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jueves, 30 de marzo de 2017

FERNANDO FACCHIN B., TÁCTICA Y ESTRATEGIA POLÍTICA

“Táctica es saber qué hacer cuando se puede hacer algo. Estrategia es saber qué hacer cuando no se puede hacer nada.” Savielley Tartakower (polaco-Gran maestro ajedrecista)

La validación de los partidos es táctica y estrategia de un régimen que pretende esclavizar al país, son salidas de escape político para evitar llamado a elecciones, así han demostrado lo que pueden hacer y lo que no pueden hacer para mantenerse en el poder, no es otra cosa que una política de confusión ciudadana para destruir los planes y objetivos de la oposición, de allí ya no queda nada por adivinar, el régimen seguirá sus táctica y estrategia política hasta agotarlas, pero hasta hao todo ha sido coherentemente ejecutado por el TSJ y el CNE, aunado a la pasividad política de la sociedad y la carencia de liderazgo carismático, intelectual e ideológico y de partidos políticos que no supediten su acción a las malsanas intenciones del régimen.

A partir de la validación de este fin de semana, AD, COPEY y Proyecto Venezuela tienen el “testigo” en sus manos, deben crear una táctica y una estrategia política propia, donde quede demostrado que los intereses son la democracia, el pueblo y la libertad, lo que no tiene nada que ver con los intereses mercenarios y crematísticos del régimen y su caterva de corruptos. 

Es necesario vivir la realidad del país y dentro de ella configurar la estrategia a seguir conforme al objetivo buscado, cual es, la del cambio político rompiendo el delgado hilo con el cual la dictadura pretende alargar su agonía. Se hace imperioso la reactivación de los activistas de base de las distintas organizaciones partidistas de lo que AD es experta, para la formulación de los objetivos que queremos y debemos alcanzar.

Toda táctica y estrategia política debe tener presente que estamos ante un régimen militarizado, representante absoluto de las fuerzas reaccionarias y del hampa común, pero cada día se deterioran más, su política antinacionalista y, lógico, antipopular del régimen, expande como un globo el descontento popular, pero falta organización político partidista que conjugue ese descontento significativamente, abra perspectivas válidas para el país y su gente con clara visión de futuro y fuerza política incuestionable, teniendo en cuenta de estar seguros que contamos con la codiciada fuerza electoral y le hagamos saber a las traidoras FAN que el poder civil no es impotente y que el régimen es la palpable expresión de la crisis que nos ahoga y se mantiene a costa de transgredir el estado de derecho, con el vil apoyo del TSJ y el CNE al régimen cuyas políticas más a dañado el bienestar colectivo y en especial a las clases menos pudientes.


AD, el decano de los partidos, enfrenta el reto de validarse con amplio caudal de firmas. AD, no   está derrotada, pero, su validación la construyen los líderes que interpretan el sentir militante y que crecen renovándose en su gestión, es la forma superior de liderar; lo que va mucho más allá de mandar y aún de administrar; la gestión partidista implica participación activa de la militancia y capacidad de manejo político para concatenar opiniones y construir entendimientos sociopolíticos  para   la valoración de la planificación tácticas y estrategias para metas y proyectos como elemento de crecimiento político. La validación es un momento de oro para AD.  Es fundamental poner las necesidades del país por encima de las consideraciones partidistas. Debemos tener presente las palabras de Tartakower, con las que abrimos el presente artículo. La política es una lucha contra los errores de uno mismo, de allí la importancia de la táctica y la estrategia, sin confundir tales conceptos.

Fernando Facchin Barreto
ffacchinb@gmail.com
@fernandofacchin
Carabobo - Venezuela

lunes, 27 de marzo de 2017

SIMÓN GARCÍA - LA CALMA

APOYO A LA VALIDACIÓN

La protesta está en pausa. Hay una apariencia de calma. Pero es imposible que cualquier sociedad esté tranquila con la gravedad de la crisis económica, social e institucional que genera este gobierno. El solo agravio de gente, ¿importa el porcentaje?, obligada a buscar comida en la basura de la calle es suficiente para intuir que la violencia está comprimida en nuestros tuétanos. 
En términos políticos hay una situación de empate que mantiene a los contendores formales con los brazos abajo. Pero el gobierno sigue pifiando, intrigando, reprimiendo y deshaciendo su legitimidad y sus apoyos debido a su incapacidad y su corrupción.

La acción internacional ha pasado a ser la fuente de exigencia más activa para que Maduro se recoloque dentro de los cauces democráticos y el Gobierno vuelva a ampararse dentro de la Constitución. Donald Trump ha mostrado una amenaza creíble que tiene a los número uno del régimen en estado general de miedo. El ex general Carvajal no haya como pedirle al imperio un arreglo. Y no es el único en los exclusivos predios de Miraflores.

La cúpula oficialista está aislada en el país y en el mundo. Está obligada a construir su ruta de escape por si las cosas se le pasan de rojitas, porque duras las tiene todas desde hace rato. Buscará otra vez una foto con la oposición, treta que siempre  crea hacia afuera una expectativa de estabilidad.
Al país le conviene un acuerdo que suponga un restablecimiento de la democracia y la Constitución. Pero ya nadie cree en el baratillo de ofertas engañosas que muestra el gobierno cuando quiere ganar tiempo. A punta de vivezas de patas cortas dejo de ser confiable y debe ser tratado según sus hechos y no según sus cuentos.

Crece la convicción entre los seguidores del oficialismo que la cúpula se equivoca al aferrarse al poder en vez de abrirse a su transferencia progresiva a otras manos. La convocatoria y realización de las elecciones de gobernadores y alcaldes es un primer paso que el gobierno debe dar, si quiere conversar. Sin condiciones porque cumplir con la Constitución no es una concesión.

El oficialismo frente a este tipo de encrucijadas debe optar entre salvar el futuro de su proyecto político  o proteger hasta donde pueda a las figuras y grupos que se niegan a perder sus privilegios y sus impunidades.  Pero si toman esta segunda vía, debido a razones no políticas, ¿cuánto tiempo aguantarán los sectores, que forman parte de ese 90%  de la población, oficialistas incluidos, que siente que su situación está mal, para abandonar la pasividad? 

Por ahora la MUD y los partidos están en la validación. Hay que apoyarlos para que todos la logren y derrotar el esquema de ilegalización de la oposición que tienta a los radicales del gobierno. Si luchamos por el restablecimiento de la democracia, hay que pelear por el reconocimiento legal de uno de los instrumentos que contribuyen a su configuración.

Después habrá que encarar el tema pendiente que tienen los dirigentes de los partidos y la MUD con el país: ¿van o no a definir una estrategia de cambio, un plan conjunto de acciones, una verdadera articulación con la sociedad civil y una definición de los grandes objetivos que pueden unificar a los venezolanos con diferentes visiones de país?


Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim
Caracas - Venezuela