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miércoles, 29 de abril de 2020

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ, ¡CUÍDATE!

Para Angel Rangel, quién me acercó al tema

El Covit-19 convirtió la palabra ¡cuídate! en sustituto de saludos y despedidas. Pensar que personas queridas corren riesgos o están el peligro –cosas diferentes- la convierte en deseo salido de lo más recóndito, del órgano de la fuerza vital para los griegos, el corazón. Dice el fundador de la sociología del riesgo, Ulrich Beck: riesgo asumen los que dirigen y peligro corren los dirigidos. El chofer irresponsable que al frente de un autobús con sesenta personas pasa otro vehículo en curva, toma un riesgo consciente (aunque sea un “inconsciente”) y pone en peligro vidas que dependen de él.

Quien sale sin mascarilla se arriesga, y sus familiares y paseantes, peligran. Si desde La Bauhaus y el diseño industrial, se construye conforme patrones estéticos, la sociología del riesgo empapa la vida moderna y nada se hace sin agotar el estudio de los peligros para los usuarios, la población en general, y prever los elementos para su cuidado, su cura.

De allí términos técnicos popularizados por el uso: contingencia, plan B, siniestralidad, vías de evacuación, resiliencia, control de daños, riesgo residual. El estudio del riesgo político, ayuda a evaluar a los que aspiran liderazgo, y es de mucha utilidad en era de populismo, antipolítica, neopolítica y sus hijas legítimas, post verdad, fake news, xenofobia, antiglobalización, corrección-política, diferencialismo.

La tontería arrastra incluso a importantes creadores de opinión con el perogrullazo de que la sociedad “no estaba preparada para la pandemia”. No estaba ni nunca podrá estarlo para una contingencia que obligaría a que cada país mantuviera millares de salas de terapia intensiva y respiradores ociosos con costos impagables, por si acaso.

El irresponsable en acción

Pero la sociedad enfrentó el reto, pese a mermados mentales, ideólogos e irresponsables en el poder, otra contingencia imprevisible. Tan mal los socialistas españoles como los conservadores británicos. Uno que se burla del confinamiento contra la pandemia. Otro convoca a las calles para pedir un golpe de Estado contra el Congreso y la judicatura. Un tercero llama a la población desarmada a una insurrección o un golpe de Estado y pide sanciones económicas para su país.

Esas son desgracias que las sociedades propician, por poner su confianza en manos de politiqueros. Los aspirantes a líderes deben esmerarse en el cuidado de sus dirigidos. En la mitología romana cuando Júpiter creó al hombre, hubo una importante polémica entre los dioses. Como lo hizo de arcilla, Tellus (la diosa tierra) lo reclamó para ella. Pero Júpiter, quien lo creó por su voluntad y le otorgó el alma, defendió su derecho.

Finalmente acordaron que, al morir, el cuerpo volvería al barro y el alma a su creador. Pero irrumpe Cura (el cuidado, la prudencia) y aclara que aceptaba el acuerdo, pero si querían que la criatura sobreviviera, debía estar bajo su mando en el mundo. Después, podrían tomarla Júpiter y Tellus. El clásico del siglo XX, El Padrino (Coppola-Puzo:1972), retomado en cuarentena, pone las categorías en movimiento y corrobora que el poder triunfante conjuga voluntad y cura.

Don Corleone no apoya el tráfico de drogas en Nueva York, contra otros jefes de la mafia, una decisión racional de alto riesgo. El argumento es contundente: perderían así el respaldo o la indiferencia de policías, políticos, jueces y eclesiásticos que no se metían con apuestas, casinos, venta de alcohol o incluso trata de mujeres, pero que si combatirían el narcotráfico.

Acción y reacción

La reacción es el atentado contra Don Corleone y el asesinato de Luca Brasi, uno de sus hombres de confianza. Los gánsters del agonizante Don Vito no saben qué hacer y se acobardan, pero Michael Corleone (Al Pacino) entiende que el dilema no es entre guerra y paz, sino entre ganar la guerra o desaparecer. O se imponían, o se extinguían los Corleone. Tuvo razón frente al desconcierto de la familia y eso lo convirtió en el nuevo Padrino.

La prudencia sin voluntad para luchar conduce al fracaso, la rendición, tal vez Tom Hagen (Robert Duvall), il conciglieri, en un momento de la obra. La prudencia vacía, sin voluntad, que renuncia al objetivo, pierde todo, deja que otros nos arrastren a lo que no deseamos, por no actuar. Sacrificamos fines esenciales para nuestra realización. Igual fracaso es la acción sin prudencia ni cuidado. Sin cura.

Sony (James Caan) el primogénito y heredero del poder Corleone, por su desbarajuste y falta de cuidado, deja indefenso a su padre herido en un hospital, incurre en el ridículo en reuniones serias de los capos y se hace matar en una reacción de violencia irresponsable por un incidente doméstico. Michael, por el contrario, encarna con su padre la voluntad con cura, la capacidad para obtener los objetivos de la manera eficaz y eficiente, al menor costo.

Toma decisiones de alto peligro para sí mismo, como ponerse en manos del gánster Sollozzo y del narcotraficante jefe de la policía, para liquidarlos con sus manos en una cena. Este episodio es esencial para ver cómo el cuidado no consiste en eludir acciones difíciles sino hacerlas bien. Todo paso implica riesgos y quien no los da, no vive. Según Pascal los problemas nacen de que la gente no se queda quieta en su hogar. 

Carlos Raul Hernandez
carlosraulhernandez@gmail.com
@CarlosRaulHer
@ElUniversal

lunes, 18 de marzo de 2019

JOSÉ RAFAEL AVENDAÑO TIMAURY, DECIDOFOBIA


Todos los seres humanos; y hasta las bestias, nos encontramos ante la imperiosa necesidad de tomar decisiones. Desde las más simples hasta las más complejas. Un gato con hambre; si ve a más de un ratón disponible para ingerirlo, habrá de decidirse instintivamente por uno de ellos. Si el roedor, por alguna circunstancia, logra eludir al felino, este podría preguntarse en qué consistió la falla instintiva: ¿Por qué no elegí a otro?

Los humanos  somos más complejos. Estamos dotados de aquello que pomposamente llamamos intelecto. Es decir, ante cualesquier disyuntiva, solemos ponderar diversas opciones para tomar la decisión respectiva.

En política la circunstancia de asumir determinaciones conlleva de manera global una serie aspectos que influyen de manera determinante -no solamente circunscrita en el área política- en el aspecto personalísimo de manera concomitante. Los políticos que en su historial de vida pública (algunos tienen grueso prontuario) cometen más errores, seguramente verán su carrera disminuida de manera ostensible. Pierden algo consustancial para quien aspira dirigir: La credibilidad. También, por supuesto, están sujetos a perder la libertad personal y hasta la vida. Por ello las decisiones políticas a ser asumidas siempre estarán signadas bajo una duda razonable que todos los actores ponderan de alguna manera u otra. No todos están dotados de los atributos inherentes al heroísmo.

Poseer un rasgo de valentía,  per se, no es sinónimo de estar capacitado para asumir posiciones de liderazgo. Ser cobarde es casi tan perjudicial como ser irracional, insensato o atrabiliario. El verdadero líder debe poseer una serie de atributos insoslayables para permitirle actuar de una manera armónica en el quehacer público. No se trata simplemente de emitir órdenes, dadas con mucha energía y con ademanes autoritarios. El exquisito hecho de poder guiar (no como chofer) no significa en modo alguno que se intente arrear. 

Este líder o dirigente debe usar con preferencia su innata habilidad para dirigir y no una autoridad (fortuita o no) para mandar. Siempre que emita una orden susceptible de ser mal interpretada puede estar seguro que será mal interpretada. Debe cumplir las promesas ofrecidas lo más pronto posible. Jamás prometer lo que no puede dar. Es antagónico con la demagogia. Si se hace reiterativo con este accionar, más temprano que tarde perderá toda credibilidad y su liderazgo se desmoronará ineluctablemente. Difícilmente podrá aspirar a reeditar la fábula del “ave fénix”. Pero lo más perjudicial con estos errores o desatinos será que dejará una secuela imborrable de frustración militante en los dirigidos. Superar ésta, es un proceso lento. Salvo los imponderables de rigor siempre expectantes.

“Un día, Júpiter ordenó que todas las bestias de carga se dejaran poner herraduras, y los caballos, los mulos, y  hasta los camellos obedecieron enseguida: solo los asnos se resistieron a cumplir la orden alegando tantas razones y rebuznando tanto tiempo que Júpiter, que era bondadoso, les dijo por fin: Señores asnos, os concedo lo que pedís, no os pondrán herraduras, pero a la primera falta que cometáis recibiréis cien palos”. (Diccionario Filosófico. Voltaire. Del Asno de Oro de Maquiavelo: Reflexiones de un cerdo, refiriéndose al hombre).

Las contradicciones respecto al carácter de los hombres serían más difíciles de conciliar si no supiéramos que los hombres desmienten su propio carácter muchas veces, y que la vida o la muerte de los mejores ciudadanos y la muerte de un país han pendido con inusitada frecuencia de la buena o mala digestión de las órdenes de los líderes; independientemente de que están bien o mal aconsejados; o de que actúen de buena o de mala fe.

Con Voltaire, podríamos coincidir con una de sus célebres frases. La que se refiere a las “posposiciones”. “En muchos casos la posposición es una estrategia no consciente de postergar la ocurrencia de algo indeseable. Ello es particularmente cierto cuando esto último es una consecuencia inevitable en cualquiera de las opciones disponibles. Un ejemplo sería el de una situación en que debemos escoger entre dos o más tratamientos para una enfermedad, todos ellos dolorosos. Posponer la decisión de escoger el tratamiento es como aplicar “descuento”, que hace lucir menor un “costo” (dolor) si ocurre en el futuro... Otro elemento que tiene gran influencia en el individuo, cuando se es forzado a tomar una decisión, es la anticipación de un eventual remordimiento. (Ibidem).
    
Muchos autores insisten en la necesidad de desarrollar una teoría racional del “remordimiento” para explicar decisiones individuales en situaciones de riesgo. Con Confucio podemos aseverar que: “Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa. Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas, entonces no florecen ni el arte ni la moral, entonces no existe la justicia, entonces la nación no sabría cual es la ruta: Sería una nave en llamas y a la deriva. Por eso no se permiten la arbitrariedad con las palabras. Si se trata de gobernar una nación, lo más importante es la precisión del lenguaje”. (Antoni Gutiérrez Rubí. Filosofía de la política. Pag. 16).

     En la hora actual    es factible preguntarse en que estriba la diferencia entre un político y un líder. Sin la necesidad de recurrir a densos análisis filosóficos, ideológicos o de cualesquier otra índole, podríamos concluir en que un líder está consciente de la situación fáctica en que se encuentra el país. Contribuye a forjar un proyecto global de futuro. Lo expone sin ambages. De tal modo que la ciudadanía y la población en general está dispuesta a seguirle en virtud de que detenta credibilidad incuestionable, producto de claridad conceptual y de una ética inexpugnable. ¡Se Identifica con él! Por lo contrario; un político inoculado de politicastrismo militante, resume su actuar cotidiano en obtener la conquista del poder, o de su conservación, como mero y diletante goce sibarítico. Utilizando los novísimos medios emergentes de mercadotécnica.

     Si los verdaderos líderes (o quienes aspiran a serlo) olvidan, no recuerdan, obvian, o no son capaces de rememorar los errores políticos (históricos) cometidos en el tiempo y en el espacio, están propensos a volver a cometerlos. Lo que sería imperdonable y habrá que pasar la factura correspondiente. En la actividad política -como en la vida en general- está prohibido olvidar lo que siempre se deberá recordar.

     Renunciar a lo que no es posible obtener no requiere coraje alguno. Renunciar a lo que es factible constituye un auténtico desafío.

José Rafael Avendaño
@CheyeJR
Cheye36@outlook.com

sábado, 16 de marzo de 2019

ALBERTO JOSE HURTADO B.¿Y LA MOROSIDAD DE LA BANCA VENEZOLANA?


Las instituciones bancarias tienen un papel fundamental en la economía, son responsables de la intermediación de fondos, es decir, captan recursos que luego facilitan a los agentes económicos con necesidad de financiamiento. De esta manera, fungen como canalizadores del ahorro y la inversión en una actividad cuya rentabilidad está condicionada por el nivel de riesgo que son capaces de asumir.

Los bancos enfrentan diferentes tipos de riesgo, entre ellos el riesgo de crédito. La posibilidad de ganar o perder capital como resultado de la actividad crediticia constituye uno de los principales riesgos a los que se enfrentan las instituciones bancarias en la actualidad, y su gestión representa todo un reto para este tipo de organizaciones. Esto debido a que todas las crisis bancarias han tenido como principal característica la presencia de problemas de solvencia. Por ejemplo, en Venezuela la crisis bancaria de mayor impacto fue la de 1994 y provocó grandes desequilibrios en la economía como consecuencia de la elevada insolvencia del sistema. Por lo tanto, resulta relevante para todos los agentes económicos conocer el nivel de morosidad y las variables que lo determinan para tener una idea de la salud del sistema bancario.

La literatura económica reconoce un conjunto de características de la actividad bancaria que influyen en el nivel de morosidad del sistema, entre ellas se suele mencionar el nivel de liquidez, la rentabilidad, la política crediticia, la eficiencia en el manejo del riesgo, entre otras (Ahumada y Budnevich, 2001; Salas y Saurina, 2003). Además de estos elementos, también se reconocen factores macroeconómicos que explican el comportamiento y la tendencia de la morosidad de la banca, entre los cuales se destacan: a) la evolución de la actividad productiva, principalmente porque cuando la economía entra en una fase recesiva, las empresas y los hogares sufren la reducción de sus ingresos; y b) la tasa de desempleo, debido a que sucesivos aumentos en esta tasa ocasiona que las familias reduzcan sus posibilidades de obtener los ingresos necesarios para cubrir sus necesidades, reduciéndose su capacidad para cumplir con las obligaciones crediticias previamente asumidas, incluso si se está recibiendo políticas gubernamentales de subsidios y transferencias.

Para Venezuela, la evidencia empírica demuestra que (Atuve y Hurtado, 2018): 1) existe una relación de largo plazo entre la morosidad de los bancos y las variables liquidez monetaria, inflación, tasa de interés activa, tipo de cambio, rentabilidad de la banca, cartera de créditos y liquidez del sistema bancario; 2) mayores niveles de liquidez, rentabilidad y más altos saldos en la cartera de crédito, disminuyen la morosidad de la banca venezolana; y 3) más inflación, mayores tasas de interés pasiva y altos niveles de liquidez del sistema bancario, generan mayor morosidad. Estos resultados se explican en gran medida por el impacto que tienen los controles vigentes en el sector y en la economía. De igual forma, revelan que el componente sistémico de las variables microeconómicas y macroeconómicas seleccionadas es de enorme importancia para el sistema bancario venezolano.

El reto ahora es reconocer el papel que tienen los bancos en la economía, dado que son actores claves para incentivar el crecimiento y desarrollo. En este sentido, es necesario crear espacios para que el gobierno y los entes privados monitoreen y actúen de acuerdo al comportamiento que vaya teniendo el sistema bancario, principalmente por el desafío que representa la evolución de la cartera de créditos y los resultados que de esta se desprendan.

Alberto Jose Hurtado B
@ajhurtadob

jueves, 24 de enero de 2019

ANDRÉS OPPENHEIMER, LAS PRIORIDADES DE JUAN GUAIDÓ: AYUDA HUMANITARIA Y ELECCIONES ANTICIPADAS


El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, quien fue reconocido el miércoles 23 por el presidente Donald Trump y los principales líderes de la Unión Europea y de América Latina como presidente interino de Venezuela, me dijo en una entrevista a principios de esta semana que sus primeras prioridades después de proclamarse como presidente interino legítimo serían pedir ayuda humanitaria internacional y convocar elecciones anticipadas.

Durante una entrevista telefónica prolongada desde un lugar no revelado el lunes, Guaidó, de 35 años, también dijo que no estaba dedicando mucho tiempo a preocuparse por si sería arrestado por declarar al dictador Nicolás Maduro como “usurpador” de la presidencia, y por juramentarse como presidente legítimo.

“Esos son los riesgos de ser un político hoy en Venezuela, pero el sacrificio de vivir en democracia y en libertad de nuevo bien lo vale”, me dijo Guaidó. “Ahí están Leopoldo López, Fernando Albán, incluso que fue asesinado por este régimen” y varios otros dirigentes políticos encarcelados o exiliados, agregó.

Cuando le pregunté si buscaría refugio en una embajada extranjera en Caracas para dirigir un gobierno alternativo desde allí, respondió: “No, no, en absoluto”.

Los Estados Unidos, Brasil, Argentina, Colombia, Perú y la mayoría de las democracias latinoamericanas y europeas, excepto México, reconocen a la Asamblea Nacional como la única institución democrática que queda en Venezuela. Fue elegida en 2015, la última vez que el país celebraron elecciones medianamente libres, que la oposición ganó por abrumadora mayoría.

En virtud del artículo 233 de la Constitución venezolana, el presidente de la Asamblea Nacional puede ser juramentado como presidente interino con la tarea de convocar elecciones libres cuando la presidencia del país esté vacante.

La Asamblea Nacional declaró vacante la presidencia el 10 de enero, cuando Maduro comenzó un nuevo período de seis años alegando que había ganado las elecciones de mayo de 2018, que fueron condenadas como fraudulentas por las principales democracias del mundo.

En la entrevista, Guaidó dijo que una de sus primeras prioridades sería buscar ayuda humanitaria de países amigos para ayudar a millones de venezolanos “porque hoy muere gente en Venezuela de hambre”.

Aunque eso sería difícil de lograr sin tener las fuerzas armadas de su lado, Gauido —a menos que el régimen de Maduro lo arreste— podría pedir a Estados Unidos y otros países que envíen toneladas de alimentos y medicamentos a las fronteras de Colombia y Brasil. Eso podría poner a Maduro en una posición políticamente incómoda: hasta ahora, Maduro ha rechazado las solicitudes de la oposición de ayuda humanitaria extranjera, alegando que el país no la necesita.

“Aquí lo importante y las medidas urgentes para atender en Venezuela son, primero, asumir esas competencias para atender la emergencia humanitaria que hoy vive Venezuela, reconocida incluso por la ONU”, y que ha generado “la crisis de migrantes más importante en nuestro hemisferio”, agregó.

Andrés Oppenheimer
@oppenheimera.
Miami

miércoles, 16 de enero de 2019

HÉCTOR E. SCHAMIS, GUAIDÓ PRESIDENTE LEGÍTIMO


La transición democrática de Venezuela está en marcha.

Es la hora de la transición democrática en Venezuela. Dos hechos inéditos lo corroboran. Primero, la valiente decisión del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, al asumir sus responsabilidades de acuerdo a la Constitución. Segundo, una cohesión sin precedentes en la comunidad internacional, especialmente en el continente americano. Vayamos por partes.

El jueves 10 terminó el periodo presidencial 2013-2019, produciéndose un vacío de poder y una potencial usurpación de continuar Maduro en el cargo. La Constitución ordena que dicho vacío debe ser ocupado por el presidente de la Asamblea Nacional, haciéndose cargo de manera provisoria de las funciones del ejecutivo hasta tanto un nuevo presidente surja de elecciones libres y justas.

Ese día estuve con Idania Chirinos en su programa La Tarde de NTN24. Día plagado de incertidumbres, dije que Juan Guaidó se encontraba entre la gloria y el olvido. La gloria consistía en obedecer lo que la Constitución le ordenaba, lo cual implicaba riesgos a su seguridad, su integridad física y su libertad. Esto a sabiendas de que la Constitución es la de Chávez, a la medida del régimen.

Lo cual es mejor desde el punto de vista del argumento político, ya que desnuda por completo el carácter autoritario de ese régimen y su deterioro irreversible. Es casi una ley, signo inequívoco de colapso cuando, para continuar en el poder, una dictadura debe violar hasta la propia institucionalidad que diseñó a su antojo.

Para el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, no cumplir con esa Constitución suponía comprar un boleto sin retorno hacia el olvido. Es decir, pasar a ser despreciado y descontado por una sociedad que ha escuchado demasiadas acrobacias discursivas de parte de políticos dispuestos a cohabitar con la dictadura. Y agregué que estaba en él tomar esa decisión, nadie más.

El viernes 11 Juan Guaidó se acercó a la gloria, rápidamente y con convicción. Como reza la comunicación oficial del parlamento, apegándose a los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución, el presidente de la Asamblea Nacional asumió las competencias de la presidencia de la república para convocar a un proceso de elecciones libres que faciliten una transición. La declaración es inequívoca.

Apeló a los militares y a la comunidad internacional, ambos imprescindibles, y aquí le hago una sugerencia: hacerse de la chequera cuanto antes. A propósito, un grupo de tenedores de papeles de deuda venezolana, llamado Venezuelan Creditors Committee, anunció que no negociará con Maduro sino con la Asamblea Nacional por ser el único poder legítimamente constituido. Inmejorable oportunidad.

En otras palabras, un Jefe de Estado o de Gobierno es tal en tanto sea reconocido por el mundo financiero, cuente con la obediencia de las instituciones armadas y sea considerado legítimo por parte del sistema internacional. Por ello es necesario que nombre embajadores rápidamente, aprovechando el apoyo recibido de diversos países de América Latina y Europa.

La comunidad internacional se ha ido cohesionando para desconocer a Maduro y eso ha dado impulso a la decisión de Guaidó. La OEA lo hizo inmediatamente, en la figura de su secretario general. Después, varios países miembros reconocieron la autoridad legitima del presidente interino. Ocurrió en el marco de la reunión que se llevaba a cabo en la OEA y siguió con pronunciamientos desde varias capitales.

Los aliados de Maduro, por su parte, siguen hablando de soberanía y no intervención. Un discurso falaz que ahora también repite López Obrador haciendo referencia a una supuesta tradición mexicana de no intervención. Esa tradición no fue obstáculo para romper relaciones con la España de Franco y el Chile de Pinochet, por citar dos ejemplos, además de otorgar asilo a cantidades de exiliados y a las propias instituciones de la España republicana.

Con dicha doctrina e historia, López Obrador debería hoy ofrecer asilo al Tribunal Supremo de Justicia legítimo de Venezuela. El mundo de la no intervención es tan solo una ficción de cómplices o miopes. Si el mundo funcionara así, el Apartheid continuaría vigente, Milosevic habría muerto en su casa y Videla en el poder. Quienes proclaman semejantes sinsentidos solo protegen la reproducción de la injusticia. El mundo democrático, por el contrario, ha dado un paso firme en apoyo a la transición política que se inicia en Venezuela.

Hector Schamis
@hectorschamis
Washington DC