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domingo, 28 de febrero de 2016

AMÉRICO MARTIN, LA DULCE DESPEDIDA

Nunca fue tan invocada. Nunca tan violada. Constitución “bolivariana” la llamaron en honor al Libertador, confirmando la sentencia de Jean Paul Sartre sobre el despojo de que son víctimas los muertos, preferiblemente los ilustres. Por haberse retirado del escenario no están en capacidad de protestar. Se convirtieron en “alimento de los vivos”. El desastre que se lleva a Venezuela transcurre pues en nombre de quien de estar con nosotros habría combatido apasionadamente a sus autores.

La Constitución redactada en 1999 conserva básicamente la orientación democrática de las de 1947 y 1961. Por eso está siendo pisoteada por el régimen que en su momento la presentó como programa máximo de la revolución, y ahora la paradoja quiere  que también se haya unido a la mayoritaria oposición.Con el triunfo democrático del 6D, 2015 el gobierno se ha puesto a la defensiva y la mayoría parlamentaria opositora mantiene la iniciativa política. Aquel ha dimensionado sus agresiones contra la Constitución de la República Bolivariana, en tanto que la diputación de la MUD la convierte en su emblema para defender los espacios que quiere copar la voluntad totalitaria.

No hay ciudadano que no perciba el sentido terminal que ha alcanzado esta crisis tan terrible e inexplicable que abate al país y destroza el nivel de vida de la gente. No es el naufragio de una gestión o de una cúpula. Se ha hundido un modelo revestido de socialismo retórico que una y otra vez ha fallado desde la revolución leninista de 1917, cuando se ensayó por primera vez, hasta el sol de hoy. Pero muy justamente debe decirse que insistir en el esquema de las estatizaciones ideológicas, los controles asfixiantes, la organización de la vida económica, las relaciones comerciales y diplomáticas conforme a la división política y de “clase” en función de la lucha contra “el imperio yanqui” y “la burguesía nativa”, además de ser una fórmula que nunca ha conocido el éxito, es un anacronismo que yace arrinconado en el museo de antigüedades junto a la rueca, las obras completas de Lenin y Stalin, los discursos interminables de Fidel y Chávez y el pan de piquito.

En una sociedad democrática los malos gobiernos son castigados con el voto en comicios confiables. En un engendro como el que tenemos, en que el combate entre democracia y dictadura nos ha condenado a no confiar en la palabra y los actos del gobierno, el problema consiste en “meter” a Maduro en el marco de la ley para que pueda salir del poder en forma tranquila, pacífica, democrática, constitucional y por lo tanto sin violencia ni mucho menos vertiendo sangre. Un cambio que no desencadene la venganza ni comprometa los principios democráticos y los derechos humanos. No es un imposible. Así sucede en casi todos los países de las tres Américas. Pero en Venezuela la conducta sombría del gobierno, su lenguaje provocador, soez y su continua persecución contra opositores y adversarios de su propia casa, hace imperioso lograr el cambio del gobierno antes que las hambrunas crepiten y el telón de acero nos encierre en una cárcel de intolerancia.

El pueblo no soporta, no espera, no puede hacerlo asediado de males como se encuentra. Se le pide a la MUD que responda a ese clamor a como de lugar y siempre que sea pronto. Muy bien, en la búsqueda de una fórmula apropiada se debate la oposición, a conciencia de que debe atenerse a su naturaleza democrática y por lo tanto lo que finalmente disponga debe atenerse consecuentemente a varios principios irrenunciables: solución pacífica, constitucional y electoral.

Dado que el gobierno se ha apoderado del más dócil TSJ que hallamos tenido en este país tan históricamente cruzado de dictaduras hay que escoger entre revocación, enmienda, reforma, constituyente, declaración por la AN de abandono presidencial del cargo, la que mejor pueda responder a los apetitos suicidas del presidente  y sus menguados magistrados. Todas pasan o terminan en consultas electorales, incluso la renuncia del presidente, que en este artículo he dejado para último. Si Maduro la adoptara brindaría una salida fácil, no cruenta, que de paso alentaría la reconciliación nacional. Sería una fórmula que de alguna manera calmaría la rabia generalizada que en el país y el mundo revolotea sobre su cabeza. Algunos creen que nunca dará ese paso porque teme a lo desconocido o porque quienes temen que la salida del mando acarreará consecuencias muy duras para algunos incursos en delitos mayores. No quiere o no lo dejan pero tampoco cambia.

Sin embargo circulan rumores acerca de esta cuestión. Se da por seguro que cada vez más funcionarios, dirigentes y militantes no quieren seguir lavándose las manos a la espera de soluciones caídas del cielo o de rectificaciones milagrosas. Piensan que en el marco del diálogo mucho podría obtenerse, incluso el respeto a los derechos de todos y el reconocimiento del PSUV y sus aliados en el hacer político legal y electoral.

Colombia nos ofrece un ejemplo válido, incluso si los negociadores no coronan exitosamente la compleja operación que han asumido. Las concesiones recibidas por las FARC y la promesas de desmovilización y entrega de armas bajo el auspicio de las Naciones Unidas parece impresionantes. Sobre todo para un país que apenas discute la necesidad de una renuncia salvadora.

Si Venezuela puede salir bien librada en paz y democracia, sin necesidad de que la minoría haga estallar bombas y la mayoría se abra paso a codazos, podrá darse por bien servida. Por lo demás la renovación democrática avanza en nuestro subcontinente. Argentina, Venezuela y ahora Bolivia lo proclaman.

Americo Martin
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin

Miranda - Venezuela

viernes, 6 de noviembre de 2015

JOSUE ARTURO MOLINA SUAREZ, COMO SEA

Las escenas adelantadas en la precampaña electoral a la Asamblea Nacional, avizora guerra sin cuartel en la campaña a iniciarse el trece de noviembre próximo. Los candidatos se aprestan a desarrollar la última fase electoral con el ímpetu de los gladiadores.

Los aspirantes que se sienten perdedores comienzan a mostrar las uñas cortadas por los dientes, e intentan cualquier banalidad para procurar manipular la opinión de los ciudadanos en contra de su adversario.

El oficialismo amenaza a lo mero macho con ganar como sea, o de no entregar el poder legislativo si llegan a perder, e incluso hablan de la conformación de juntas militares, olvidando que desde hace dieciséis años gobiernan algunos de ellos, con altísimas reprobaciones en sus gestiones administrativas, y quienes diariamente desplazan a los civiles en las posiciones relevantes para la toma de decisiones.

Intervienen conversaciones telefónicas y las hacen ver como conspiraciones. El delito es decir que la situación en Venezuela es crítica, y que los ciudadanos sufren el alto costo de la vida impuesto sin clemencia por el régimen, con la inflación cercana al 500%, y la corrupción e inseguridad desbordada.

 El salario mínimo lo incrementan a un poco más de los nueve mil bolívares mensuales, y la canasta básica se dispara a casi los sesenta mil bolívares. Desconocen los contratos colectivos de los trabajadores y reducen a decretos inconsultos los beneficios económicos, negando otros.

La acción populista de la llamada “guerra económica” les ha servido para atropellar empresarios en cualquier nivel, haciendo uso desmedido de los organismos del estado para generarles pérdidas, y obligarlos a cerrar sus locales. La escasez y las colas se incrementan diariamente.

La oposición oficialista olvido su rol y se dedican a  sembrar cizaña contra otros disidentes, por el simple hecho de atreverse a dar a conocer sus propuestas y negarse a seguir las torpezas de la élite. Se vive de gritos y apariencias. El reclamo social carece de interlocutores creíbles.

El desafuero de la élite opositora es de tal magnitud, que luego de despreciar candidaturas naturales como la del médico veterinario Edgar Contreras en el circuito 3, Táchira, ahora le ofrecen la posibilidad de apoyarlo, pero lo obligan a renunciar a las tarjetas que lo postularon. Algo así como “queremos que ese circuito se pierda”. Que desvergüenza.

La estrategia del régimen de crear exclusión y abstención se “entiende” por la pérdida de apoyo ciudadano. Lo que llama a la reflexión es la actitud del ala de oposición oficialista, quienes apuestan por la desmotivación y el descredito. Es raquítico el servicio a favor del sistema de libertades y la pluralidad política. Le hacen el juego al PSUV, y pretenden endosarlo a otros.

El seis de diciembre es la oportunidad para reivindicar la democracia. La sociedad quiere cambio y eso sólo es posible con dirigentes comprometidos con los ciudadanos y la descentralización para la toma de decisiones. Venezuela tiene con que, depende de su gente.

Bienvenido el debate. Dale con la punta del  pie al chantaje. Distingue a los creadores de la guerra sucia, y castígalos con el voto el 6D.

Josue Arturo Molina Suarez
jarturomolina@gmail.com
@JARTUROMS1 

Tachira - Venezuela

martes, 3 de noviembre de 2015

ENRIQUE MELÉNDEZ, ¿CON AD SE VIVE MEJOR?

La señora que vende “panelitas de San Joaquín” en la autopista se sonríe con una cierta pena, cuando me dice que el paquetito cuesta 250 bolívares, “todo está caro, señor”, y entonces, como para disculparse, pasa a contarme, que ella fue el otro día con su hija y su nieta a una tienda, en el afán de comprarle a la niñita un conjunto, y asombrada dice:                                                                           
-Una blusita y un pantaloncito: ¡18 millones de bolívares!
                                                                                                       
No se crea: la gente aún no se habitúa a eso del bolívar fuerte, y lo cierto es que esa es la verdadera devaluación: una suma con la que se compraba un apartamento al momento de Chávez comenzar su mandato, ese es el precio hoy en día de un trajecito infantil.
                                                                                                       
-Aquí hay que ir a votar –reparó la señora-, para quitarnos a esta gente de encima.
                                                                                                       
Es decir, aquí está reflejado el fenómeno del voto castigo, y que fue el motor impulsor del proyecto político de Hugo Chávez; unido al de la antipolítica; que ahora no está presente, porque entonces se sentía un profundo menosprecio por nuestra clase política, y por extensión a los partidos políticos, y hoy de nuevo la gente reconoce que “con los adecos se vivía mejor”, dicho en términos coloquiales; es decir, se puede considerar que se está fraguando un cierto sentimiento partidista en la conciencia de la gente, que sería el reverso del gobierno de estos sargentones, signado por el personalismo, y que se traduciría en este fenómeno del voto castigo, sobre todo, incitado por el profundo malestar que se siente, no sólo por esos precios, que no están al alcance de una vendedora ambulante, como la de la autopista, sino además por el tipo de sacrificio, que hay que hacer para poder conseguir las cosas, con que alimentarnos y asearnos.
                                                                                                       
La victoria de Luis Herrera Campins en el año de 1978 estuvo motorizada por este fenómeno del voto castigo. Yo recuerdo como la gente en los carros por puesto se permitía reírse de aquella derrota de los adecos, y esto porque el militante de AD se había vuelto muy atorrante. “Usted parece adeco”, solía decirle la gente a cierto tipejo de condición abusadora; unido a la fama de corrupto; pero entonces se descubrió que el copeyano era de la misma especie, y para castigar a los copeyanos se votó por los adecos; que fue cuando se comenzó a utilizar esa consigna de que “con los adecos se vive mejor” bajo el gobierno de Jaime Lusinchi; rompiendo este hilo más bien Carlos Andrés Pérez otro presidente adeco, puesto que su candidatura se tomó más bien como una gran esperanza, es decir; que se iban a vivir los tiempos de la Venezuela saudita de su primer gobierno, sólo que arrancó mal; no supo lograr un consenso en torno a su gestión, en especial, para la aplicación de su famoso plan de ajuste económico: conocido como el “paquetazo”, y al que todo el mundo le echó la culpa del famoso sacudón del 27 de febrero de 1989, cuando lo economistas han venido demostrando que el mismo fue el producto de quince años de una política económica errática, que se había iniciado con el primer mandato de Carlos Andrés Pérez, y que el propio Pérez iba a tratar de corregir, sólo que no lo lograría, habida cuenta del demasiado saboteo, del que fue objeto su gobierno, quizás a causa de la gran arrogancia, con la que asumió las cosas.
                                                                                                       
De modo que en estas condiciones se genera ese fenómeno del voto castigo, que va a favorecer mucho a Chávez; precedido, además, por su aureola de militar golpista; pues no se olvide que este es un pueblo que cree mucho en el poder de las botas; por aquello de que lo que necesita nuestra sociedad es mano dura: se vuelven locos sus ciudadanos, si se los deja solos, y de allí que Vallenilla Lanz considerara a Gómez como el “loquero de Venezuela”; incluso, a nivel de sus clases más ilustradas, que fueron las más entusiasmadas en llevar a Chávez al poder, y entonces uno por allá descubrió que “Chávez es de una ignorancia delirante”; “que Chávez lo que tiene es un basurero en la cabeza”, y así sucesivamente, cosas relacionadas con su poca preparación para ejercer su función de estadista, y hasta que por último se escuchó decir: “ya que yo lo traje, ahora lo tumbo”, y, en efecto, lo logró aquel lejano 11 de abril de 2002, sólo que no estuvo presente una dirigencia política orgánica a la altura de la circunstancia, y entonces se actuó con mucho desconocimiento de la realidad, de acuerdo a las ambiciones que se desataron en aquel momento.
                                                                                                       
Hubo una clase media que llevó a Chávez al poder, y quien al día siguiente de haber tomado posesión éste ya estaba arrepentida; lo cual dio lugar a la confrontación; al suicidio del país, como fue calificado el paro cívico nacional del 2002 – 2003, que generó la polarización social y política; que le va a permitir a Chávez despertar lo que pudiéramos conocer como el voto populista, y digo despertó porque entonces en los procesos electorales sucesivos, éste estimulará a aquellas masas populares, que se habían declarado abstencionistas, producto de ese sentimiento de la antipolítica del que hablamos al comienzo, a participar en los procesos electorales; como una forma de lucha también, y de allí el que Chávez considerara a dichos procesos batallas, catapultado por cualquier ingente cantidad de petrodólares que cayó durante todo su mandato, y que le financió lo que se conoce como el “petropopulismo”; estando de por medio, por supuesto, el fraude continuado.
                                                                                                       
¿Cómo se llegó a tener una gran fe en los partidos políticos y en la alternancia democrática en esa Venezuela, sobre todo, de las décadas de 1960 – 1970? Se pudiera decir que la maquinaria que construyó Rómulo Betancourt a lo largo del país fue un factor fundamental; seguido de otras maquinarias como la de Copei y la de URD, y la prueba es que aún queda entre los dichos populares esa expresión de que con AD se vive mejor, y eso habiendo quedado esa maquinaria hoy reducida a menos de la mitad.

Enrique Melendez O.
melendezo.enrique@yahoo.com
@emelendezo
Miranda - Venezuela