jueves, 26 de marzo de 2020

JEANETTE ORTEGA CARVAJAL: LO ÚNICO QUE PODRÁ SALVARNOS

Cambió. La vida de todos cambió. El mundo es otro para siempre. Se unió, sí, pero en tragedia, encierro, luto, lágrimas, miedo y muerte; sin embargo, también en solidaridad, conciencia y ganas de cuidarnos porque de nuestra salud depende la de otros y de otros depende la nuestra. No es un juego de palabras. No. Es la realidad que a traición nos golpeó y hoy nos hace responsables del destino.

Nadie jamás imaginó que todos tendríamos casa por cárcel y aunque en este momento es lo más prudente, duele, aturde y no terminamos de aceptarlo. Pero sí, hay que quedarse en casa y superar el proceso de negación porque lo que la humanidad hoy padece no es ficción, está ocurriendo.

Miramos hacia afuera y vemos dolor, angustia e impotencia. Nos ponemos en su lugar porque podemos llegar a estarlo si no acatamos a tiempo los protocolos de seguridad ya establecidos. Eso es una gran verdad. Qué peligro tan grande corre quién no piense igual. Estamos tan indefensos como un cristo a la intemperie, como aquellos abuelos que ya nunca volverán a leer cuentos, como aquellos jóvenes que por débiles, dejaron de respirar.

La vida y la muerte están en manos de nuestra sensatez y los problemas de Venezuela se acrecientan. Vuelvo a hablar de ellos porque la dimensión de la tragedia que a nivel mundial se vive es tan grave, que su emergencia realza el sufrimiento y las carencias que ya teníamos. Nuestros problemas siguen sin resolverse y crecen de manera descomunal ante la desdicha mundial que hoy nos arropa.

Por nuestros hermanos del mundo sentimos miedo y compasión, pero al volver la mirada hacia nuestro país, ese miedo y esa compasión también la sentimos por nosotros… la vida se complicó aún más. Se nos enredó el papagayo y por eso debemos tener cuidado.

Dicen que el coronavirus mutó, Venezuela también lo hizo. Ese virus, infierno innegable en vida, logró que perdiéramos la vista temporalmente y que desenfocáramos nuestros problemas. Dejamos de ver que los niños del J. M. de los Ríos y los pacientes de muchos otros hospitales siguen desasistidos y continuarán muriendo. Dejamos de ver que el agua no llega y la electricidad se va. Dejamos de ver al país petrolero al cual se le está terminando la gasolina. Dejamos de ver a los niños de la calle que sin zapatos, aunque yo sí los he visto, cubren su rostro con un trapo sucio jugando a que son vaqueros ante un peligro que no pueden calcular.

¡Pobre primer mundo! La muerte por asfixia deteriora sus pulmones y nos enseña que no existe enemigo pequeño. Que la prevención puede salvarnos del contagio y que en este caso, el miedo es un aliado.

Dicen, como si fuera sencillo en Venezuela, que hay que jabonar nuestras manos durante 20 segundos pero… ¿con qué las enjuagamos? ¿Con qué agua lavamos la ropa al regresar a casa después de comprar alimentos o medicamentos? En nuestro país, la recomendación más simple se hace difícil. Aquí, desde hace más de veinte años, lo sencillo es complejo.

¡Pobre tercer mundo! En las calles nos topamos de frente con el miedo. Ojos sobre máscaras, manos con guantes, pieles ocultas por protección. En las calles, a un metro de distancia ya no nos reconocemos, y si por descuido nos acercamos, un llamado severo de atención de un tercero nos hace avergonzar y retroceder hacia la lejanía mientras las cifras de infectados suben y la de nuestros muertos, porque son nuestros aunque no los conozcamos, también lo hacen y ¡Dios!… cómo duele.

Pero esto pasará y cuando eso ocurra, recogeremos los pedazos y reconstruiremos el mundo que, estoy segura, será completamente diferente y espero que mejor. Hoy, lo importante es tratar de salvarnos y así salvar a otros para algún día tocarnos otra vez, amarnos de nuevo y dejar de sentir miedo.

Aún no lo creo. Quiero despertar. Esto es una pesadilla. No es real. Pero al abrir los ojos me doy cuenta de que no estoy dormida. Vivir o morir depende de nosotros. Quedarnos en casa y rezar es lo apropiado porque Dios no nos va a desamparar y eso, en este momento, es lo único que podrá salvarnos.

Jeanette Ortega Carvajal 
@Jortegac15
@ElNacionalWeb

TRINO MÁRQUEZ: EL IMPACTO SOCIAL DEL COVID-19

Aún es muy temprano para determinar cuáles serán las consecuencias sociales globales del Covid-19, ese enemigo microscópico, aparentemente dotado de una inteligencia diabólica y con una vocación expansiva peor que la del mismísimo Hitler. El condenado no se detiene ante nada.

Los signos más evidentes de su paso arrollador son miles, tal vez millones, de pequeñas, medianas y grandes empresas, que sólo podrán subsistir si reciben financiamiento, subsidios o exoneraciones fiscales de los gobiernos. 

La consecuencia inmediata se reflejará en el empleo y en las remuneraciones de los trabajadores. Ya en algunos países, por ejemplo Inglaterra, las empresas pequeñas han reducido un tercio el salario de sus trabajadores. Adoptaron estas medidas para no tener que bajar la santamaría. El ingreso de los trabajadores disminuirá y las posibilidades de cambiar de empleo serán remotas. Los trabajadores tratarán de preservar su oficio, aunque el salario disminuya. 

En numerosas naciones afectadas por la pandemia, el trabajo por internet se ha incrementado de forma apreciable. Esta tendencia venía despuntando ya desde hace bastante tiempo, sobre todo entre los trabajadores por cuenta propia. Ahora, con el Covi-19, se ha exponenciado. 

En Alemania, el canal de televisión Deutsche Welle habla de un crecimiento superior a 15% desde que el virus se universalizó. Si la propensión se mantiene, es muy probable que las relaciones de trabajo se modifiquen a partir de ahora, y cada vez mayor cantidad de actividades se realicen desde las habitaciones privadas o en lugares públicos donde los trabajadores compartan un espacio común.

En ambos casos  me refiero a lo que sucede en países con altos niveles de desarrollo, como Inglaterra y Alemania, dos de las principales economías del planeta. La situación  es distinta cuando nos trasladamos a Venezuela. En el plano de las remuneraciones y la dinámica laboral, lo que puede esperarse no resulta tan benigno como lo que está pasando en las naciones europeas. En el caso de Venezuela, el cabezal atómico del Covid-19 está impactando sobre una economía maltrecha, con siete años de deterioro continuo. 

Aquí ya no se trata de que las Pymi van a verse obligadas a disminuir los salarios o que los trabajadores van a tener que cumplir sus labores por la red. La cuestión resulta mucho peor. Durante toda la década actual, y con especial agresividad desde que Nicolás Maduro llega a Miraflores, las empresas se han descapitalizado, han perdido mercados, no consiguen materias primas y han sido víctimas de la voraz hiperinflación que las ha llevado al borde de la quiebra. Si la parálisis se prolonga, las pequeñas y medianas empresas se verán forzadas a cerrar sus puertas porque no poseen el músculo suficiente para afrontar el pago de la nómina. La capacidad de ahorro de esas unidades es nula o cercana a cero. Su tasa de letalidad será muy elevada.

Las posibilidades de reconvertir o reorientar la dinámica laboral para trabajar en los hogares utilizando la red, también son muy reducidas. Venezuela cuenta con uno de los peores servicios de internet de la región latinoamericana, luego de haber sido pionera en este campo durante la primera fase de la revolución informática, cuando podíamos compararnos con los países más desarrollados. 
Las opciones que ofrecen los gobiernos de Europa, los Estados Unidos y otros países con economías más sólidas, no son viables en Venezuela. Aquí el Estado carece de la fortaleza financiera para auxiliar a las empresas y los trabajadores. La hecatombe del corona virus coincide con el colapso de la industria petrolera, el cierre de la refinerías, la paralización de numerosos taladros y el desplome de los precios del crudo. La situación del gobierno de Maduro es tan desesperada que se vio obligado, rompiendo con todas sus promesas anteriores, a pedirle al FMI cinco mil millones de dólares. En vista de que le negaron el préstamo, ahora dice que se conformaría con apenas mil millones. El venezolano, o mejor dicho el madurista, es un Estado tírame algo. Quebrado y leproso con el cual ningún organismo internacional o país serio quiere mantener contacto. 

Al lado de ese Estado fallido, tenemos una clase trabajadora y unos sectores populares sin la potencialidad para ahorrar. La hiperinflación pulverizó sus salarios y las pocas provisiones que pudieron haber acumulado a lo largo de los años. Las capas humildes están enfrentando al maligno virus, en situación de pobreza extrema, sin agua, sin luz, desnutridos, sin medicinas, con hospitales miserables y con una red sanitaria destartalada. 

Este cuadro social, en sí mismo grave y sombrío, será todavía más deprimente si Maduro no lo enfrenta desde una perspectiva global. Si no une al país para encararlo. Si quiere actuar como Presidente de los venezolanos, lo primero que debería hacer es buscar un acuerdo con la oposición liderada por Juan Guaidó. Se abrirían las puertas para un entendimiento nacional y una masiva ayuda internacional.

Trino Marquez Cegarra
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc

CARLOS BLANCO: LOS MILITARES, AUNQUE NO QUIERAN…

1.- No se trata de pasarle la mano a los militares para pedirles que actúen en esta calamidad que vive el país. Al margen de que los militares quieran o no quieran, les guste la idea o no, van a tener que intervenir para alcanzar un desenlace en el conflicto actual. Por lo tanto, no es apelar a su responsabilidad, ni a su papel histórico, ni a ninguna de esas pamplinas; sino reconocer un hecho incontestable: están atravesados en la mitad de la vía por donde está pasando la historia. Pueden ser atropellados y lanzados a la cuneta si se hacen los suecos; pueden intentar esperar al último minuto cuando la gandola los vaya a atropellar, también pueden ponerse creativos y ver cómo apuntalan a Maduro o, si es el caso, ver cómo lo sacan. Pero algo inevitablemente tendrán que hacer en esta coyuntura.

2.- La tormenta brutal que asuela el país está compuesta por la pandemia, la destrucción de la economía (no hay comida ni medicinas para los ciudadanos) y no hay gasolina en el país con las mayores reservas petroleras del mundo. Maduro puede usar policías, colectivos, guardias nacionales y el Ejército para tratar de contener la desesperación; pero no va a poder contenerla. Allí los militares tendrán que decidir hacia dónde disparan o, en todo caso, a quién obedecen y a quién no.

3.- Ya no es solo la legítima lucha por un sistema político democrático sino la legítima e irrenunciable lucha por la comida y la salud. Si se llega a este punto en el cual la necesidad se torna desesperación, los militares estarán con el poder en sus manos para tocar la puerta del búnker y con moderación o sin ella decirle a Maduro y a la cúpula de la corporación criminal: estimados, hasta aquí nos trajo el río.

4.- No es inevitable que los militares desalojen a Maduro, pero sí es inevitable que la decisión esté en sus manos. Los jefes militares no van a poder seguir como hasta ahora, haciéndose los majaderos. Van a tener que tomar una decisión: si apoyan a Maduro, este se quedará por un rato más; si le sacan el taburete no dura 10 minutos en el búnker.

5.- Este es el dilema militar, porque esta crisis no es controlable con arreglos domésticos. Por allí andan unos tontones proponiendo una tregua para que Maduro maneje una crisis que no puede manejar porque la ha creado y no la puede revertir, ni que quisiera. Lo que están haciendo las buenas almas que claman por la “unidad nacional” es pedirle a los militares que, llegada la hora, se decidan por Maduro.

6.- La única forma de afrontar la pentacrisis (covid-19, alimentos, medicinas, gasolina y seguridad pública) es que los militares desobedezcan las órdenes ilegales que sostienen a Maduro en el poder.

7.- La tesis de la “unidad nacional” con Maduro en Miraflores será asumida como un mandato a los militares (que tal vez no acaten) para que el poder siga en manos de la corporación criminal. Caso en el cual la crisis seguirá imparable.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

RONNY PADRÓN: LA SOLIDARIDAD EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Nada mejor que la adversidad para certificar la fortaleza de una solidaridad. El caso de nuestra «Pequeña Venecia» es la mejor demostración de orfandad nacional que pudiera concebirse. Y esa es una realidad que no debe olvidarse.

Porque resulta totalmente injustificable que más allá de nuestra mediocridad como sociedad nacional, y lo criminal de la dirigencia demócrata venezolana, este genocidio que se desarrolla en el país a partir del 11 de abril de 2002 merecía la contención adecuada por parte de la comunidad de países en América.

No existe en la historia política delito o falta que haya dejado de cometer el Estado Criminal Socialista en el poder en contra de la población venezolana. De hecho tales fechorías tienden a incrementarse.

Si lo anterior resultara insuficiente, estamos a las puertas de una verdadera hecatombe representada en los estragos que está llamado a causar el «virus de China», pandemia que en Venezuela podría tener efecto letal incalculable habida cuenta el colapso de la salud pública a nivel nacional.

Esto es una realidad conocida a todos los niveles políticos regionales, continentales y mundiales. Y la presente inacción da a entender que se mantendrá esa actitud de meros espectadores, testigos mudos de una tragedia humana, cuando es bien sabido que han sido cubiertos todos y cada uno de los supuestos jurídico-políticos necesarios para que la comunidad democrática internacional con base en la propia Carta Magna venezolana, salve a un país, secuestrado, esclavizado, y en proceso de exterminio

¡Prohibido olvidar! Ora y labora

Ronny Padrón
caballeropercivall@gmail.com
@caballeroperci

LEANDRO RODRIGUEZ: COVID-19 VS. SOCIALISMO-S21

Sí algo ha dejado al descubierto el Covid-19 es que Venezuela ha estado infectada muchísimo antes de un virus más letal, de un Socialismo-S21 que gracias al boom petrolero más alto y sostenido de la historia pudo disimular por mucho tiempo sus innombrables objetivos, pero una vez destruida por corrupción/negligencia la única fuente de su financiamiento (PDVSA) y posteriores sanciones internacionales por las flagrantes violaciones a la constitución y a todo precepto democrático, quedó a la vista su obra maléfica.  

El coronavirus en el país no es potencialmente tan grave por sí solo, nuestra nación es eminentemente joven y goza de un clima cálido, dos aspectos fundamentales entendiendo el virus es especialmente peligroso en la tercera edad y es resistente al frio. Sin embargo, esas defensas naturales poco valen cuando no se cuenta con un sistema público de salud, ni medicinas, ni agua, electricidad, ni siquiera gasolina para los traslados de emergencia, amén de los elevados niveles de desnutrición que padecen los venezolanos. Todas estas debilidades son consecuencia del chavismo y su socialismo del siglo XXI, denominado por los expertos en la materia como “La gran corrupción”, en todo el planeta no ha existido corrupción tan descomunal luego de la segunda guerra mundial… y todavía no se poseen cifras totales.  

Mientras en las demás naciones son los especialistas epidemiólogos, ministros altamente capacitados en sus respectivas áreas, quienes dan las informaciones pertinentes a fin de generar confianza en la población, en Venezuela el factor ideológico y culto al presidencialismo no cesa, es Maduro quien ofrece las informaciones, así como se coloca una bata médica o un uniforme militar, también usurpa los roles que en este momento deberían asumir profesionales competentes.  

Ciertamente, la cuarentena es fundamental, pero ¿Cómo puede una población empobrecida, presa de hiperinflación, abandonada al sustento diario, acatar semejante medida? Es imposible, todo se agrava cuando el racionamiento de gasolina limita el traslado de las personas a buscar alimentos, medicinas o agua, pues tampoco el vital líquido escapó del desmadre rojo rojito, las estaciones de bombeo son hoy chatarras, no se realizaron las inversiones requeridas en represas y demás sistemas que favorecen la distribución de este vital servicio ¡ah! pero si tenemos miles de sedes Psuv pagando millonarios alquileres, equipadas con computadoras, con demás equipos de vanguardia, esa sí es la prioridad para el régimen.  

El coronavirus es una advertencia para los venezolanos, por haber sido extremadamente permisivos con una casta gubernamental sobredimensionadamente corrupta e inepta. Hoy estamos a las puertas de una mortandad sin parangón a consecuencia de sus trágicas secuelas, esperemos no sea así, que las características de nuestra población /clima nos dé una mano.  

¿Más chavismo o está bien así? ¿Qué más debemos esperar para cambiar de rumbo? Los venezolanos hemos hecho de la política un vulgar entretenimiento, muchos han sido engañados a través de un populismo que hace rato dejó de ser útil. Venezuela está arruinada, destruida, amerita reconstrucción inmediata para que la tragedia deje de ser algo normal, peor.  

Quienes han destruido la nación, que en décadas atrás era la más visitada, la más envidiada del planeta, no pueden ser quienes la reconstruyan, pues hasta en estos momentos de emergencia continúan con su lúgubre agenda cubanizadora. Estimado lector, es imposible apartar la política en estos momentos, al revés, es cuando más atentos debemos estar porque el régimen aprovecha esta coyuntura distractora para profundizar en sus pérfidos fines ¡Venezolanos, llegó la hora de cambiar... en serio! 

Leandro Rodríguez Linárez 
leandrotango@gmail.com
@leandrotango   

FROILÁN BARRIOS- JORGE SÁNCHEZ MELEÁN: APÓSTOL DE LA DESCENTRALIZACIÓN

1989 fue un año decisivo en la historia venezolana de los últimos 30 años, significó el punto de quiebre para el inicio de la agonía del pacto puntofijista que sentó las bases desde 1958 del periodo democrático más extenso que haya conocido nuestra fase republicana desde 1830.

Ante la crisis del Estado venezolano de dimensiones descomunales en medio de estallidos sociales, surgieron en su rescate las propuestas de Reforma del Estado y la Descentralización, planteadas y archivadas en tono de debate desde 1984 con la creación de la Comisión para la Reforma del Estado (Copre). En ese contexto es que emerge la figura de Jorge Sánchez Meleán, economista fallecido recientemente en México -el pasado 19 de marzo- que entonces impulsó su visión de una Venezuela distinta, profundamente democrática y descentralizada, basado en la vasta experiencia que tenía en defensa de las regiones y en particular del estado Zulia,

Para lograrlo recurrió, junto con un brillante grupo de intelectuales, a la Constitución de 1961, específicamente al Artículo 137, que estipulaba: “El Congreso, por el voto de las dos terceras partes de los miembros de cada Cámara, podrá atribuir a los Estados o a los municipios determinadas materias de la competencia nacional, a fin de promover la descentralización administrativa”.

Pues bien, a pesar de la Copre impulsar una política para la descentralización territorial en Venezuela, el gobierno de Lusinchi rechazó el documento junto con líderes de su partido Acción Democrática, quienes lo considerarlo radical y decidieron retardar en el Congreso los mecanismos de elección para los estados y municipios. En aquel momento el argumento de un jerarca gobernante para desestimarla era que “los venezolanos no somos suizos”, para luego superarse las resistencias y sustos ante los sacudones sociales y políticos de 1989, y aprobar en el Parlamento las reformas propuestas.

Pronto la realidad demostró lo contrario, con la elección de alcaldes y gobernadores, se generó un espacio propicio para que el economista Sánchez Meleán multiplicara su lucha por la descentralización territorial, administrativa y financiera, en toda la amplitud del término. De su iniciativa se diseñó la transferencia de competencias concurrentes, exclusivas y residuales del poder central al estado Zulia, la Ley de Asignaciones Especiales, la Constitución del estado Zulia, la Escuela de Gobierno Izepes, el plan de formación de recursos humanos para la función pública, entre otras propuestas de modernización del Estado.

Hizo de la Copre Zulia, constituida durante la gestión de Oswaldo Álvarez Paz en 1990, la vanguardia de las Copres regionales, de ellas florecieron múltiples eventos que brindaron en la última década del siglo XX, un aire fresco a la política venezolana, bajo la presencia de nuevos líderes locales y regionales, quienes incluso llegaron a eclipsar al alicaído liderazgo nacional de los partidos tradicionales.

Jorge Sánchez Meleán promovió en la Copre Zulia un ágora del pensamiento zuliano, donde intercambiaban sin cortapisas ilustres representantes del ideario político regional, por ser un hombre ajeno al sectarismo, enfermedad infantil de la contracultura política venezolana de todos los tiempos, a tal punto de que su autonomía de criterios le conllevó a ser apartado de la otrora Asamblea Legislativa por las cúpulas partidistas.

Amaba al Zulia como a nadie, sin asumir falsas poses de zulianidad, al hacer propio aquel pronunciamiento de Rafael Caldera emitido en Maracaibo en 1958: “No se puede tener cabal idea de lo que Venezuela constituye como estructura nacional y de sus potencialidades futuras, sin apreciar lo que es el Zulia y lo que significa en la vida venezolana”.

La solidez y profundidad de su pensamiento le permitió conducir la Copre durante diferentes gestiones de gobernadores, desde 1990 hasta 2013, convirtiéndola en la última mohicana, pues el odio del centralismo autoritario contra la descentralización, desde el año 2000 conllevó a la clausura de la Copre nacional presidida por el doctor Ricardo Combellas, de las Copres regionales, como también la obra realizada desde el Ministerio para la Descentralización por el doctor Allan Brewer Carías.

Para mí fue un honor disfrutar de su presencia y amistad, conjuntamente con el personal que le apoyó en su gestión, como profesor y presidente de la Copre Zulia, finalmente le acompañé como secretario ejecutivo, su bonhomía, sencillez y don de gentes, excelso orador, de fina ironía en el debate, cualidades cada día poco visibles en el actual desierto político de nuestro país.

El  ideario político de Jorge Sánchez Meleán persistirá por siempre, señala la senda de la nueva Venezuela que debemos reconstruir, esperando que la clase política relevo de esta tiranía lo asuma como eje fundamental en la reconquista del sistema democrático.

Froilan Alejandro Barrios Nieves
fbarriosnieves@gmail.com
@froilanbarrios

miércoles, 25 de marzo de 2020

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, JUEVES 26/03/2020

ADRIANA MORÁN, LOS TAPABOCAS DEL MIEDO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 12 minutos
Y las calles quedaron vacías. Millones de personas encerraron su miedo en casas sin agua, sin luz y sin alimentos ante el llamado del que por una vez en la vida, hizo lo que tenía que hacer. El llamado a la cuarentena de Maduro, fue un acto de responsabilidad inusitado si lo comparamos con el comportamiento folklórico de algunos gobernantes de países cercanos que juegan a la ruleta rusa con la vida de sus gobernados en actos más propios de un circo que de esta película de terror en tiempo real en la que todos participamos. Y es cierto que después del tono severo e inusitadamente so... más »

VÍCTOR ANTONIO BOLÍVAR CASTILLO, LAS DOS PESTES

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 15 minutos
Difícil imaginar el próximo escenario en Venezuela luego de la permanencia del indeseado visitante. Dos importantes aspectos merecen merecen ser destacados en la trama de su estadía. Uno, los efectos y consecuencias que para nuestro país representa su exposición y contagio en las paupérrimas condiciones en las que se encuentra nuestro sistema de salud pública y el estado de precariedad de la mayoría de nuestra población casi famélica, sin anticuerpos, desnutrida y muchos en condiciones insalubres y antihigiénicas, que representa un dantesco cuadro del estado de postración, despreci... más »

RAFAEL GARCÍA MARVEZ, EL CORONAVIRUS VERSUS LA POLÍTICA VENEZOLANA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 18 minutos
Les anticipo que no trataré el tema del coronavirus desde el punto de vista netamente patológico —bastante tinta se ha usado en estas tres largas semanas—; lo haré más bien desde el ángulo de donde aparentemente fue su génesis, es decir: político, económico y comunicacional. Como Venezuela es nuestra particular preocupación, por allí caminaremos este trecho de hoy. A pesar de que la pandemia ha sido benevolente con nosotros, —pocos los infectados, ningún fallecido, no sé de alguno– el régimen de Nicolás Maduro ha montado una gigantesca campaña comunicacional para distorsionar los ... más »

HUMBERTO ACOSTA, ¿DESPUÉS DE LA CUARENTENA….QUÉ?, PROYECTO PAÍS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 25 minutos
Los efectos sociales, económicos y políticos del CoronaVirus, supuestamente intercalado por el régimen Chino (“Chernóbil Chino”…), obliga a la Sociedad Venezolana actuar conscientemente. La vivencia de su ciudadanía exige repensar el camino a seguir y qué hacer… positivamente. El reclamo lógico es por ejecutar, responsable y oportunamente, acciones para condiciones que garanticen el funcionamiento del sistema, con certidumbre y congruencia; políticas integrales para acciones urgentes y esenciales, decisiones coherentes, sostenibles e ineludibles. Después de la Cuarentena o del auto... más »

NOEL ÁLVAREZ, LA FE NOS TRAJO LA LLUVIA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 30 minutos
A quienes no saben mucho acerca de mí, quiero confesarles algo: soy profundamente creyente en Dios, cristiano, católico, miembro-directivo de una orden dependiente de la Iglesia Católica, sin embargo, como hombre de fe, me caracterizo por la amplitud de pensamiento, es así como entre mis amigos cuento con evangélicos, testigos de jehová, judíos, mormones, musulmanes, entre otros. Como columnista procuro no mezclar los temas religiosos con los políticos o económicos. Para mantener la gimnasia alejada de la magnesia, en esta oportunidad abordaré un tema religioso exclusivamente. En ... más »

JOSÉ L. ZAMBRANO P., EL EXTRAÑO PODER DE UN MICROBIO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 34 minutos
Es imposible evitar una catástrofe de magnitudes insospechadas. Es fácil que un país completo salga salpicado y hasta hundido por un ser microscópico. Nadie está preparado, por más que la infraestructura bélica esté fortificada. No hay batallón reflexivo para estos pormenores. Un dilema más que enrevesado. Tumba las razones elementales y regala una novedad casi siniestra. La humanidad pende de un hilo por algo insignificante. El coronavirus no es un mal menor como algunos jerarcas pensaban. Ha trastornado el humor a siete mil millones de habitantes en el planeta. Nadie está prote... más »

ADRIANA MORÁN, LOS TAPABOCAS DEL MIEDO

Y las calles quedaron vacías. Millones de personas encerraron su miedo en casas sin agua, sin luz y sin alimentos ante el llamado del que por una vez en la vida, hizo lo que tenía que hacer. El llamado a la cuarentena de Maduro, fue un acto de responsabilidad inusitado si lo comparamos con el comportamiento folklórico de algunos gobernantes de países cercanos que juegan a la ruleta rusa con la vida de sus gobernados en actos más propios de un circo que de esta película de terror en tiempo real en la que todos participamos.

Y es cierto que después del tono severo e inusitadamente sobrio que el mandatario usó en la cadena nacional en la que nos mandaba a encerrarnos ha dicho cosas que no tienen nada que envidiarle a esos que en sus países aún le restan importancia a la amenaza invisible o que incluso los supera, pero la decisión impostergable está allí y es la única que puede salvarnos.

Hay mil argumentos en contra del encierro. Mil razones para pensar que es insostenible y que la muerte terminará por golpear a esas puertas cerradas sino en forma de virus, sí en forma de hambre o de cualquier otra enfermedad.

Pero ninguno de esos argumentos es tan fuerte como el de que sin romper ese contacto de unos con otros, en un país que ya estaba destruido y que no tiene ninguna posibilidad de atender en su sistema sanitario la menor de sus emergencias, la muerte es mucho más que una posibilidad. Es una certeza.

Que esta encerrona pueda mantenerse en el tiempo dependerá de que quienes están al mando de esta nación indefensa y de que quienes los adversan, puedan entender el momento al que nos enfrentamos. De que sean capaces de pasar por encima del juego de tronos que han venido jugando para mirar con compasión a ese país que no se parece en nada a esa foto con ciudadanos con mascarillas todas iguales y perfectamente ajustadas que viene de distintas latitudes.

Este es el país de los tapabocas multicolores. El país que fabricó como pudo con los retazos que encontró en su reclusión esas artesanías que usa para salir a comprar algo y regresar rápido a su casa a seguir conviviendo con el miedo.

Ese es el país real, conmovedor en sus deseos de sobrevivir a toda costa, dispuesto a cumplir con el encierro en espera de que la peste no lo roce.

Adriana Moran
adrianamoran@gmail.com 
@NuevaTec47
@DiarioTalCual  

VÍCTOR ANTONIO BOLÍVAR CASTILLO, LAS DOS PESTES

Difícil imaginar el próximo escenario en Venezuela luego de la permanencia del indeseado visitante. Dos importantes aspectos merecen merecen ser destacados en la trama de su estadía. Uno, los efectos y consecuencias que para nuestro país representa su exposición y contagio en las paupérrimas condiciones en las que se encuentra nuestro sistema de salud pública y el estado de precariedad de la mayoría de nuestra población casi famélica, sin anticuerpos, desnutrida y muchos en condiciones insalubres y antihigiénicas, que representa un dantesco cuadro del estado de postración, desprecio y abandono que ha ocasionado una revolución mediocre que derivó en narcocracia.

El otro aspecto es el que -por vía de consecuencia- refiere a las batallas que se deben librar contra el virus y contra el régimen. Un primer problema para ello, es que este régimen es precisamente el que asume el rol de gran componedor de una tragedia cuando por su irresponsabilidad son ellos la mayor parte del problema. Basta en este sentido mencionar que, por acabar con la institucionalidad democrática, este régimen de facto no aplica para solicitar ayuda en el ámbito internacional a organismos y países. Ni que se traguen sus improperios y majaderías.

El lamentable resultado es que no tienen con qué enfrentar el problema que significa mantener aislados por tiempo incierto a los venezolanos sin que pasen hambre y penurias. No tienen un plan que atienda esta grave contingencia. No hay política pública que implemente un verdadero control en el acceso a los alimentos mas básicos. El desmadre de la especulación, entre otros, es el mejor ejemplo de cuan mal se ha manejado este régimen.

La otra variable de este aspecto es que -a pesar de todo lo referido- se hace presente el proverbial despropósito de sacarle provecho político  a la desgracia humana, característica propia de estos gobernantes hegemónicos. Así lo hicieron en Vargas con el deslave cuando para mantener su discurso “antiimperialista” impidieron, en un acto de carroña política, la entrada de una ayuda estadounidense que seguramente hubiese evitado muchas muertes y enfermedades. Como también lo hicieron en Cúcuta cuando impidieron la entrada de la ayuda humanitaria. Y no se diga de las sanciones que pese a que solo aplican a quienes han incurrido en una conducta criminal y antidemocrática, son objeto de manipulación en el discurso patriotero.

Material hay para relatar nuestra tragedia, en tiempos de cuarentena,  en una especie de adaptación tropicalizada del Decamerón del siglo XXI ante los dos pestes, el coronavirus y  el castro chavismo narcocrático.

Víctor Antonio Bolívar Castillo 
vabolivar@gmail.com
@vabolivar

RAFAEL GARCÍA MARVEZ, EL CORONAVIRUS VERSUS LA POLÍTICA VENEZOLANA

Les anticipo que no trataré el tema del coronavirus desde el punto de vista netamente patológico —bastante tinta se ha usado en estas tres largas semanas—; lo haré más bien desde el ángulo de donde aparentemente fue su génesis, es decir: político, económico y comunicacional. Como Venezuela es nuestra particular preocupación, por allí caminaremos este trecho de hoy. 

A pesar de que la pandemia ha sido benevolente con nosotros, —pocos los infectados, ningún fallecido, no sé de alguno– el régimen de Nicolás Maduro ha montado una gigantesca campaña comunicacional para distorsionar los hechos con la finalidad de sacarle fruto político. Esta es una práctica muy común en los gobiernos de corte comunista para obtener beneficios de la crisis. Sin embargo, los tiempos mutan y las sociedades lo hacen junto con ellos. 

Esta pandemia llegó a nosotros justo en el momento en que los efectos de las medidas tomadas en contra del régimen por los gobiernos y organizaciones internacionales se patentizaban; sumándosele a la aceleración de los desquicios económicos de orden endógenos. Era evidente para los mandatarios que pocas gotas de gasolina quedaban en los depósitos. El país petrolero, de los más grandes del mundo, finalmente se quedó vacío. Cundió el pánico y la economía nacional terminó de paralizarse. ¡Culpa del coronavirus!, gritaban las voces irrazonables e insensatas desde Miraflores, frotándose las manos con fruición al mismo tiempo.    

Precisando, el hecho de que el régimen haya cursado una solicitud de préstamo al Fondo Monetario Internacional pone en evidencia su iliquidez para hacerle frente a la crisis. Rebajar su solicitud inicial, un poco más tarde, de cinco mil millones de dólares a mil quinientos millones es un adicional que corrobora su sequía financiera. Ya el FMI le comunicó algunos de los requisitos imprescindibles para un posible crédito; la mayoría de ellos tendrían que pasar por el visto bueno de la Asamblea Nacional, léase, por la oposición democrática. Esta oposición democrática debe entender que el Covid-19 para Venezuela tiene una perspectiva particularmente aterradora; que en el caso nuestro, es labor imposible desligarla del hecho político. Es muy complicado, por ejemplo, llegar a un acuerdo con quienes han sido miserables con los injustamente presos político, más expuestos a adquirir ese mal que cualquiera de nosotros. Situación que ha conllevado que tanto Juan Guaidó como sus dirigentes tengan que moverse con sigiloso y complicado equilibrio; pero teniendo presente que para los venezolanos el coronavirus es al alimón, una pandemia y un elemento político. Debemos deslindar una cosa de otra; es un chantaje la utilización afiebrada del coronavirus para sacar provechos. ¿Cuántas veces y cuándo ha llamado Nicolás Maduro al presidente encargado de la República de Venezuela, presidente de la Asamblea Nacional, y líder sin discusión de las fuerzas de oposición, para reunirse con él con la finalidad, frente a la emergencia, buscarles una salida a la crisis? Nunca, jamás. Por el contrario, sigue la persecución en contra de diputados y periodistas que informen sobre los daños de la pandemia. 

Termino con una corta referencia para mitigar la angustia de nuestros compatriotas por las medidas de corte económicas anunciadas por Nicolás Maduro el domingo pasado. Los venezolanos conscientemente, como lo han hecho en otras ocasiones, harán caso omiso de las medidas comunistas con la intención velada de Maduro y sus cómplices de acabar con la empresa privada. De manera, que agudizando la inteligencia y conviniendo entre las partes, de mutuo acuerdo, llegarán a acuerdos sin interferencias nocivas e interesadas.

Rafael García Marvez
garciamarvez@gmail.com
@RGarciaMarvez

HUMBERTO ACOSTA, ¿DESPUÉS DE LA CUARENTENA….QUÉ?, PROYECTO PAÍS

Los efectos sociales, económicos y políticos del CoronaVirus, supuestamente intercalado por el régimen Chino (“Chernóbil Chino”…), obliga a la Sociedad Venezolana actuar conscientemente. La vivencia de su ciudadanía exige repensar el camino a seguir y qué hacer… positivamente. El reclamo lógico es por ejecutar, responsable y oportunamente, acciones para condiciones que garanticen el funcionamiento del sistema, con certidumbre y congruencia; políticas integrales para acciones urgentes y esenciales, decisiones coherentes, sostenibles e ineludibles.

Después de la Cuarentena o del autoconfinamiento, período de aislamiento, con guerra viral y comunicacional amplia e intensa, la estratagema oficial ha sido habilidosa y eficaz. En Venezuela, el CoronaVirus está siendo confinado y las comunidades, con solidaridad han respondido a las instrucciones de los mandos y el régimen, invariablemente, ha aprovechado tiempo en preparar y organizar sus huestes para sus originarios e inquebrantables fines, especialmente cuadrar lo de sus “elecciones”, 2020.

A la ciudadanía le angustia no solo las condiciones médico-sanitarias existentes para resistir la guerra sino, también, las posibilidades de vivir, trabajar y producir para sobrevivir. El régimen, quien tiene los recursos y la mayor responsabilidad, debe despejar las incógnitas que oscurecen el presente y futuro inmediato y no continuar con la verborrea y ofertas, sin acciones ni resultados en contra del enorme caos social, lleno de dolor, abandono y miseria que se padece, acrecentado por la amenazante perturbación del virus, hasta ahora, perdurable.

La mayoría de los gobiernos en función de controlar la propagación del denominado, según ONU, COVID-19, han adoptado medidas inminentes para favorecer la vida a los ciudadanos en la etapa de aparición y posterior a la pandemia; afianzándose para que el virus y calamidad inherente desaparezcan.

Las circunstancias de guerra han sido propicias para que algunos gobiernos (Alemania, Canadá, Suecia, Israel, El Salvador, etc.) demuestren capacidad y voluntad resolutiva. Frente a la guerra respuestas coherentes, transparentes y efectivas. Se han preparado para contextos de paz o belicosos, reacciones y logros lo demuestran. En Venezuela, el régimen debería salir de su enfrascamiento y trabajar para todos, sin “colectivos” y con la verdad. Requerir ayuda internacional por los medios apropiados; emulando gobiernos con auténtica democracia participativa para superar conflictos, evitando más sacrificios al pueblo cuyos intereses hipotéticamente defienden.

Israel, es ejemplo mundial, país pequeño, democrático y desarrollado, sus autoridades informan que: “No hay ninguna víctima fatal por el Covid-19…” Según el Premio Nobel en Química, Michael Levitt, académico, profesor universitario, incorporado como vocero responsable de la sociedad civil, manifestó con credibilidad “…No habrá más de una decena de muertes en Israel. Me sorprendería si el número de fallecidos es mayor a diez...”

Cuál es la diferencia?

Organización social, capital humano, civiles y militares, lideres honestos y competentes, asociados conscientemente a la emergencia y lo no-emergente, sin necesidad de “carnet de la patria” u otros artefactos de factura similar. Infraestructura (sanitaria, económica, social e institucional) recursos disponibles e instituciones funcionando; lo urgente, lo esencial y lo importante, previstos en el modelo de vida e incorporados al sistema social israelita y a su proceso de trabajo planificado, con acciones basadas en una cultura que la Sociedad judía a través de su proceso de gobernanza establece al Estado y gobierno Israelí, para beneficio de las familias y ciudadanos.

En Venezuela, el régimen decretó cuarentena en escuelas y universidades prácticamente cerradas, por falta de presupuesto y de profesores. Hospitales destartalados, médicos emigrando y medicinas insuficientes. Empresas de producción, comercio y de espectáculos quebradas y fronteras incomunicadas. El sistema en un solo caos: sin producción ni ingresos, el bolívar?, estanflación, limitaciones al movimiento interno de sus ciudadanos, sin agua, luz, gasolina ni gas, diáspora de millones de venezolanos, con un consumo e intercambio mínimo de bienes y servicios; recesión económica. El Estado centralizado y hegemónico, aviva un gobierno corrupto, irresponsable e insensible frente a las demandas de la Sociedad Venezolana.

Después de la Cuarentena? Que? El peligro del caos social, global, de continuar como vamos… entra irremediablemente a plena ebullición. Cuaresma, es tiempo de reflexión y acción para el cambio positivo con planificación coherente y liderazgo admisible. Reconocimiento al Personal médico y paramédico venezolano.

Dios, Padre de Todos, ayuda a Venezuela. Te lo rogamos.

Humberto Acosta
humbertoacosta648@yahoo.com
@HumbertoAcosta9
ExRector UNET. Dr. en Ciencias del Desarrollo 

NOEL ÁLVAREZ, LA FE NOS TRAJO LA LLUVIA

A quienes no saben mucho acerca de mí, quiero confesarles algo: soy profundamente creyente en Dios, cristiano, católico, miembro-directivo de una orden dependiente de la Iglesia Católica, sin embargo, como hombre de fe, me caracterizo por la amplitud de pensamiento, es así como entre mis amigos cuento con evangélicos, testigos de jehová, judíos, mormones, musulmanes, entre otros. Como columnista procuro no mezclar los temas religiosos con los políticos o económicos. Para mantener la gimnasia alejada de la magnesia, en esta oportunidad abordaré un tema religioso exclusivamente.

En un mundo cada vez más politeísta, procrastinador de la figura del Supremo Creador. No quiero causar polémica entre los adelantos técnicos utilizados para el tratamiento del coronavirus y el poder sanador residente en la oración, por el contrario, estoy convencido de que, la acción complementaria puede dar mejores resultados. A los efectos de matizar las controversias, reubicaré los términos del viejo refrán: “con el mazo dando y a Dios rogando”. Creo que la fe sí mueve montañas y su efecto purificador viene envuelto en la oración. Cuenta la leyenda que cuando Hitler iba a invadir Inglaterra, Churchill pensó que el único recurso que les quedaba era orar y mandó a crear grupos de oración por todo el país. Hitler nunca logró llegar a Inglaterra porque al parecer una niebla muy intensa la cubrió. Tiempo después la Reina de Inglaterra expresó: «Le temo más a un ejército de personas orando, que a un ejército militar».

Para continuar transitando el camino de la fe, me viene a la mente un hecho que presencié a inicios de la década de los 70. En aquella época era yo, junto a mi difunto padre, un labriego cultivador de maíz en el Batatillo, mi terruño trujillano. Estábamos atravesando una época de intensa sequía, no recuerdo el mes, pero la ausencia de lluvia ya duraba un año y las cosechas estaban a punto de perderse. Alguien del caserío tuvo la idea de proponer que se hiciera una rogativa para solicitarle a Dios, a través de San Isidro Labrador, que perdonara nuestros pecados y permitiera que la lluvia retornara.

Quedé momentáneamente sorprendido porque siempre había escuchado que a San Isidro se le invocaba para que quitara el agua y no para que la pusiera. Con el paso del tiempo llegué a saber que este santo es el patrono del clima, y por lo tanto no solo “quita el agua y pone el sol”, sino que también quita el sol y pone el agua. El caso es que, unas 100 personas, entre hombres, mujeres y niños comenzamos la rogativa como a las 2 de la tarde. A la cabeza de la procesión iba un señor, llamado Andrés Manuel, portando la imagen del santo, este señor de repente hizo la siguiente proclama: “lo más seguro es que al final de esta invocación, todos retornemos emparamados a consecuencia del palo de agua que caerá”.

El escepticismo de la juventud me hacía poner en duda la afirmación efectuada por el señor que llevaba el santo, esto corroborado con lo que pude percibir al momento. Utilizando el sombrero que llevaba puesto, como escudo, miré al cielo, estaba azul, limpio, claro, sin ninguna nube surcando el horizonte. El sol de los llanos trujillanos azotaba la tez curtida de cada uno de nosotros, 36 grados a la sombra, más o menos era

la temperatura, en ese momento. Esta perspectiva me hizo dudar que nuestra iniciativa pudiera tener éxito, sin embargo, no hice ningún comentario para no contrariar las creencias de mi padre, quien era merecedor de todo mi respeto.

Iniciamos el recorrido en la primera parcela, con dirección Norte-Sur, deteniéndonos en cada una de ellas, cantábamos y orábamos por el bienestar de su propietario. La extensión a recorrer era muy larga y la marcha, con sus cánticos y rezos, era muy lenta. Acercándose las 4 de la tarde y próximos a llegar a la última parcela, de repente, el cielo comenzó a oscurecerse, apresuramos el paso para intentar guarecernos en lo que llamábamos la casa de la hacienda. Sin embargo, con rapidez la tempestad no nos dio tregua. La intensidad de la lluvia y la fuerza del viento eran tales que, tuvimos que sujetarnos a los árboles para no ser arrastrados por el torbellino. Pasó la tempestad, pero quedó el frescor de la lluvia y la tierra quedó regada abundantemente. Retornamos al pueblo emparamados, tal como había vaticinado el señor Andrés Manuel, pero muy satisfechos y agradecidos con Dios y San Isidro.

Algunos incrédulos podrían argumentar que, a través de los modernos aparatos electrónicos se podría haber determinado que, en ese día, a esa hora y en ese pueblo estaba previsto que lloviera. Por el contrario, estoy convencido de que, aquel no fue un previsible hecho natural, sino que respondió a la fe que pusimos en nuestras oraciones. Como dice el dicho: el corazón tiene razones que la razón no entiende. Si todo fuera tan previsible no sería necesario salir con un paraguas cuando los meteorólogos anuncian que ese día no lloverá. Para concluir, quiero pedirle, con la mayor humildad, a todos los ciudadanos del mundo, creyentes o no, que roguemos a Dios para que nos bendiga y proteja de esta peste que amenaza acabar con nuestras vidas ¡Amén!

Noel Álvarez
Noelalvarez10@gmail.com  
@alvareznv  
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE 

JOSÉ L. ZAMBRANO P., EL EXTRAÑO PODER DE UN MICROBIO

Es imposible evitar una catástrofe de magnitudes insospechadas.  Es fácil que un país completo salga salpicado y hasta hundido por un ser microscópico. Nadie está preparado, por más que la infraestructura bélica esté fortificada. No hay batallón reflexivo para estos pormenores. Un dilema más que enrevesado. Tumba las razones elementales y regala una novedad casi siniestra. La humanidad pende de un hilo por algo insignificante.

El coronavirus no es un mal menor como algunos jerarcas pensaban. Ha trastornado el humor a siete mil millones de habitantes en el planeta. Nadie está protegido y hasta alucinan con el mal. Ha corrido el pánico en poblaciones donde todo estaba en calma. Los viajeros y emigrantes se han vuelto casi enemigos acérrimos; los culpables descorazonados y son tratados con hosquedad.

La soledad de las calles, los faroles apagados y la incertidumbre haciendo mella en todos. Nadie está inmune a la enfermedad y a tener los ánimos revueltos. De nada sirve la tecnología desmesurada y los avances científicos. Un pobre microbio tiene espantada a la tierra entera. Su trepidar nada benévolo ha enlutado a familias. Hasta las cifras son reservadas.

Mandatarios boquiabiertos, apesadumbrados y perdidos en ecuaciones fallidas, se consumen en el fragor de la confusión. No se lo esperaban. Un radio de acción incomodo, contumaz y férreo. Se confiaron por los porcentajes mínimos de fallecidos. No llegaban a tres por ciento. Pero las caravanas de féretros como en Italia, oxidan cualquier andamiaje de perspectivas. Más de mil 600 defunciones en dos días en el país de la bota. Es una mala noticia para los gobernantes porfiados. Sí, el mundo está débil y desguarnecido frente a este mal silencioso.    

No sirve de nada los miles de millones de dólares invertidos en energía atómica y nuclear. Tantas naciones poderosas pueden quebrarse en un tris, con solo un sobre, una bacteria, un microorganismo pertinaz. La gran fisura de los eruditos. Supuestamente lo visionó Bill Gates en una conferencia hace cinco años. Un microbio puede acabar con el planeta. No es para dudarlo, pues los territorios más poderosos han sido los más golpeados.

Lo sorprendente es la desestimación a la enfermedad. Todavía sigue sucediendo, pero a la par cumpliéndose el otro vaticinio, dejando su estela de infectados y muertos. Se inventan conjeturas sobre la creación. Si fue de probeta y con intención programada. No lo sabemos. Quizá no. Posiblemente sí fue un chino atragantado con un murciélago como festín. Una cazuela de alas y colmillos. Un menú inapropiado.

Solo sabemos que nadie está inmune a una guerra bacteriológica. Sobran las mentes diabólicas para engendrar una pandemia descomunal. Y esta prueba de supervivencia, con un coronavirus aparentemente no tan mortal, se convirtió en un fracaso tremendo. El imaginarnos a un científico experto, con sonrisa divertida y conciencia trastornada, trabajando para algún gobernante con amplios deseos de poder, creando un síndrome, un minúsculo organismo para contagiar a las naciones enemigas y devastarlas, propiciando una mortandad despiadada, puede hacernos meditar de lo fácil que resultaría el acabar con la humanidad.

Por eso, no existe ciencia exacta para estos casos. Nadie imaginaba que apenas tres meses después de la aparición del coronavirus, tendríamos más de 170 mil infectados activos y más de diez mil defunciones. Nadie estaba programado para entender su magnitud. Todos empeñados en que estaba en China, lejos y soterrado en las costumbres asiáticas. Pero no. Salió a la luz en los demás continentes, tenaz, impenitente y sublevado.  

Las imágenes de calles desiertas son inquietantes. Como también puede ser admirable la necesidad de la gente por socializar. Se hablan los vecinos por las ventanas comunitarias, mientras los edificios se abrazan como en una gran casa. Se cantan canciones y se emiten consignas positivas. Eso ha sido bueno y notable. Permite ser optimista frente a tanto descalabro.

La economía en las naciones muere de un tiro en el entrecejo. La recesión está cantada y muchos auguran dos años desorbitados. Ha dolido en el dedo de las decisiones, el decretar cuarentena. Paralizar todo el aparataje productivo es una decisión crucial y difícil. Pero debe hacerse, pese a todo. El fácil contagio es el dilema y no hay forma de detenerlo si no se cerca la proximidad.

La revista “The Economist” ya avizora más de dos millones de estadounidenses fallecidos por este padecimiento. El articulista Carlos Alberto Montaner lo ha comentado, con una frase casi clarividente: “esa cifra es mayor, que la de los americanos muertos en todas las guerras a lo largo de su historia”.

 Un simple virus nos mantiene con una ansiedad tremenda. Se señala a los irresponsables que siguen desestimando los estragos y salen impávidos a vacacionar, llevando posiblemente el virus a cuestas. Sigue sucediendo en muchos países. Lo fundamental es la prevención. Es una necesidad rígida y apropiada para evitar el seguir agrandando las cifras funestas. Depende de nosotros mismo y de la agudeza e inflexibilidad de los gobernantes, el poder responder a este mal, tan microscópico como mortal.

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571
Ex director de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani”