martes, 25 de abril de 2017

JUAN JOSÉ MONSANT ARISTIMUÑO, ¿QUÉ HUBIERA SUCEDIDO?


   Hannah Arendt (no sabemos cómo ubicarla, si filósofa, teórica de la política, socióloga, sionista liberal o todo ello en conjunto) fue, en todo caso, un monumento a la inteligencia sobrenatural y honestidad intelectual, que conlleva la concordancia entre lo que se dice y lo que se hace; sin obviar la condición humana con sus limitaciones, grandezas, contradicciones, vivencias y debilidades que otorga precisamente eso: condición humana.

  A principios de los años cincuenta, ya residenciada y con ciudadanía estadounidense, luego de los tormentosos años del nazismo, la guerra y el peregrinaje de una ciudad a otra, un país a otro, un amor a otro, una universidad y labor a otra, publicó lo que sería la síntesis de su pensamiento “Los Orígenes del Totalitarismo”, obra de obligatoria consulta para intentar comprender la psiquis humana, sus acciones y depravaciones.

   Yo pienso que, en lo religioso era agnóstica, pero profundamente judía, sionista en el sentido real de su concepción. Para ella, el ser judío constituía una condición humana cuya razón existencial era la lucha por la libertad, la cual no se podía separar; lo otro, lo divino, pues lo dejaba un tanto para el culto y la fe; a lo menos así la percibo en mi profunda ignorancia sobre el tema.

   Hannah Arendt junto a Oriana Falacci, constituyen, dos expresiones humanas, dos condiciones de mujer, que reivindican su esencia; y allí quedaron para la historia, junto a un puñado de ellas que le han dado continuidad a la humanidad.

    En “Los orígenes del totalitarismo”, Arendt diferencia, separa los sistemas o modelos autoritarios de los totalitarios. Para ella, los autoritarios son expresiones del ejercicio del poder arbitrario, parcelas políticas, sociales o nacionalistas que desaparecen con el líder o el hecho causante (las recurrentes dictaduras militares latinoamericanas, por ejemplo; o el propio fascismo italiano).

   El totalitarismo, por el contrario, trasciende el momento, y su objetivo es cambiar, transformar el modelo existente por su propia concepción, con intención de permanecer en el tiempo. Para el momento en que Arendt escribió su libro existían solo dos sistemas totalitarios: el nazismo y el comunismo.

  Ambos movimientos de masas, caracterizados por la propaganda oficial masificante, la totalización del pensamiento único, el Poder Judicial como instrumento de control, ejecución y represión, junto al poder militar y policial; la educación, la cultura, la economía, el uso del terror como inhibidor de disidencias y la ubicación del enemigo nacional como factor de cohesión; todo ello con el propósito de transformar las antiguas estructuras y lograr la perennidad del nuevo sistema (mil años debía vivir el Tercer Reich, según el nacional-socialismo).

   En el momento que ella escribió su obra magna, en realidad todo lo que escribió fue magno, aún no había surgido el fenómeno de los regímenes confesionales religiosos como el Isis, Dash o Califato Islámico como se conoce a esta aspiración totalizante surgida del seno del islamismo. Tampoco había aparecido el teniente coronel Hugo Chávez en Venezuela, con su propuesta que integró el marxismo, el populismo y el militarismo en una, llamada primero bolivariana, luego el proceso y finalmente Socialismo del Siglo XXI, que hoy el mundo observa con horror sus resultados.

   Toda dictadura es inhumana y constituye un fracaso de la civilización occidental, porque conlleva el sometimiento arbitrario de un hombre por otro hombre, y el abandono del Estado de Derecho, en función de la parcela del poder que representa.

   Pero, mirando a lo lejos la historia, uno se llega a preguntar ¿Qué hubiera sido de España, de Europa, si no hubiera aparecido Francisco Franco; o de Chile y América Latina si no hubiera aparecido el General Pinochet? Hoy seguramente, en aras del “hombre nuevo”, estarían en situaciones similares a las de Corea del Norte o a las de Cuba. Quizá, esta dramática pregunta nos llegue a explicar las diferencias entre regímenes autoritarios y totalitarios.

Juan Jose Monsant Aristimuño
jjmonsant@gmail.com
@jjmonsant
Internacionalista
Miranda - Venezuela

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