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viernes, 10 de julio de 2020

SIXTO MEDINA, UNA OPORTUNIDAD PARA LA DEMOCRACIA

La política, en Venezuela, ha presentado una falla estructural, en cuanto a una sola fuerza, la del oficialismo madurista, con alrededor de un tercio de los votos, aún retiene el poder a costa de los dos tercios que podría sumar la oposición. Esta aberración aritmética ha sido posible por el abstencionismo y la fragmentación política de los opositores. 

Las preguntas, ahora, son estas: los opositores, ¿están dispuestos a superar esta aberración aritmética en las elecciones parlamentarias convocadas para el próximo 6 de diciembre?  En vez de obtenerse, ¿contemplan unirse para derrotar al gobierno? ¿Preferirían, en suma, formar parte de la coalición ganadora aun desde un segundo lugar a perder del todo frente a un gobierno con vocación totalitaria, victimas del aislamiento? 

No sería la primera vez en la historia. Sin embargo, en que las minorías dejan de lado sus diferencias particulares para integrar una nueva mayoría. Dicho en términos épicos, en que los miembros de la nueva coalición se animan a dar muestras de grandeza. Pero esta cualidad ¿abunda acaso entre nosotros? Nadie está dispuesto a “regalar”, por supuesto, sus expectativas. Pero muchos aceptarían sacrificios, quizás, en aras de una causa común. ¿Podría ser esta causa común, por ejemplo, la salud de la república? 

Reconozcamos por lo pronto que, a nuestra república, en cuanto república, le va mal. De un lado la domina una minoría con pretensiones de mayoría, pero con sólo un tercio de los votos. Del otro lado, la mayoría verdaderamente democrática se dispersa en grupos minoritarios. La solución es la convergencia de estos grupos minoritarios hasta formar una mayoría robustamente democrática. La solución, en otras palabras, es la confluencia de las mayorías democráticas y por ende la consiguiente reducción de las minorías antidemocráticas que todavía nos gobiernan.

El gobierno ha convocado a elecciones, está permitiendo que haya elecciones parlamentarias. Es lamentable que una parte importante de las organizaciones políticas, así como algunos independientes se estén pronunciando por la abstención. No votar, sólo consigue atornillar mucho más a Nicolás Maduro en el poder. Significa ayudar al régimen a que monopolice el uso del voto y se apodere del poder legislativo. Al no participar en los procesos electorales, la oposición está desaprovechando las limitadas libertades políticas concedidas por el régimen para la lucha cívica; así mismamente está impidiendo que la sociedad democrática mantenga su presencia en el poder legislativo, uno de los tres poderes fundamentales del Estado. 

Los procesos electorales -aun teniendo en cuenta la existencia de condiciones desventajosas de participación- son escenarios claves para la lucha por transformar la relación de fuerzas de la sociedad frente al Estado. No votar en dichos procesos es abandonar una herramienta fundamental de toda lucha cívica, y, a renunciar a un derecho, a la única arma eficaz con la que cuentan los ciudadanos para   impulsar y lograr los cambios que requiere el país. 

Con la abstención parte de la oposición no está tomando en cuenta la realidad política del país en la empresa de conquistar el poder para alcanzar el poder; de luchar porque se garantice el pleno derecho de la voluntad soberana del pueblo mediante el voto. De mantener juntos a los ciudadanos como opositores. De proponer alternativas a las iniciativas oficiales. De incorporar a un sector de la ciudadanía venezolana, a la actitud de responsabilidad política en ejercicio de un derecho y para cumplir deber. No se puede abandonar a la gente en estas circunstancias, en que más se necesita que se demuestre unidad, solidaridad y voluntad de seguir luchando. 

Cuando los partidos de la oposición democrática en las pasadas elecciones parlamentarias asumieron una estrategia democrática en la lucha por la libertad y la democracia, no hicieron sino avanzar. La oposición en efecto, no sólo llegó a conquistar las regiones más pobladas e importantes del país, sino, también, alcanzó a ganar la Asamblea Nacional, superando algunas de las peores consecuencias de los errores cometidos en tiempos en los cuales políticas distintas a la democrática privaban en la conducción de los factores que adversan al gobierno. Es saludable para la nación venezolana que los partidos políticos mantengan la estrategia democrática, por eso, por qué siempre habrá una nueva oportunidad para la democracia.

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto 

sábado, 13 de junio de 2020

SIXTO MEDINA, REPÚBLICA Y DEMOCRACIA

Fundidas y confundidas como si fuesen hermanas gemelas, la república y la democracia parecen destinadas- por de pronto en estas latitudes- a obrar a la manera de los sinónimos. En parte debido a la tentación, tan común entre nosotros, de generalizar al voleo términos y realidades que desconocemos, y, en parte, merced a ciertas razones de concesión política, la citada coyunda conceptual ha echado raíces, al extremo de presentarse cual si fuese una verdad revelada.

Si todo no pasase de una disputa académica, el asunto carecería de importancia, más allá, claro, de los cenáculos dedicados al estudio de las ideas. Pero el asunto excede con creces el ámbito de la reflexión teorética. Entre otros motivos, porque, aun cuando no parezca, puede condicionar el derrotero institucional del país.

Sin necesidad de desandar la historia para prestarle atención a los orígenes del problema, la democracia y la república ni son gemelas ni nacieron hermanadas ni arrastran en su trajinar características semejantes que permitan trazar, a su respecto, un denominador común. Las dos hicieron su aparición en el mundo antiguo-una en Grecia, y la restante, en Roma- y desde entonces siguieron caminos coincidentes o divergentes según las circunstancias. La democracia ateniense no era republicana, de la misma manera que la republica romana no era democrática.

Traer a comento estos datos no tiene por objeto ensayar una comparación imposible entre Pericles y Cicerón y nosotros, sino poner entre el tapete un principio- el mayoritario- que el gran ateniense apuntó en su famoso discurso del año 441 antes de Cristo, al despedir a los primeros ciudadanos muertos en la Guerra del Peloponeso. Cuando en esa oportunidad dijo el orador- que el gobierno democrático recibe su nombre en razón de que no depende de una pocos, sino de la mayoría- sigue siendo aun hoy, la condición necesaria de este régimen político. La democracia es, al mismo tiempo, una ideología de la igualdad y una técnica- no necesariamente neutral. Para determinar la manera como se distribuye y ejerce el poder en correspondencia con los votos obtenidos por los partidos.

Tiene, pues, por base limitar el número. De aquí que no haya faltado a la verdad Carl Schmitt al sostener: “El 51 por ciento de los votos en las elecciones da por resultado la mayoría parlamentaria; el 51 por ciento de los votos del Parlamento produce el derecho y la legalidad”. Es cierto que, si la mitad más uno se obtuviera aherrojando los derechos y garantías de las demás facciones políticas y de la ciudadanía en general para competir electoralmente en igualdad de condiciones, no habría democracia. Sino alguna variante devaluada que haría usurpación de título.

Por eso, nadie consideraría seriamente que las democracias populares de Europa comunista o el PRI mexicano en sus épocas de dominio hegemónico o las denominadas democracias orgánicas de ciertos regímenes con reminiscencias fascistas fuesen sistemas en los que la legitimidad descansara sobre la voluntad de la mayoría transparentada en elecciones libres de toda coacción. Salta a la vista que, en cualquiera de las experiencias mencionadas, ni el principio mayoritario era tomado en cuenta ni existía una oposición digna de ese nombre que tuviera la posibilidad de transformarse en alternativa de poder.

Es evidente que, ante la ausencia de unanimidad en cuanto hace al manejo de los asuntos públicos de una sociedad cualquiera, debe gobernar el más votado. Pero si todo se agotara en este dato, quedaría satisfecha la democracia e insatisfechos el Estado de Derecho y la república.

Lo antes expuesto lleva a conclusiones que no riman con lo que es costumbre escuchar en las discusiones de carácter político. La idea de que la democracia- dicha así, a secas, sin ningún calificativo ulterior- es santa inmaculada e inmarcesible en cuanto a sus valores resulta una falsedad manifiesta. La cuestión no se prestaría a tantos y dolorosos malentendidos si no diéramos por sentada la sinonimia conceptual a la que hicimos referencia al principio de este artículo. El error de creer a pie juntillas que la democracia supone necesariamente el respeto a las minorías, la división de poderes, la periodicidad de los cargos y la renovación permanente de los funcionarios que lo ejercen, importa una confusión peligrosa. La democracia puede ser republicana y atenerse a los preceptos del Estado de Derecho, aunque no siempre lo hace porque no está obligada a ello. Pero también puede hacer valer el peso del número, y el número- ya lo sabemos- es indistintamente liberal, conservador, radical, fascista o comunista.

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto  

sábado, 9 de mayo de 2020

SIXTO MEDINA, LA OPOSICIÓN Y LA RECONSTRUCCIÓN DEL PAÍS

No creo, que en la historia de América del Sur, haya otro país expuesto a la decadencia en los términos en que está hoy Venezuela. Uno tras otro, ha extraviado todos sus logros. Ninguna sociedad, en tan poco tiempo, evolucionó como la suya. Ninguna, tampoco, ha caído tan rápido desde tan alto. Sus notables aciertos sociales y económicos se han esfumado.

De todos los signos de esta pavorosa involución, el de la multiplicación exponencial de la pobreza es el peor; el más vergonzoso y el más profundo. El que denuncia, con pruebas irrefutables, el fracaso de la política en la administración del país. La pobreza es, de más está decirlo, un gravísimo problema. Eso significa que no es, de ningún modo, un problema fecundo. Fecundos sólo son los problemas que plantea el desarrollo, la innovación. El crecimiento el que, al desplegarse, renueva el repertorio problemático de las naciones.

Donde la pobreza es dominante, donde ella alcanza la terrible magnitud, como ocurre en nuestro caso, no puede haber crecimiento; sólo puede haber, en todo caso, degradación, inmovilidad y estancamiento. Graves problemas, ningún problema fecundo.

En la actualidad, Venezuela no está encaminada hacia el progreso, hacia la solución del conjunto de problemas que importa resolver, los que son gravísimos y por ello mismo urgentes, y los que revisten fecundidad y piden, para irrumpir, que se salga del atraso. Desde esta perspectiva, bueno es señalar que si la oposición democrática se decide a sacar a Venezuela de donde está debe plantearse de nuevo el problema de la unidad. Sólo con la unión de todas las fuerzas políticas, sobre la base de una nueva concepción de la lucha democrática, se puede reconstruir el país y enfrentar a la autocracia que viene gobernando. Sin una oposición sólida no hay posibilidad alguna de llevar acabo las transformaciones estructurales. Esas que pueden hacer de este país una autentica nación.

Un rasgo preocupante de la situación actual es la debilidad política de la oposición. Desde que los partidos de oposición asumieron la unidad y una estrategia democrática, pasando por las instancias electorales. Utilizando todos los procesos electorales convocados por el gobierno, aun cuando se sabía que eran ventajistas, amañados y fraudulentos, no hicieron sino avanzar con una mayoría, superando algunas de las peores consecuencias de los errores cometidos en tiempos en los cuales políticas distintas a la democrática privaban en la conducción de los factores que adversan al gobierno.

En un régimen como éste, producto del cruce entre dictadura y democracia, le corresponde a los partidos democráticos luchar porque se establezcan instancias abiertas para que la oposición ocupe en cualquier momento posiciones de gobierno. Seria, contrario a la naturaleza de la política pretender que el gobierno haga por las fuerzas adversas lo que ellas no realicen por si mismas con esfuerzo y grandeza. A éstas les corresponde encontrar las respuestas y los caminos democráticos para acceder al poder.

Más allá de todo esto, el ejercicio de la política requiere un contenido programático, pero también un sentido político. Lo uno no quita lo otro, pero cada uno condiciona al otro. El sentido político supone poner el acento en los aspectos programáticos que son políticamente conducentes. El sentido pragmático pone límites a lo que puede aceptarse políticamente cuando se es flexible. El sentido pragmático bien podría llevar hoy a los distintos grupos opositores a poner el acento en los que los une- dentro de lo programáticamente aceptable para cada parte- y no en lo que los separa. Y sería, sin duda, la mejor fórmula para que la oposición encarara el futuro cercano con posibilidades de revertir su alicaída situación política.

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto 

martes, 28 de abril de 2020

SIXTO MEDINA, BUSCAR UNA SALIDA DEMOCRÁTICA

A grandes rasgos, la realidad de Venezuela se observa caótica y difusa; desde el funcionamiento del Estado y sus instituciones políticas hasta las diversas posiciones que adopta la comunidad internacional son vidriosas. Como hace más de medio siglo -en pleno apogeo de la Guerra Fría- reflotan discursos académicos y políticos que apoyan a EE.UU. o a Rusia con el pretexto de la cuestión venezolana. Lo único que aparece claro es la fenomenal crisis humanitaria, económica y política que padece el pueblo venezolano, a lo que se suma el coronavirus, el Covid-19, que ha puesto en jaque a la humanidad, que se enfrenta, sin esperarse, a la idea de un apocalipsis.

La realidad del conflicto y enfrentamiento entre el régimen de Nicolás Maduro y los opositores a su gobierno es innegable y es parte de una transición nada novedosa en la política venezolana de los últimos años, que ha comenzado, luego de la muerte de Hugo Chávez. Y así, se observa en los ciudadanos, cuando expresan sus ideas, que hay un inmenso rechazo al gobierno de Nicolás Maduro.

Los venezolanos están de acuerdo en que atraviesan una brutal recesión económica, pero se distancian a la hora de señalar a los responsables. Para unos es el régimen chavista de Maduro, para otros son las medidas coercitivas o sanciones del gobierno de Donald Trump contra el gobierno bolivariano. Frente a todo esto la actitud o postura ideológica de Nicolás Maduro produce resultados ambivalentes. Por un lado, quiere proyectar la imagen de un gobierno todopoderoso, que puede hacer lo que le da la gana, pero, por el otro genera la acentuación del rechazo.

Asumido el enfrentamiento social que existe en Venezuela marcado por diferencias ideológicas fuertes, el desafío urgente es que dicho conflicto sociopolítico sea encaminado positivamente y de forma pacífica por las vías democráticas modernas, entre otras, porque la finalidad de la democracia es encauzar los conflictos en torno al orden o la paz y evitar la violencia, pues –en palabras de Teodoro Petkoff- regimenes como éste, autoritarios, autocráticos y militaristas, con vocación totalitaria, pero hibridos entre dictadura y democracia y por tanto escenarios no cerrados para la acción política, sólo pueden ser enfrentados con posibilidades de éxito mediante una estrategia democrática.

Existen diversos mecanismos institucionales diseñados para absorber e incorporar al sistema político los conflictos que siempre, de una u otra forma y con diferentes intensidades, pueden surgir en los procesos sociales. Sin embargo, el combustible vital de cualquier mecanismo institucional es la legitimidad, la creencia compartida por parte de una sociedad en la eficacia e imparcialidad de las instituciones que lo rigen. Es la confianza que la sociedad tiene en sus instituciones, aquello que hace que un simple mecanismo normativo o constitucional se convierta en un hecho real de poder.

La situación de Venezuela es muy compleja y delicada. El debate de ideas es prácticamente inexistente. Y no habrá republica posible si, frente a los desbordes de poder y a las tentaciones hegemónicas de Maduro, no se consolida una activa oposición republicana, responsabilidad que recae sobre los partidos políticos opositores; el asunto es que los conflictos no tienen una única salida: las puertas de salida de la crisis son siempre varias, de muchos colores ideológicos y con horizontes diferentes, pero no todas conducen a la democracia.

Juan Guiadó ofrece una salida con su respectivo horizonte político y económico; Nicolás Maduro, otra. Lo importante es que más allá del color de cada puerta, esta sea abierta con la llave del entendimiento y de la democracia. 

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto 

lunes, 13 de abril de 2020

SIXTO MEDINA, POLÍTICA Y CULTURA

Un amplio sector de la clase política considera que la cultura es un lujo, algo para una suerte de cofradía de iniciados que, por poseer eso que consideran cultura, miran con desprecio a quienes no pertenecen a esa elite. Apoyar la cultura sería equivalente a perder votos. Tan sólo que la cultura dista de ese errado concepto. 

La cultura es el esfuerzo que hacen los humanos para ser cada vez más humanos. Dicho de otra manera, para ser cada vez menos animales. Aunque no faltan quienes miran de reojo a la clase política, no hemos de sostener, como pretenden algunos, que la política, en tanto procura apoyarse en la cantidad, está en la escala opuesta al quehacer cultural que busca la calidad. 

No podemos creer que la política sea lo opuesto de la cultura. Si la cultura es el esfuerzo de los humanos por devenir más humanos, lo opuesto equivaldría a afirmar que la política tiene como propósito hacer que la humanidad sea cada vez más animal, lo que a nadie escapa es un despropósito. Cantidad y calidad son perfectamente compatibles. Así lo demuestran los grandes clásicos de todos los tiempos. 

Lo que es urgente comprender es que la política y la cultura se proponen metas afines y complementarias. Mientras al político le toca resolver los problemas más urgentes que afligen a la comunidad, lo que requiere sentido práctico y sentido común, la cultura coadyuva a lograr esas, soluciones desde perspectivas de mayor alcance, ya que, si la cultura en el sentido anotado se expandiese a toda la comunidad, esos gravísimos problemas dejarían de existir, o serían mucho menores.  

El tema cultural pasa por la convicción de la capacidad perfectible de la especie, su capacidad de alcanzar niveles de comprensión, de racionalidad y de tolerancia que harían que las metas urgentes de la política-  seguridad, salud, educación - fuesen menos apremiantes. No debemos, empero, confundir a una persona educada (los políticos suelen serlo) con una persona culta. El educado  
mantiene lo aprendido dentro de un plano instrumental; la educación es un medio, no es un fin. La cultura, en cambio, es un fin en sí misma. Se trata de volcar energía a la persona humana, esto es, a toda la persona humana en un afán, de elevación espiritual.  

Amar la cultura es fundamentar la política sobre bases sólidas, una meta crucial de la democracia, como diferente de la demagogia, que pretende decir lo que más plazca, aunque se aparte de la verdad. 

En tal sentido, la cultura es un antídoto para ese tipo de devaneos, que tarde o temprano siempre terminan mal. La cultura pone límites a los nacionalismos exacerbados, que conducen a los grandes fracasos. Al ejercicio omnímodo del poder, que intoxica a los incultos porque carecen de la noción de sus propios límites. La cultura enseña: “La diversidad de los hombres viene de la cultura, no de la naturaleza” (Arturo Uslar Pietri).  

No se puede ser culto y déspota al mismo tiempo. Por eso los despotismos han perseguido a la cultura. Aquí pensamos en el gobernante democrático, amante de la libertad, no sólo la propia sino también la ajena. Toda conducta ética, más allá de que se consciente o no, importa un actitud cultural.   

En Venezuela la cultura siempre ha sido lo que viene después de todo lo demás, la trágica cenicienta olvidada que en algunas ocasiones sirve para engalanar el palacio del poder local. El desprecio por la cultura que ha marcado mucha de la vida de los sectores dirigentes del país, tanto en la órbita pública como en la privada, se puede traducir fácilmente como un desprecio hacia el país como unidad humana.  

El proceso creador es transformación y alberga una actitud de cambio que expresa al individuo o al conjunto social que le genera. Aún más: la creación es una condición de devolver al hombre su condición humana, ya que es allí, donde se dirime el destino de la humanidad. 

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto 
Miranda - Venezuela

viernes, 27 de marzo de 2020

SIXTO MEDINA: EL MIEDO Y LA AMENAZA GLOBAL

Corren tiempos duros para una humanidad acorralada por el Covid-19. La vida cotidiana desarticulada. Aislamiento, cuarentena, distancia social y esa sensación casi distópica que tenemos al ver las noticias de cada día.

Demasiados muertos. Demasiados infectados. Poblaciones con miedo.“El siglo del miedo”. Así designo Albert Camus al siglo XX. Pero bien valen sus palabras para lo que va del actual. El nuestro sigue siendo un mundo en manos del miedo.

Fue también Albert Camus quien supo brindarnos en su novela La peste, un escenario de conflictos en los que podemos reconocer la atmósfera agobiante de estas horas. 

El asalto imprevisto y devastador que sufre nuestra especie por parte del coronavirus prueba que el miedo no se origina únicamente en los males desencadenados por el hombre. Somos criaturas subordinadas a más leyes que las establecidas por la razón y las pasiones. Estamos expuestos a riesgos y formas de exterminio que no sólo provienen de imposiciones y del desprecio por la convivencia pacífica y los derechos humanos. Unos y otras se derivan también de nuestra fragilidad orgánica. De las enfermedades a las que somos propensos y que se suceden a lo largo de la historia con una misma intención aniquiladora. 

A muchas el ingenio humano ya ha sabido vencerlas tras pagar el alto precio de muertes incontables. A otras, aún no.

Entre ellas está la pandemia actual. Su paso entre nosotros sigue siendo el de los Jinetes del Apocalipsis. ¿Qué la detendrá? ¿Hasta cuándo el miedo tendrá la última palabra?

Todos confiamos en que esto pasará. En algún momento la vida se volverá a normalizar y tendremos que luchar contra los efectos de todo esto. Porque ya nada será igual, ni la economía ni la política ni muchos de nuestros hábitos. Tenemos mucho por hacer. Para enfrentarnos a lo que nos está cayendo encima. Y también para prepararnos para el día después.

La ciencia aún nos ofrece amparo. No sólo estamos ante una peste inédita. Estamos también, y ante todo, frente a una peste que se muestra por el momento invulnerable a una derrota. Ensañada básicamente, con la población de más edad, ataca sin embargo indiscriminadamente. El coronavirus es también infanticida. Enferma indistintamente y mata selectivamente. La aparente precisión del nombre que lo designa, Covid 19, no lo transparenta. Como el virus es invisible a simple vista, el miedo que despierta recae sobre sus posibles portadores. Reales o virtuales, lo somos todos. Y todos hemos pasado a ser sospechosos para todos. 

Los gestos más afables pueden ser los portadores del mal más profundo. Ya nadie puede asegurar que sabe con quién está. Ni siquiera cuando se refiere a sí mismo. Así, el otro, incierto desde siempre, se convierte en una nueva amenaza. Peligrosidad ya no es ideológica ni étnica ni religiosa.

El otro es ahora un organismo peligroso. Su proximidad compromete nuestra subsistencia. El miedo paraliza la relaciones que hasta ayer fueron espontaneas. La vida cotidiana se disuelve en la incertidumbre.

No obstante las circunstancias exigen que actuemos solidariamente. Nada asegura que lo hagamos pero todo lo reclama. La peste no deja margen para más. Es ella o nosotros. 

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto

martes, 17 de marzo de 2020

SIXTO MEDINA: RESCATAR LA DEMOCRACIA Y LAS LIBERTADES CIVILES Y POLÍTICAS

Después de la caída de los dos regímenes totalitarios que la desafiaron durante el siglo XX, del nazismo en 1945 y del comunismo en 1989, la democracia ha quedado como el único régimen político universalmente admitido en estos albores del siglo XXI.

En el mundo de hoy, casi todos los regímenes políticos dicen ser democráticos. Dicen serlo ¿Pero en verdad lo son? En tanto que a mediados del siglo XX la democracia debía enfrentar el desafió abierto de los regímenes totalitarios, hoy debe enfrenta el desafió encubierto de aquellos regímenes que simulan ser democráticos sin serlo. El régimen de Vladímir Putin, de Daniel Díaz-Canel, Daniel Ortega y Nicolás Maduro, por ejemplo ¿Son democráticos, respetuosos de las libertades civiles y políticas?

Es tanta la fuerza de la idea democrática en nuestros días, que nadie se anima a contradecirla abiertamente. Pero no son pocos aquellos que la disimulan para soslayar la consiguiente condena, contándose, empero, sólo con sus apariencias. Los únicos enemigos de peso que le ha quedado a la democracia, son sus falsificadores. De ahí que las formas de gobierno predominante de nuestro tiempo sean en definitiva sólo dos: las democracias auténticas y las democracias fingidas.

Esta distinción presenta una dificultad especial porque lo característico de las democracias fingidas no es oponerse a la democracia, sino, al contrario disfrazarse de ella. Es necesario, entonces, quitarles sus engañosos ropajes antes de verlas tales como son, en su patética desnudez.

¿Cómo definiríamos a la democracia auténtica? Como un régimen dotado de dos rasgos esenciales. El primero, la elección popular de los gobernantes en comicios libres y honestos con órganos que no coloquen fatalmente en manos de camarillas, premunidas del respaldo oficial la suerte de los comicios, y con ello la suerte misma de la República. El segundo que el poder Ejecutivo así elegido sea controlado mediante el funcionamiento independiente de los otros dos poderes públicos que integran el equilibrio republicano, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, y que se prohíba además reelegir el Poder

Ejecutivo más allá de dos periodos consecutivos de gobierno, lo cual implica, porque va de suyo, la prohibición de la reelección indefinida.

Esta prohibición es una condición de la autenticidad democrática porque, cuando se le permite al gobernante presentarse una y otra vez a la reelección, se vulnera la igualdad de oportunidades entre el gobernante y sus opositores, introduciéndose en la carrera electoral al actor que ha falsificado tantas veces a la democracias latinoamericanas: el caballo del comisario.

Deberíamos, también, guardarnos contra otro peligro el del perfeccionismo democrático. Si algún fundamentalista de la democracia examinara con este criterio el funcionamiento de las democracias que se han dado en nuestro mundo sin duda encontraría hasta en las mejores de ellas numerosas imperfecciones. La rígida aplicación de este criterio afrontaría el riesgo de dejarnos, simplemente, sin democracia. Pero la democracia, por ser un producto humano y no divino, no puede evitar las imperfecciones. ¿No dijo acaso Winston Churchill que la democracia es el peor sistema de gobierno si se exceptúan todos los demás? Y es que, hay un abismo entre la imperfección y la falsificación.

Constituye una obligación para los hombres y voces libres del mundo rescatar la democracia. Luchar para combatir las violaciones a las Constituciones, a los derechos humanos. La responsabilidad es de todos los ciudadanos, de los gobernantes democráticos y de los que en alguna forma tienen la oportunidad de ejercer siquiera alguna influencia en la opinión pública Lo que jamás debe hacerse ante el autoritarismo es resignarse y considerarlo un fenómeno inevitable, porque no lo es. 

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto 

viernes, 19 de julio de 2019

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, SÁBADO 20-07-2019

MIBELIS ACEVEDO DONÍS: POLITICA SIN RENCOR

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 7 minutos
Hablar de honor y orgullo mancillado, de desquites y “venganza legítima” nos transporta a tiempos donde la “dignidad de puertas afuera” lo era todo. “El que ha perdido el honor ya no puede perder más”, sentencia Publio Siro. El espíritu caballeresco del medioevo, por ejemplo, empujaba a una bella muerte a quien encrespado por la ofensa o el menosprecio daba rienda suelta a su encono, seguro de que no le sería posible vivir sin antes reparar la valía rota. Eran días propicios para el duelo, para anticipar el bautizo de sangre armados de escudos y espadas lucientes, forrados de armadu... más »

RICARDO VALENZUELA: LA ECONOMÍA MILAGROSA DE ISRAEL

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 22 minutos
Hasta hace unos años, aplicando terminología felina, si los emergentes países asiáticos eran “tigres”, Israel era un gatito enfermo y económicamente no se ubicaba en la liga de los grandes felinos. Israel surgía en el mapa al mismo tiempo que los tigres, pero con mucho mas a su favor. Con el devoto espíritu de los judíos en todo el mundo, con grandes sumas de soporte financiero, incluida ayuda de EU, el estado de Israel debería haber sido uno de los países más prósperos del mundo. Ninguna nación en su nacimiento había contado con ese soporte internacional, pero lo arropaban con soc... más »

PEDRO ANTONIO ALCALÁ AVILÁN: ¿ELECCIÓN JUSTA, TRANSPARENTE Y LEGAL?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 30 minutos
Desde hace ya más de un mes, se desarrolla un nuevo ciclo de dialogo entre el cartel de miraflores y representantes de la AN de Venezuela. Esta vez, apoyado por el gobierno del reino de Noruega. De los 6 puntos que se discuten, el más importante es la entrada de nuestro laberinto de hoy: La convocatoria a elección anticipada del Presidente de lo que queda de la Republica. Todos los demás puntos son accesorios o condiciones a negociar para pactar la elección. Una supervisada y con garantías para que sea justa, transparente y legal. Eso parece lógico, porque lo que esa negociació... más »

ROMÁN IBARRA: FAIR PLAY

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 40 minutos
La expresión Fair Play, alude a la necesidad del respeto por las reglas de juego, es decir, por la importancia del juego limpio. Ello ocurre como expresión generalizada en los eventos deportivos, pero es importante extrapolarla también al ámbito profesional, o de la política, al quehacer cotidiano de cualquier ciudadano, pues eso es lo que la sociedad espera de nosotros. En estos tiempos que corren en nuestro país, no es un secreto advertir, y por el contrario es una obligación señalar, el grado de deterioro en que nos ha sumido el proyecto del comunismo (socialismo del siglo XXI) ... más »

SIXTO MEDINA: UN LLAMADO AL DIÁLOGO SIN ESPECULACIONES

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Convencidos de que en Venezuela existe un régimen político que se “salta” todos los derechos y normas básicas que se establecen en las sociedades democráticas modernas. Y, convencidos por la experiencia histórica, aun la más reciente, que la crisis humanitaria, la controversia y los enfrentamientos profundizan los conflictos y perjudican a la población civil, la mayoría de los países de la región y la comunidad internacional en general reafirman cada día su llamado al diálogo y a la realización de elecciones libres y democráticas, al compromiso ciudadano y a la búsqueda de consenso... más »

JORGE V. ORDENES-LAVADENZ: LA MISTERIOSA INFECCIÓN CANDIDA AURIS - DESDE ESTADOS UNIDOS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Se trata de un hongo mortífero, misterioso y resistente a los modernos antibióticos, y sus víctimas vienen siendo pacientes con inmunidad insuficiente: recién nacidos, adultos mayores, fumadores, diabéticos y personas que ingieren esteroides que debilitan las defensas naturales, y que precisan ser aislados una vez detectado el hongo que ha aparecido en todos los continentes, incluyendo el suramericano: en Colombia y Venezuela. Es un nuevo fenómeno infeccioso de gran virulencia. En EEUU ha sido declarado una amenaza que se expande por el mundo. En los recientes cinco años aparece en... más »

SIXTO MEDINA: UN LLAMADO AL DIÁLOGO SIN ESPECULACIONES

Convencidos de que en Venezuela existe un régimen político que se “salta” todos los derechos y normas básicas que se establecen en las sociedades democráticas modernas. Y, convencidos por la experiencia histórica, aun la más reciente, que la crisis humanitaria, la controversia y los enfrentamientos profundizan los conflictos y perjudican a la población civil, la mayoría de los países de la región y la comunidad internacional en general reafirman cada día su llamado al diálogo y a la realización de elecciones libres y democráticas, al compromiso ciudadano y a la búsqueda de consensos a favor del bien común. 

Parece oportuno recordar una de las muchas lecciones que le debemos a Sócrates: en todo discurso, para lograr un resultado válido, es preciso comenzar por la definición de los términos en juego. Claro está que no se trata de circunscribir palabras congeladas, pues no otra cosa son las palabras en estado de diccionario. Las palabras adquieren su sentido profundo cuando se encuentran en estado de relación.

Los lexicones nos ofrecen la descripción denotativa de las palabras, pero su connotación es un indispensable valor agregado que sólo puede concederles quien las emplea. En consecuencia, considero imprescindible definir el vocablo diálogo. La primera acepción que nos brinda el Diccionario de la Real Academia Española nos informa: Plática entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos”. La segunda acepción la encuadra como “genero de obra literaria”, y la tercera, como “discusión o trato en busca de una avenencia”. Por supuesto las tres acepciones son léxicamente válidas. No obstante, corriendo el riesgo de traspasar los límites de la prudencia académica, me atrevería a incorporar otra acepción que no contradice las del lexicón oficial de la lengua castellana pero que le agrega- según mi modestísima opinión- una faceta indispensable: llamamos diálogo al discurso que sostienen las personas cuando eliminan de sus dicciones y contradicciones el modo imperativo.

En esta difícil etapa que enfrenta la sociedad venezolana el diálogo, la mediación y la negociación adquieren una importancia insoslayable, más aún irreemplazables. La ciudadanía y sus representantes deberían dejar de lado intereses sectoriales y ambiciones personales para encolumnarse en pos del rescate de las instituciones que estructuran el perfil de una república democrática.

Conviene recordar una formulación de Henri Bergson, cuya actualidad es obvio subrayar: “Debemos actuar como hombres de pensamiento y pensar como hombres de acción”. Hoy y aquí resultaría suicida distanciar el pensamiento político de las construcciones y reconstrucciones que la República exige con premura y sin prorrogas inexcusables. Una nación no existe por emergencia espontánea sino por el esfuerzo creador de quienes la integran.

Es imprescindible subrayar que en el proceso histórico nadie puede ni debe declararse ajeno o indiferente. El conjunto de la sociedad ha de obrar como un cuerpo consciente de sus capacidades fácticas. En este crítico periodo de nuestra historia, los distintos niveles sociales deberían hacerse cargo de la responsabilidad que tienen la obligación de asumir para concretar el sueño de la Venezuela que queremos. Las distintas dirigencias tendrían que extirpar la retórica del doble discurso y asumir el dialogo creador que, como señalamos más arriba, sólo es posible cuando se elimina el modo imperativo. Una cosa es dirigir y otra muy distinta decretar. Confundir los términos significa, en este caso, prostituir la idea de la República democrática y realmente participativa. Los ciudadanos, cualquiera sea su condición, son ciudadanos y no súbditos.

En síntesis, superaremos la ardua coyuntura que atravesamos si somos capaces de construir una comunidad de personas. La verdadera riqueza del país será posible cuando la sociedad de rostro humano deje de ser una formulación utópica para convertirse en tarea cotidiana. La nación venezolana espera un dialogo que nos conduzca a la concreción del esfuerzo mancomunado. 

Anteponer las egolatrías al bien de la sociedad es una forma de traición a la patria.

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto

miércoles, 28 de noviembre de 2018

ACTUALIZACIÓN HOY JUEVES 29-11-2018, EL REPUBLICANO LIBERAL

  ********ACTUALIZACIÓN HOY JUEVES 29-11-2018 ********             
EL REPUBLICANO LIBERAL 
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SIXTO MEDINA, EL RETO DE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA


Se habla con insistencia de la oposición venezolana, de su división, de disentir en su estrategia, de su atomización y de su incapacidad para asumir el papel que le corresponde en la actual crisis política, económica y social del país.

Si bien estas afirmaciones abren un debate profundo sobre la actualidad política son también aplicables a una concepción hegemónica del ejercicio del gobierno. Allí está la clave de un peligro que acecha a la oposición democrática: la evidente tentación de un partido gobernante que tiende a ver a la oposición como un mero conglomerado de representaciones que rechazan las políticas oficiales.

Medir con esta vara a la oposición es no sólo menospreciar sus funciones, sino desnaturalizar su papel: es considerarla tan sólo como vocero de los sectores opositores al proyecto del oficialismo, con lo que se le ubica lejos de su función, que es controlar lo que hace el gobierno y expresar alternativas a las medidas que va adoptando.

En teoría, el gobierno de la república está a cargo del oficialismo y de la oposición: ambos comparten la responsabilidad de encauzar al país por la senda del progreso y del crecimiento. Sin embargo, para que esto se convierta en práctica política real, es necesario que el gobierno entienda y dignifique la función y la naturaleza de la oposición, que acepte las reglas de la convivencia, el disenso, las críticas y las alternativas propuestas a la hora de fijar políticas oficiales.

Que reconozca a la oposición como control y alternativa y no que pretenda encasillarla en el papel de testigo silencioso. Que asuma que la oposición representa a aquellos sectores sociales que no se identifican ideológicamente con su sistema de gobierno, como tampoco con su proyecto político, y que encarna otras alternativas, que expresan ideas diferentes y que pueden contribuir a modificar el rumbo adoptado.

La marginación y exclusión de la oposición ha sido en diversas oportunidades una realidad en la historia política venezolana. Los resultados son hartos conocidos. El peligro que encierra esta inclinación, este concepto de la política y de la construcción del poder -gobernar sin oposición- apunta directamente al corazón del sistema democrático, porque desnaturaliza su esencia, al ignorar la representación de quienes no concuerdan con los actos del oficialismo. 

Se rechaza el libre juego de las alternativas, de la confrontación de ideas y de la existencia de otros caminos posibles, borrando así la posibilidad de una búsqueda conjunta de soluciones de fondo para los problemas de toda la sociedad

Resulta indudable que el posible protagonismo de la oposición venezolana está en íntima relación con la capacidad que ella posea para que la sociedad acepte sus propuestas y para buscar transformar significativamente aquellas políticas en curso que se consideran equivocadas.

En consecuencia, frente a un gobierno que se muestra incapaz -pese a su inmenso poder- de resolver los más elementales problemas; que desconoce al órgano político encargado de elaborar, reformar y aprobar las leyes; que ha vaciado de sustancia la propia democracia, es necesario una oposición política muy activa para que se produzca la transformación real del país, con la renovación y el desarrollo permanente de las ideas.

Pero ésta será efectivamente posible en la medida que los partidos políticos opositores puedan: 1) romper el cerco, de la incomunicación con el país y recuperar la confianza y la credibilidad; 2) regular las contradicciones que existen en el campo de la oposición, buscar un mecanismo que procese las divergencias y al mismo tiempo permita y facilite las coincidencias; 3) tomar en las manos los problemas reales, los problemas del pueblo, para convertirse en legitimo portavoz de los mismos; 4) dar prioridad a la cuestión organizativa, proyectando una política que comprenda todos los sectores y que le permita al ciudadano vincularse con la oposición.

Los desacuerdos y conflictos en una sociedad pueden manifestarse de manera violenta sino existen canales adecuados para su expresión, pero también puede encontrarse vías pacíficas para hacerlo. Así, la oposición puede y debe organizarse y actuar debidamente articulada, siendo la fórmula más idónea mediante organizaciones partidistas. 

Los partidos opositores tienen el deber de redefinir su estrategia y pensar de nuevo de qué manera se fortalecerá la oposición, ante las enormes tensiones políticas y sociales, donde el gobierno tiene entre manos varias crisis de amplitud nacional

Sixto Medina
@medinasixto

domingo, 16 de abril de 2017

SIXTO MEDINA, UN PAÍS SIN DEMOCRACIA Y SIN JUSTICIA

Una democracia es, por naturaleza, el régimen donde se realiza 
la justicia. La politización de la administración de justicia y el 
sometimiento del Tribunal Supremo de Justicia al ejercicio de 
la autoridad que impone Nicolás Maduro, con métodos forzosos 
para ejercer su voluntad sobre la población civil, 
es tan innegable como lamentable, signo del retroceso que significa 
el hecho de que la política y el sentido de algunas resoluciones, 
dictámenes y sentencias judiciales es la urgencia de tener que 
recordar la imperiosa necesidad de la independencia del poder 
judicial y lo peor que nos puede ocurrir en esta materia es 
acostúmbranos al fenómeno perverso que se instaló en nuestros 
ribunales con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1998, y lo ha 
profundizado Nicolás Maduro, quién ha puesto punto final a la 
democracia en Venezuela.