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sábado, 20 de junio de 2020

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, EL CONFLICTO ENTRE EL MIEDO Y LA OSADÍA

La historia del hombre, se ha paseado por situaciones en las que predominan los conflictos, problemas, o luchas entre actores sociales por intenciones o tentaciones políticas o económicas. Siempre, armados de criterios militares. Pero casi siempre, desprovistos de razones que saben conjugar los dilemas en pugna, con valores que van más allá de la fuerza (de voluntad). La Biblia advierte la significación de tan desequilibrados choques causantes, más de lo imaginado, de guerras que, incluso, marcaron el devenir humano en su beneficio y hasta en su perjuicio. 

Tanto el miedo como la osadía, han generado cuantos problemas pueden suponerse. No porque el miedo detiene y la osadía predispone. O porque una sea más contundente que la otra. Ambos sentimientos revelan por igual, atribulaciones que terminan perfilando el comportamiento humano. Sobre todo, de cara a duras contingencias.   

Pero cabe preguntarse: ¿por qué hablar de un conflicto entre el miedo y la osadía? Es obvio que entre condiciones de vida pueda asentirse la posibilidad de que el miedo desencaje a la osadía. O viceversa. Sucede que el miedo siempre ha visto en la osadía, su más temible contraparte. La osadía actúa en dirección opuesta al miedo. Se comporta divergente o de modo contrario. La osadía, lejos del miedo, funge como actitud de libertad. De la libertad que dirige su ímpetu a confrontar realidades que amenazan sus derechos. 

Por su parte, el miedo se sobrelleva bajo su figura una opresora angustia que conspira contra la intención de superar el trance en cuestión. Tanto así, que permita la derrota de cualquier intención asumida en dirección de superar la eventualidad presente. 

En medio de dicha situación, el hombre se ve atrapado. Entre dos dimensiones que no siempre saben conciliar los elementos  que configuran el problema suscitado. Dos mecanismos mentales que determinan reacciones y actitudes discordantes.  

Es lo que le ocurre a quien se siente sometido por un poder fuera de su alcance. Vale parodiar este problema trayendo a colación a Henri Rene Guy de Maupassant, poeta y periodista francés, por sus cuentos inspirados en el miedo del cual expresa que “es una reminiscencia de un terror vivido en el pasado”. Aunque la literatura venezolana, exhibe un caudal de cuentos también inspirados en el miedo. Aunque muchos, en el coraje u osadía. 

Vale recordar el cuento criollo de Tío Tigre y Tío Conejo. O los que expuso Julio Cortázar cuando escribió algunas relatos sobre animales a modo de pulsar la relación entre la vida y los peligros que en ella se corren por confrontar las circunstancias. Y esto, medido ante las actuales realidades, tiene sentido aplicado a la la crisis del Covid-19. Más, por los problemas ocasionados a sociedades y gobiernos. Sobre todo, a aquellos de inclinación dictatorial toda vez que dictan medidas que sobrepasan las cuotas de tolerancia atentando así libertades y derechos humanos. Es decir, órdenes convertidas en antítesis de la libertad. Particularmente, ante el clima de restricción impuesto por medidas como el cuestionado y exagerado confinamiento. Sin consideración alguna proclive a razonar la natural necesidad de movilización. Habida cuenta de un distanciamiento físico que evite el contagio tal cual se presume que es. 

El cuento de Tío Conejo y Tío Tigre, concuerda con la intención de esta disertación. El problema que se le presenta a Tío Conejo al evitar ser atrapado por Tío Tigre. Apresurado por esconderse, encuentra un ratoncito de quien se hace amigo. Pero la terquedad del ratón animó fuertes discusiones con su compañero de escondite. Tanto se empeñó en salir, hasta que lo hizo. Se armó de la osadía necesaria. El hambre lo acosaba. Tío Conejo, prefirió permanecer escondido. El miedo lo sometió. Cuando decidió salir, asumiendo que Tío Tigre no estaría esperándolo, le fallaron las fuerzas para correr. De manera que optó por regresar al escondrijo. Esto lo debilitó tanto que enfermó. Fue esa la secuela del miedo que tuvo que pagar. Eso lo obligó a guarecerse sin mayor razón, ya pasado algún tiempo oculto. 

El fondo del  problema

Es el mismo problema que viven ahora distintas sociedades a consecuencia del miedo a una gripe. Gripe ésta que según el médico investigador, especialista en Salud Pública, y quien fuera asesor de laboratorios farmacológicos de prestigio internacional (Pfizer, Bayer, Schering Plough) Dr. Stevens Landaeta, explica que el Convid-19 “(…) no es lo letal que dice ser. Sino que complica a quienes sufren alguna insuficiencia de salud o enfermedades de base” Asimismo agrega que “este virus, a temperaturas superiores a los 30 grado C se muere o se inactiva. Por eso las personas con buena inmunidad, superan la enfermedad y quedan protegidos contra esa cepa del CoronaVirus”. Manifiesta que “los antibióticos no actúan contra los virus. Estos son atacados y neutralizados por nuestros interferones, razón por la que debemos mantenernos saludables” 

El Dr. Landaeta es enfático cuando describe que “no debemos bajar la guardia. Pero pasa muchas veces que las medidas adoptadas son más perjudiciales que la misma enfermedad” Es el cuidado a considerar de cara a la incidencia del virus. 

A decir del cuento de Tío Tigre y Tío Conejo, la situación de salud por la que transita el mundo ahora compromete una moraleja en la que el miedo puede afectar tanto como el propio virus. Pues no resulta efectivo implantar un encerramiento que lejos de fungir como medida de garante protección, afecta razones que implican el andamiaje de la economía como mecanismo funcional integral. Así que nada o poco se logra escondiendo toda una población del virus. Posiblemente sean argumentos epidemiológicos. Pero el problema tiene muchas aristas de las cuales apenas una es la epidemiológica. Más, si la situación se revisa desde la perspectiva de la Zoonosis. O de la Psicología Social, la emocionalidad, el emprendimiento, entre otras consideraciones de importancia. 

De seguir por el camino inducido por mezquindades politiqueras o mercantilistas, disfrazadas de argumentos sanitarios, es posible que las sociedades queden sin la fuerza social necesaria para actuar a desdén del miedo. Y a conciencia de la osadía. Las realidades, por adversas que sean, hay que enfrentarlas. Y para eso, es la osadía. Aunque comedida. 

Es la razón bajo la cual debe pulsarse la decisión asumida. Tristemente, sin exacta medida de sus consecuencias de lo que ha implicado el confinamiento, encerrona o “cuarentena”. Aislamiento éste al que ha sido sometida la población con la excusa conocida de evitar la contingencia representada por la realidad padecida. A duras penas soportada. 

El miedo ha primado la decisión de apresar toda una sociedad. Sin atender que existen formas más efectivas que aplican ante riesgosas contingencias como las provocadas por el virus. Los efectos de tan medieval arremetida, al mejor estilo nazi con sus inhumanos “ghetos”, determinará una nueva realidad caracterizada por valores aplastados por el peso de las rudas condiciones impuestas por la encerrona padecida. De modo que en lo sucesivo, el egoísmo, el rechazo, la desconfianza, la incomprensión, la intolerancia, el miedo, la impaciencia, la exclusión, la apatía, el alejamiento, la indolencia y la desigualdad, habrán trastornado relaciones sociales, culturales y de producción, fundamentalmente. 

La posibilidad de la vida en su coexistencia con sentimientos y valores humanos, se reducirá a un carnaval constante en donde difícilmente una vida auténtica podrá triunfar sobre las exigencias de la modernidad en su trascendental papel de unir la humanidad. Es decir, el hecho de haber asumido decisiones que fueron confundidas con medidas de “control social” por mero afán político en su acepción más primitiva, habrá dejado claro que poco o nada se ganó pues siempre estuvo en el fondo una estrategia mal calculada de lo que se subsumió a lo interno. Y que dejó ver el conflicto entre el miedo y la osadía.

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

domingo, 10 de mayo de 2020

RAUL ZAPATA, MIEDO A LA LIBERTAD



Ser libres supone estar dispuestos a diseñar formas que no se están dando en el presente, un atreverse a romper con paradigmas establecidos, actuar en función de un futuro distinto, superior. Buscando responder a los requerimientos, a las solicitudes que el presente plantea.


Es ese posible ejercicio de la libertad, lo que nos hace humano, fue lo que nos permitió salir de las cavernas y construir el mundo que hoy disfrutamos. Atreviéndonos con audacia, a romper con lo establecido, poniéndonos como meta un mundo mejor y accionar para construirlo.

Estamos programados genéticamente como animales, pero no como humanos, con la posibilidad de ser libres, ejerciendo el libre albedrio, eso no está en nuestros genes, está en nuestra parte espiritual, oculto en algún rincón nuestro, pero acceder a esa parte requiere de cierto valor, ir más allá de nuestros instintos animales programados: los mero instinto de supervivencia,
Emanuel Kant, escribió un artículo, titulado “Que es la ilustración”, en el cual afirmaba que el hombre ilustre no era el culto o el inteligente, sino, los capaces de pensar libremente, sin el tutelaje de otro, como personas mayores de edad, sin permitir que el presidente de la republica, el jefe del partido, el pastor de la iglesia o el Papa tutele su pensamiento.

Loa pensadores de la ilustración inglesa pensaba que ser ilustre estaba relacionada con la búsqueda de cada individuo, de poder accionar libremente en función de sus propios intereses, emociones y simpatías, y que la función del Estado consistía en crear espacio para la conciliación y convivencia de intereses variados.

Puestos en piloto automático, tendemos a dejarnos llevar por la inercia, soñar nuevas maneras supone un esfuerzo personal por desprogramarnos, para ser libres, para ejercer la gracia suprema con la cual Dios nos hizo humanos: “El Libre Albedrio” pero el miedo nos contamina, nos paraliza en muchas oportunidades..

Qué, sino eso, explica ese aferrarse a formas que han fracasado, de manera reiterada y contundente en el pasado. Es eso lo que nos impide soñar maneras de vida, formas de organización que de manera reiterada, según todos los indicadores de gestión, garantizan mejor calidad de vida, mejores ingresos, mejores programas sociales y mayor nivel de libertades públicas, menos Estado- El miedo, a abandonar lo conocido nos lleva a rechazar y temer a todo aquel que pretenda sacarnos de nuestra zona de confort.

La historia del hombre no es la historia de la lucha de clase, como piensan los comunistas, sino la lucha por lograr cada vez mayores niveles de libertad, que culminara con un mundo de hombres y mujeres libres y responsables de sí mismos y de sus pares, con Estado que se limitara a conciliar la voz de todos, bajo el solo reino de Dios

Capitalismo y democracia de poderes limitados para Venezuela.

Raul Zapata A.
raulzapataa@hotmail.com
@RaulzapataA

viernes, 27 de marzo de 2020

SIXTO MEDINA: EL MIEDO Y LA AMENAZA GLOBAL

Corren tiempos duros para una humanidad acorralada por el Covid-19. La vida cotidiana desarticulada. Aislamiento, cuarentena, distancia social y esa sensación casi distópica que tenemos al ver las noticias de cada día.

Demasiados muertos. Demasiados infectados. Poblaciones con miedo.“El siglo del miedo”. Así designo Albert Camus al siglo XX. Pero bien valen sus palabras para lo que va del actual. El nuestro sigue siendo un mundo en manos del miedo.

Fue también Albert Camus quien supo brindarnos en su novela La peste, un escenario de conflictos en los que podemos reconocer la atmósfera agobiante de estas horas. 

El asalto imprevisto y devastador que sufre nuestra especie por parte del coronavirus prueba que el miedo no se origina únicamente en los males desencadenados por el hombre. Somos criaturas subordinadas a más leyes que las establecidas por la razón y las pasiones. Estamos expuestos a riesgos y formas de exterminio que no sólo provienen de imposiciones y del desprecio por la convivencia pacífica y los derechos humanos. Unos y otras se derivan también de nuestra fragilidad orgánica. De las enfermedades a las que somos propensos y que se suceden a lo largo de la historia con una misma intención aniquiladora. 

A muchas el ingenio humano ya ha sabido vencerlas tras pagar el alto precio de muertes incontables. A otras, aún no.

Entre ellas está la pandemia actual. Su paso entre nosotros sigue siendo el de los Jinetes del Apocalipsis. ¿Qué la detendrá? ¿Hasta cuándo el miedo tendrá la última palabra?

Todos confiamos en que esto pasará. En algún momento la vida se volverá a normalizar y tendremos que luchar contra los efectos de todo esto. Porque ya nada será igual, ni la economía ni la política ni muchos de nuestros hábitos. Tenemos mucho por hacer. Para enfrentarnos a lo que nos está cayendo encima. Y también para prepararnos para el día después.

La ciencia aún nos ofrece amparo. No sólo estamos ante una peste inédita. Estamos también, y ante todo, frente a una peste que se muestra por el momento invulnerable a una derrota. Ensañada básicamente, con la población de más edad, ataca sin embargo indiscriminadamente. El coronavirus es también infanticida. Enferma indistintamente y mata selectivamente. La aparente precisión del nombre que lo designa, Covid 19, no lo transparenta. Como el virus es invisible a simple vista, el miedo que despierta recae sobre sus posibles portadores. Reales o virtuales, lo somos todos. Y todos hemos pasado a ser sospechosos para todos. 

Los gestos más afables pueden ser los portadores del mal más profundo. Ya nadie puede asegurar que sabe con quién está. Ni siquiera cuando se refiere a sí mismo. Así, el otro, incierto desde siempre, se convierte en una nueva amenaza. Peligrosidad ya no es ideológica ni étnica ni religiosa.

El otro es ahora un organismo peligroso. Su proximidad compromete nuestra subsistencia. El miedo paraliza la relaciones que hasta ayer fueron espontaneas. La vida cotidiana se disuelve en la incertidumbre.

No obstante las circunstancias exigen que actuemos solidariamente. Nada asegura que lo hagamos pero todo lo reclama. La peste no deja margen para más. Es ella o nosotros. 

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto

domingo, 7 de abril de 2019

MARIANELLA SALAZAR, AGUJERO NEGRO


Desde el pasado 7 de marzo, cuando ocurrió el megaapagón en todo el país hasta el día de hoy, cuando continúan los  indeseables cortes diarios que durante horas dejan a los ciudadanos en las tinieblas, a merced del hampa,  totalmente incomunicados, sin el servicio del Metro y con escaso servicio de transporte, paralizados, desabastecidos de agua, con  miedo al vandalismo y a las desproporcionadas acciones represivas desatadas por la FAES y los colectivos violentos, que disparan a mansalva contra manifestantes que protestan por la falta de servicios públicos en zonas populares, no podemos sino concluir que se ha implementado un plan siniestro, probado durante años en Cuba para desgastar física y psicológicamente a la población para someterla.

Se trata de una plan de operaciones psicológicas que desde el punto de vista de inteligencia militar se ha creado para producir desgaste en la población. Una de las recomendaciones que el difunto Hugo Chávez siguió al pie de la letra de su mentor, Fidel Castro, fue  la de mantener al pueblo con miedo y principalmente con hambre, por eso expropió y destruyó el aparato productivo con el fin de alcanzar el control absoluto. Su heredero político, el usurpador Nicolás Maduro, ha tenido que sortear las calamidades provocadas por la crisis eléctrica que se viene arrastrando desde el año 2010, cuando Chávez declaró una emergencia  eléctrica producida por una sequía que hizo descender el agua a niveles críticos en la represa del Guri y aplicó un drástico racionamiento que pudo ocasionar una rebelión popular similar al Caracazo, cosa que no ocurrió gracias a la  inmediata intervención de Fidel Castro, que le envió al padre y cerebro de la Inteligencia cubana, comandante Ramiro Valdés –alias Charquito de Sangre–,  para comandar las acciones si intentaban sacarlo del  poder con la excusa de la crisis de electricidad.

La situación hoy es mucho más grave para la estabilidad del régimen usurpador, el país se le va de las manos y para colmo hay una comunidad internacional que mayoritariamente desconoce su legitimidad y reconoce como presidente interino a Juan Guaidó, por eso tenemos nuevamente la presencia en el país de Ramiro Valdés, convertido en el verdadero jefe de las redes de inteligencia en Venezuela.

La Fuerza Armada ha  venido convalidando la entrega de la soberanía a la dictadura cubana, con el agravante hoy de la inquietante presencia militar rusa. Se calcula que casi 400 rusos pertenecientes a operaciones especiales están en el país. El pasado 23 de marzo arribaron dos aviones militares con 99 hombres a bordo por la rampa 4 del aeropuerto internacional de Maiquetía. A ellos se suman unos 52 hombres que habrían llegado –según fuentes de inteligencia– el miércoles 27 de marzo a bordo de un submarino clase Kilo de la Armada rusa.

El “agujero negro”, conocido así por su habilidad para desaparecer silenciosamente –según Wikipedia–, iba a  atracar en el puerto de Guanta en el estado Anzoátegui, pero  se desvió a última hora hacia la Estación Principal de Guardacosta, Alférez de Fragata Fernando Díaz, en Puerto Ordaz, estado Bolívar, debido a la alerta lanzada por el diputado Andrés Velásquez en su cuenta de Twitter. Otros 230 rusos expertos en artillería antiaérea y toma de instalaciones físicas habrían llegado hace un mes, 100 de ellos distribuidos en la seguridad del usurpador Nicolás Maduro (50) y el resto para la seguridad de Diosdado Cabello y del ministro de Finanzas, Simón Zerpa.

La injerencia rusa es motivo de alarma  y una amenaza para la  paz en la región. El cese de la usurpación depende ahora de las dos grandes potencias. ¡Qué Dios nos agarre confesados!

Marianella Salazar
@aliasmalula

lunes, 18 de marzo de 2019

JOSÉ RAFAEL AVENDAÑO TIMAURY, DECIDOFOBIA


Todos los seres humanos; y hasta las bestias, nos encontramos ante la imperiosa necesidad de tomar decisiones. Desde las más simples hasta las más complejas. Un gato con hambre; si ve a más de un ratón disponible para ingerirlo, habrá de decidirse instintivamente por uno de ellos. Si el roedor, por alguna circunstancia, logra eludir al felino, este podría preguntarse en qué consistió la falla instintiva: ¿Por qué no elegí a otro?

Los humanos  somos más complejos. Estamos dotados de aquello que pomposamente llamamos intelecto. Es decir, ante cualesquier disyuntiva, solemos ponderar diversas opciones para tomar la decisión respectiva.

En política la circunstancia de asumir determinaciones conlleva de manera global una serie aspectos que influyen de manera determinante -no solamente circunscrita en el área política- en el aspecto personalísimo de manera concomitante. Los políticos que en su historial de vida pública (algunos tienen grueso prontuario) cometen más errores, seguramente verán su carrera disminuida de manera ostensible. Pierden algo consustancial para quien aspira dirigir: La credibilidad. También, por supuesto, están sujetos a perder la libertad personal y hasta la vida. Por ello las decisiones políticas a ser asumidas siempre estarán signadas bajo una duda razonable que todos los actores ponderan de alguna manera u otra. No todos están dotados de los atributos inherentes al heroísmo.

Poseer un rasgo de valentía,  per se, no es sinónimo de estar capacitado para asumir posiciones de liderazgo. Ser cobarde es casi tan perjudicial como ser irracional, insensato o atrabiliario. El verdadero líder debe poseer una serie de atributos insoslayables para permitirle actuar de una manera armónica en el quehacer público. No se trata simplemente de emitir órdenes, dadas con mucha energía y con ademanes autoritarios. El exquisito hecho de poder guiar (no como chofer) no significa en modo alguno que se intente arrear. 

Este líder o dirigente debe usar con preferencia su innata habilidad para dirigir y no una autoridad (fortuita o no) para mandar. Siempre que emita una orden susceptible de ser mal interpretada puede estar seguro que será mal interpretada. Debe cumplir las promesas ofrecidas lo más pronto posible. Jamás prometer lo que no puede dar. Es antagónico con la demagogia. Si se hace reiterativo con este accionar, más temprano que tarde perderá toda credibilidad y su liderazgo se desmoronará ineluctablemente. Difícilmente podrá aspirar a reeditar la fábula del “ave fénix”. Pero lo más perjudicial con estos errores o desatinos será que dejará una secuela imborrable de frustración militante en los dirigidos. Superar ésta, es un proceso lento. Salvo los imponderables de rigor siempre expectantes.

“Un día, Júpiter ordenó que todas las bestias de carga se dejaran poner herraduras, y los caballos, los mulos, y  hasta los camellos obedecieron enseguida: solo los asnos se resistieron a cumplir la orden alegando tantas razones y rebuznando tanto tiempo que Júpiter, que era bondadoso, les dijo por fin: Señores asnos, os concedo lo que pedís, no os pondrán herraduras, pero a la primera falta que cometáis recibiréis cien palos”. (Diccionario Filosófico. Voltaire. Del Asno de Oro de Maquiavelo: Reflexiones de un cerdo, refiriéndose al hombre).

Las contradicciones respecto al carácter de los hombres serían más difíciles de conciliar si no supiéramos que los hombres desmienten su propio carácter muchas veces, y que la vida o la muerte de los mejores ciudadanos y la muerte de un país han pendido con inusitada frecuencia de la buena o mala digestión de las órdenes de los líderes; independientemente de que están bien o mal aconsejados; o de que actúen de buena o de mala fe.

Con Voltaire, podríamos coincidir con una de sus célebres frases. La que se refiere a las “posposiciones”. “En muchos casos la posposición es una estrategia no consciente de postergar la ocurrencia de algo indeseable. Ello es particularmente cierto cuando esto último es una consecuencia inevitable en cualquiera de las opciones disponibles. Un ejemplo sería el de una situación en que debemos escoger entre dos o más tratamientos para una enfermedad, todos ellos dolorosos. Posponer la decisión de escoger el tratamiento es como aplicar “descuento”, que hace lucir menor un “costo” (dolor) si ocurre en el futuro... Otro elemento que tiene gran influencia en el individuo, cuando se es forzado a tomar una decisión, es la anticipación de un eventual remordimiento. (Ibidem).
    
Muchos autores insisten en la necesidad de desarrollar una teoría racional del “remordimiento” para explicar decisiones individuales en situaciones de riesgo. Con Confucio podemos aseverar que: “Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa. Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas, entonces no florecen ni el arte ni la moral, entonces no existe la justicia, entonces la nación no sabría cual es la ruta: Sería una nave en llamas y a la deriva. Por eso no se permiten la arbitrariedad con las palabras. Si se trata de gobernar una nación, lo más importante es la precisión del lenguaje”. (Antoni Gutiérrez Rubí. Filosofía de la política. Pag. 16).

     En la hora actual    es factible preguntarse en que estriba la diferencia entre un político y un líder. Sin la necesidad de recurrir a densos análisis filosóficos, ideológicos o de cualesquier otra índole, podríamos concluir en que un líder está consciente de la situación fáctica en que se encuentra el país. Contribuye a forjar un proyecto global de futuro. Lo expone sin ambages. De tal modo que la ciudadanía y la población en general está dispuesta a seguirle en virtud de que detenta credibilidad incuestionable, producto de claridad conceptual y de una ética inexpugnable. ¡Se Identifica con él! Por lo contrario; un político inoculado de politicastrismo militante, resume su actuar cotidiano en obtener la conquista del poder, o de su conservación, como mero y diletante goce sibarítico. Utilizando los novísimos medios emergentes de mercadotécnica.

     Si los verdaderos líderes (o quienes aspiran a serlo) olvidan, no recuerdan, obvian, o no son capaces de rememorar los errores políticos (históricos) cometidos en el tiempo y en el espacio, están propensos a volver a cometerlos. Lo que sería imperdonable y habrá que pasar la factura correspondiente. En la actividad política -como en la vida en general- está prohibido olvidar lo que siempre se deberá recordar.

     Renunciar a lo que no es posible obtener no requiere coraje alguno. Renunciar a lo que es factible constituye un auténtico desafío.

José Rafael Avendaño
@CheyeJR
Cheye36@outlook.com

domingo, 10 de febrero de 2019

RAÚL FUENTES, EL MIEDO CAMBIÓ DE BANDO


 «Hemos escuchado el silbido (de las balas) y seguimos porque no tenemos miedo». Juan Guaidó, presidente (E) de la República de Venezuela.


Abatimiento, resignación, escepticismo, hartazgo, depresión, indiferencia y un largo etcétera de angustias y frustraciones caracterizaban el estado de ánimo de los venezolanos al comenzar este año, ya no tan nuevo, en el cual se ha producido un profundo cambio emocional, a partir del camino trazado por la Asamblea Nacional orientado a poner término a la usurpación, formar un gobierno de transición, encabezado interinamente por su presidente, realizar elecciones libres, y garantizar el acceso y reparto de la muy necesaria y urgida ayuda humanitaria –talón de Aquiles del régimen de facto–, dando inicio a un proceso de participación y movilización popular que tiene en jaque a la administración teóricamente dirigida por el Sr. Maduro y, en la práctica, por un gang narco-militar avasallado a La Habana –«Nicolás Maduro es básicamente un ficha cubana […] básicamente un títere», afirmó Moisés Naím, en recientes declaraciones a El País en ocasión de presentar en el festival Hay su novela Dos espías en Caracas–. El swing cubano no es tontería: el castrismo, biológicamente menguante e ideológicamente mandante en la revolución bolivariana, apuesta por una resistencia armada y feroz, a fin de mantener a su fantoche a buen recaudo y salvaguardar sus intereses económicos y geopolíticos. De allí el rechazo a la asistencia procedente de las democracias occidentales. ¿Ayuda? ¡Bah, tenemos CLAP! La postura no es inédita.

En 1999, cargado de prejuicios antiyanquis y apegado a un guion de película de espionaje suministrado por el G2, el mesmesemo redentor vetó la entrada al país de hombres y equipos enviados por Estados Unidos, a solicitud del ministro de Defensa, general Raúl Salazar, a fin de reparar la vialidad afectada por el deslave de Vargas, tragedia en la que se templó el acero de Juan Guaidó. 20 años más tarde, con similares alegatos, la dictadura castrocomunista, remozada con un muñeco de ventrílocuo manipulado por Raúl Castro, instruye al procónsul de esta tierra de(s) gracia(da) –somos conscientes de la ambivalencia del término: magistrado y primate–, a objeto de desdeñar la emergencia sanitaria y alimentaria. Obedientes, los agitadores del PSUV, acaudillados por el dúo bipolar Nicolás-Diosdado y el padrino Vladimir, inmunes a la repulsa popular e incapaces de superar su anacronismo y aceptar su caducidad, torpedean el arribo de fármacos e insumos médicos y asedian los posibles canales de distribución. La gran pregunta es: ¿impedirán los militares socorrer a una población en terapia intensiva? Si la respuesta es afirmativa, nuestros soldados serían ejecutores materiales de un genocidio premeditado; si, como deseamos, es negativa, las bravatas del dictadorzuelo carecen de fundamento y ponen de relieve un hecho incontrovertible: el miedo cambió de bando.

Sí, el miedo cambió de bando y Maduro está ahora a la defensiva. La frase no es mía, la usurpé –lapsus fugaz de la sinrazón, diría un personaje de la teleserie Better call Saul– de la nota editorial de un diario español, y ello ha sido posible porque los jóvenes protagonistas del episodio en progreso, acaso el último de la historia chavista de Venezuela, saben lo sabido siglos ha por un filósofo estoico, esclavo de un esclavo de Nerón, Epicteto de Frigia: «No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay tener miedo es del propio miedo». El miedo cambió de manos y contra esta irreversible mutación poco o nada puede hacer la matusalena tiranía cubana, pregonera de la solidaridad y hermandad entre los pueblos –¡Proletarios de todos los países, uníos!–; hermandad y solidaridad costosamente retribuidas en sueldos, comisiones y manutención de curanderos y sanadores ejerciendo de matute la medicina, dosificadores de esteroides fungiendo de entrenadores deportivos y un contingente de sapos y soplones cuyo sigiloso fisgoneo explica en gran medida la lealtad a regañadientes de militares honestos al fementido mascarón de proa. El miedo cambió de manos y a ello ha contribuido la magnánima Ley de amnistía aprobada por el legítimo Congreso. No son casuales los pronunciamientos de oficiales de alta graduación. Y juegan con fuego Maduro y su pandilla al poner a prueba la obediencia de la fuerza armada, utilizándola tal muro de contención para cerrarle el paso al auxilio provisto por la comunidad internacional. Así como, uno a uno, 60 o más gobiernos de distinto signo, pero idéntica vocación libertaria, dieron su visto bueno el interinato asumido por el presidente del Parlamento y respaldaron su hoja de ruta y la estrategia para concitar adhesiones entre sus conciudadanos, así mismo pasará del goteo a la cascada el reconocimiento por los encargados constitucionalmente de «garantizar la independencia y soberanía de la nación» de Juan Guaidó como su comandante en jefe.

Tiempo atrás dejamos colar entre nuestras divagaciones una interrogante, formulada para sí por un detective de ficción, en relación con sociedades criminales de corte mafioso –Cosa Nostra, Camorra, ‘Ndrangheta– y la pasividad de la población sujeta a sus extorsiones: «¿Qué droga han administrados al país? ¿Por qué la población se queda sentada como una liebre asustada? La respuesta […] una gran fuerza económica; una sólida red de corrupción, miedo y crueldad […] estos elementos son simples y brutales, pero al combinarlos la máquina es tan intrincada como un reloj suizo». Retomando el símil, digamos que el mecanismo rojo de dominación se desajustó; sus engranajes políticos se mueven sin concierto alguno, las poleas de la economía se trabaron y, lo peor, no hay quien pueda repararlo, pues son desperfectos de fábrica, taras originarias de un obsoleto modo de dominación social destinado al basurero de la historia. No, no tiene compón, sobre todo, porque el miedo cambió de bando. Así de sencillo.

Raúl Fuentes
rfeuentesx@gmail.com
@planterpuncher

sábado, 2 de febrero de 2019

HEISY MEJÍAS, GOBERNAR CON MIEDO


Cuesta pensar sobre la posibilidad de que un sistema de gobierno se sustente en el miedo, pero eventualmente, pasa así. Existen gobiernos que en vez de pretender ser amados, buscan ser temidos y aquí se sigue la máxima maquiavelista "/.../es mucho más seguro ser temido que amado". De ser así, se infiere que aquello que se busca es mantenerse en el poder, aunque ello implique sacar lo más oscuro de nuestros seres. 

Supongo que la voz del miedo, en realidad la llevó alguien que no lo tenía tanto, alguien cuya voluntad de poder era mayor que todas las trabas que se le ponían por delante. "Y si la naturaleza se nos opone, lucharemos contra ella" había citado incontables veces el fallecido Chávez, el hombre que con gran carisma, sembró el miedo ¿Recuerdan cuando informaron sobre su muerte? En algunos lugares de Caracas, el transporte público dejó de trabajar, la gente se fue corriendo a sus casas e incontables establecimientos cerraron sus puertas ¿Qué pasó allí? ¿Qué era lo que se estaba moviendo en ese momento? ¿Cómo fue la campaña de Maduro, no se fundamentó precisamente en perder los "logros de la revolución en manos de la derecha"? 

Seis años más tarde, se arrecia el lenguaje beligerante, se habla de guerras, de una perenne guerra, de los que vienen, de los que van, de la economía, del imperio. Se juega incontables veces con el miedo al hambre; llegará la caja hoy, o mañana, se deposita hoy, si no, no comes, debes sacarte el carnet de la patria, de otra forma no comes. El bloqueo económico impide traer comida, haremos lo posible. Suben los precios, suben el queso, el huevo, la carne, el arroz sigue subiendo y los días siguen siendo largos, mientras en la estratosfera vive el salario digno. 

El miedo a perder la vida ¡No salgas hijo! ¡No vayas a marchar! ¡Cállate, no digas nada, no toques la cacerola! La foto que puso en el estado pidiendo una Venezuela libre sirvió para que lo metieran preso, un militar no puede traicionar a la patria. Cuidado te lleva la recluta ¡Mamá ven a buscarme al liceo, aquí están los militares, se llevaron a Juan y otros de 4to y 5to año! 

El miedo a perder el tiempo ¡Me voy del país! aquí no se puede, tengo 30 y no he hecho nada... no puedo comprar un carro, ni una casa, ¡no puedo ni alimentarme bien! Si esto sigue así, no se qué haré con mis hijos... no puedo. 

Así corre el miedo y se alimenta a sí mismo con más miedo, hasta que la esperanza le toca la puerta y se disemina, voz a voz, venezolano a venezolano, pana a pana ¡Juntos podemos contra esto! ¡Que sean ellos los que tengan miedo! Nosotros seremos libres, eso nos dice la esperanza. Que se escondan, porque así vivirán durante el resto de sus vidas, los que robaron, los que mataron, los cómplices, los malos, vivirán con miedo, porque el pueblo puede que en algún momento olvide, pero la almohada no, y podrán irse, podrán huir, pero no podrán esconderse de su propia maldad. Nosotros seremos libres.

Heisy Mejías
vivzla@gmail.com
@HeisyVisionaria

martes, 8 de enero de 2019

ORLANDO VIERA-BLANCO, EN MIRAFLORES CUNDE EL MIEDO, PERO


No olvidaré el 2018. Fue un año crucial para quienes deseamos la restitución democrática y la libertad de nuestro país. Un año en el que tuvimos la posibilidad real de salir de la era Chávez-Maduro, y se nos deslizó como agua entre las manos. Un año de lecciones creo no aprendidas que nos coloca en un piso arenoso y movedizo para visualizar salidas al menos inminentes.

Masivo divisionismo

No es un tremendismo. La oposición venezolana no recuperará espacios de poder si sigue dividida, diseminada y enfrentada. Uno de los antivalores de la política es la propagación negativa de fuerzas vivas. Y si lo quieren ver desde la toma del poder contra la tiranía, la historia nos dice que solo coronan quienes operan en bloque, organizada y disciplinadamente. Desde el referéndum convocado por la sociedad civil el 16J 2017 comenzó a entretejerse una fractura muy peligrosa en términos operativos. No hablo de una división simplista entorno a lo electoral. Hablo de una fragmentación realmente ideológica, ciudadana y nocivamente cultural: “Ese no es mi p…, tu a mí no me j..., el culpable eres tú”. De ahí al discurso de colaboracionistas y traidores, un suspiro…

Pero la ingratitud ciudadana no es del todo inmerecida para algunos. Tenemos un tipo de oposición personificada por un liderazgo político pragmático, discursivo, desconectado con los ciudadanos que lucharon hasta dejar el pellejo en la calle. Son los pragmáticos que todo lo hablan, lo negocian, lo pactan soterradamente y muy grave: lo sabotean. Para ellos la política es la supervivencia propia. No de sus seguidores, que son muy pocos… Un segundo sector opositor sigue dando la pelea desde diferentes gradas; desde la AN, recorriendo el país, en el exilio, la opinión pública, el lobby internacional, desde una ONG o la ayuda humanitaria. Representa un grueso muy legítimo, pero muy vulnerable de la oposición. Tiene gente que aún confía en sus líderes políticos, pero con sentimientos encontrados que no les apetece seguir en pie. Son los desesperanzados, los desplazados, los idos, los decepcionados. Un tercer segmento es el llamado legalista, normativo, positivista, con una visión pura y dura de la política que no tolera le conjuguen ni por asomo el verbo votar…

Y un cuarto sector. Muy grave: el pueblo llano, indefenso, acéfalo de dirección y liderazgo empático. Aunque un el sector más silencioso es más numeroso. Sus tripas, sus deudos, sus penas y su miseria hacen un ruido ensordecedor que nadie ha sabido transformar en movimiento ciudadano. 20 años más tarde aún la oposición no ha sabido cortejarles, seducirles, persuadirles, atraparles ¿Por qué? Falta de amor, afecto, deferencia, presencia, caricia, mano en el hombro. Los líderes de la oposición se dedicaron a ser presidentes y cabezas de sus partidos en un país que perdió el formato republicano-sic. Y el pueblo lo sabe y lo resiente. Nadie se volcó a ellos… A redimirlos, a ganarlos, ayudarlos desde su tragedia. El liderazgo de oposición -aun recorriendo el país-diseñó una campaña electoral, no una cruzada humanitaria. Sin duda muchos opositores han sudado la gota gorda de pueblo en pueblo, de casa en casa, ¡pero no de corazón en corazón!. Y en esas prédicas voluntaristas el pueblo se cansó, se hartó, se marchó y al decir de Otero Silva, ha muerto…

Maduro y oposición: sin base popular

Los pragmáticos no representan un 5% de la oposición. Otros, los partidistas ex MUD; parlamentarios, exiliados, activistas de DDHH, factores de opinión, gremialistas, curas, encarcelados, no llegan a un 10% de preferencia. Los terceros -para algunos radicales y puristas- prefiero llamarles normativos, [Soy Venezuela, Bloques Constitucionales, Académicos, tecladistas] tampoco pisan un 10%. En otras palabras: la oposición venezolana ha quedado entramada en un 25% de aprobación, registro similar al de Maduro. El rechazo promedio (de todos): 80%. En datos netos más de la mitad de la población venezolana-80% de estrato popular, se encuentra acéfala de liderazgo, preferencia y dirección. Nada nuevo bajo el sol. Regresamos al mismo reparto que se sembró entorno a Chávez desde el RR 15 Agosto/2005… donde un sector popular no migra a la oposición por no encontrar identidad. El éxodo del chavismo-madurismo no lo capitaliza ningún líder de oposición. Gravísimo. ¿Lección no-aprendida? Humildad. Sobran las palabras…

El miedo es libre. Pero peligroso

El régimen no le teme a la oposición. La oposición de la oposición ha resultado más eficiente e hiriente que el G-2 Cubano (buen entrenador). Y ellos ríen y se rascan la barriga. Pero si le temen inmensamente a dos factores: i.- Al pueblo incontenible, al hambre, al caos (que algunos piensan que es inducido y no lo es) y ii.- A la comunidad internacional. Dos actores que deben trabajar con un liderazgo unido que además se acerque mejor a las FFAA.

Entender estos factores y ejecutar la ecuación: pueblo, humildad, unidad, organización, FFAA y comunidad internacional, es ganar, es forzar desenlaces. El temor de Maduro es que la oposición lo vea y lo aplique. ¿Lo hará? No tengo la menor duda que será el propósito y objetivo del 2019. El resto, como el home run, saldrá solo…

Para todos un feliz y próspero 2019 ¡En libertad!

Orlando Viera Blanco
@ovierablanco

jueves, 27 de diciembre de 2018

TRINO MÁRQUEZ, PRESOS POLÍTICOS: LA HIPOCRESÍA COMUNISTA


La farsa comunista siempre queda al descubierto por el miedo de sus dirigentes a perder el poder y por la inagotable capacidad que
poseen sus líderes de reprimir el descontento popular y mantener las cárceles llenas de presos políticos. Los desmanes ocurren a pesar de que su discurso lastimero se funda en subrayar la importancia de la protesta y defender los derechos humanos. Esos ideales los enarbolan cuando están en la oposición. 

Luego que conquistan el poder, se desentienden de ellos. Esta es la historia de los rusos, los cubanos, los nicaragüenses, los pueblos de Europa del Este y de otras zonas del planeta donde los rojos han gobernado. 

En el pasado, varios connotados dirigentes del régimen construyeron su carrera política levantando las banderas de los derechos humanos. José Vicente Rangel, Tarek William Saab y Eleazar Díaz Rangel son algunos de esos nombres. Hoy estos personajes son cómplices de que Venezuela sea el país de América Latina con mayor número de presos políticos, sitial que se disputa con Nicaragua, azotada por la crueldad del binomio Ortega-Murillo. 

De acuerdo con el Foro Penal, 2018 cerrará con 278 presos políticos, entre civiles y  militares, la inmensa mayoría de los cuales no saben ni siquiera de qué se les acusa. No se les han respetado sus derechos procesales, no se les ha asignado un defensor, ni les
nombrado jueces imparciales. 

Emblemático es el caso de Juan Requesens, quien para el momento de su detención era diputado de la Asamblea Nacional. El gobierno, amparado por una decisión de su obediente TSJ, violó su inmunidad parlamentaria. El atropello contra Leopoldo López también resulta ejemplar. La principal acusación contra él consistía en que su discurso en 2014, cuando “La Salida”, había incitado al odio y la violencia. La experta contratada para validar este señalamiento no encontró ninguna prueba en las intervenciones públicas del líder de Voluntad Popular. 

Iván Simonovis lleva más de catorce años detenido sin que el régimen haya podido presentar ninguna prueba que lo incrimine como responsable de los sucesos de abril de 2002. 

Contra los presos políticos el gobierno actúa con maldad, alevosía y nocturnidad. El Foro Penal señala que -además de los dirigentes partidistas, militares, policías, sindicalistas- al menos cincuenta de los detenidos fueron apresados por haber escrito un comentario contra el régimen en tuiter, facebook o instagram. La paranoia lleva a los jerarcas hasta el delirio.

La locura no solo afecta a los venezolanos, también perjudica a los extranjeros. El joven periodista y documentalista alemán, Billy Six, lleva dos meses detenido en el Sebin. Está siendo acusado de espía y de atentar contra la vida del señor Nicolás Maduro porque se
atrevió a tomarle unas fotos al mandatario en un acto público celebrado en el estado Falcón. ¡Pero, bueno!, ¿Maduro no es acaso el Presidente de la República, el hombre más fotografiado de la nación? Por supuesto que un periodista tenía que tratar de tomarle una instantánea. A ese joven, hasta ahora, el gobierno alemán lo ha dejado solo. Su padre es quien ha salido a enfrentar la barbarie tropical a través de mensajes en los que pide la liberación de su hijo. 

La represión, producto del terror y la alucinación persecutoria del jefe del Estado, incluye a venezolanos y extranjeros. Dentro del territorio nacional no hay quien esté seguro. El  propósito consiste en inyectarle el miedo hasta los tuétanos a la gente. Quien proteste,
quien se queje, quien se oponga, podrá sufrir el castigo de los cuerpos policiales y de los tribunales, convertidos en brazo ejecutor del terrorismo de Estado.

La eventual visita al país en las próximas semanas de Michelle Bachelet, alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, será una oportunidad excepcional para que el tema de los presos políticos y, en general, de los derechos humanos, se trate con la amplitud y profundidad necesarias, se desenmascare al gobierno y se le obligue a terminar con el secuestro de los reos detenidos injustamente. En su estadía, la señora Bachelet tendrá que reunirse y analizar el problema con los diputados, familiares de las víctimas, los partidos opositores y las organizaciones no gubernamentales que monitorean la situación de los derechos humanos y los presos políticos. La expresidente de Chile deberá romper con los prejuicios tan arraigados de la izquierda, en la que ella milita, que llevan a aplaudir de forma mecánica todo lo ejecutado por los gobiernos “progresistas” y condenar de antemano la actitud y comportamiento de los gobiernos “derechistas”.

El año 2019 pinta duro y difícil, tanto o más que 2018. De todas maneras les deseo, especialmente a esas víctimas de la intolerancia que son los presos políticos, lo mejor en los tiempos por venir. ¡Feliz Año!

Trino Márquez
@trinomarquezc

domingo, 16 de diciembre de 2018

CARLOS PADILLA, EL PELIGRO Y EL MIEDO


He estado pensando, investigando, leyendo sobre el tema que se enuncia en el título y de ello puedo concluir lo siguiente:

El peligro puede ser real, objetivo, pero el miedo está en el futuro por lo tanto no existe en el presente, es adelantar lo que nos puede pasar ante el peligro por lo que podemos sufrir sus consecuencias dos veces

Del latín periculum, el peligro es un riesgo o la contingencia inminente de que suceda algo malo. Puede tratarse de una amenaza física o de una circunstancia abstracta, que depende de la percepción de cada individuo.

Al reconocer el nivel de un riesgo se puede actuar con valentía o con su contrario la cobardía o con la exageración de la valentía que se le conoce como temeridad.

La temeridad casi siempre está basada en una decisión irracional en la cual actúan sentimientos ajenos a la razón.

Ante cualquier peligro debe actuarse evaluando las realidades y comparándolas con las reales posibilidades de enfrentarlas valerosamente y superarlas. Si las realidades no son evaluadas y se actúa temerariamente la posibilidad de fracaso aumenta y podemos ser vencidos por el peligro detectado, pero no evaluado.

Una actitud temeraria se refiere a las acciones de quienes piensan sin motivo, razón o fundamento. Una persona temeraria es la que se expone a peligros o a situaciones complicadas de forma totalmente imprudente y que lo hace sin tener ningún fundamento o motivo. Una especie de acción con imprudencia. La temeridad implica aumento del riesgo o del peligro.

La palabra miedo proviene del término latino metus, y es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. Es un sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea. El concepto también se utiliza para nombrar al rechazo o aversión que siente un individuo a que le pase algo malo u opuesto a lo que pretende para sí mismo y para sus seres queridos. El miedo resulta desagradable para quien lo padece. Esta emoción, sin embargo, también funciona como un método de supervivencia ya que pone en alerta a las personas y los animales frente a una amenaza.

Es importante destacar que, más allá de su función biológica y psicológica y de su calificación como emoción desagradable para los individuos, el miedo también aparece en el arte como una forma de entretenimiento. Por eso constituye un género literario (como los cuentos o las novelas de miedo) y un género de la industria cinematográfica (el cine calificado como de terror) por sí mismo.

Debemos concluir que al peligro hay que enfrentarlo venciendo al miedo sin caer en la cobardía ni en la temeridad, hay que abordarlo con el valor necesario y nuestras acciones deben estar acordes con las posibilidades de vencerlo. Si no podemos superarlo de inmediato debemos esperar mejores oportunidades en las cuales contemos con los recursos para enfrentarlo con reales posibilidades de éxito.

A quien recomienda acciones temerarias debemos preguntarle si él está dispuesto a realizarlas para eliminar un peligro que se detecta. Usted no puede recomendar acciones que no se sienta en capacidad de acometer por sí mismo.

No tengáis miedo, dijo Jesus de Nazaret a sus discípulos. No hay que tener miedo. Nunca. A nada. Salvo a nuestro propio miedo.

Carlos Padilla
@carpa1301

jueves, 16 de marzo de 2017

PANCHO AGUILARTE, EL MIEDO Y EL LIDERAZGO

EN CONCRETO

Según los entendidos en asuntos religiosos y metafísicos el hombre viene a la tierra con la misión de superar sus miedos. Condición que lo ha llevado desde su asentamiento en el planeta a enfrentar diversas dificultades y a lograr victorias y recompensas que no terminan de asombrarlo en sus luchas por obtener una vida con mayor calidad y placentera. Así hay sucesos que permanentemente maravillan por su grandeza, victorias que dejan anonadado por la desigualdad entre los que se enfrentan y héroes cuyas enseñanzas se convierten en conocimientos obligados en la búsqueda de la libertad y la felicidad.

La grandeza de Aníbal y Alejandro el de Macedonia, de Napoleón y De Bolívar son demostraciones de lo que es capaz el hombre de hacer en pro de la humanidad. Igual a la visión que condujo al leñador de Boston, Abraham Lincoln de unificar al norte y al sur para la grandeza como nación de los estados unidos de Norte América y más recientemente la unificación racial de Suráfrica, hecho inequívocamente de la autoría de ese ejemplo moderno de resistencia y convicción como lo es Nelson Mándela.

Todos ellos entre muchísimos más exponentes de cómo superar el miedo es el requisito indispensable para la liberación y la auto gobernabilidad de la sociedad y de los ciudadanos.

En el caso de la Venezuela actual, que tiene asombrado al mundo por la naturaleza del régimen que nos gobierna. Que ha llevado a niveles de extrema pobreza a uno de los países con mayores riquezas naturales. Que se enorgullece de exhibirse como corrupto, violador de los derechos humanos, cultivador de la muerte y la violencia. Que ha producido el mayor éxodo desde los tiempos de Moisés, es el miedo el principal factor de tranca para la liquidación de este experimento diabólico que amenaza con quedarse para siempre. Ha sido y sigue siendo el miedo el causante de no concluir con éxito las distintas acciones que se han emprendido para deponer al peor gobierno de nuestra historia como nación, incluso antes de serlo, porque hasta cuando era una porción de tierra con tribus y caciques diferenciadas y separadas se tenía mejores posibilidades de garantizarse la vida, la salud y la paz.

Es el miedo individual y colectivo que ha hecho fortalecer al régimen. Miedo a ir preso, miedo a perder la vida, miedo a lo que puedan hacer con los familiares y miedo a perder comodidades y bienes materiales, lo que ha impedido poner punto final a un gobierno deslegitimado ante la opinión pública nacional e internacional. Miedo del liderazgo opositor me refiero porque el común de la gente mayoritariamente ha dado suficientes demostraciones en marchas, concentraciones y eventos electorales de no querer continuar un día más con este sistema de gobierno. 

Es el liderazgo que ha fallado, es el liderazgo el que tiene miedo y es ese liderazgo opositor el que tiene que superar el miedo y con la misma fe que tienen los grandes hombres, los que han hecho la historia de la humanidad salir decididos en nombre de Dios y con la sed de triunfo enfrentar todas las dificultades para dejar atrás todo lo que nos impide acceder a los alimentos, a la vida, a las medicinas, a la libertad, a la seguridad y a la democracia.

Venezuela espera por el lider que la conduzca en estas horas tan oscuras por los senderos del progreso, la paz y la democracia.


Juan R. Aguilarte T.
panchoaguilarte@hotmail.com
@P_aguilarte
Anzoategui - Venezuela

miércoles, 27 de enero de 2016

PEDRO CORZO EN EL PARAÍSO NO HAY ASESINATOS

Las traumáticas experiencias de quienes han vivido bajo un régimen policíaco son imborrables, pero  lo  doloroso de esas vivencias se acentúa cuando la represión se escuda en fundamentalismos religiosos o en propuestas ideológicas que implican que el mal de unos pocos es el beneficio de todos, incluidas las propias víctimas de la represión.

Cada sociedad reprimida sufre su propia escala de terror. Los instrumentos y métodos represivos dependen de las características del régimen, de la personalidad del caudillo que tomas las decisiones, del sistema de ideas y propuestas tras el cual se cobija, de la identidad  del país  y hasta de la educación, formación e instrucción del represor.

Los resultados de las represiones que más impactan son los asesinatos judiciales o extrajudiciales, las encarcelaciones y el destierro. Son sucesos que atemorizan a todas las personas, pero en particular, a quienes reniegan del gobierno.

Sin embargo, la represión más dañina, la que tiene fatales consecuencias a largo plazo, inclusive para las generaciones por venir, no implica muerte ni  prisión, porque se cimienta en difundir en la sociedad la sensación de estar vigilados y la certeza de que el Gran Hermano, el estado, es una entidad omnisciente y omnipresente que en principio considera que cualquier transgresión a las normas impuestas, es un crimen que debe ser severamente castigado.

Paradójicamente ese tipo de poder se esfuerza por presentar una sociedad perfecta en la que no hay asesinatos pasionales ni accidentes de tránsito. Una sociedad en la que la delincuencia no existe y los crímenes aberrantes han desaparecido.

Por ejemplo, en Cuba, se esfumaron de los medios las llamadas paginas rojas y hasta programas radiales o secciones de prensa en los que se exponían graves conflictos familiares. El país gracias al castrismo era un paraíso, donde todos se amaban, nadie mataba ni robaba.

El afán de mostrar una sociedad nueva condujo en Cuba a la persecución y encarcelación de los homosexuales, prostitutas y proxenetas, y a qué durante la llamada ofensiva revolucionaria de 1968, los bares fueran cerrados, porque según Fidel Castro, quienes asistían a esos lugares eran “antisociales y no le interesaban al pueblo trabajador”.

La constante demostración de poder, y la represión de baja o mediana intensidad en la que participan todos los organismos del estado, incluidas las asociaciones colaterales que haya constituido el régimen como parte esencial de sus mecanismos de control, conduce al individuo a la sumisión y a su posterior masificación.

El objetivo fundamental es que la persona haga consciencia que lo que no está expresamente autorizado está prohibido, un concepto que se apropia de los propios funcionarios del régimen, incluidos los que integran los cuerpos de seguridad, que son los que mejor conocen  los extremos a los que son capaces las autoridades para continuar en el poder.

Esta situación hace que la sociedad en su conjunto se sienta reprimida, al punto de que cuando está suficientemente domesticada, es capaz de aceptar responsabilidad de faltas que no ha cometido.

El individuo y la sociedad transformada en masa se quedan sin opciones, el poder determina la conducta de uno y de todos. Se traiciona por inseguridad, por temor a lo que pueda ocurrir.

El miedo se difunde, la incertidumbre hace presa de todos,  y el sujeto atemorizado criminaliza sus pensamientos y el de los otros, si considera que pueden afectar su seguridad. El miedo, que es proporcional a la riqueza de  imaginación de cada sujeto, conduce a la inacción, la delación y al servilismo, y a concluir que lo importante es sobrevivir, sin que importen las concesiones y complicidades.

Esa represión en términos absolutos logra la degradación del individuo y el envilecimiento de la sociedad, lo que hace que los valores y principios  que caracterizaron el país en cuestión, sean muy difíciles de restablecer cuando las condiciones sean propicias.

Por otra parte las experiencias han demostrado que el enriquecimiento económico de una persona y el desarrollo de un país demandan grandes esfuerzos, talento y voluntad, sin embargo se ha podido apreciar que para empobrecer a las personas o países solo se requiere el atrevimiento de hacerlo.

Es improbable cuantificar los daños morales y espirituales que padecen los que han vivido bajo un régimen dictatorial sustentado en una ideología o religión, tampoco los sacrificios que el individuo y la sociedad deberán realizar para recuperarse de vivencias dolorosas que dejan huellas imborrables.

Pero aún más quimérico es buscar y responsabilizar a los que deben pagar por los sueños y las vidas rotas de quienes han sufrido el poder de los iluminados, de hombres miserables que se creyeron dioses en capacidad de cambiar la condición humana.

Pedro Corzo
pedroc1943@msn.com
@PedroCorzo43

Estados Unidos