viernes, 28 de abril de 2017

MOISÉS CÁRDENAS, REFLEXIÓN DE UN VENEZOLANO DESDE EL EXTERIOR

Y UN POEMA

Desde que partí de Maiquetía en una tarde de marzo del 2010, no he dejado de pensar en Venezuela. Razones tengo para ello.

Primero están mis familiares queridos, mis padres, hermanos, tíos, tías, y primos. En estos años desde un “exilio voluntario”, se ha ido entre las nubes mi abuela y dos tíos, cosa, que llevo en mi alma, pues aguardo el día que regrese a la tierra que me vio nacer, en visitarlos en su memoria.

La segunda razón por la cual pienso en Venezuela, es que no soy desagradecido por el suelo que pisé y anduve en mis años de infancia y adolescencia, en donde viajaba en mi patineta, bicicleta y jugaba en la cancha como todo aquel niño en una tierra de paz. Pero con el tiempo esa tierra Venezuela, fue ultrajada y pisoteada por seres que juraron amarla. Entonces ya un joven adulto, pensó en que necesitaba verla desde afuera, para comprenderla, estudiarla, analizarla y defenderla por medio de la palabra.

La tercera razón, que pienso en Venezuela, es por aquellas personas que luchan día a día, por vivir en una tierra rica que alimenta a un gobierno que día a día se hinchan de dinero en sus bolsillos, mientras una población sucumbe en la búsqueda de alimentos, medicinas, luchar por vivir, y sobrevivir en las manos de sus gobernantes. Pienso en todos los estados del país, no solamente en donde nací y crecí, pienso en todos por cada estado, es la historia de una  nación que se sujetó a un amo y señor, a una nación que dejó que surgieran, a una nación que le entregó la tierra, la naturaleza y el mar, ahora esa nación Venezuela gime y llora por salirse de esos “señores” que se enriquecen de ella. 

Desde mi llegada a otra tierra, a otro lugar, parecido pero diferente a donde nací, proseguí a ver a Venezuela, desde afuera de ella, con la finalidad de comprenderla y quererla como debe ser.

Entonces entendí que nuestra especie humana, está destinada a no cuidar los momentos buenos, sino a brincar la cerca para apoderarse del botín, de ultrajar, de atropellar, de destruirse en un ir y venir constante, porque Venezuela es “la mujer que deambula  en la calle de la noche”, que simplemente la piropean, la suben a un auto y la usan en un hotel. 

Venezuela debe pasar a convertirse en el castillo de los sueños, en el palacio de telas y finas cerámicas, en el bosque fértil; pero para ello necesita, de gente sincera, de hombres, mujeres, de cultura, educación, de ejes de transformación, de pensamiento republicano, y no de cuarteles, bayonetas y fusiles. Es  que eso debe quedar atrás.

Ahora que leo las noticias, y miro con tristeza como la Venezuela en que nací se convirtió en la tierra de forajidos. Pero, también entiendo que todo es cíclico, porque Venezuela siempre tuvo un militar en el poder, entonces, sueño, y deseo, que vuelva el tiempo de un verdadero demócrata en el poder, no de un hombre vestido de verde, que escupe a sus ciudadanos. Por eso deseo que si algún día en Venezuela, cambia el gobierno de turno, cambia la ideología que actualmente toma al país, deseo que el nuevo presidente sea un demócrata, un liberal  un republicano, que recomponga la nación, pero que todos los ciudadanos no volvamos a caer en el error de traer militares en el poder, de hombres que sean cívicos- militar, de hombres que usan sus juguetes  de carros de combate y fusiles, para mostrarlos a la población. Deseo el inicio de una nueva república.

Pero ahora que veo las imágenes de los acontecimientos de un gobierno que cada día se mantiene más  y más, soy iluso a creer que venga un cambio, pero también encuentro en mis sentimientos versos que debo decir con mis dedos, para quienes colocan el pecho, para ellos les dedicó:

Somos

Somos hormigas amontonadas
que gritamos: ¡si se puede! ¡ si se puede!
Somos voces frente a los monstruos del bosque.
Somos hojas caídas, esparcidas por el viento
pisadas por demonios enloquecidos,
pero somos hojas renacidas en manos de soñadores.
Somos los hijos sin padre.
Somos los arrebatados del alimento.
Somos sin pan, sin maíz, sin trigo,
sin monedas y billetes.
Sin alcancías, sin agua y luz.
Somos caminantes de zapatos gastados
y pantalones rotos de miradas traspiradas
y lágrimas en los ojos.
Somos buscadores de medicamentos
en redes sociales, en radios,
en salvoconducto por fronteras.
Somos heridos por el hombre que sujeta la silla presidencial
por cómplices y amigotes
por hombres vestidos de verde oliva
y por secuaces con balas y gases.
Somos temerosos de los temerosos.
Somos un mar, un rio.
Somos un pueblo que aborrece a los mentirosos.
Somos las nuevas lunas.
Somos los nuevos soles.

Somos los únicos que podemos buscar la libertad.

Moises Roberto Cardenas Chacon
viajesideral2@hotmail.com
@viajesideral
Argentina

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