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lunes, 1 de mayo de 2017

NELSON ACOSTA ESPINOZA, SEAN REALISTAS: PIDAN LO IMPOSIBLE

LA POLÍTICA ES ASÍ

¿Es racional solicitar a una dictadura que respete el ordenamiento jurídico del país? ¿Puede considerarse como una ingenuidad demandar elecciones generales a un gobierno caracterizado como tiranía? ¿No entra en contradicción esta conceptualización con la formulación de demandas de naturaleza democrática? En fin, ¿cuál debería ser la caracterización apropiada de la coyuntura y la forma de lucha correspondiente?

Estas interrogantes las formulo a título de ejercicio en la búsqueda de las vías más apropiada para enfrentar esta profunda crisis que se ha desatado en el país. Ojo, observarán que escribo vías en plural. Es aquí, a mi juicio, donde debería posarse la reflexión sobre las potenciales salidas a la actual coyuntura. Desde luego, la variedad de formas de luchas debería estar acompañada con una diversificación y profundización de las demandas que están siendo formuladas.

Voy a intentar explicar lo sugerido en el párrafo anterior. Hasta el momento que escribo estas líneas la protesta se ha materializado a través de dos mecanismos: marchas y “plantón” en diversas ciudades del país. Las demandas han estado concentradas en cuatro solicitudes; celebración de elecciones; liberación de los presos políticos; establecimiento de un canal humanitario que mitigue el desabastecimiento de alimentos y medicamentos; y, finalmente, el reconocimiento pleno de la Asamblea Nacional. Esta es la agenda de los demócratas. Bueno es recalcarlo, agenda contenida en la Constitución de la República.

Ahora bien, creo que ha llegado el momento de ampliar la política de alianzas implementada hasta el momento. La lucha callejera, a mi juicio, debería estar acompañada por expresiones de rebeldía democrática y constitucional de parte de otras organizaciones de la sociedad civil: sindicatos, asociación gremiales, vecinos, episcopado, ateneos, etc. Igualmente, esta solidaridad debería ir más allá del plano declarativo para poder articularse a la protesta ciudadana. Sería necesario, entonces,  diversificar los escenarios donde desplegar  esta contienda: iglesias, tomas de plazas, colegios profesionales, etc.  En fin, pienso que la presente situación es apropiada para que la MUD rediseñe su política de alianzas en la búsqueda de la construcción de un gran frente cívico que enfrente al gobierno y profundice la lucha.

Me parece,  igualmente, que se debe dotar de un contenido de rebeldía cultural a la expresión oposicionista en el país. Se lucha no  tan solo para desplazar del poder al madurismo. Es imprescindible “preñar de futuro” este presente y derrotar simbólicamente en su totalidad el dispositivo socialista que se apoderó del poder en el país. Esta rebeldía cultural sería el mejor antídoto para expresiones restauradoras que comienzan aparecer en este horizonte de lucha.
Voy a finalizar este breve escrito con una referencia de naturaleza histórica. Dirigida especialmente a los jóvenes corajudos que arriesgan su vida en las calles del país. Celebramos un año más en los acontecimientos del mayo francés del año 1968. En ese mes se dio inicio a una cadena de protestas. Fue emprendida por grupos estudiantiles, a los que posteriormente se unieron obreros industriales y sindicatos. Como resultado, tuvo lugar la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia.

Este movimiento tuvo una impronta cultural significativa. Fracasó en el plano político. Pero tuvo éxito al contestar con ingenio y creatividad los moldes culturales dominantes. Su influencia aún se hace notar en Francia en la actualidad.

Con esta referencia intento subrayar que las tareas no son exclusivamente políticas. Es necesario dotar de una significación simbólica las protestas callejeras. En otras palabras, hay que contestar a esta dominación política en el plano cultural. Y, en esta tarea, lo jóvenes deberían jugar  un rol significativo. Ojala en el marco del fragor de estas luchas de calle se esté labrando una nueva generación de liderazgo político y cultural en el país.

En fin, en la actualidad hay que ser realista y pedir lo imposible.


La política realista es así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

sábado, 1 de abril de 2017

NELSON ACOSTA ESPINOZA, FORMULAR UN NUEVO PROYECTO NACIONAL

LA POLÍTICA ES ASÍ

Cerrar un ciclo histórico. Podría decirse que aún esta tarea se encuentra pendiente. En un cierto sentido nuestras elites políticas, económicas y sociales no han cumplido a cabalidad con este imperativo. Afirmación dura. Parece conveniente, entonces, preguntarse ¿qué se quiere subrayar con esta expresión? O, en otras palabras ¿a qué periodo de nuestra historia me estoy refiriendo?

Para dar respuestas a estas interrogantes me voy a permitir hacer un ejercicio de memoria. A finales de la década de los ochenta el modelo político y económico democrático mostraba signos evidentes de agotamiento. En otras palabras, el petro estado había entrado en crisis. La sociedad, en su conjunto, experimentó una sensación anómica que demandaba cambios sustanciales en el ordenamiento económico, político y social vigentes.

Esa demanda fue asumida por un conjunto de venezolanos e interpretada como la imperiosa necesidad de producir cambios sustanciales en la manera de conducir los asuntos públicos. Se creó así la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE). En su inicio fue encabezada por el Dr. Ramón J. Velásquez y el Dr. Carlos Blanco asumió la Secretaria Ejecutiva.

 Este organismo convoco a un grupo eminentes de venezolanos que se abocaron al diseño de un nuevo proyecto de país a partir del agotamiento del que estuvo vigente en Venezuela a lo largo del siglo XX. Sin lugar a dudas, esta iniciativa representó el programa más completo que haya conocido el país después de la instauración del régimen democrático. Desafortunadamente la clase política de la época no lo interpretó así. No entendieron la urgencia de transformar el estado y de abrir oportunidades de cambio esencial en la sociedad de esa época. Esta incomprensión abrió camino al modelo autoritario que actualmente se encuentra vigente. Es conveniente subrayar que en la actualidad este proyecto muestra  signos irreversibles de agotamiento.

En este sentido, estamos de nuevo  ante la oportunidad dar cumplimiento a la tarea que no se pudo completar a finales de la década de los ochenta. De ahí, la expresión con la que iniciamos este brece escrito: cerrar este ciclo histórico. En otras palabras, las tesis de la reforma del estado (desde luego actualizadas a las actuales circunstancias) constituyen el punto de partida para la formulación de un proyecto de país y dotar de un nuevo significado al proyecto democrático.

Parece apropiado formular las siguientes interrogantes ¿tiene el sector democrático un proyecto estratégico de largo aliento? ¿Su narrativa contiene los lineamientos para democratizar, descentralizar y federalizar las instancias de poder en el país? ¿Da cuenta de las autonomías culturales e históricas presentes en las distintas regiones del país? ¿Han federalizado su relato político?

Observo con preocupación una dedicación, casi exclusiva, al tema electoral. Desde luego que éste es un aspecto crucial desde el  punto de vista táctico. Sin embargo, el mismo debería estar subordinado a una visión de naturaleza estratégica. Y, ese horizonte, no debe ser otro que el señalado en los anteriores párrafos.

Elaborar o poner al día la narrativa descentralizadora y federalista es una tarea imprescindible. Es el mejor remedio para curar la enfermedad restauradora y el electoralismo per se. Evitar el síndrome de las puertas giratorias. Vale decir, transitar en círculos sin una visión de naturaleza trascendental.
La oposición democrática tiene ante sí una oportunidad de naturaleza histórica: desplazar el chavismo y abrir caminos para la construcción de un país a lo largo de nuevas líneas de ordenamiento económico, político y cultural.

Cultivar la idea federal tiene profundas raigambre en la historia del país. Recordemos que la Republica debe al Cabildo su primer acto de soberanía y de independencia en nuestra historia. Los sucesos del 19 de Abril de 1810 y otros posteriores, dieron nacimiento a una República opuesta a cualquier forma de opresión, fundada en la soberanía del pueblo, en la autonomía de las provincias sin más límites que la razón y la ley justa en la sociedad.

Rescatar este legado es tarea de primerísima importancia y proporciona base para este nuevo relato de naturaleza federalista.


Sin dudas, la política ahora es así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

domingo, 19 de marzo de 2017

NELSON ACOSTA ESPINOZA, RESTAURAR O TRANSFORMAR EL MODELO POLÍTICO REPUBLICANO

LA POLÍTICA ES ASÍ

Nuevamente la Universidad de Carabobo sirvió de escenario para la institucionalización de la Cátedra Rectoral sobre Descentralización y Federalismo “Ramón J, Velásquez”. Utilizo el vocablo nuevamente porque  ya en el año 1986 esta institución, bajo el rectorado de Gustavo Hidalgo y con el apoyo del Dr.  Ramón J. Velásquez,  organizó un Simposio Nacional sobre la Reforma del Estado. Desafortunadamente, las recomendaciones y conclusiones de este evento no fueron atendidas debidamente por la clase política. Es bueno recordar que la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) había advertido el peligro de un golpe de estado en caso de que no se procediera a una reforma sustancial del estado venezolano. Los acontecimientos posteriores probaron la certeza de este augurio.

He iniciado este breve escrito con este recordatorio porque, a mi juicio, el país se encuentra en la actualidad ante una encrucijada parecida a la que confrontó al inicio de la década de los años noventa del pasado siglo. En cierto sentido pudiéramos resumir esta disyuntiva como la escogencia entre restaurar o transformar sustantivamente los poderes públicos del país. Voy a intentar explicar este dilema.

En principio debemos admitir que estamos en presencia del agotamiento de un modelo republicano de la política. Lo que pretendo enfatizar es lo siguiente.   Lo sustantivo en la actual coyuntura no es derrotar electoralmente al actual régimen político. Desde luego, que esta es una condición necesaria, pero no  suficiente. Por ejemplo,  ganar las elecciones y restaurar el viejo modelo republicano constituiría un grave error político e histórico. En este sentido, observo con preocupación que un cierto electoralismo impregna con su lógica la conducta de la mayoría de los actores políticos democráticos en la actualidad. Y esta consideración de naturaleza táctica tiende a oscurecer el horizonte estratégico de la política. En otras palabras, en sus aproximaciones electorales estos actores  reproducen   viejos esquemas ya agotados. Y, en cierto sentido, se inhiben de diseñar y proponer un nuevo proyecto democrático.  Quizá esta circunstancia ayudaría a explicar, por un lado,  cierta desorientación presente en la conducción política de parte de la dirección democrática de la oposición y, por el otro, el relativo grado de desconcierto existente en la mayoría de la población opositora. Resumiendo, creo posible caracterizar estas conductas electoralistas como desviaciones de naturaleza restauradoras. Intentan reproducir lo ya vivido políticamente.

Ahora bien, iniciamos este breve escrito con una mención al Simposio Nacional sobre la Reforma del Estado realizado en el año 1986. Esta actividad y las reflexiones que se llevaron a cabo en Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) constituyen puntos de referencia obligados para la construcción de una opción política estratégica y renovadora para el país.

¿Dónde ubicar, entonces,  el carácter transformador y estratégico que debe expresar la opción democrática? ¿Qué propuesta le otorgaría un carácter novedoso a este proyecto democrático? Estas interrogantes constituirán  puntos de partida a la reflexión que desarrollará esta nueva unidad rectoral de investigación que se instituyó el día 9 de marzo en el Salón de Sesiones del Consejo Universitario de la Universidad de Carabobo.

Desde luego, descentralizar y federalizar son los vectores que deben guiar las propuestas de cambio del sector democrático. Hay que traducir estas líneas de acción en forma sencilla para que puedan formar parte de la oferta política y electoral de este sector. En fin, de lo que se trata es intentar conformar un nuevo relato político que pueda comunicar en forma natural esta nueva opción  política.

Elaborar esta narrativa será uno de los propósitos de la Cátedra Rectoral sobre Descentralización y Federalismo “Ramón J. Velásquez”.

Sin lugar a dudas, la política es así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

miércoles, 1 de marzo de 2017

NELSON ACOSTA ESPINOZA, MOVILIZAR “LOS DE ABAJO” CONTRA “LOS DE ARRIBA”

LA POLÍTICA ES ASÍ

“Empate hegemónico” y “equilibrio catastrófico” pueden ser expresiones apropiadas para caracterizar la coyuntura política en Venezuela después de la muerte del presidente Chávez. En otras palabras, ninguno de los grupos que en la actualidad se disputan el poder en el país  ha tenido la capacidad de imponerse en términos de una clara hegemonía política. Ni el ejecutivo ni el parlamento con sus respectivos aliados han podido construir alternativas viables para la mayoría de la población.  Como resultado de esta situación, el equilibrio de poder resultante puede ser caracterizado como inestable, frágil y susceptible de rompimientos inesperados. Hasta cierto punto, el “poder” se ha transformado en un espacio vacío. Los distintos grupos institucionalizados que compiten políticamente no han podido ocupar y hegemonizar a cabalidad este espacio. Esta consideración da pie para poder  caracterizar la situación política del país en términos de la existencia de un equilibrio frágil y catastrófico.

Vamos a detenernos y ampliar la consideración anterior. Lo que intento señalar es que las viejas formas de expresar lo político están agotadas. Esta afirmación es valida tanto para el oficialismo como para una gran parte de la oposición democrática. El gobierno ha renunciado a la política. Sus últimas iniciativas apuntan hacia esa dirección. Potencial ilegalización de los partidos políticos y cancelación de las elecciones. Por su parte, la expresión política del sector democrático se encuentra en crisis y con dificultades para generar políticas de masas con potencialidades hegemónicas.

Ahora bien, una inquietud surge a boca de jarro. En el marco de una situación como la descrita ¿cuál sería la estrategia apropiada? Bien, en forma simple, esta interrogante puede ser respondida apelando a la movilización de “los de abajo" contra “los de arriba”. Sin lugar a dudas, esta alternativa suena simple. Sin embargo en su sencillez se encuentra la llave de su éxito histórico.

¿Qué intentamos decir? Bien la respuesta se encuentra en la necesidad de construir discursivamente un nuevo sujeto de acción colectiva- la ciudadanía- capaz de reconfigurar este orden político y social que es percibido como injusto y anti democrático. En otras palabras, “los de abajo” lo compone la ciudadanía que mayoritariamente sufre este socialismo y rechaza al gobierno. “Los de arriba” están representados por la elite que usufructúa en la actualidad el poder político en el país y sobre la cual se arrojan serias dudas en relación al tema de la corrupción y el narco trafico

Este es el mejor momento para aplicar una estrategia de naturaleza transversal que facilite una sinergia entre la diversidad de actores que luchan por el restablecimiento y profundización de la democracia. Expresado en otros términos, en la medida en  que la mayoría de la población se encuentra sufriendo los efectos de este socialismo del siglo XXI, existe una oportunidad para que esta maniobra de sesgo transversal desborde el clivaje gobierno/oposición que ha operado en los últimos años.

Desde luego, una opción de esta naturaleza deber ser “narrada” y enmarcada en una o varias expresiones que sellen la frontera que separa a “los de abajo” con “los de arriba”. El profesor Asdrúbal Romero ha propuesto la palabra “destructores”. Con esta expresión pretende identificar a la elite política que ha destruido el país y el futuro de una gran mayoría de venezolanos. El uso de esta expresión por parte de la oposición democrática facilitaría la construcción de un framing “propio y coherente, dentro del cual desarrollar un lenguaje efectivo en su conexión con los ciudadanos”.

Este es un debate abierto. La oposición debe indagar sobre la elaboración  de una narrativa que le permita conectarse con la ciudadanía. Lo que está en juego es la construcción de un nuevo proyecto de país que requiere de la elaboración de una nueva “gramática” que interpele a la totalidad de la ciudadanía lejos de la falsa dicotomía gobierno/oposición o izquierda/derecha.

Es necesario construir una alternativa discursiva que rompa con el actual empate hegemónico y, para ello, se requerirá del consenso activo de la ciudadanía.


La política es así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

lunes, 20 de febrero de 2017

NELSON ACOSTA ESPINOZA, SENTIDO COMÚN Y POLÍTICA

LA POLÍTICA ES ASÍ

No hay duda. Los espacios institucionales para el ejercicio democrático en el país tienden a cerrarse. Cada día que transcurre se achican los ámbitos para la puesta en práctica de la actividad política de naturaleza institucional. Las normas anunciadas que regirán el proceso de relegitimación de los partidos políticos apuntan hacia esa dirección. Se pretende instaurar  un tipo de democracia donde los ciudadanos votan, pero no eligen. Los ejemplos de Cuba y Nicaragua son emblemáticos. En estos países los ciudadanos están condenados a escoger solamente entre las opciones que el régimen presenta. En su comunicado la MUD lo expresa taxativamente: “Ese es el escenario que el madurismo quiere imponer en Venezuela: acabar con la democracia participativa y protagónica mediante la imposición de estas restrictivas normas de relegitimación de partidos”

Bien, amigos lectores, el actual  escenario político y las lógicas que lo sustentan tienden a diluirse. Con esta nueva arremetida el gobierno coloca a la oposición democrática ante el imperativo de rediseñar su táctica y estrategia política. Tarea esta, hay que recalcarlo, nada fácil.

Me voy a permitir algunas observaciones.  El diálogo, en la práctica, solo sirvió para apuntalar al régimen y desarmar al bloque democrático con la única arma a su disposición: la expresión ciudadana en la calle. El oficialismo tuvo éxito en arrinconar a la oposición en la llamada mesa de negociación. Desactivó la protesta,  neutralizó la MUD y, al mismo tiempo, avivó las naturales contradicciones que existen en el interior de este cuerpo colegiado. En pocas palabras, el gobierno  anotó un “gol” político a su favor. Ganó tiempo y neutralizó la protesta ciudadana.

Desde luego, ante estas nuevas circunstancias sería útil, entre otras opciones, realizar una reflexión crítica sobre este pasado reciente y, como consecuencia de este ejercicio, elaborar  una nueva estrategia que responda a las demandas del sentido común del ciudadano.

Aquí el vocablo clave es sentido común ciudadano. En otras palabras, no es el gobierno o sus instituciones el campo de batalla prioritario en el futuro. Por el contrario, hay que replantear el accionar político. Colocar los esfuerzos en aquellos escenarios donde se construye el sentido común ciudadano y articularlo a una nueva propuesta política de cambio.

Más en profundidad. El sentido común se encuentra constituido por  una diversidad de narrativas que definen los marcos a través de los cuales las personas piensan la política. Ahora bien,  ¿qué importancia podemos asignar a esta categoría en la actualidad? La respuesta, a esta interrogante, es la siguiente: los relatos a través de los cuales nuestros ciudadanos viven su cotidianeidad son adversos al gobierno. En otras palabras, están a la disposición de la alternativa política que tenga la destreza de articularlos a su proyecto político.

En otras palabras, los demócratas están frente a una oportunidad antropológica e histórica única. El sentido común, a veces el menos común de los sentidos, opera en la actualidad a beneficio de las demandas ciudadanas de cambio.
La nueva arremetida del gobierno, pudiera interpretarse, como un reconocimiento de esta realidad que es  adversa a sus políticas. Ojo. En el pasado tuvieron éxito en hegemonizar esta expresión de la vida social. Hoy día, por el contrario, este sentimiento ciudadano se encuentra “libre” y a disposición de una alternativa que tenga la disposición de articularlo a sus propuestas políticas.

El reto para la dirección política de la oposición es simple: detectar y desarrollar este sentido común ciudadano y transformarlo en punto de anclaje para la construcción del discurso alternativo a este socialismo del siglo XXI.
Hoy día, la política no es la acción llevada a cabo por “grandes hombres”. Por el contrario, hay que politizar el mundo de la vida cotidiana de la población. Hay que abandonar  el discurso heroico y partidista. En otras palabras, lo que hay que conseguir es que las demandas políticas, dejen de serlo y se transformen en demandas de sentido común.

Sin duda, la política es así

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

sábado, 11 de febrero de 2017

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ¿PADECE DE FRIGIDEZ EMOCIONAL LA MUD?

LA POLÍTICA ES ASÍ

Amigos lectores, me permito iniciar este escrito con una advertencia. Voy a intentar tratar algunos aspectos  teóricos sobre el tema de la comunicación política. El propósito es intentar responder algunas interrogantes que gravitan sobre el accionar político de los factores democráticos. En particular, espero poder dar respuestas a las siguientes interrogantes: ¿Por qué se votó, en el pasado, masivamente por la opción electoral chavista? ¿Qué factores inciden, en la actualidad, para explicar cierto desenfado y desgano existente en la población votante opositora? ¿Interpelan apropiadamente, por ejemplo, las fuerzas democráticas a la población pobre del país?

Estoy consciente de la complejidad del tema que intento abordar. Debo señalar que esta preocupación es compartida por un grupo de investigadores de la Universidad de Carabobo. De hecho, recientemente se celebró en esta institución un conversatorio donde se abordaron los temas que sugieren las interrogantes que se acaban de formular.

Bien, empecemos con una constatación. Las fuerzas democráticas, en el pasado, estuvieron en desventaja frente al chavismo. Esta afirmación obedece a la débil penetración de la estrategia comunicacional del bloque opositor en los sectores populares. La pregunta surge a boca de jarro. ¿A qué se debió, entonces, esta debilidad comunicacional? Una respuesta a esta interrogante pudiera estar ubicado en el carácter desapasionado de la narrativa opositora.
¿Qué significa esta última afirmación? Lo que intentamos resaltar es lo siguiente. En el plano electoral las fuerzas democráticas se comportaron racionalmente. Vale decir, esperaban que el deterioro económico alimentara la propensión al voto opositor. En otras palabras, no era “racional” que los “oprimidos” votaran por sus “opresores”. Expresado en otros términos, la población empobrecida debería pasar factura a los responsables de su situación. Sin embargo no ocurrió así. Los “pobres” votaban mayoritariamente por los responsables de su pobreza.

En el plano teórico, los estrategas opositores partían de un principio de acuerdo al cual los electores  autónomamente atienden a razones. Pero esta creencia filosófica, de raigambre kantiana y continuidad rawlsiana, tenía un inconveniente: guardaba poca correspondencia con la realidad. En otras palabras, era necesario emocionar para convencer.

En la actualidad los partidos políticos opositores enfrentan una situación similar a la que vivieron en su pasado reciente. Se supone que el creciente deterioro del nivel de vida es suficiente para crear una identidad opositora. No sería “racional” que la población endosara sus simpatías a los responsables de su miseria. Desde luego, que esta afirmación es verosímil. Sin embargo, para hacerla realidad se requiere de la construcción de una narrativa que llegue a los corazones y mentes de los destinatarios de esta invocación política. Y, aquí, es donde reside una cierta debilidad en el polo democrático.

Tengo la impresión que los partidos políticos opositores se comportan como “si el mandado ya está hecho”. Es decir, el deterioro de las condiciones de vida de la población será suficiente para generar una nueva identidad política que será capitalizada por la MUD. Esta creencia tiene un doble inconveniente. Por un lado, sabotea, por así decirlo, la construcción de una propuesta nueva que emocione a los ciudadanos. Y, por el otro, estimula la competencia interna de los partidos dentro de la MUD y, en consecuencia, se socaba la pertinencia política y electoral de esta agrupación política.

Diversos observadores políticos han advertido sobre cierto inmovilismo que en la actualidad padece esta agrupación política. Señalan que esta “resaca” se encuentra asociada con la perdida de optimismo y desencanto presente en la población. Sentimientos producto de la frustración derivada de la no celebración del referéndum revocatorio.

Es vital revisar la estrategia opositora. Para finalizar una breve recomendación. No hay que temer en explotar las emociones políticas de los ciudadanos. Hay que intentar ofrecer a los ciudadanos de este país una “forma pasional de hacer política”.

La MUD debe “atreverse a sentir”.


La política es así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

viernes, 3 de febrero de 2017

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ¿CRISIS DE HEGEMONÍA EN EL PAÍS?

LA POLÍTICA ES ASÍ

¿Es posible diseñar un futuro alternativo a la tortuosa realidad del  presente que vivimos? Amigos lectores, responder esta interrogante es vital. Su trascendencia se deriva del marco político, económico y social que enfrentan los ciudadanos de este país. 

En un cierto sentido,  la población comienza a percibir el presente como irremediable. Son cortas, por así decirlo,  las zancadas que pudieran empujar hacia un futuro distinto que oblitere las actuales penurias. Los actores a cargo de tan delicada misión se encuentran sumidos en una pasividad intelectual y práctica. De ahí la modestia de sus iniciativas. Por otro lado las instituciones, por ejemplo las universidades, están neutralizadas organizativamente. No pueden asumir a cabalidad su misión tradicional de ser “las casas que vencen las sombras”.

Disculpen esta dosis de pesimismo. En realidad, en  mi persona como en el resto de los venezolanos, reinaba un optimismo esperanzador al inicio del año 2016. Percibíamos signos de cambio. El triunfo electoral en las elecciones parlamentarias alentaba este sentimiento. Sin embargo, la ofensiva gubernamental (suspensión del referéndum revocatorio, ruptura de la mesa de negociación, entre otras circunstancias) logró neutralizar las pulsiones de cambio que anidaban en la mayoría de la población. Los estudios de opinión revelan que un cierto escepticismo y pasividad caracterizan la conducta actual de la ciudadanía.

Parece importante, después de esta descripción, intentar hacer una caracterización del momento actual. Punto de partida para el esbozo de una estrategia que apunte hacia el diseño de un futuro posible. ¿Cómo definir, entonces,  esta coyuntura? El dilema que se enfrenta pudiera ser sintetizado en estas dos opciones: ¿continuidad o ruptura con lo existente? Esta suerte de indeterminación  ha sido conceptualizada con la palabra interregno.

Antonio Gramsci, intelectual y político italiano, con este vocablo caracterizaba una situación histórica donde lo viejo está muriendo y lo nuevo no termina de nacer. Intentaba describir “situaciones extraordinarias en las que el marco legal existente del orden social pierde fuerza y ya no puede mantenerse, mientras que un marco nuevo, a la medida de las nuevas condiciones que hicieron inútil el marco anterior, está aún en una etapa de creación, no se lo terminó de estructurar o no tiene la fuerza suficiente para que se lo instale”.

El párrafo anterior, a mi juicio, describe a plenitud la situación actual del país. Los venezolanos nos encontramos ubicados en un escenario político donde se encuentran en pugna la opción de continuidad y de transformación. La primera, estimulada con fuerza por el aparato institucional del gobierno, luce segura bajo una aparente solidez. La segunda, hasta el momento no ha podido expresarse con firmeza y, en consecuencia, carece del consentimiento activo de la ciudadanía. Cuidado. No se mal interprete esta última afirmación. La población, de acuerdo a diversos estudios de opinión, mayoritariamente rechaza las políticas del gobierno y a sus personeros. Sin embargo, esta actitud no es traducible en su totalidad hacia las agrupaciones políticas que conforman el universo opositor.

Este desbalance lo  podemos describir con el término interregno. En otras palabras,  las opciones políticas (IV y V república) y sus respectivos relatos están agonizando. Sin embargo, los demócratas no han podido, aún, elaborar una narrativa distinta a las que prevalecieron en el pasado y que proporcione direccionalidad política al hastió y desencanto presente en la ciudadanía.

Los actos de calle el pasado 23 de enero, a mi juicio, demostraron la ausencia de una vanguardia política con una clara visión de la actualidad y de alternativas de cara al futuro. Carecía de  una narrativa,  de una consigna que denunciara el presente y anunciara el porvenir. Sin estos dos ingredientes el significado político de la calle se pierde.

En fin, en estos momentos el país demanda un liderazgo que este a la altura de las actuales circunstancias. Lo electoral es importante, pero debería subordinarse a la apuesta fundamental y, esta no es otra, que derrotar política y electoralmente al gobierno. En ese orden. Para ello sería necesaria la elaboración de una propuesta y su traducción en un relato que llegue y entusiasme a la ciudadanía.

No hay alternativa, la política es así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

domingo, 22 de enero de 2017

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ¿ES DE NATURALEZA HISTÓRICA EL IMPASSE QUE VIVIMOS?

LA POLÍTICA ES ASÍ

La  situación política  en el país se descompone a una velocidad inusitada. La tensión y conflicto entre los poderes constituidos tiende agravarse. Hoy en día es factible señalar que en la práctica la Asamblea Nacional, en términos prácticos, se encuentra disuelta. Los últimos sucesos policiales parecen indicar que esta desinstitucionalización viene acompañada de una arremetida de naturaleza represiva.

Por otro lado, la ciudadanía se encuentra desmotivada y frustrada. En otras palabras, desmovilizada. La anulación del referéndum revocatorio y los errores tácticos cometidos por la dirección política de la MUD han provocado este estado de ánimo. En síntesis, a falta de dirección y de una adecuada motivación política la población se encuentra ocupada en sobrevivir. El sentimiento de rebelión, desde luego,  existe. En estado latente, adormecido. A la espera que una vanguardia política lo despierte con la consigna y estrategia adecuada.
Me parece apropiado referirme, brevemente, a la dinámica de acontecimientos que llevaron a la perdida de funcionalidad política de la Asamblea Nacional. Considero que una debilidad en la conducta de esta institución se expresó en la concentración de su actividad en el plano estrictamente jurídico. Y fue en ese ámbito, precisamente, donde el ejecutivo concentró su ofensiva: designó inconstitucionalmente magistrados del Tribunal Supremo; suspendió a los diputados de Amazonas, anulando en la práctica la mayoría de las dos terceras partes de la Asamblea y, finalmente, la AN cometió “desacato” al funcionar con los diputados de Amazonas. La consecuencia, no esperada, fue que la Asamblea Nacional en la práctica ha quedado disuelta. Desde luego sigue marchando pero carece del poder para ejercer sus funciones.

El escenario político actual pudiera sintetizarse de la manera siguiente. La principal trinchera institucional (la AN) se encuentra anulada; las gobernaciones y alcaldías en manos de la oposición están sumidas en una pasividad o carencia de motivaciones para impulsar políticas de calle; en lo “electoral” se ubican las esperanzas políticas de los tres grandes partidos; represión selectiva contra algunos actores políticos de la oposición (VP); profundización de la tendencia autoritaria del régimen  y desencanto en la mayoría de la población. Estos rasgos, descritos apresuradamente, caracterizan la coyuntura política y social del país. Desde luego, hay que añadir que los mismos se dan en el marco de una crisis económica de naturaleza catastrófica.
Tengo la impresión que estamos viviendo una situación que pudiera ser caracterizada como anómica. Vale decir,  existe una disfuncionalidad entre las metas culturalmente definidas y los canales sociales legítimos para alcanzarlas. Esta situación de anomia es evidente en la Venezuela actual. Ejemplos: por un lado la percepción, cada vez más evidente, que los canales institucionalizados para lograr objetivos legítimamente definidos  se hayan bloqueados. Y, como consecuencia, la creciente criminalidad y la corrupción generalizada presente en las instituciones públicas.

En el plano político esta anomalía se observa con mayor claridad. Metas políticas y canales para acceder a ellas se encuentran, por así decirlo, obstruidos. Atasco de naturaleza estructural. En otras palabras, estamos en presencia de un atolladero  histórico. Su resolución, entonces,  pasa por la definición de nuevas metas e instrumentación de reglas distintas para alcanzar las mismas.

Existen diversas respuestas ante estas dificultades: ritualismo, conformidad y rebelión, entre otras. Las dos primeras deben ser combatidas por ser inapropiadas en el ámbito de un contexto de naturaleza política. La tercera, a mi juicio, es la adecuada en el marco de las actuales circunstancias.

Expresado en otros términos, para salir de esta situación conflictiva va ser necesario desarrollar un nuevo “sistema de metas y medios aceptables”.

Esta ha de ser la tarea que en el plano político debería ser inmediatamente asumida por los sectores democráticos.
Rebelarse, en otras palabras, es la conducta apropiada para las actuales circunstancias.


La política debería ser así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

miércoles, 27 de abril de 2016

NELSON ACOSTA ESPINOZA, CAMBIAR PARA QUE TODO SIGA IGUAL,

Amigos lectores, en esta ocasión,  me propongo intentar teorizar brevemente sobre la direccionalidad del cambio político que se está incubando en el país. Se me ocurre que es una tarea necesaria. Tengamos en mente que estamos al borde de clausurar una etapa histórica. Hay que estar atentos. En situaciones como la que estamos experimentando el peligro gatopardiano siempre está presente: cambiar para que todo siga igual.

Vamos a indagar algunos conceptos provenientes de la ciencia política para alcanzar el objetivo propuesto. Por ejemplo, la diferencia existente entre estas dos dimensiones: lo político y la política. Por lo primero, se entiende la dimensión de los conflictos siempre presente en las comunidades humanas, Por lo segundo, las diversas prácticas e instituciones mediante las cuales se crea un determinado orden que organiza la convivencia en el marco de la conflictividad que se desprende de lo político.

Ilustremos a través de ejemplos históricos la concreción de estas dos dimensiones. A lo largo del siglo XIX y primeras décadas del XX, por ejemplo,  lo político se expresaba en la conflictividad entre los diversos caudillos heredados de la guerra de la independencia. El denominado estado oligárquico liberal fue la formula política diseñada para domeñar los antagonismos derivados de esta dimensión de lo político. Barbarie vs, civilización fue la consigna que resumía la propuesta política del positivismo como forma de gobierno. La autocracia censitaria fue su concreción electoral. La democracia, igualmente, fue la formula delineada para procesar  conflictos y compensarlo con nuevas formas de ciudadanía: voto universal y secreto.

Ahora bien, en la actualidad ¿qué es lo que ha entrado en crisis? ¿Lo político, la política?  Lo que intento resaltar es que estamos presenciando los inicios de una nueva etapa histórica. Y esta fase requiere reformular la concepción tradicional de lo político y la política. Los actores deben tener una comprensión de la naturaleza inédita de estos conflictos y su procesamiento mediante nuevas prácticas políticas.

Es obvio que en lo inmediato la tarea es desplazar del gobierno a la cúpula gobernante. Pero este objetivo debe ir acompañado con la enunciación de un nuevo horizonte estratégico. Voy a formular una consideración atrevida. Históricamente, en lo sustantivo, la V república es una continuidad, en su  agotamiento, de la IV. El socialismo del siglo XXI, no constituyo un reemplazo de raíz de lo fundamental de las políticas aplicadas en los finales del periodo democrático. El desmesurado aumento de la renta petrolera permitió que el estado adquiriera una fuerte autonomía en relación de la sociedad civil. Acentuando así,  las tendencias autoritarias que ya estaban presente en la cultura  que prevalecía en los partidos políticos.

Más allá, de las denuncias de los desafueros del gobierno, la oposición en conjunto o, sectores de ella, deberían elaborar un nuevo relato que proporcione una visión alternativa a las formulaciones dominantes en el pasado. Y, los portadores de esta nueva narrativa, deberán con su conducta anunciar los nuevos tiempo por venir. La propensión electoral desprovista de una nueva mirada puede conducirnos hacia una nueva frustración de naturaleza histórica.

Diversos articulistas han descrito la siguiente paradoja. Por un lado, la población experimenta dramáticamente carestías en lo económico, social y cultural (colas, desabastecimiento, derrumbe del sistema escolar, etc.). Y, por el otro, las respuestas de parte de la oposición son tenues y carecen de contundencia. En otras palabras,  no se encuentran a la altura de las circunstancias que le está tocando vivir.  Por otra parte, los sondeos de opinión advierten, igualmente, sobre los deseos de cambios que se anidan en la población. Sin embargo, esos mismos estudios señalan, que esas expectativas no han sido respondidas en forma clara y contundente.

¿Cómo explicar esta contrariedad? Desde luego, son diversas las variables que entran en juego a la hora de diseñar una respuesta a esta interrogante. Sin embargo, me atrevo a señalar una de ellas. Sectores de la oposición conjugan su activismo con una gramática política proveniente de la IV y V república. Viejos hábitos difíciles de extirpar. Habría que agregar que no han podido elaborar un relato que anuncie su ruptura simbólica, cognitiva y cultural con el pasado. Es duro, lo que acabo de expresar, pero necesario. En la actualidad, desde el parlamento, por ejemplo,  (Primero Justicia) se están diseñando propuestas de franco corte populistas. Recuerdan, en forma nítida, a la IV y V república.

En otras palabras, insisto: el peligro gatopardiano está presente: cambiar para que todo siga igual.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64
Carabobo - Venezuela

lunes, 28 de marzo de 2016

NELSON ACOSTA ESPINOZA, MADURO, OBAMA, JAGGER Y NOSOTROS

Bien, amigos lectores, la semana que finaliza   proporciono un excelente ejemplo, en vivo, de lo que significa la postmodernidad. Entendiendo por esta categoría la coexistencia simultánea de códigos culturales contrapuestos y pertenecientes, por así decirlo, a etapas de “desarrollo” distintas.

Me estoy refiriendo a la presencia en Cuba de personajes tan disimiles como Nicolás Maduro, Barack Obama y Mick Jagger. Con diferencias en días representantes de tres tiempos históricos distintos coincidieron en la Habana: pasado, presente  y futuro. Voy a intentar explicar esta peculiar circunstancia.

Nicolás Maduro, simboliza esa pieza de arqueología política denominada Socialismo del siglo XXI. Su presencia en la Habana obedeció a recibir la más alta condecoración que otorga el gobierno cubano, la Orden José Martí. Una forma gentil y simbólica de dar las gracias por los favores recibidos y, hasta cierto punto, un adiós nostálgico a  generosos tiempos que no volverán. En fin, Nicolás recibió su premio de consolación.

Dos días después, la sociedad cubana presencio la histórica vista del presidente el país más odiado por ese gobierno y símbolo real del llamado imperialismo yanqui. Paradojas de la historia. Cuba y USA han iniciado un periodo de arduas negociaciones para restaurar los históricos vínculos que en pasado existían entre estas dos naciones. El pueblo Cubano expreso con intensidad y alegría  su aspiración de reanudar esta relación y capitalizar los beneficios que la misma conlleva. Pareciera que la consigna a adelantar es: Yanquis Come Back.

Finalmente, el futuro próximo llego a este país a través de la música. En una histórica visita el grupo musical The Roling Stone desató una ola de entusiasmo que, en cierto sentido, anuncia el tiempo por venir. Mike Jagger, de 72 años fue recibido con entusiasmo desbordante.  A pesar de ser exponente de una vida intensa con connotaciones profundas distintas a las que la revolución intento implantar en la población. Para un sistema político que intento formar el “hombre nuevo”, señala Yoani Sánchez, este flaco de vida convulsa significaba el anti modelo, lo que no deberíamos imitar.

Bien retomemos el párrafo inicial. Cuba, sin lugar a dudas,  vivió intensamente su momento postmoderno. En un espacio cronológico pequeño coexistieron el pasado (Maduro), presente (Obama) y futuro (Jagger) y, en cierto sentido, anunciaron lo complejo que ha de ser la vuelta a la normalidad histórica en esta pequeña isla.
Esta heterogeneidad de tiempos históricos no es exclusiva de la sociedad cubana. En Venezuela también la estamos presenciando. En nuestro país es obvio quien simboliza el pasado. Sin embargo, a mi juicio, lo que aún no está muy claro es cuál de los actores políticos expresa con claridad el futuro.

Hay una tendencia a restaurar lo ya vivido. Y esta desviación se expresa en un electoralismo desprovisto de oferta de cambios reales. No es la primera vez en nuestra historia que un sentimiento de transformación es cancelado por apetitos subalternos.

Las próximas elecciones de gobernadores no deben ser un fin en sí mismo. Deben subordinarse a un propósito mayor y dotarse de una agenda de transformación  real. Insisto. La población está esperando ser interpelada por discursos que anuncien un cambio de régimen. La situación económica y social empeora a tasas de velocidad impresionantes.

La MUD, es justo reconocerlo, ha elaborado un conjunto de medidas para poner fin a este gobierno antes que finalice el año. Parece lógico, entonces, que los próximos comicios se subordinen a esta tarea anunciada por esta organización. Ojala que en un periodo corto de tiempo podamos aclamar la vuelta a la democracia y prosperidad económica.

De ser así, celebraremos con intensidad el comienzo de este nuevo espacio histórico en nuestras vidas.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

Carabobo - Venezuela