de un acuerdo mayoritario sobre una planificación determinada. Y no deseaban hacer uso de la fuerza para obligarlo, por sus convicciones democráticas (siempre entendiéndose que no se habla de partidos marxistas, sino socialistas no marxistas). Tampoco quisieron convencerse de que sus ansias planificadoras sólo podían instituirse por medio de la fuerza. Aunque no queda del todo claro a que "entusiasmo" se refiere el autor, excepto que la palabra se utilice desde el punto de vista de los fascistas, que si demostraron entusamo en establecer sus planes por medio de la violencia física.

"Pero otros habían aprendido ya la lección, y sabían que en una sociedad planificada la cuestión no podía seguir consistiendo en determinar qué aprobaría una mayoría, sino en hallar el mayor grupo cuyos miembros concordasen suficientemente para permitir una dirección unificada de todos los asuntos; o, de no existir un grupo lo bastante amplio para imponer sus criterios, en cómo crearlo y quién lo lograría."[5]

Esos "otros" eran los nazis fascistas. Lógicamente, si se confiaba en el voto de la mayoría se corría el riesgo que esa mayoría no aprobase la planificación elegida por el panificador. Y el aspirante a dictador no podía transitar con un peligro semejante. Pero era necesario que el dictador tuviera algún apoyo que -a su vez- fuera suficiente como para permitirle llevar a cabo sus siniestros planes antisociales.

 [1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 176-177

[2] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[3] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[4] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

[5] Friedrich A. von Hayek, Camino…ibidem.

Gabriel S. Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

sábado, 23 de febrero de 2019

FERNANDO EGAÑA, EL CAMINO DE LOS CAMINOS


Una encrucijada es un cruce de caminos. Pueden ser pocos, al menos dos, o pueden ser muchos. A veces, una crisis generalizada en un determinado país se asemeja a la idea de una encrucijada. Se puede salir de ella por un camino o por otro. Pero ese no es el caso de Venezuela. No estamos ante una encrucijada, en lo que se refiere a la posibilidad de superar la hegemonía. No estamos, por tanto, ante un cruce de caminos. No. Hay un sólo camino.

La tragedia venezolana no admite otro camino que no sea la salida de Maduro y los suyos por alguno de los variados mecanismos que dispone la Constitución, y que incluso exige cuando ésta ha sido violentada de una forma tan evidente. Pensar en largos vericuetos de pretendidos diálogos, sólo conduciría a la prolongación del presente. Y eso, repito, no es admisible. Porque eso lejos de mejorar algo, agravaría todos los problemas.

Los aliados externos e internos de la hegemonía, han tratado y aún tratan de elucubrar enredos para que funcionen como trampas caza bobos. No les interesa que la tragedia sea superada. Es más, consideran que la verdadera tragedia sería la salida de Maduro y que se queden sin sus respectivos enchufes a lo que queda del patrimonio público venezolano. Razón adicional para reiterar que no hay más caminos que la salida de Maduro.

Cualquier planteamiento sobre la necesidad de elecciones libres u justas es válido, siempre y cuando primero salgan Maduro y sus colaboradores del ejercicio del poder. De lo contrario, esos planteamientos no serían caminos de salida sino serían como calles ciegas, que terminarían facilitando el continuismo de un régimen que sólo puede mantenerse a través de la violencia, abierta o solapada. Esto, evidentemente, no es un camino.

Nadie de buena voluntad desea la violencia. Pero en este aspecto hay una gran confusión. La violencia no es una eventualidad, es una realidad cotidiana de la supervivencia de los venezolanos. Venezuela ha sido transmutada, por la hegemonía despótica y depredadora del siglo XXI, en una de las naciones más violentas del mundo. Entonces se hace obvio que una manera idónea para empezar a pacificar al país, una vez más, implica la superación de la hegemonía.

Ahora bien, no nos confundamos con otra cosa, o con una suerte de espejismo que está en la mente de mucha gente. La salida de Maduro y los suyos es el único camino, ciertamente, para que pueda empezar un proceso de cambios efectivos que nos lleven a la reconstrucción integral de Venezuela. No obstante, ese proceso será todo menos fácil. Estará repleto de dificultades y asechanzas. Se equivocan los que hacen analogías con la transición chilena, o la española, o las dos grandes transiciones venezolanas del siglo XX, siendo la última la de 1958.

En todos esos casos, había países con instituciones públicas y privadas de peso. No corroídas por la corrupción y la barbarie. Del autoritarismo o la dictadura se pasó a la democracia y libertad, pero habían sustentos políticos, económicos y sociales, que permitían el desarrollo de la transición hacia dimensiones de apertura. Esa no es la situación venezolana del 2019. La devastación es tan profunda y extensa que prácticamente no hay de donde asirse para impulsar una transición que aproveche, prontamente, el potencial nacional. Pero eso es una cuestión diferente y lógicamente posterior al objeto de estas breves líneas.

El camino de los caminos comienza con la salida de Maduro y su entorno. Luego se pueden y deben abrir opciones, perspectivas, oportunidades.

Fernando Luis Egaña
flegana@gmail.com
@flegana

jueves, 14 de febrero de 2019

CARLOS BLANCO, PEDREGOSO CAMINO HACIA LA LIBERTAD


En Venezuela hay una situación de equilibrio inestable entre el poder que nace y el poder que muere. Este balance puede ser roto por algún acontecimiento imprevisto que desencadene el desmoronamiento final del régimen de Maduro; al momento de escribir estas líneas no ha ocurrido, pero tal vez esta tarde, en la madrugada, algo puede pasar que cambie de una vez el destino de la República. De un lado está la mayoría determinante de los ciudadanos, civiles y militares; la mayor parte de los países que cuentan en el planeta tierra y en nuestro vecindario; una crisis económica brutal que ahoga al 99% del país; las sanciones internacionales en contra de los personeros del régimen y la asfixia financiera del Estado. Todos estos factores presionan la salida de Maduro.

Del otro lado están las escopetas controladas por los mandos militares leales (hasta ahora) a Maduro; los grupos armados paramilitares; las FARC, el ELN; las mafias mineras y del narcotráfico; así como gobiernos e instituciones que buscan otro nuevo diálogo que le dé tiempo al régimen, sea porque son sus cómplices, sea porque no entienden la naturaleza del conflicto o estén orientados por los “odios estratégicos” (Rómulo Betancourt dixit) en contra de EEUU, país que ha asumido una posición de vanguardia en este conflicto.

Este equilibrio inestable se va a romper en algún momento. Las mayores probabilidades son que ocurra a favor de la libertad y la democracia, lo cual requiere un manejo diestro por parte de la dirección política del proceso. En este sentido, sugiero considerar dos temas: el primero es el de las operaciones de guerra psicológica que están en marcha. Es obvio que Maduro y la banda presidencial están, hacia afuera, en la línea del falaz discurso por la paz y el diálogo, y, hacia adentro, con la tesis de galvanizar al pueblo para enfrentarse “al imperialismo”. Por su lado, quienes dirigen la acción de lado de Guaidó también desarrollan diestras operaciones psicológicas sobre la inminencia de acontecimientos. Sólo observaría no crear expectativas sobre situaciones que, de no darse, puedan resultar contraproducentes.

El segundo tema es la oferta de EEUU a los militares de Maduro: si lo abandonan, les suspendemos las sanciones. Confieso que me parece una aproximación equivocada. Gente que ha participado por 20 años en la “revolución”, además de tener dinero mafioso puede tener una posición ideológica para la cual el trueque propuesto no funciona. Tal vez funcione cuando algún ofertado tenga la pijama anaranjada, pero no antes.

Maduro está condenado a salir de Miraflores porque la situación se le ha hecho insostenible. Sin embargo, no hay que olvidar que la situación se les ha hecho insostenible a todos los actores de nuestra tragedia.

Carlos Blanco García
@carlosblancog

domingo, 10 de febrero de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO, PREMISAS A CONSIDERAR PARA HALLAR EL CAMINO CORRECTO


•           No son EEUU, Cuba, Francia, Alemania, China, Inglaterra, Colombia, Rusia, ni Brasil, entre otros, quienes deben decidir la salida de la crisis venezolana; es Venezuela quien debe hacerlo.

•           No queremos ser parte del ajedrez mundial que juegan los poderosos, pues el mismo se desarrolla en función de sus intereses y no de los nuestros.

•           No podemos dejar en el reducido mundo de las direcciones partidistas el destino de los venezolanos, pues sus acciones obedecen a sus intereses particulares, que no son ni con mucho los intereses de la nación. 

•           No son Maduro, Guaidó, Borges, Diosdado, Ledezma, Carreño, Machado, Lucena, Saab, ni Capriles, entre otros, quienes deben disponer de nuestro destino; somos todos los venezolanos quienes debemos hacerlo.

•           Si se habla de recuperar la democracia, la libertad y el pluralismo, no hay excusas para no consultar al pueblo soberano sobre la salida de la grave crisis actual y de la llamada transición.

•           Mal puede atribuirse el derecho de decidir la ruta de la recuperación de la institucionalidad, el mismo liderazgo político nacional que ha cometido errores tan graves y tan frecuentes en todos estos años. 

•           No debemos caer en la tentación de ver a Juan Guaidó como el Mesías que nos salvará del desastre actual y nos conducirá al futuro luminoso deseado, pues muchos vimos a Chávez de la misma manera en 1998. 

•           Juan Guaidó tiene hoy una gran aceptación y popularidad no por haberse ganado su liderazgo en la lucha política diaria del país, sino porque los hechos lo llevaron a la Presidencia de la Asamblea Nacional (AN). 

•           Algunas fuerzas políticas serias apoyan las directrices de la directiva de la AN contra el régimen de Maduro, por considerarlas apropiadas para salir de éste y de su claque gobernante. 

•           Otras fuerzas políticas menos serias adhieren las acciones opositoras de la AN por oportunismo político, pues simplemente se anotan a quienes consideran ganadores en este momento.

•           Las encuestas que dicen que la casi totalidad de los venezolanos quiere salir de Maduro, a cualquier costo, son sólo instrumentos perversos de manipulación pagados por los sectores más antinacionales del país.

•           Existe la necesidad de que las partes en conflicto se reúnan y negocien, sin condicionamientos de ningún tipo y con participación de quienes han mantenido una posición distinta a las de los sectores enfrentados.

•           Previendo la realización de elecciones futuras, se debe proceder a designar de inmediato un nuevo CNE equitativo y no controlado por ningún sector político ni partidista.  

•           El nuevo CNE deberá garantizar la elaboración de un Registro Electoral totalmente depurado y aceptado por todos, así como la de integrar nuevos organismos electorales en todo el ámbito nacional, institucionales, imparciales y con representación los partidos políticos participantes. 

•           El nuevo CNE debe estar en capacidad de organizar procesos electorales participativos, equitativos, transparentes y apegados estrictamente a la Constitución y las leyes.

•           Si se decide la relegitimación de todos los poderes, la misma deberá iniciarse por la Presidencia de la República y continuar con la Asamblea Nacional. Las elecciones de los otros poderes deberán realizarse después. 

•           Los procesos electorales, tanto comiciales como constitutivos de los distintos organismos electorales deben ser supervisados por la ONU. 

•           Las diferencias no subsanables durante las negociaciones entre el gobierno y las oposiciones existentes deberán ser sometidas a referendo consultivo de carácter vinculante, de manera que el pueblo soberano decida.

•           No se debe aceptar excusas de ningún tipo para proceder a violar ninguna disposición constitucional.

Luis Fuenmayor Toro
@LFuenmayorToro

domingo, 6 de enero de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO, SE REINICIA EL CAMINO DEL “MADURO VETE YA”


Antes de la instalación de la Asamblea Nacional, muchos opinadores y líderes políticos alertaron sobre la necesidad de no cometer los mismos errores del pasado, concretamente los ejecutados a partir de la elección en diciembre de 2015 de la Asamblea Nacional (AN). En aquella ocasión, y a partir del discurso de Henry Ramos Allup, los partidos de la MUD y líderes políticos extremistas se embarcaron en una serie de acciones, directrices y propuestas, que al final la práctica demostró que fueron un total y absoluto fracaso, pues no consiguieron la meta perseguida: la salida inmediata del presidente Maduro. El inmediatismo terminó con la posibilidad real de avanzar en el debilitamiento del apoyo popular  del régimen y en propinarle, en el momento debido, una derrota de las aspiraciones continuistas de la claque gobernante.



Como muchos previeron y advirtieron, la dirección política actual de la franquicia opositora, una vez designada la directiva de la AN, reinició el mismo camino tomado en enero de 2016, al decidir desconocer la cualidad de Presidente de Nicolás Maduro y prepararse para llevar adelante las acciones que necesariamente se derivan de esta postura. De nada sirvieron las derrotas sufridas por las iniciativas del “Maduro vete ya”, a saber: la renuncia del Presidente, su inhabilitación por tener doble nacionalidad, la declaración de abandono del cargo, su destitución posterior y varias otras, como la del referendo revocatorio, la promulgación de una enmienda constitucional, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, todas imposibles de ejecutar al no tenerse el poder para hacerlo.

No vamos a negar que el reinicio del camino del “Maduro vete ya” no parte del mismo sitio que hace tres años. Hoy, el aislamiento internacional del gobierno es mucho mayor, un grupo importante de países han señalado el desconocimiento de Maduro como Presidente, la beligerancia colombiana, guyanesa y brasileña, nuestros vecinos limítrofes, contra el régimen y el país está claramente presente; las sanciones económicas y legales se han extendido a muchos personeros gubernamentales, sus familiares y a toda la nación venezolana; Trump gobierna en EEUU, el poder del ALBA se ha resquebrajado, los sectores políticos más reaccionarios del mundo se han agrupado contra el actual gobierno y éste carece de las divisas necesarias para poder operar y enfrentar la grave crisis que existe. 

De nuevo vuelvo a señalar que las fuerzas en pugna no están en condiciones de acabar y hacer rendir a sus contrarios, pues si lo estuvieran ya lo hubieran hecho. Por lo tanto, se impone una negociación para una salida que alivie el sufrimiento de los venezolanos en la forma más rápida posible, que recupere la convivencia e institucionalidad democrática dentro de la Constitución existente, que deje de lado el discurso de exterminio ideológico presente en los bandos en pugna, que permita reiniciar el camino de la recuperación de la economía y del bienestar de todos los venezolanos y que elimine las actividades y propuestas ajenas a la soberanía en la solución de los problemas. Una negociación franca, transparente, sin agendas ocultas, sin engaños, entre venezolanos no ideologizados y animados por el interés de la nación.      

Luis Fuenmayor Toro
@LFuenmayorToro

jueves, 7 de enero de 2016

DIARIO LA NACION DE ARGENTINA, EDITORIAL, VENEZUELA, CAMINO A OTRA GRAVE CRISIS

Lejos de reconocer la derrota que sufrió en las urnas, el presidente Nicolás Maduro desafía la voluntad ciudadana al poner en marcha un golpe judicial

     La  oposición unificada se acaba de imponer de modo contundente en las recientes elecciones parlamentarias venezolanas, en las que más de dos de cada tres venezolanos rechazaron abiertamente el perverso autoritarismo chavista.

El presidente Nicolás Maduro, que con evidente ineptitud ha sumergido a su país en una crisis económica y social de enorme envergadura, no ha reconocido con la conducta y los hechos apropiados lo sucedido. Peor aún, está desafiando burdamente la voluntad ciudadana con maniobras arteras claramente destinadas a tratar de neutralizar el poder que la Constitución de su país confiere a la Asamblea Nacional, que pasará a ser dominada por la oposición cuando sus legisladores se hagan cargo de sus escaños el próximo 5 de enero.

Ha designado, sorpresivamente y de espaldas a su pueblo, a 13 nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, fuera del plazo reglamentario. Y ha puesto asimismo en marcha un "golpe judicial" en ese mismo alto tribunal, para tratar de frenar, con jueces que no son independientes, la proclamación de 22 de los nuevos diputados de la oposición que han sido bien elegidos. De ese modo, tratará de privar a la oposición de la mayoría que obtuvo limpiamente en las urnas y también de los más amplios poderes que la Constitución venezolana confiere para esos casos.

A ello agregó, como un todopoderoso constituyente, la creación de una Asamblea Comunal Nacional no prevista en modo alguno en la Constitución, con funciones que lucen paralelas a las que esa constitución confiere a la verdadera Asamblea Nacional.

Esto muestra cuán importante es en las democracias la existencia de un Poder Judicial efectivamente independiente e imparcial en vez de una red de jueces que en rigor son sólo títeres o agentes sumisos al Poder Ejecutivo.

No obstante, la oposición no está totalmente desarmada. Primero, porque cuenta con el apoyo de la enorme mayoría de su pueblo. Pero además, en rigor, ha estado tempranamente alerta, desde que ha advertido públicamente que, dentro del plazo de seis meses desde la toma de posesión de los legisladores, la nueva Asamblea Nacional habrá de adoptar "la solución constitucional democrática, pacífica y electoral" que sea necesaria para el cambio de gobierno. Esto obedece a que desde el Poder Ejecutivo son incapaces de consensuar las soluciones que permitan que la voluntad popular recientemente expresada en las urnas por los venezolanos sea respetada. Si esto sucede, la agenda legislativa de temas a resolver será aún más dramática que la que el cambio consensuado del modelo colectivista requiere con toda urgencia. Entre ellas, la de tomar decisiones que aseguren la existencia de un Poder Judicial que sea efectivamente independiente.

A eso podrían sumarse una amplia ley de amnistía y la consecuente orden de liberar a todos los presos políticos que han sido detenidos con procedimientos ilegítimos, respecto de los cuales los organismos internacionales ya se han pronunciado denunciando toda suerte de violaciones al debido proceso legal, sin contar los fraudes groseros que fueron denunciados por algunos de los actores en esos pretendidos juicios.

Venezuela no puede esperar hasta 2019 para que un presidente que no escucha el mensaje de las urnas y que ha mostrado su ineptitud tome las decisiones de peso que se requieren para paliar las privaciones de un pueblo al que los autoritarios han sumido en toda suerte de privaciones cotidianas y en una tremenda escasez de alimentos y medicamentos.

Las inapropiadas acciones de Nicolás Maduro parecerían estar obligando a la Asamblea Nacional electa a tener que tomar el protagonismo que las normas constitucionales y la voluntad de los venezolanos le han conferido.


Enviado a nuestro correos por
Luis Ochoa Teran
luisrey.ochoa@gmail.com
Telescopio Internacional

@lot8a

martes, 24 de noviembre de 2015

POR MOISÉS CÁRDENAS, ARGENTINA TIENE NUEVO PRESIDENTE: UN CAMINO PARA LA AYUDA A VENEZUELA

Hace meses este diario me había publicado un artículo en donde  comenté que Argentina traía nuevo aires de cambios. Estos vendrían de la mano de la elección de un nuevo presidente. 

Gracias al civismo argentino, las urnas dieron los resultados. La sociedad hastiada de un gobierno autoritario, aberrante, feroz y cansancio. Todos salieron para cambiar el presidente. Es un buen paso para que  aquellos políticos que se creen dueños de la verdad, de montajes de mausoleos, y  de inundación de pancartas. El populismo es un herida y una huella en la sociedad. En argentina las peleas entre familias y amigos, podrán tener paz. El camino es largo pero la esperanza es lo más importante.

Argentina se merece este triunfo, se merece otra democracia. Se merece un cambio, y la alternancia es un cambio. El ismo actual de Cristina, caerá. Y de todo sus seguidores. Ahora es turno para que la sociedad argentina se respete para si misma, se cuide y se amé. Pueblo de grandes ideales. Pueblo de gente culta. Pueblo soñador. El populismo la enfermó. Ahora la cura fue las elecciones. Que Argentina sea un ejemplo para las otras naciones en donde el populismo quiere tener el poder.

Que las sociedades entienda que cambiar de presidente, es una forma de cambiar. Porque no solo es ideológico, es que ver siempre al mismo presidente por años,  es un fastidio.  Y lo diré a lo venezolano, que aunque estoy lejos de mi patria físicamente, la llevó en mi corazón. De pana que Venezuela siga el ejemplo para que se animé a cambiar de un nuevo presidente. No la misma gente que vienen gobernando por quince años y han divido a la gente. De pana, hermanos de Venezuela animasen a cambiar como se animan en Argentina, de pana.

Moises Roberto Cardenas Chacon
viajesideral2@hotmail.com
@viajesideral

Argentina

martes, 27 de octubre de 2015

FAUSTO MASÓ, EL CAMINO DE VIOLETA CHAMORRO

¿Aceptará su derrota el chavismo? ¿Sabrá la oposición administrar su triunfo? Algo realmente nuevo ocurrirá, porque Chávez ganaba cómodamente las elecciones, con Maduro el chavismo perderá esta y las sucesivas elecciones, si se celebran o si Maduro sigue en el poder. Ya no estamos en los tiempos de Chávez.
Como Francisco Franco, Maduro estaba convencido de tener todo atado y bien atado, habla como si la revolución siempre se impondrá. Se equivoca, los venezolanos olvidaron a Chávez más pronto de lo que nadie hubiera imaginado, solo que Maduro pretende lo imposible: seguir mandando a las  buenas, con votos, o a las malas, con la fuerza. Ignora que el triunfo electoral de la oposición abrirá las puertas a un enfrentamiento entre la futura Asamblea y el chavismo enquistado en Miraflores. A partir de diciembre comienza la pelea, ante la amenaza cierta de otras derrotas en las futuras elecciones como las de gobernadores, o la posibilidad de un revocatorio.
Las revoluciones no entregan el poder, como lo hizo un Rómulo Betancourt y un Leoni, que se alegraron del triunfo de Rafael Caldera, porque la presencia de un presidente opuesto a Acción Democrática demostraba que en Venezuela había una verdadera democracia, podía llegar al poder la oposición. Los chavistas no son los adecos de los años sesenta, quienes habían dado la vida por la democracia. Tampoco los chavistas son verdaderos revolucionarios, la mayoría de ellos no apoyará una dictadura.
¿Maduro es un presidente democrático? ¿Vivimos bajo una democracia? Oigamos cómo habla Maduro, lo que insinúa, a ratos parece consciente de que perderá las elecciones, pero no se imagina en la oposición.
Durante la edición 41 del programa Contacto con Maduro, afirmó: “Solo con nosotros se pueden superar las dificultades. Con la burguesía vendría el caos, vendría la violencia. Si la revolución perdiera las elecciones el 6 de diciembre, es muy probable que en el transcurso de los próximos meses y años la revolución tome otro carácter”.
¿Qué quiere decir? Maduro pretende no abandonar el poder, pero dentro del chavismo, más temprano que tarde, reconocerán la verdad. El chavismo prefiere hasta la salida de Maduro a la pérdida del poder, lo que se volverá inevitable después de una derrota el 6 de diciembre.
Nos aproximamos no solo a la primera gran elección donde vencerá la oposición, sino también a una situación novedosa: la oposición contará con un poder para enfrentar a Miraflores y la confianza de ser mayoría.
Hay razones para el optimismo en la oposición y para un pesimismo creciente en el gobierno, porque inevitablemente las mayorías se imponen. El chavismo no es una fuerza homogénea, hay hasta verdaderos demócratas chavistas que pueden comportarse como los sandinistas, cuando Violeta Chamorro los derrotó, y apostar por la vuelta al poder en un futuro no lejano. Es lo más sensato.
¿Está preparada la oposición? ¿Sabrá manejar estos tiempos difíciles?
Pronto lo sabremos.
Y para rematar, no alcanzan los dólares. Eulogio del Pino aseguró que el petróleo a 40 dólares no es suficiente. “En 40 dólares por barril, estamos por debajo del precio del equilibrio”. Los grandes productores, Rusia y Arabia Saudita, necesitan un precio mayor, pero no les molesta que los pequeños productores, y que el mismo Estados Unidos, dejen de invertir en aumentar su producción. La OPEP ya no funciona como antes, no es un cartel para defender precios.
En esto, como en todo, Maduro vive en un mundo irreal. Pide que la OPEP imponga los precios, como podía hacerlo 20 años atrás. Hoy es imposible.
El futuro es incierto, nunca ha estado tan oscuro para el chavismo que se ha convertido en minoría. Solo falta saber, repetimos, si la oposición estará a la altura del reto que le espera versada previo ablandamiento de la opinión pública nacional.
Fausto Masó
fausto.maso@gmail.com
@faustomaso