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martes, 26 de mayo de 2020

BEATRIZ DE MAJO, LAS CULPAS DE CHINA Y LA OMS, CHINA HOY, DESDE ESPAÑA

Una revisión de la cronología de la pandemia del Coronavirus 19 en China y de los hechos ocurridos en los momentos del inicio de la contaminación en Wuhan nos echan luces sobre las responsabilidades de la Organización Mundial de la Salud en la diseminación de este mal en el momento en que crece el sentimiento alimentado desde Washington de que la desinformación planetaria es atribuible a una suerte de alianza de su Secretario con las autoridades de Pekin.

Una visión retrospectiva de los hechos nos haría concluir, en sano juicio, que la experiencia de Wuhan, y el manejo acertado de la propagación del virus, fue inédita para las autoridades chinas. Ello alivia su carga de responsabilidad frente al retraso en la información a terceros países acerca de la voracidad de la contaminación que estaba a punto de ocurrir.

Recordemos que aunque el mal fue detectado en sus primeras instancias en la provincia de Hubei a inicios de diciembre, la OMS solo fue informada por Pekín el último día del año, una vez concluidos los estudios internos sobre las características de transmisión del virus de humano a humano. De allí en adelante sí, las informaciones oficiales de la institución mundial, provenientes ellas de China, fueron las que orientaron las primeras actuaciones de terceros países.

Una cosa es cierta y es que las autoridades chinas estaban tan interesadas en controlar el desborde de la pandemia dentro de sus propias frontera -1430 millones de seres- así como en ser discretas, ante propios y extraños, en cuanto a sus posibles falencias de conocimiento o equivocaciones. Tedros Adhanom, al frente del timón de la institución clave en la orientación de las restantes naciones que comenzaban a ser afectadas, fue un funcionario respetuoso, a su vez, de su obligación de transferir la información que recibía de las autoridades sanitarias chinas y ninguna otra cosa.

Hay otro hecho incontrovertible: fueron los hallazgos médicos, técnicos y científicos que se iban sucediendo- aciertos y errores- los que le ibas señalando a China el rumbo a seguir.

¿Cuán significativo fue ese retraso y a quién es atribuible? ¿Hubo de por medio secretismo o fue el inesperado y veloz desarrollo de la contaminación el origen de la desinformación en torno a ella? Para poder dilucidar estos interrogantes es necesario ubicarse en el momento de la toma de decisiones chinas- en diciembre y enero- y no en el instante actual en el que contamos con muchos más elementos de juicio y conocimiento científico formal sobre el comportamiento del mal.

La primera alarma a ser enfrentada por el gobierno chino fue de carácter interno y tuvo que ver con la actuación de las vías digitales. La ciudad de Wuhan se vació de ciudadanos tan pronto las redes sociales dieron cuenta de la gravedad y las consecuencias del contagio. Las investigaciones de Associated Press, sobre datos de localización geográfica del gigante tecnológico Baidú, señalan que no habían transcurrido aun dos semanas de este año cuando estas redes motorizaron el éxodo intempestivo y despavorido de esa capital de 5 millones de personas a lugares cercanos dentro de la misma provincia de Hubei y a las provincias aledañas de Henan, Hunan, Anhui and Jiangxi. Detener ese desangre de gentes hacia el resto del país se

convirtió en una prioridad nacional y fue así como fue decretado el primer encierro de Wuhan, cuando aun quedaban dentro de la ciudad 6 millones de personas por cuidar.

El juicio que la Historia haga sobre la actuación china y de la OMS no deberá nunca ser ni visceral ni animoso y deberá tener cuenta estricta la manera en que se desarrollaron los estadios iniciales de este triste episodio de la Humanidad.

Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1
España

lunes, 2 de diciembre de 2019

LINDA D'AMBROSIO: EN PRO DE LA TRANSPARENCIA

Si hay algo que me agobia en particular, es el secretismo. Siempre he pensado que es la fuente de numerosos problemas y malentendidos. Cierto es que la prudencia debe imponerse sobre todo aquello que se dice, que hay momentos oportunos para que ciertas informaciones salgan a la luz, que hay detalles que es responsabilidad de otras personas divulgar, , o que hay datos que pueden ser dolorosos e inútiles para quien los recibe, pues no puede hacer nada al respecto. En suma: convengo en que a veces es adecuado callar, pero no debe ser la norma.

Estoy convencida de que pocas cosas son tan valorables como la transparencia. Es inútil fingir, correr un velo de silencio sobre algunas situaciones que, para colmo, a veces son tan evidentes que resulta vergonzoso negarlas. Y es que hay un estrecho margen entre el secreto y la mentira, y a menudo la una es hija dilecta del otro. Una patraña se urde tras otra para explicar aquello que no puede ser explicado sin recurrir a lo que estamos ocultando, y en nuestro interior crece el temor a ser descubiertos, a revelar algún detalle que no concuerde con nuestra versión original, y a que se constate, en fin, que somos unos mentirosos. El hallazgo de la verdad puede dar al traste con nuestra credibilidad y lesionar permanentemente la confianza que se tiene en nosotros. 

Pero ¿cuál es la necesidad no solo de callar, sino también de hacer uso de cualquier subterfugio para mantener ocultas ciertas verdades? Lo que me conduce a esta reflexión es el hecho de constatar cuán a menudo el secreto está dirigido a encubrir aquello que no nos parece adecuado en nuestra propia conducta o en nuestros sentimientos. La causa de que haya un secreto es, a menudo, la vergüenza y, consecuentemente, la culpa: pensamos que aquello que ocultamos puede ocasionar sufrimiento y queremos proteger a las posibles víctimas. Y queremos protegernos a nosotros mismos de tener que cargar con ese peso sobre nuestra conciencia, o intentamos eludir el juicio que otras personas puedan hacer de nosotros.

Deberíamos actuar de modo tal que nunca tuviéramos que avergonzarnos, es decir, que ocultar cosas. La alternativa no puede ser engañar, insultar la inteligencia de otros o falsear la realidad, exponiéndolos a un peligro aun mayor: descubrir la verdad y, además, ver su fe mancillada.

Tal vez subestimamos la capacidad de comprensión y la empatía de los otros y, en el peor de los casos, subvaloramos también su capacidad de elaborar sus duelos para sobreponerse al embate de lo que ocultamos. Preferimos proteger a los demás manteniéndoles en una fantasía, confinados a una situación ficticia que ni remotamente se parece a la realidad. 

Pero peor aun es autocondenarnos a vivir en esa dualidad, negando parte de nosotros mismos. En psicología se llama disonancia cognoscitiva: la tensión que experimenta una persona cuando tiene dos pensamientos que están en conflicto, o cuando su conducta no concuerda con sus ideas.

Nadie lo expresaría como Serrat en la letra de Sinceramente tuyo: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Falsear los hechos lo que hace es postergar un desenlace que con frecuencia sobreviene de todos modos y de manera más traumática, cuando salen a la luz las verdades ocultas, hiriendo adicionalmente a nuestro interlocutor con la sorpresa de cuán poco sabe de nosotros y de cuán poco merecíamos su confianza. Y, sobre todo, debemos evitar autoengañarnos, traicionarnos a nosotros mismos. “Preferiría, con el tiempo, reconocerme sin rubor”, prosigue Serrat en otro punto de la canción. Y es que, quizá, la clave de la felicidad es la coherencia.

Linda D´ambrosio
linda.dambrosiom@gmail.com
@ldambrosiom
@ElUniversal

martes, 25 de junio de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO: CORRUPCIÓN Y TRANSPARENCIA

Nuestros gobiernos, a lo largo de la historia, no se han caracterizado precisamente por la honestidad en la administración de los recursos públicos.

No somos tampoco en este aspecto ninguna excepción en el continente americano, donde los gobernantes siempre han estado envueltos en grado apreciable en casos de corrupción administrativa y enriquecimiento ilícito.

Si a ver vamos, con casi toda seguridad ningún país en el mundo está libre de este flagelo, aunque algunos, poquísimos, han alcanzado niveles tan bajos que pudieran ser considerados como libres de esta plaga. Por otra parte, la corrupción no es ajena al sector privado de la economía, como muchos quisieran aparentar, ni en Venezuela ni en ninguna parte ni en ningún período histórico. Es imposible pensar en que todos los empresarios son honestos y trabajadores, en medio de gobiernos que tienen como denominador común condiciones totalmente opuestas. Lo contrario también es cierto.

Lo señalado no constituye ninguna excusa de la existencia del fenómeno, ni tampoco que se pretenda igualar a todos en este aspecto, ni en su extensión ni en su intensidad. Tampoco significa la existencia de una homogeneidad que no permita diferenciar entre quienes lo son y quienes no, y me refiero de nuevo a gobernantes y empresarios. La afirmación de que todos son unos corruptos no es en absoluto válida, no sólo por no ser cierta sino por ser además perversa y contraproducente, pues quienes la pronuncian están, voluntaria o inadvertidamente, excusando su existencia o minimizando su importancia. Si todo el mundo es corrupto, se trataría de una característica indisolublemente ligada a las prácticas gubernamental y empresarial, por lo cual no habría razón ni para alarmarse ni para enfrentarla. De hecho, en un gobierno o una empresa muy corrompida no sólo puede haber sino que de hecho hay gente que no lo es.

Cuando hablo de gobierno no me refiero sólo al Ejecutivo sino a todos los poderes públicos, pues la conducta de los altos funcionarios es idéntica.También hablo de los poderes estatales y municipales, que también participan entusiastamente de la francachela en un nivel acorde con sus recursos y su jerarquía política, pero no por ello menos grosera y dispendiosa. Y esta conducta en absoluto se hace diferente porque un organismo esté en manos de la oposición. Y me estoy refiriendo a los niveles de toma de decisiones, no a los empleados públicos en general o a los trabajadores ordinarios del sector privado. Esos son ajenos, en principio, a los manejos fraudulentos o a la existencia de privilegios cuestionables. Estos últimos constituyen parte de las corruptelas y de hecho las impulsan y terminan haciéndolas legales y “tolerables”, además de constituir gastos importantes, que merman los fondos públicos requeridos para el funcionamiento cabal de la administración.

A lo anterior se une la obscuridad, el secreto con que se manejan estos aspectos, la ausencia de transparencia que siempre está presente en los  espacios donde reina el delito, pero que termina por ser conocida por lo menos en sus generalidades a través de distintos medios y, ocasionalmente, explota a través de un escándalo en la prensa nacional e internacional. Si el manejo del presupuesto oficial fuera totalmente transparente, de manera de ser conocido en todos sus aspectos en forma oportuna, probablemente se reduciría su uso ineficiente y se prevendría su malversación y el enriquecimiento ilícito de funcionarios y de empresarios. 

Las operaciones de financiamiento estatal deberían ser realmente públicas, lo mismo que las contrataciones dentro y fuera del país, la asignación y el uso de divisas, las inversiones, los gastos de funcionamiento y de representación. Se requeriría también de contralorías independientes en todos los ámbitos y niveles, que nunca deberían estar en manos de quienes son controlados.

Luis Fuenmayor Toro
@LFuenmayorToro 

jueves, 13 de junio de 2019

CARLOS BLANCO: EL PASO EN FALSO DE OSLO

Las tratativas de Oslo entre el régimen y un sector de la oposición han desconcertado a la ciudadanía opositora y han generado un ambiente de desconfianza hacia el proceso que encabeza Guaidó y que el país había respaldado con entusiasmo.

El propio Guaidó ha sido ambiguo con el tema. A veces dice que no hay diálogo; a veces dice que no hay nueva reunión en Oslo; a veces dice que en caso de haberla es para plantear “el cese de la usurpación”.

Resulta extraño que el régimen se avenga a discutir su fin con los enviados de Guaidó. La idea que transmiten es que lo que no se ha logrado hasta ahora, con las jornadas de calle desde 2014, los levantamientos militares fallidos, el zapaterismo dialogante, las sanciones, se va a lograr con las conversaciones noruegas.

Obviamente, lo que se discute no es la salida del régimen y punto. Lo que el correo de las brujas habla es sobre la realización de elecciones acordadas con el régimen. Tema perfecto para un sector de la oposición que ha defendido este como el camino (Falcón, Rosales y, en cierta medida, AD); pero no en el caso de Guaidó y su partido, Voluntad Popular, y Primero Justicia, que han enunciado el abracadabra del “cese de la usurpación”, como exigencia irrenunciable.

Ese diálogo noruego está en entredicho por el secretismo que lo ha rodeado, precedido por meses de reuniones en el apartamento del componedor electoral. Se argumenta que las negociaciones son secretas. Es posible que una negociación deba tener una dimensión secreta; pero jamás debe ocultarse que existen negociaciones ni mucho menos la agenda. Por tal razón, ese proceso carece de respaldo nacional y se presenta como la continuidad del fracaso de otros intentos, ahora con el añadido de que está en juego la reputación de Guaidó, a quien el país no le encomendó el diálogo sino el del “cese de la usurpación” sin adornos ni excusas.

Hay quienes dicen que los aliados internacionales más sólidos respaldan ese camino. Eso es completamente falso. Ni Estados Unidos, ni Colombia, ni Brasil, entre los fundamentales, lo respaldan, aunque no manifestarán jamás su discrepancia de forma pública. Todos fueron sorprendidos por la jugada de unos estrategas disparatados, posiblemente los mismos de la fallida revuelta del 30 de abril en alianza con Maikel Moreno y Padrino López.

Esos países se jugaron entero por el “cese de la usurpación” y lo que han hecho es un repliegue discreto porque obviamente pueden acompañar a Guaidó, pero no imponerle un camino si es que este decide cambiar el original por el de unas elecciones inciertas acordadas con Maduro.
Guaidó tiene la palabra. Ojalá escuche otras campanas diferentes a las de quienes lo desvían de su compromiso. Solo las voces consecuentes serán reconocidas.

Carlos Blanco
@carlosblancog