jueves, 7 de abril de 2016

FERNANDO MIRES - LOS PAPELES DE PANAMÁ

Tranquilo; no me voy a subir arriba de ningún podio para condenar moralmente a alguien. No seguiré la ruta de quienes -tal vez porque no han tenido la oportunidad de convertirse en delincuentes- acusan con furia a Almodóvar, Macri, Messi, Platini, Putin (a este último habría que condenarlo por cosas mucho peores) y a tantos otros descubiertos a través de esa proeza del periodismo que llevó a desclasificar los papeles de Panamá.

Tampoco, Dios me libre, voy a tratar de justificar a nadie. Mi profesión no es ser juez y solo haré aquí lo de siempre: ejercitar el pensamiento alrededor de cosas que aparecen sobre la superficie de este mundo (dicho en términos más profesionales, ese es el quid de la razón fenomenológica)
¿Qué es lo que más llama la atención en el caso de los papeles de Panamá?
Aparte de la enorme cantidad de involucrados y de la notoriedad publica de muchos de ellos, es evidente que se trata de personas que tienen mucho dinero. Motivo que me llevó a escribir un tuiter del que luego me arrepentí y por lo mismo borré. El tuiter era una pregunta y decía: “¿es que esa gente no tiene suficiente dinero para vivir?”
Era ese el tuiter de un normal ciudadano indignado. Pero no apuntaba hacia ningún lado. El tuiter correcto debería haber sido otra pregunta: ¿Qué es lo que lleva a personas que tienen tanto dinero a evadir impuestos ocultando ganancias no siempre mal habidas? Frase que al superar los 140 caracteres ya no era “tuiteable”. Esa es la razón por la cual estoy sentado aquí escribiendo un artículo de opinión. Y mi premisa dice: esas personas no han delinquido por necesidad.
Esas personas han delinquido porque no quieren perder (en impuestos) “algo” de su dinero. Luego, son personas que tienen miedo a perder dinero. Un miedo lógico desde un punto de vista económico formal pero no desde un punto de vista existencial ya que lo que sobra a esas personas es justamente dinero.
Resistiré la tentación de despachar el problema de un modo fácil. No diré que esas personas al actuar de modo ilógico sufren una anomalía. Tampoco comparto la tesis que hace ya más de medio siglo popularizó Erich Fromm (“Del Tener al Ser”) quien siguiendo las lecciones de el Karl Marx de los “Grundrisse” diagnosticó que el malestar de nuestro tiempo deriva de la sustitución del ser por el tener, hecho que lleva a la enajenación del individuo con respecto a la realidad. El error de Fromm a mi juicio fue que, al igual que Marx (y por lo mismo, Hegel), partía de un concepto formal de realidad.
Tuvo que aparecer Lacan para decirnos que lo real no es lo que concebimos como real sino lo que no podemos alcanzar desde la perspectiva de esto que llamamos realidad: lo indecible, lo que aparece ante nuestros ojos como siniestro (Freud) pues bordea el precipicio de la nada.
¿Y qué tiene que ver lo dicho con las cuentas de Panamá? Mucho, si recordamos que hace un minuto dijimos que lo que tienen en común todas las personas con cuentas en Panamá, además de mucho dinero, es su miedo a perderlo. Por eso delinquieron. Es decir, esas personas tienen miedo, y ese miedo no es solo propio a esas personas sino -esta es mi más profunda convicción- a la condición humana.
El ser humano, desde que sabe que es, vive con el miedo a no ser, miedo que lo lleva a sustituir la tenencia del miedo por la tenencia de un objeto sos-tenedor. Es el miedo a volver al vacío de donde venimos, miedo que se manifiesta como miedo a la muerte o miedo a perder la vida. Pero es mucho más profundo, pues se trata de un miedo que está más allá de la propia muerte: es el miedo a la nada, o miedo a ser nada, o para decirlo en términos costumbristas: un miedo a ser un don nadie. Esa es la razón por la cual no podemos soportar la pérdida de los objetos a los cuales hemos ligado nuestro ser, en este caso, el dinero. Pero no es solo el dinero. Puede ser otra tenencia. Puede ser incluso otra persona. Puede ser también un amor.
No hay contradicción querido Erich Fromm entre ser y tener. El ser es deseo de ser y el deseo pertenece al “registro del tener” (Lacan). El ser debe ser sos-tenido para que no caiga en el vacío de su no-ser. El problema entonces no es que el ser se manifieste en el tener sino en cuál es el objeto que hemos elegido tener para man-tener al ser. Me refiero a ese objeto que no queremos ni podemos perder. En el caso de los ahorristas de Panamá, ese objeto es el dinero.
Hay personas, en cambio, a las cuales no les ha sido concedido el privilegio, no del dinero, sino de tener un objeto que los man-tenga. Son quienes viven aterrados al borde del abismo, los que están a punto de caer en el vacío, los acosados por el miedo a la nada, los que solo encuentran, al final, una “enfermedad” la que al “tenerla” termina protegiéndolos de no ser nada. El paciente que se declara enfermo ha comenzado a sanar, dijo una vez Freud.
El hecho es que, cuando hemos encontrado a ese objeto que nos sujeta, es decir, a ese objeto que nos convierte en sujeto, no solo no queremos perderlo, sino además, nos convertimos en sus objetos, o como se dice en lenguaje corriente, en adictos del objeto. La analogía con el droga-adicto salta a la vista. Efectivamente; cualquier objeto puede ser convertido en droga. La droga-objeto nos hace suyo, nos domina, nos controla, no podemos vivir sin ella.
El dinero, y en ese punto sí tenía razón Marx, es un objeto que al contarlo nos permite mantener la ilusión de medir nuestro valor de ser. El dinero, decía Marx, no es un valor, pero en un mundo de representaciones, es la representación del valor (de la mercancía). El dinero es para mucho la representación de lo que valemos, es decir, de “cuanto” somos.
El Tío Rico McPato lo sabía tan bien como Marx. El dinero para la genial criatura de Walt Disney, al igual que para los ahorristas de Panamá, ha perdido su rol de mediación entre diversas mercancías (incluyendo nuestra capacidad de trabajo) y se ha convertido en una mercancía en sí; algo que no puede ser “gastado” porque si se gasta se pierde. Desde esa perspectiva McPato no es un ser anómalo. En estricto sentido, es un pato-lógico.
Tío McPato vive colgado de su dinero, el drogadicto de su droga, el enamorado de su amor. ¿Absurdo? Tan absurdo como el conocidísimo chiste del loco que pintaba el techo a quien a un trabajador pidió prestada la brocha. El loco contestó: “¿Estás loco? ¿Y con qué me voy a sostener?”. Ese loco “colgado de la brocha” estaba en cierto sentido menos loco que otros locos. Al menos no ocultó, como hicieron los ahorristas de Panamá, al objeto con el que (imagina) ser sos-tenido en este mundo.
El problema es, en consecuencia, que el objeto que estamos buscando no es el objeto del cual deberemos sostenernos. No hay, en efecto, ninguno objeto en este mundo que permita llenar el vacío de ser del cual la condición humana es su trágica portadora. Solo así nos explicamos por qué quienes tienen mucho dinero siempre quieren tener más. Lo mismo ocurre con la droga, con los alimentos, con las posesión de mujeres u hombres, con el poder.
El deseo de tener, como si fuera una bolsa plástica, se ensancha mientras más con-tiene. Hasta que la bolsa revienta por algún lado: en la cárcel, en la psiquiatría, en el cuerpo que se asestó el toque final, en la desclasificación de una lista oculta en un país tropical. Como sea, el objeto del deseo está destinado a no ser hallado. Siempre será una sustitución del verdadero objeto. ¿Y dónde está el verdadero objeto? Nadie lo sabe. Lo único que sospechamos algunos es que ese objeto no pertenece al reino de este mundo.
Mantener en alguna parte oculta el codiciado objeto del deseo proporciona al menos una cierta seguridad. Ficticia, ilusoria, pero necesaria para el deseante.
Fue Harry Hole, el carismático comisario inventado por el quizás mejor escritor de novelas policiales de nuestro tiempo, el noruego Jo Nesbø, quien mejor que muchos analistas logró captar la sicología del ser deseante.
En la novela “El Fantasma”, Harry Hole llega a una conclusión. Siempre el drogadicto guarda en algún lugar seguro y muy oculto una porción de su droga la que aún en los momentos de mayor necesidad se abstiene de consumir. Ese secreto no será compartido con nadie. Es en cierto modo su seguro de vida (o de muerte). Ese secreto es su Banco de Panamá.
Por supuesto, este texto es solo una línea de interpretación en el entramado de líneas que conducen a Panamá. No he escrito por ejemplo sobre otra línea, una que lleva al deseo de trasgresión, de saltar sobre la ley y el orden y engañar incluso al Estado del cual algunos ahorristas forman parte. Las prohibiciones que debemos acatar en el curso de nuestras vidas son tantas y a veces tan duras que terminan originando el deseo de transgredirlas. Todos sabemos, desde niños, el influjo casi erótico que ejerce en nosotros la prohibición, hecho que pagamos con culpas, la mayor de las veces, imaginarias.
Los papeles de Panamá han certificado una vez más la infinita magnitud de la pobreza humana. No me refiero a la pobreza material ni menos a la moral. Me refiero a la pobreza de espíritu de la cual, de una manera u otra, todos somos portadores. Esa pobreza es, sin embargo, nuestra única riqueza. Pues si fuéramos ricos de espíritu no necesitaríamos de más espíritu. ¿Dónde reside ese espíritu? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Nuestra tarea entonces es buscarlo, aunque en el fondo sepamos que nunca lo vamos a encontrar.
En todo caso ya tenemos un indicio: ese espíritu no está en Panamá.

Fernando Mires
mires.fernando5@gmail.com
@FernandoMiresOl
@FernandoMires1
Alemania

ALFREDO M. CEPERO, ENTRE LA LIBERTAD Y LA DESESPERACIÓN

Nota del autor: La semana pasada mi amigo Armando Laviña, un cubano de los que ya no abundan, me llamó la atención sobre este artículo que publiqué en esta revista el 17 de abril de 2009. Por su valor como predicción de lo que ha ocurrido en los últimos días lo incluyo en la edición de esta semana.

“Es más difícil sacar a un pueblo de la servidumbre que subyugar a uno libre.” Montesquieu.

Nadie que se respete y quiera ser respetado afirmaría que el pueblo de Cuba no ha pagado una gigantesca cuota de sangre, miseria y lágrimas en esta lucha de cincuenta años contra una tiranía cuya ferocidad, ineptitud y rapacidad no tiene antecedentes en nuestra historia. Pero la batalla ha sido tan prolongada que la mayoría de sus combatientes originales ha fallecido, otros sufren los embates de la ancianidad y otros han abandonado la lucha por decepción o cansancio.

A todo ello debemos agregar la demencial desesperación en que languidecen los cubanos que tienen la desgracia de levantarse todos los días en ese manicomio que se llama Cuba. Un verdadero infierno en la Tierra donde el control de sus vidas esta en manos de una banda de forajidos y matarifes que dicen gobernar a nombre de un pueblo al que jamás le han pedido su opinión en unas elecciones democráticas. En ese terreno maldito no pueden crecer las flores de la libertad sino la mala hierba de la servidumbre.

Ese es el pueblo cubano que, dentro y fuera de la Isla, recibió hace unos días la noticia de que el recién estrenado presidente norteamericano, Barack Obama, eliminaría restricciones relativas a las visitas y remesas de cubanos residentes en los Estados Unidos a sus familiares que viven en Cuba. Los estrechos lazos familiares que por años se han manifestados en multimillonarias remesas desde el exterior hacia la Isla provocaron un huracán de pasiones en la ya dividida oposición al régimen comunista tanto dentro como fuera de Cuba.

En la patria aguijoneada por el hambre, la miseria y la desesperación la mayoría de los opositores cubanos ha recibido la noticia con júbilo y esperanza. Una minoría ha contemplado el acontecimiento con cierto recelo y considerable desconfianza. Estos son aquellos que se oponen a cualquier levantamiento del embargo que pudiera dar oxígeno a los tiranos. De todas maneras, no se nos escapa la ironía de que el pueblo cubano tenga más confianza en que el hasta ahora odiado imperialismo norteamericano pueda mitigar sus vicisitudes mejor que la gloriosa revolución de 1959 devenida en esta anquilosada tiranía del 2009. Tampoco puede pasar desapercibido el hecho de que sea precisamente un negro norteamericano quién muestre compasión por un pueblo donde dos tiranuelos pichones de gallego han reducido a los negros a ciudadanos de quinta clase y los han metido en la cárcel en cantidades industriales.

En el exterior se ha producido una situación similar, matizada muchas veces por la fecha de llegada al exilio de los cubanos residentes en Estados Unidos. Quienes llegaron en los últimos veinte años han recibido la noticia con un júbilo desbordado y rayano en el paroxismo. Se aprestan a viajar con frecuencia a la Isla, prolongan sus horas de trabajo y hasta se privan de placeres personales para acumular recursos con los cuales financiar remesas y viajes. Y todo eso es digno de elogio porque responde a profundos sentimientos de compasión y solidaridad con quienes sufren los desmanes del régimen comunista. En su ecuación no entra la consideración de que estas medidas puedan devenir en futuras concesiones a la tiranía. Por desgracia, tanto entre quienes residen en Cuba como entre estos recién llegados, muchos se han acostumbrado a que el gobierno les proporcione la solución a sus problemas cotidianos aun al precio de renunciar a su dignidad de hombres libres.

Quienes llegamos en los primeros veinte años del terremoto comunista vemos con satisfacción que nuestros hermanos de Cuba reciban aunque sea un alivio parcial a sus numerosas necesidades materiales. Pero nos preocupa considerablemente que estas medidas recientes de Washington puedan conducir a un levantamiento del embargo o a una apertura indiscriminada del turismo norteamericano a la Isla. Tanto para nosotros como para esa minoría de quienes, aún residiendo en Cuba, tienen el coraje de demandar libertad antes que pan, ninguna medida que prolongue la vida de la tiranía y el sufrimiento de nuestro pueblo es aceptable. Y eso es precisamente lo que harían el levantamiento del embargo y los dólares del turismo norteamericano.

Después de cincuenta años de deambular por este desierto de desolación y desesperanza el pueblo cubano no necesita paliativos a su miseria económica. Lo que necesita y demanda con urgencia el pueblo de Cuba es libertad, democracia y libre empresa en mayor cuantía para dar rienda suelta a la creatividad y al espíritu emprendedor de nuestros hombres y mujeres. Todo ello, para crear ciudadanos conscientes de que son ellos los dueños de sus propios destinos y de que el estado está al servicio de los ciudadanos y no viceversa. Sería una verdadera tragedia que por la improvisación o la premura echáramos por la borda el trabajo de tantos años, las lágrimas de tantas madres y la sangre de tantos muertos. Todos esos esfuerzos y sacrificios no pueden terminar en la prolongación de esta servidumbre ni en la creación de una nueva, una vez derrocada la tiranía, sino en la fundación de una república democrática de hombres y mujeres libres.

Alfredo Cepero
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
Director de www.lanuevanacion.com
Estados Unidos

GUSTAVO PARDO, ¿UNA VIA AMERICANA PARA CUBA?

Indudablemente, que proponer una vía americana para Cuba, puede verse como algo absolutamente alejado de la realidad que marcan los nuevos tiempos que vivimos a partir del 17 de diciembre de 2015. Ello es confirmado por los recientes pronunciamientos efectuados por el presidente Obama en la Isla.

Creo que es conveniente aludir a dos de dichos enunciados:

“He dejado claro que Estados Unidos no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba”.

“Lo que cambie dependerá del pueblo cubano”[i].

Por otra parte, recordemos que en el artículo anterior nos referíamos a la “necesidad de brindar a los cubanos de la calle la posibilidad de convertirse en auto gestores o empresarios realmente independientes, capaces de trascender los puestos de café, refrescos sintéticos, croquetas y pan con tortilla en cadenas de negocios altamente productivos”[ii].

Además, en el mismo artículo, reconocíamos las dificultades reales que dicho propósito enfrente, en un país “absolutamente controlado por la dinastía Castro”. Absolutamente cierto.

Es decir, como hemos visto, tenemos dos contundentes realidades que se oponen a la aplicación de una vía política americana para efectuar los cambios democráticos en Cuba: la política de la Casa Blanca hacia Cuba y las características tiranico-totolitarias de la dinastía Castrista.

Entonces, ¿Cómo empoderar a un pueblo desposeído de todos sus derechos con una vía americana?

Sin desconocer los innumerables obstáculos que se oponen a introducir en la Isla un mercado menos controlado por las diabólicas estructuras político-económicas en establecidas en Cuba, me parece factible que ello pueda ocurrir.

¿Cómo burlar el cúmulo de leyes, decretos y disposiciones de todo tipo establecidas por el régimen para conservar su control absoluto sobre todo cuanto acontece o puede ocurrir en Cuba? Con la misma creatividad y pragmatismo con la cual se han creado distintos software, para facilitar a los cubanos acceso al Internet; el último de ellos: Apretaste.

En este sentido, es necesario reconocer la creatividad comercial existente en este país, conocida como Marketing, que no busca otra cosa que tender puentes asequibles para la comunicación entre el productor, el comerciante y el consumidor. Uno de estos medios, aunque no el único, lo constituye las diversas estructuras comerciales de venta al por menor, de forma individual, constituidas de forma “piramidal”, tanto en EEUU, como en otros muchos países del Orbe. Algunos de estos sistemas empresariales son: AMWAY, B.ALIVE y MEDI-KAI.

Cada uno de ellos tiene sus propios productos y peculiaridades, no obstante, todos confluyen en proporcionar a sus participantes un la oportunidad de establecer su propio negocio con una inversión inicial razonable[iii].

En el caso específico que conozco (AMWAY), además de proporcionar a sus miembros los productos[iv],  facilita a los mismos amplios cursos y seminarios de marketing, asistencia al cliente y capacitación general.

Amway opera en más de 100 países y territorios en Asia, África, Australia, Europa y América. Además, cuenta con más de 3 millones de Empresarios en todo el mundo[v].

Pero bien, ¿Cómo podría introducirse éste y otros medios comerciales del mismo tipo en Cuba? Aquí comienza el trabajo de la creatividad.

Con una inversión inicial de unos $182.00 USD, cualquier cubano de “a pie” (que cuente con dicho peculio) podría iniciar los primeros pasos como empresario/emprendedor de AMWAY. Naturalmente, tendría que solicitar la licencia como vendedor ambulante al gobierno cubano y subsiguientemente pagar su costo. Hasta ahí, todo bien. Creo que hasta los familiares de menos recursos le pueden enviar uno $500.00 USD a un familiar para comenzar este tipo el negocio.

Por otra parte, para producir los productos naturales que la empresa utiliza en la confección de sus productos, se requiere de pequeñas fincas en las cuales cosechar dichos productos orgánicos. Eso, tampoco represente problema alguno. En la Isla existen numerosos campesinos a los cuales les sería altamente rentable involucrase en ese negocio.

Otro aspecto imprescindible para convertirse en un empresario exitoso, lo es la disposición, el liderazgo de comunicación para la promoción y venta de los productos y la composición de su propio eslabón o célula dentro de la cadena piramidal, No considero que ello constituya un problema para la idiosincrasia del cubano.

Entonces, ¿Dónde comienzan los obstáculos? Precisamente, con los dueños de la Castro-finca”

AMWAY, y las restantes compañías de este tipo, requieren hallarse establecidas o constituirse en un país. ¿Sería autorizada su entrada al mercado cubano por la familia Castro?

En la actualidad, las fincas agropecuarias deben producir según las necesidades establecidas por los organismos del gobierno.

La transportación de los productos de todo género se encuentra sometida riguroso control.

¿Cómo limitarían las ganancias de estos empresarios las leyes dirigidas al control de las ganancias obtenidas por los cuentapropistas?

Indudablemente que serán grandes y muy fuertes los obstáculos a enfrentarse en el propósito de empoderar al ciudadano común, no obstante, creo necesario probar todas y cada una de las formas y maneras posibles para impedir que el cubano residente en Cuba caiga en la condición de semi-esclavitud laboral que pretenden imponerle la inmoral asociación Castro-Capitalista.

[i] https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2016/03/22/discurso-del-presidente-obama-al-pueblo-cubano

[ii] http://masonerialibertaria.com/2016/04/03/una-ruta-viable-para-cuba/

[iii] Mucho menor que la requerida para establecer un puesto de venta de alimentos ligeros, una peluquería o un taller de reparaciones.

[iv] Aproximadamente unos 450 productos exclusivos


Gustavo Pardo
masonhabana78@yahoo.es
@GustavoPardo18

Estados Unidos

NESTOR SOLANO, SANTOS Y MADURO CAMPEONES MUNDIALES DEL TRUCO Y LA MENTIRA

Venezuela marcha a la deriva, empujada por una crisis económica sin precedentes, acompañada de una inclemente inseguridad, elevadísimos índices de desempleo y una escasez de los principales productos de la dieta diaria, solo con poner el pie en un supermercado o en una bodega es suficiente para comprobar este drama, mientras tanto Maduro despotrica como un alucinado contra la M.U.D, contra toda la oposición democrática y contra quienes no piensen como él, le echa la culpa al imperio y al Dr. Uribe de los males que vive Venezuela, pero ya nadie le cree las mentiras que dice, porque todos lo conocen como un maestro de la calumnia y el fraude, que se unió a Santos cerrando la frontera al comercio y al tránsito legal, para abrirle las trochas al contrabando y a la ilegalidad.

Santos no se queda atrás, ya es reconocido como el más grande demagogo de la historia de Colombia, presenta toneladas de inconmensurables falsedades, su gestión es una farsa y sus discursos son muy refinados en el arte del embeleco, su promesa electoral de hace 6 años no se ha cumplido, se maneja en un submundo de segundas intenciones, de agendas personales por encima de las colectivas, tiene un discurso para lo público y otro para lo privado, pone a sus lacayos de la fiscalía a formular denuncias  con especial maestría y sin pruebas, contra la familia del presidente Uribe y contra el Dr. Zuluaga y dirigentes del Centro Democrático, mientras en Venezuela su amigo y aliado: Nicolás Maduro, mantiene presos a líderes opositores.

Maduro instaló la mentira como política de Estado, con falsedades mete presos a sus oponentes, muestra cifras engañosas, cantidades de obras inexistentes, acusaciones artificiales contra los adversarios y críticos del régimen, centenares de estudiantes son maltratados y torturados, a los opositores les hacen procesos judiciales de corte político, los órganos de justicia están a la orden del ejecutivo y del partido de gobierno, no hay manera de que se abran procesos judiciales objetivos, todo lo contrario la responsabilidad de todos sus atropellos y desmanes se le asignan  es a los contendientes de su gobierno, se opone a la amnistía para los presos políticos de Venezuela y se reúne con Santos para librar del castigo a los criminales y narco-terroristas del E.L.N. y de las Farc. para quienes los dos mandatarios solicitan el perdón de los Colombianos.

El pueblo Colombiano conoce que Santos utiliza la calumnia, las acusaciones sin pruebas, la deformación de los hechos y la mentira, como arma para atacar al Dr. Álvaro Uribe y su familia, abusa con sus políticas de persecución y causa grave daño a honorables ciudadanos. Santos y Maduro son el resultado del fraude y la mentira y no podrán por mucha publicidad, mermelada y ofertas engañosas, superar y solventar el problema del desempleo, desabastecimiento, corrupción e inseguridad, que amenaza las dos naciones hermanas y son el producto de graves conflictos económicos bastante peligrosos, causados por estos nuevos aliados campeones mundiales del fraude, del disimulo y la mentira, quienes olvidaron el proverbio judío que dice: "Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver". 

Nestor Solano
solano.nestorep@gmail.com
@SolanoNestorep
Tachira - Venezuela                             

NÉSTOR ABAD SÁNCHEZ, BOLÍVAR NO NECESITA UN NUEVO ROSTRO, MENOS UN MAUSOLEO

“¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. Así selló su viaje a la eternidad el Padre Libertador en su Última Proclama, fechada en la Hacienda de San Pedro, en Santa Marta, Colombia, a 10 de diciembre de 1830; documento fundamental de su legado, signado por la humildad, interés por el bien común, desapego por lo material, disposición al perdón y profundo amor a la patria, ya que aun sabiendo que su fin estaba cerca, sus votos postreros fueron “...por la felicidad de la patria”, aunque para ello era imprescindible tanto ayer como hoy que: “cesen los partidos”. Por lo tanto, a 185 años de su muerte su alma no descansa en paz. El viernes 17 de diciembre de 1830, a la una y siete minutos de la tarde, Bolívar nace a la eternidad, ocupa desde entonces un lugar señero entre los inmortales.

Ya sus fuerzas corporales no le daban para más, había entregado el mando el 20 de enero de 1830, consiente que: “…la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás”. Quienes antes lo aplaudieron y siguieron todos sus proyectos, son los mismos perseguidores que lo condujeron a las puertas del sepulcro.
Traicionado, humillado y vejado, el sábado 8 de mayo de 1830, sin poderse despedir del Mariscal Sucre, la última visita que recibió fue la de Manuelita Sáenz vestida de jineta; emprende desde Bogotá el viaje sin retorno, sin un destino seguro. “Vámonos”  le dice a su criado José Palacios: “Vámonos, que en esta tierra nadie nos quiere”.  Había sido desterrado de su patria, a la cual le sirvió durante veinte años como soldado y magistrado. Páez por un lado y Santander por el otro, se empeñaban en arrancarlo del corazón de los colombianos y para ello inventaron las consejas más atroces con tal de hollar su reputación y su amor a la libertad. A pesar, como el mismo Bolívar afirmó que su: “…único anhelo ha sido el de contribuir á vuestra libertad y á la conservación de vuestro reposo: si por eso he sido culpable, merezco más que otro vuestra indignación” al tiempo que alertaba: “No escuchéis, os ruego, la vil calumnia y la torpe codicia, que por todas partes agitan la discordia. ¿Os dejaréis deslumbrar por las imposturas de mis detractores? ¡Vosotros no sois insensatos!” Así con un pueblo dividido, unos azuzados por sus autoridades le gritaban: “Longanizo” y le arrojaban bosta de vaca y otros agradecidos le rendía honores,  así fue el camino que le tocó transitar hasta San Pedro Alejandrino.
Su muerte desato mayores pasiones, hasta el punto y esto es un dato desconocido por muchos, que Judas Tadeo Piñango, siendo gobernador de Mérida le puso precio a la cabeza de Bolívar y quiso fusilar a Sucre cuando en comisión se trasladó a Cúcuta, en 1830. Además Judas Tadeo Piñango decretó día de júbilo y fiestas en todo el territorio del Estado Mérida, cuando en enero de 1831 se supo la muerte del Libertador.
Ante todo esto, ustedes se preguntaran: ¿Por qué la figura de Bolívar no desapareció del ideario venezolano? Muy sencillo de explicar y difícil de entender, el mismo Páez una vez legalmente en el poder se dio cuenta que era necesario cumplir con la última voluntad del Libertador y repatriar sus restos, ya que su figura y legado estaban latentes en el imaginario nacional; como también es cierto que seguíamos atados a España por el imperio de los símbolos regios. A tal punto, que desde las primeras décadas del siglo XIX, los forjadores de la patria comprendieron su importancia y la urgencia de difundir masivamente los eventos ocurridos durante la guerra de emancipación, exaltando a sus protagonistas con una connotación épica, porque con ello aseguraban la consolidación del ideal nacional y republicano como a reacción lógica que contrarrestaba las fuerzas centrifugadoras del regionalismo exacerbado, las cuales hicieron su aparición después de la disolución del nexo colonial, motivando la fracturación de los estados iniciales como ocurrió con la Gran Colombia.
Esa necesidad de la consolidación del ideal nacional-republicano, llevó a los ideólogos del naciente Estado a estructurar un discurso coherente impulsado desde los más altos niveles del poder, a través de una serie de publicaciones, en las que configuraron la historia oficial, todo esto tuvo su punto de inicio en 1842, con ocasión del traslado de los restos del Libertador desde Santa Marta a Caracas , destacando a Bolívar como el protagonista central, como el “máximo héroe” de la “gesta de la independencia”. A partir de entonces se estructuró uno de los aspectos fundamentales del imaginario de la nación venezolana, el cual está profundamente marcado por el culto bolivariano.
La imagen de Bolívar fue utilizada intensamente durante el siglo XIX en el proceso simbólico de la sucesión del poder. Ante la ausencia del rey de quien solo existía en América su retrato, en su lugar fue necesario instalar una nueva imagen. La importancia de la misma radicaba en el rápido desplazamiento de los símbolos regios por los republicanos, proceso que se había iniciado desde finales del siglo XVIII con la resemantización de los símbolos de diversos orígenes en elementos con una densa carga simbólica, como banderas, monedas, medallas, insignias y otros .
De ese modo, dentro de la masiva difusión, la imagen del Libertador transitó por el proceso de conversión de héroe en símbolo, pues hay una coexistencia entre las alegorías de la libertad, el suelo americano y la patria. Esa tríada simbiótica fue impulsada por los personeros de los Estados Nacionales quienes ordenaron y financiaron la impresión y difusión masiva de los iconos de Bolívar en toda la población . De ese modo, la iconografía del Libertador, se fue manifestando de manera, “…omnipresente a lo largo y ancho del país, y no sólo en el edificio gubernamental o en la lujosa residencia burguesa, sino incluso en el modesto hogar del ciudadano de a pie y hasta en la humilde choza del desheredado de la fortuna…” . Ese incesante tributo al héroe-símbolo de honores y preces, convirtió esta manifestación en una especie de religión, donde Bolívar, ese hombre de carne y hueso, alcanzó la condición de semidiós, de padre nuestro que estás, como diría el poeta Pablo Neruda: “…en la tierra, en el agua, en el aire”. Pues, para nadie es un secreto que “…todo lleva su nombre…” .
La deificación de Bolívar, ha incidido de tal manera en los venezolanos que intrínsecamente se expresa en una relación sociocultural, psíquica, vivencial con su imagen, la que evoca a un héroe o a un pasado glorioso del cual los nacidos en este país son copartícipes y legatarios, lo dijo Juan Vicente González: “El amor a Bolívar forma parte esencial del sentimiento de nacionalidad  y no se concibe que pueda serse hijo de Venezuela sin ser bolivariano.”; es un Bolívar odiado o querido según sean las necesidades de los regímenes que lo administren .Por ello, su imagen ha sido vilmente manipulada con fines políticos y personalistas a lo largo de los siglos XIX, XX y hasta el presente . Con esos designios, los gobernantes de turno en los diferentes niveles y jerarquías del poder político han utilizado la figura del libertador con inconfesables propósitos, alterando en unas ocasiones y en otras falseando descaradamente la Historia venezolana de la segunda década del siglo XIX, cuya situación amerita una necesaria revisión. Contra esta antihistoria Luis Brito García proclamó por una Historia Viva, pero para incurrir en ella era necesario: “…bajar a los personajes de sus altares panegíricos o levantarlos desde sus quintas pailas historiográficas: es preciso rebajar las tintas rosadas y dosificar las negras hasta saber pintar volúmenes con ese claroscuro que llámanos realidad”.
Si bien es cierto que los presidentes Antonio Guzmán Blanco y Cipriano Castro abusaron con su culto enfermizo a Bolívar, con el Presidente Hugo Rafael Chávez ese culto y manoseo interesado al Libertador sobrepaso todos los límites, bajo el pretexto que murió asesinado lo saco de su tumba para poseer sus huesos en las manos y no sabemos para qué otra cosa; agarró su espada libertadora de juguete preferido al mejor estilo hitleriano; lo parafraseo todos los días hasta convertirlo tan bueno para todo como la aspirina y los más grave nos confisco y se apropió de su imagen. Tan es así que en el 2012 nos reveló o develó el misterio del rostro real de Bolívar ; ¿Acaso las imágenes que los bolivarianos(as) tenemos como íconos no son reales? Fuimos engañados durante 200 años, qué diría Don Enrique Uribe White quien después de muchos años de esfuerzo y estudio recopiló la “Iconografía del Libertador” y la publicó en junio de 1967 o el pintor Don Antonio Meucci que logró retratarlo en 1830 a su paso por Cartagena ; ahora falta que a alguien se le ocurra decir que a partir de en ese rostro “real” -lo cierto es que costó mucho rial- Bolívar tenía los ojos azules, el cabello rubio, la sangre noble y a lo mejor, media dos metros. ¿Qué puede importar esto en el país de la desmemoria? De quien menos conocemos es de la vida y la obra de Bolívar y ese conocimiento no se acrecienta ahora con un nuevo rostro, dizque muy real. Tal vez se parecerá a Radonski (sobrino en octavo grado de Bolívar), a Leopoldo López (sobrino en sexto grado de Bolívar) o al mismo Chávez (heredero de su gloria). Esta fue una historia de novela que apenas comenzó, nos quedamos a la espera de más capítulos y con un final que nos dijera cómo murió “realmente” Bolívar. De lo que si estoy bien seguro es que ahora, con tantas sandeces, Bolívar moriría de vergüenza y pediría a gritos, no que “cesen los partidos”, sino que lo dejen descansar en paz.
Bolívar no necesita un nuevo rostro, mucho menos requería de un mausoleo al mejor estilo de los faraones, ni una urna de oro, ni una camisa bordada, después de morir con una prestada; lo que Bolívar merece, son venezolanos de primera dispuestos a mantener y a defender su legado y a comprender su obra. Que dejen, por fin, de manosear su rostro y se acerquen más a sus ideales. Es preferible dejar reposar en paz al Libertador, que seguir invocando su nombre a cada rato. Bolívar tuvo su tiempo y su espacio, donde demostró con creces su grandeza. Lo que Venezuela requiere y clama, no es saber quién está más cerca de Bolívar, sino un proyecto de país que garantice la seguridad ciudadana, el bienestar colectivo y el respeto a nuestra historia, que los héroes permanezcan en sus tumbas, pero su vida, legado y ejemplo, formen parte de nuestra identidad. Bolívar no es una franquicia al alcance de quien la compre. Decía el Dr. Rafael Gallegos Ortiz que: “Quizás a Bolívar no se le tenía odio, sino envidia y terror. Le temen aún, quienes siguen medrando con la soberanía. Las dictaduras uninominales o de grupos, que pretenden amarrar el sol a su destino y olvidar que los cambios constituyen la única eternidad del Universo”. Y precisamente eso fue lo que no entendió el Presidente Chávez, quien cambio el rostro de Bolívar para colocar a su lado el retrato suyo, para pretender ser recordado como el segundo Libertador. La figura de Bolívar no acepta segundones ni comparaciones. Bolívar fue y seguirá siendo único, inequívoco y eterno.    
Culmino señalando lo afirmado por el Dr. Diego Carbonell “El Libertador Simón Bolívar tendrá que volver (…) cuando el bien y la justicia inspire a los hombres, cuando el amor sea una doctrina internacional y no existan sobre la faz de la tierra ni follones, ni gendarmes necesarios, ni prevaricaciones políticas”. En otras palabras, el Libertador Simón Bolívar vendrá pronto a Venezuela para reencontrarse con los bolivarianos, una vez que se hayan marchado los bolivareros. Necesitamos con urgencia que la densidad de su doctrina nos siga señalando el camino a seguir para el logro del progreso y bienestar que la patria clama. Lejos en el tiempo están las acciones, las largas marchas, las brillantes batallas, el duro enfrentamiento con los hombres y con las circunstancias de su época que ya nos llegan atenuados y difuminados en el inevitable gris de la historia. Pero que debemos repasar para entender que tenemos un pasado que nos pertenece y un futuro por alcanzar.
La grandeza del Libertador no sólo reside en sus hazañas de gran guerrero, que peleo en 472 combates, siendo derrotado en apenas seis de ellos; que participó en 79 batallas campales, con riesgo de morir en 25 de ellas; la grandeza de Bolívar está presente también en la profundidad de su pensamiento civilizador que continúa iluminando el paisaje moral de nuestros pueblos, su ideología de libertad quedo impresa en 192 proclamas y 2352 cartas, muchas de ellas dictadas a tres secretarios simultáneamente y varias de esas cartas en idiomas diferentes. El Padre de la Patria, por encima de todos sus hechos trascendentales, fue una conciencia moral cuyas portentosas ideas no tienen eclipse, como dijo Choquehuanca “con los siglos su gloria crecerá como crecen las sombras cuando el sol declina”, mientras la de otros ni siquiera despunta.
La invitación es a leer a Bolívar y así poder entender el significado de su mensaje fundamental que: “cesen los partidos” para alcanzar “...la felicidad de la patria”.
El año 2016  es definitorio para Venezuela, se vislumbra un nuevo amanecer, que Dios quiera no este signado por la tragedia. Será el año más difícil y crucial de toda la vida republicana.
Néstor Abad Sánchez
nesabad@hotmail.com
@nesabad

Merida - Venezuela 

ELINOR MONTES, ¡REACCIONEN!

Al régimen se le fue de las manos el monstruo de mil cabezas que armó para defender “la revolución bonita” “rodilla en tierra”, inscrito en su táctica: “formas de lucha armada”, que entra en acción cuando la persuasión no ha sido suficiente para que la gente “entienda los beneficios de la revolución” o para crear ingobernabilidad en caso de que se pierda el poder, de allí la frase del difunto, “yo garantizo la paz”, como si no estuviésemos en guerra desde 1999.

Al ex alcalde rojo empieza a salpicarle la sangre que diezma su escudo de protección, propone la militarización de la ciudad para combatir la inseguridad. Atrás como que quedó el buen resultado de la “política del pueblo en armas” que  ejecutó alegremente, cuyo debut el 11-04-2002, avivó la pasión en la construcción de este sistema de control social: impunidad garantizada a los miembros de los colectivos armados -incluido indulto presidencial y encarcelamiento de los policías que les han enfrentado-, reconocimiento público en discursos frenéticos y su incorporación a cargos públicos, tal como ocurrió con los “pistoleros de Puente Llaguno” y los policías de la PM presos injustamente, cuyo cuerpo policial fue eliminado; control y desarme de
las policías municipales; promoción del crimen; entrenamiento militar y entrega de armas a ancianos, adultos, adolescentes y niños, lo cual se patentizó en las fotos que circularon del diputado asesinado en extrañas circunstancias; creación de su propia guerrilla: FBL, vinculaciones con FARC, ETA, etc.,  reparto de vehículos; otros. Jamás imaginaron los rojos en su delirio que algún día las víctimas de tal crimen de lesa humanidad, que ha cobrado más de un cuarto de millón de vidas humanas, podrían ser ellos, esa “medicina”, entre otros, era para curar a los dementes disidentes, para el control-dominio-sometimiento de la gente, garantizarse la lealtad de los colectivos armados, que incluye delincuentes comunes y otros; tal como lo hizo en su momento el partido comunista chino, siguiendo el consejo de sus asesores comunistas soviéticos, que asesoraron a los comunistas cubanos, que asesoraron a los comunistas venezolanos.

Hoy se pierde de vista la dimensión del crimen organizado y su depravación, tanto en el ámbito internacional –obvio en los frecuentes escándalos de venezolanos involucrados en narcotráfico, el último, la liberación de 5 en República Dominicana-, como en el nacional, dueño y señor de las cárceles y de bastas zonas del país, apoyado por una administración penitenciaria y judicial cómplice y por las “zonas de paz”. 

La delincuencia advierte que supera el poder represivo del Estado rojo que le impulsó: dinero, armas de gran poder de fuego, admiración y respeto de los jóvenes que ven esta actividad como deseable para el ascenso social, apoyo de funcionarios del Estado rojo que participan protagónicamente en el reparto del botín, como en Tumemo, al extremo de que corre la especie que los contratistas de misión vivienda para poder operar tienen que pactar con los pranes en sus lujosas habitaciones en las cárceles y son éstos quienes cancelan a los obreros.

La población azotada por el hampa toma la justicia por su propia mano cada vez con mayor crueldad y al éxodo se suma el desplazamiento interno en busca de seguridad.

Mientras la barbarie avanza “a paso de vencedores”, la gente está distraída en las colas y la AN en proposiciones como la renuncia, la enmienda o el RRP, y si ninguno resulta, la constituyente, como si el tiempo sobra y no fuere absurdo agotarse en procesos que obviamente morirán en el TSJ rojo, en vez de concentrar todas las energías en la salida más segura en la estrategia adoptada. 

¡Despierten! Por este camino, cuando reaccionen, no habrá país en el cual vivir.

Elinor Montes
elmon35@gmail.com
@Elinormontes
Miranda - Venezuela

JOSE ERNESTO PONS BRIÑEZ, EXPECTATIVAS Y ESTIMACIONES YA EN SEGURIDAD NO HAY

Los problemas del Reten del Marite en el Zulia, como la operación de Rescate por parte de delincuentes, sucedido en Maracay en un puesto de CCIPC; ofreció a los ciudadanos el panorama general de la seguridad, donde la incapacidad gubernamental se estableció de hecho, además de las estadísticas que muestran un crecimiento avasallante en el País. No conforme a ello, las “estrellas” seleccionadas para el manejo de esta tan grave situación en esta área vital lo asumen con tal arrogancia que terminan de reafirmar no solo sus propios “miedos”, sino, sus limitaciones.

El caso del Zulia en particular, hemos venido sistemáticamente denunciando y recomendado una serie de estrategias que asumidas con un sentido de inclusión y respeto profesional, lograrían consolidar un plan base, coherente y efectivo. Para así, no pasar por los “tragos Amargos” que ya pareciera ser asumidas con tal “cara dura” el confirmar en viva voz la incapacidad de respuesta en este problema. Arias Cárdenas, prometió la seguridad de los Zulianos, hoy las estadísticas muestran que no lo logro y esto, sin hablar del “Bachaqueo”.

Entregarle en Manos de la Ministra Iris Valera el problema del Marite, es para muchos entender que de un reten de criminales, se convertirá en un Club fiesta “Al estilo de Yare y otros centro penitenciario del País” donde se realizaran todo tipo de negocios y festividades con destacados artistas. Ese es el futuro donde el Gobernador y su Secretario de Seguridad,  dieron pie al no interpretar las pocas e inteligentes estrategias que pudiesen aplicarse.

Mencionamos con anterioridad, que el problema del Marite sobrepasaría los esfuerzos y las potencialidades de la Gobernación y sus funcionarios. Hoy se reconfirman. Lo que nos hace entender que no solo deberían ofrecer una apertura en el manejo de esta variable a expertos y conocedores, sino, además darle un vuelco a las formas tradicionales de manejarlo.

Para cualquier acción, hay que considerar el hecatombe político, social y económico del País, a esto, la pérdida de valores y la controversial situación en el deber ser y lo que es. La corrupción de los funcionarios, la descomposición policial y la impunidad réinate hacen muy difícil asumir con protagonismos personales a estos, ya que, al no lograrlo, lo que se obtiene es “tremendo ridículo” donde el nombre y los años de servicio se van al traste y lo que les queda, es seguir la cuerda y llenar “las alforjas” en lo posible, esa es la rutina del desastre gubernamental.

Finalmente, los gobernadores y alcaldes sean del color que sean, los tiempos de crisis deberán  desarrollar el olfato político y permitirse un viraje cónsono a las exigencias de país. Mirar para otro lado, estirar las arrugas o  hacerse los locos, es afirmar lo poco que les importa la vida de sus conciudadanos y para los alcaldes de sus vecinos. La seguridad es un problema de todos los colores, anaranjado, amarillo, blanco y rojo. Ignorarlos no es la solución. Apertura, inteligencia y compromiso  con Venezuela es la vía.

Jose Ernesto Pons Briñez
joseponschene@hotmail.com
@joseponsb
Mas Zulia
Zulia – Venezuela

GOLFREDO DAVILA, DESTERRAR EL ODIO, CONSTRUIR EL CAMBIO,

Cuando nos llenamos de odio y de rencor descargamos ese veneno en nosotros mismos. Esto ha sido planteado por psicólogos desde hace tiempo aunque no se ha comprobado científicamente. Lo que si es cierto es que las personas con odio suelen ser malhumoradas, sufren de hipertensión y llevan una carga muy pesada que no les deja ser felices.

Esta enfermedad va aparejada a la sed de venganza. Un individuo encolerizado puede causar daño verbal, moral, físico e incluso la muerte. Imaginémonos una sociedad contagiada por ese virus. Experiencias hay muchas, vale como ejemplo los regímenes nazi fascistas, con arengas permanentes de odio y mentira. Situación similar la vivimos cuando el país tuvo a punto de una guerra civil como resultado del culto a la violencia, de la división de la sociedad y la exacerbación del resentimiento social, propiciados por el régimen y los sectores más recalcitrantes de la oposición. Pero predominó la sapiencia y el sentido común en el pueblo para evitar males mayores.

Hoy aparece de nuevo un clima peligroso, hay una furia acumulada, no por efectos de la polarización política sino por el auge de la corrupción y el crimen, el alto costo de la vida, el caos de la salud pública, los malos servicios, la escasez y el desabastecimiento. Frente a ello, el régimen atiza la confrontación sin importarle sus consecuencias. De allí el esfuerzo de la oposición por promover la reconciliación nacional y la importante decisión de continuar con la ruta democrática, pacifica e institucional para sustituir al gobierno.

Es imprescindible, sin embargo, que el uso de cualquier mecanismo para cambiar al gobierno sea acompañado de la protesta del pueblo y sin miedo. La realidad ha unificado a los venezolanos en el descontento y el reclamo de cambios, mientras aísla cada vez más al régimen. Frente al cierre de válvulas de escape a la gente no le queda otro camino que organizarse y movilizarse para exigir sus derechos, al tiempo que se desahoga y se desestresa de tanto agobio.

Otros mecanismos para la catarsis colectiva son las redes sociales. También por allí se expresa el malestar y se comunica lo que el régimen oculta, pero es lamentable que se abuse de esta vía para irradiar odio e irrespetar al otro. El régimen se ha deslegitimado aún más por haber adoptado el insulto y la descalificación como política de Estado. La misma suerte corre quien responde en el mismo tono. Algunos opositores desacreditan las vías legales para salir del gobierno, sin percatarse de que con bravuconadas y vejando a todo el mundo le hacen un flaco servicio al cambio.

No se trata de negar la crítica, pues sin ella no hay democracia. Pero ésta debe ir orientada a la construcción y al crecimiento de la sociedad, a revalorizar el trabajo, la educación, la responsabilidad y la tolerancia. Cuando insultamos destruimos la crítica y la política. La gente no recapacita ni cambia por un regaño. Las reflexiones se dan a partir del diálogo respetuoso, de procesos educativos y formativos y muchas veces es la realidad la que se encarga de mostrar el camino. Craso error cometen quienes despotrican contra el pueblo chavista y lo culpan de la catástrofe creada por la cúpula del régimen.

Frente a las agresiones y el golpe de Estado continuado del gobierno y sus poderes acólitos es clave la resiliencia, que significa construir en la adversidad y capacidad para proyectar el futuro en medio de crisis agudas, darle rienda suelta a la creatividad y a las nuevas ideas. El maduro-cabellismo caerá cuando terminemos de enamorar a las grandes mayorías con un proyecto alternativo de país. Es la hora de exigirle a los líderes comportamientos cónsonos con la ética y nuevas formas de hacer política. La unidad y la inclusión no deben quedarse en slogan de campaña. El país que soñamos es aquel donde cabemos todos, donde haya convivencia armónica y comuniquemos de manera correcta los sentimientos; donde las diferencias, la disidencia y la crítica sean parte del vivir democrático. Así desterramos el odio y construimos el cambio.

Golfredo Davila
golfredodavila@gmail.com
@golfredodavila
Vanguardia Popular
Zulia - Venezuela 

SIXTO MEDINA, MADURO Y SUS DESACIERTOS

Abrumado por los golpes de la realidad e inmerso en un laberinto sin brújula, la improvisación se convierte en el ingrediente obligado del cóctel que elabora el gobierno de Nicolás Maduro. Y en el mundo económico, que vive de expectativas, parece un aventurero aturdido que recorre intrincados caminos sin embarcarse en rumbo concreto.
 
Venezuela es hoy –políticamente hablando- una olla de presión puesta a fuego lento, donde la intolerancia, la polarización, la exclusión y la crisis política, social y económica que sufre el pueblo condimentan la amenaza de mayores divisiones en el corto plazo y el riesgo siempre latente de nuevos episodios de violencia, donde la capital venezolana sufre un 119 homicidios por cada 100.000 habitantes, está considerada como la ciudad más violenta del planeta. La corrupción administrativa alcanza hoy niveles inadmisibles. Su práctica se ha generalizado tanto, que en el país existe la sensación de estar en presencia de un hecho normal para el que no hay mayores trabas. El chavismo de alguna manera, ha convertido en costumbre la inmoralidad. Esto significa que el mal es consustancial a un sistema autocrático.
 
Maduro en el medio de muchas dudas sobre su fuerza y conexión popular, pese a controlar el poder no vive la suprema felicidad. Los dos años que tiene ejerciendo como presidente han sido una dura batalla por sobrevivir a su mala acción de gobierno. Basta con recoger algunas opiniones para dibujar la radiografía de su política. La política económica del chavismo se ha convertido en su peor pesadilla. La inflación sigue firme a niveles muy elevados; el desabastecimiento, la escasez, la baja productividad, el aumento de los precios y la importación de alimentos, medicinas y productos básicos continúan golpeando la vida de los venezolanos...
 
El gobierno está económicamente entrampado. La mayoría de los indicadores reales son negativos, componiendo un cuadro más que preocupante: un gasto público sideral con exagerado financiamiento a cargo del Banco Central continúa sosteniendo la inflación, mientras el atraso cambiario y la falta de divisas paralizan la actividad. Tanto más grave es este cuadro por el hecho de percibirse que el gobierno no tiene un equipo económico y una política capaz de proveer las medidas que conduzcan aun encauzamiento de la situación, lo que hace es recurrir a las prácticas intimidatorias.
 
La postura oficial no  es la de reflexionar sin preconceptos acerca de qué es lo que está pasando en Venezuela y en el mundo, cosa que llevaría a revisar las propias bases fundamentales de la economía, si no que se utilizan una serie de argumentos disparatados que se refugian en recurso retorico de la “guerra económica”. Discurso en el que no cree  el 80 por ciento de los venezolanos.
 
Ante esta cruda realidad Nicolás Maduro recurre a las prácticas Intimidatorias para sembrar el temor, asustar y cohibir a los venezolanos. Hostigar y maltratar no son conductas moral ni socialmente correctas, ni aceptables. Muchos menos, cuando ellas son producto de una repudiable manera de gobernar sembrando el miedo y recurriendo constantemente a las presiones y coacciones. No se puede aceptar que se gobierne mediante el temor, la persecución o el encarcelamiento,  no sólo por sus efectos inmediatos, sino también por sus consecuencias futuras, que principalmente consisten en limitar para siempre la facultad decisoria de quienes son amedrentados o amenazados. Hay entre intimidar y amenazar una notoria relación causal, siendo generalmente la amenaza la causa y la intimidación el efecto. De allí que la república, como poder que reside en el pueblo, demande otras vías, un paso decisivo hacia objetivos trascendentes que coloque al hombre y la sociedad en el centro de la acción política.
 
Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto
Miranda - Venezuela

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN, RECUPERAR LA CONFIANZA

En Venezuela necesitamos urgentemente recuperar la confianza en el país, en las instituciones, en las leyes, en los poderes públicos y en los gobernantes. De no hacerlo, seguiremos hundiéndonos en la anomia, y en esa especie de desesperanza cada vez más generalizada que está robándonos el coraje y la capacidad de reaccionar ante el hundimiento del país. Nos estamos acostumbrando y resignando a las colas para todo, a la ausencia de medicinas, a la escasez de casi todos los productos esenciales,  a la impunidad, a la anarquía, a la inflación, a la ineficiencia, a la inseguridad que todos los días mata decenas de compatriotas. ¿Cómo es posible que más de un millón de profesionales jóvenes se hayan ido de Venezuela o estén planificando irse porque aquí no ven futuro alguno?   Lo más grave del caso es que al Gobierno no parece importarle esta terrible hemorragia de capital humano.

La pérdida de la confianza se asienta y se sostiene en la pérdida de la dimensión ética. Estamos adormecidos por discursos grandilocuentes que no son acompañados por   acciones y políticas coherentes. Si un buen sistema económico se sustenta sobre un sistema político estable, la buena política se sustenta sobre un capital de confianza que debe, a su vez, construirse sobre convicciones y conductas éticas. Pero estas escasean cada vez más. Frente a la grandilocuencia discursiva, vemos cómo se impone la política mezquina, que busca esencialmente las conveniencias personales y grupales. Si no tengo la mínima altura moral para ser capaz de defender sin miedo principios, no tengo que esperar que los otros actúen como yo no soy capaz de hacerlo. Si voy a tener el notable desparpajo de defender hoy lo que critiqué con fuerza ayer o permitir a los míos conductas y actuaciones que critico a los rivales, mejor me siento a esperar la total erosión del capital de confianza política e institucional que nos queda.
¿Qué debemos hacer para recuperar la confianza? No es tarea fácil. La confianza toma tiempo en ser construida y muy poco en ser destruida. Con todo, es una empresa por la que vale la pena empeñar todos nuestros esfuerzos.  Para ello, es esencial asumir que el descrédito de las instituciones es directamente proporcional a la densidad ética de sus líderes. Recuperar la confianza en las instituciones pasa necesariamente por ser capaces de exigir estándares éticos más altos a los que quieren representarlas públicamente. En definitiva, recuperar la confianza pasa por asumir que el testimonio vale más que mil palabras. Lo que en general todos pedimos y necesitamos es coherencia. La credibilidad personal e institucional dependerá primeramente del testimonio que se dé en los hechos. Como hoy la palabra abunda y se multiplica por miles de nuevos medios y tecnologías, el bien más escaso es el testimonio. Cualquier discurso desprovisto de densidad testimonial no hará otra cosa que seguir el curso del descrédito de las instituciones. Es hora de los políticos ejemplares, que respalden con su vida sus palabras.  

Antonio Perez Esclarin
pesclarin@gmail.com
@pesclarin
Zulia - Venezuela