lunes, 24 de abril de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LOS NIVELES DE LA REPRESIÓN EN VENEZUELA

PIDO LA PALABRA Y VENTANA DE PAPEL

La alteración o ruptura de la institucionalidad establecida constitucionalmente, dio al traste la forma del Estado, el ejercicio de la soberanía nacional y la división del Poder Público.

La dinámica política es enfática. Los cambios que caracterizan el discurrir de estos últimos años, son reveladores del ímpetu con el cual la política determina el camino de los pueblos. De cómo la política traza el ritmo de los tiempos. De manera que no hay duda de la fuerza que contiene la política, para transformar realidades tan rápido como inmediatamente. 

Las variaciones de las situaciones que vienen aconteciendo no sólo en Venezuela, sino también en cada rincón del mundo, dan cuenta de la magnitud del impacto político cuyos efectos son capaces de construir o destruir todo lo que se cruce o se interponga en su paso. Pero ante lo arriba descrito, se hace necesario explicar su razón. 

Todo ello deriva del problema que se configura alrededor del egoísmo que detenta el hombre en tanto que sentimiento posee la capacidad emocional, física y psicológica, así como condiciones éticas, conceptuales e ideológicas, capaces de motivar reacciones que llevan al ser humano a actuar a la defensiva u ofensiva frente a acontecimientos que, a juicio propio, puede considerar amenazadores ante objetivos y expectativas de vida definidas desde una perspectiva individual o colectiva. 

Adam Smith, en su obra La Riqueza de las Naciones, (1762)  ya había aludido a factores subjetivos que condicionan las preferencias y decisiones del hombre en su afán por elevar su nivel de vida. En su interpretación de la riqueza de una nación, describe cómo es posible el ajuste del desarrollo de una sociedad humana a los valores y motivaciones que la incitan. Por eso explica el papel que juega el egoísmo como actitud mediante la cual el hombre se plantea sostener un nivel adecuado de bienestar individual, así como razones para equilibrar sus deseos personales con las realidades donde circunscribe su vida social, económica y política. Ello lo refiere aduciendo que la vida es el resultado del libre ejercicio del “interés individual que beneficia exitosamente al bien común en la solución de problemas y satisfacción de necesidades propias”. 

Ahora bien. Si este problema se traslada a la política para desde su ámbito causal justificar cambios que lejos de consolidar y aupar procesos sociales, terminan por desguarnecerlos de consideraciones que alientan sus principios y razones, es posible hallar argumentos que confirmen las desviaciones de las que ha resultado ser cuestionado objeto inculpado de las consecuencias que incita. Precisamente en su interés por asentir su fuerza doctrinal, con esos mismos argumentos busca convalidar la coerción aducida como criterio a los fines de imponer su autoridad valiéndose de prácticas desmesuradas de represión. Formas éstas que al desglosarse de su conjunto, revelan el exagerado grado de violencia intrínseco a sus concepciones. 

El caso Venezuela es ejemplo patético del grado de desviación o aberración, con el cual el régimen autoritario se vale de dicho principio profundamente explicado por Max Weber en su libro: Economía y Sociedad. Es así que al apostar a sostenerse en el poder, indistintamente de la ilegitimidad que define su postura, utiliza métodos no sólo ilegales. Al mismo tiempo, mecanismos intensamente represivos pues en ellos el régimen ha conseguido la fórmula, aunque de autoría castrista, para lograr que sus amenazas, propias de una retórica ramplona, se convirtieran en una especie de condena cuyo efecto demoledor inhibiera las protestas propias de este tipo de soborno físico. 

Precisamente, con motivo de las decisiones aprobadas en principio por la Sala Constitucional del tribunal supremo de justicia (con minúsculas), las cuales han pretendido despojar de las atribuciones y facultades que la Constitución Nacional, basada en el criterio jurídico-político de separación de poderes, le establece al Poder Legislativo. Tan aberrante situación, sumada a otras más que vinieron sancionándose por tan ilegítima instancia judicial, luego del momento en que la oposición democrática obtuvo las dos terceras partes de los escaños del Parlamento Nacional, dio pié a que la paciencia del país político se desbordara y se tradujera en reiteradas manifestaciones de protestas y de resistencia civil. Fue oportunidad para que el pueblo demostrara finalmente su acumulada resignación y contenida indignación al gobierno ante los descarnados atropellos que trastocaron el abastecimiento de alimentos, medicamentos y rubros de todo tenor.

En consecuencia, el país recién entró en una fase de legítima y necesaria desobediencia. Además, calificada como derecho constitucional (Artículo 350). Prácticamente, Venezuela se paralizó o quedó suspendida entre reacciones que desesperaron al alto gobierno. Más, cuando el miedo consumió el “orden” interno que mantenía a las filas del partido de gobierno subordinadas a insolentes politiqueros con ínfulas militaristas. La alteración o ruptura de la institucionalidad establecida constitucionalmente, dio al traste la forma del Estado, el ejercicio de la soberanía nacional y la división del Poder Público. De manera que el gobierno central, aturdido ante este tipo de problema irresuelto ante su efímera capacidad de gobierno, optó por medidas cuya severidad lo obligó a actuar apegado a la fórmula del Estado Opresor. Fue el momento para que el régimen exhibiera su condición tiránica. Así apeló a reprimir desmedidamente a la población por tres vías. Primeramente, acudiendo a las fuerzas de seguridad pública representada por la Policía Nacional Bolivariana. Luego, entra en acción la retorcida Guardia Nacional, ahora adosada al remoquete de “Bolivariana”. Y como “guinda de torta”, permite la violenta intromisión de facinerosos organizados para robar, agredir y hasta asesinar ante los ojos complacientes de quienes comandan las fuerzas del Estado-opresor y Estado-victimario. He ahí los círculos de la embestida gubernamental cuando actúa en nombre de la paz (del cementerio). Es lo que traduce la manida expresión de “gobierno cívico-militar”. Son los niveles de la represión.

VENTANA DE PAPEL

ATRINCHERADO EN EL PODER

Para el pusilánime, para el agazapado, “todo hueco es trinchera”. Todo escondrijo es cual muralla, lo suficientemente conforme para que funja de defensa ante la cobardía que lo apresa, lo amordaza y lo sujeta de manos, brazos y hasta de ideas. Así es como se ve al actual gobierno nacional toda vez que sus decisiones son razones de escondite o de escape. Aunque no sólo de escape o huida hacia delante o hacia atrás. También, como se dice, sus ejecutorias u órdenes de cual “comando mercenario”, evidencian un escape por la tangente. Parafraseando la teoría política, sus determinaciones revelan actos de traición a su propia palabra.

El hecho de presumir actuar a instancia de los preceptos constitucionales sin respeto a lo establecido taxativamente por la referida letra legislativa, es manifestación absoluta de “desacato” llano y simple. Aunque igualmente, puede considerarse como expresión de ramplona burla. O sea, sarcasmo o mofa de la peor calaña. Traición al mejor estilo arribista y orillero.

Sin embargo, el problema de tan vulgar y desvergonzada desfachatez, obedece a distintas razones. Entre otras, y atendiendo la importancia de causa, cabe mencionar la razón de tipo meramente política. Pero no política en el entendido del concepto más elevado de “política”. Sino según lo que el término “política”, descubre de cara a burdos intereses facinerosos y groseramente viscerales.  Otra razón que explica tan gruesa irreverencia del régimen hacia el más excelso significado del vocablo “patria”, se encuentra en el fondo de lo que cada “bolsillo revolucionario” puede juntar. De manera de tener la posibilidad de disfrutar la vida en su más excelsa plenitud, pero “vacilándosela” donde mejor pueda. Y que efectivamente, no es en Venezuela, pues en el país no podría, ni tampoco debería por simple deducción al absurdo, un revolucionario quitarse el disfraz de “socialista” ya que sería un desparpajo de absoluta aberración. Lo haría donde su “capital” le rinda los mejores beneficios.

Estas dos razones entre muchas de igual repercusión, incluso moral, ética y hasta de corte histórico, dejan al descubierto lo que encubre tantas medidas gubernamentales profundamente contradictorias, que solamente dejan ver un régimen vulgar, arrogante, inepto, soberbio, insolente, confundido, equivocado y obstinadamente, atrincherado en el poder.  

“Un gobierno que presuma de las virtudes de sus conductores, tanto como de la notoriedad del proyecto de gobierno que detenta, es porque  está escondiendo las carencias que padece”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela


No hay comentarios:

Publicar un comentario