lunes, 10 de agosto de 2020

CARLOS A. MONTANER, ¿SE EXTINGUE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA?

Juan Carlos I, rey emérito de España, se ha marchado del país. No está claro a dónde, cuándo volverá, o si regresará. Parece que se fue de común acuerdo con su hijo Felipe VI, actual monarca tras la abdicación de Juan Carlos en junio de 2014. Ambos quieren salvar la monarquía, y el emérito está acusado de varios casos de corrupción. Felipe, en cambio, y la reina Letizia, mantienen un comportamiento ejemplar. Por eso se quedan. Hacen bien. 

Cuando llegué a España, en el verano de 1970, hace 50 años, miraba con cierta perplejidad la institución monárquica. Me parecía una cosa que olía a viejo, a naftalina. Venía de una tradición republicana que no podía concebir la existencia de las dinastías. Sin embargo, al poco tiempo de vivir en el país advertí que si había alguna nación que requería la Corona era, precisamente, ésta.  

¿Por qué? Probablemente para no matarse y por razones históricas profundas vinculadas a mantener al país unido. Durante la Primera República se desataron todos los “demonios familiares” (la frase es de Franco), y hasta el diminuto Cantón de Cartagena, en medio de la trifulca, pretendió anexarse a Estados Unidos. El desasosiego terminó, en ese periodo, cuando los borbones fueron restaurados. 

La Segunda República acabó a tiros. Las fuerzas armadas se dividieron. Comunistas, anarquistas, falangistas, liberales y conservadores, católicos integristas, y todo género de exaltados, incluidos algunos vascos y ciertos catalanistas, se fueron a la greña. En tres años se mataron casi un millón de españoles. Después del triunfo, Franco continuó fusilando sin límites ni piedad durante casi una década. Fue la mano americana, guiada por la Guerra Fría, lo que transformó al franquismo, y ayudó a modernizarlo durante los dos periodos de Ike Eisanhower. 

A fines de los cuarenta, Franco mandó buscar a Juan Carlos a Portugal. Pensaba, otra vez, que restaurar a los borbones era la manera menos mala de garantizar la unidad de España. El heredero legítimo era el tercer hijo de Alfonso XIII, el príncipe Juan, padre de Juan Carlos, pero a Franco no le gustaba. Era demasiado liberal y pro americano. Las negociaciones no fueron sencillas. Franco no era un monárquico fanático, sino alguien que había llegado a la conclusión de que hacía falta un símbolo firme para controlar las pasiones de los españoles. 

Juan Carlos era un chiquillo de diez años que había nacido en 1938 en el exilio, en Roma. Juan Carlos, dada su edad, no era nada. Franco creía que lo moldearía a su antojo. Franco era un cuartelero, un hombre de orden. Juan Carlos,  pasó por las tres armas bajo la supervisión de varios consejeros que le repetían las virtudes de los principios del Movimiento, una amalgama totalitaria surgida como consecuencia de la Guerra Civil (1936-1939). Sólo que era imposible trasplantar la personalidad, las vivencias y las percepciones de una persona que se había formado en las guerras coloniales de los años veinte, como Franco, y luego había dirigido la insurrección contra los caóticos “rojos” con el Alzamiento de 1936.  

Juan Carlos no lo decía, pero, tras la muerte de Franco, en noviembre de 1975, tan pronto heredó el poder asomó su verdadero rostro: era un joven de su época, como no podía ser de otra manera, que pretendía reinar como las casas reales europeas, subordinadas a un parlamento democrático en el que cabían todos, incluso los comunistas y los separatistas. Su mundo, su generación, era la de la Segunda Guerra mundial y la de la Guerra Fría. 

Las reglas morales de la transición (1976-1996) eran mucho más laxas. Al comienzo, ni siquiera estaba tipificado como posible delito el “conflicto de intereses”. Los partidos políticos y sus líderes, surgidos como hongos, se financiaban por medio de empresas poderosas a cambio de “estudios” que luego nadie revisaba. Era un simple pretexto para el soborno. En esa atmósfera, no dudo que el rey Juan Carlos I haya aceptado “comisiones” de otras casas reales, como la saudita o la de los emiratos, por bienes y servicios vendidos a “sobreprecio”. Era incorrecto, y seguramente delictivo, pero, al mismo tiempo, para una persona de su época significaba una falta menor “que todo el mundo cometía”. 

No era “todo el mundo”, pero casi. Por ejemplo, a Felipe VI no se ocurriría aceptar comisiones. ¿Basta su probidad para  sostener la monarquía? A juzgar por las encuestas actuales, la monarquía no resistiría un referéndum. Grosso modo el 55% hoy no la quiere. Tampoco se sabe, porque no se lo han preguntado, si la incomodidad de la sociedad es por los delitos y las infidelidades de Juan Carlos, o si se trata de una cuestión generacional. Supongo más bien lo segundo. 

No creo que los españoles se hayan transformado en honorables y castos en estos años, sino los juicios morales y políticos también están sujetos al paso del tiempo. En todo caso, aunque es muy pequeño el costo directo de los reyes (unos 18 céntimos por cabeza y año), sospecho que los españoles no encuentran una utilidad clara en la monarquía. 

En el medievo los reyes se justificaban “diciendo derecho”. La “jurisdicción” era eso: decir derecho sobre una comarca. Juzgaban, absolvían o condenaban a los acusados. Hoy esa tarea la lleva a cabo el poder judicial. ¿Qué pueden hacer los monarcas en nuestros días en beneficio de la sociedad? Acaso volcar el peso de la institución que los ampara tras el rol del ombudsman o convertirlos directamente en ombudsman. Servir para impedir los atropellos del Estado. Alguien a quien pedir auxilio cuando una instancia pública nos hace daño. Durante la hegemonía romana ese era, de algún modo, el papel de los tribunos de la plebe. Ese sería su mejor desempeño. Tal vez el único que lograría que Leonor, la heredera dinástica, algún día pueda reinar.

Carlos Alberto Montaner 
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner

El último libro de CAM es Sin ir más lejos (Memorias). La obra fue publicada por Debate, un sello de Penguin-Random House. Se puede obtener por medio de Amazon Books. 

NELSON MAICA C., IDEAS

1.         Lógico, junto a quienes mandan, detentan el poder, a los individuos públicos, también están y conviven las masas de personas, la sociedad, el pueblo, que aunque no participa directamente en la vida política del país, sus acciones y reacciones cuentan, influyen, y en algunos casos, deciden.

2.      No sería razonable imaginarse a toda la población libre de alguna preferencia, inclinación. Hay organizaciones militantes que existen y nos recuerdan esas inclinaciones; también están los activistas individuales, solitarios.

3.      Hay los defensores de ciertas causas, con sus relatos y la evidencia de que no han sido tomados en cuenta, no tienen funcionarios públicos, ni diputados, ni medios de comunicación.

4.      Pero si podemos decir que la mayoría de esta población no alberga sentimientos racistas; al contrario, si, muchas manifestaciones solidarias.

5.      ¿Cómo explicarnos el tímido y no total y vigoroso rechazo al tirano y a su alianza y entrega al narco socialismo comunismo cívico-militar criminal internacional? Sencillo, a la represión, terror y crimen, brutales.

6.      El norte de la población al parecer, por ahora, es liberarse de la tiranía cha-ma. Es una verdad que está en pleno desarrollo, en plena comunicación e interrelación por todos los confines de la patria, ganando adeptos, hasta llegar al objetivo: Venezuela Libre.

7.       La libertad, expulsión del invasor sanguijuela, está en construcción en todo el país, como ideal de vida social y política, tal como un día anterior se hizo dentro de su devenir histórico vital.

8.      Su pueblo espera por la construcción de una sociedad de derechos, sin que vuelva el virus de los gobiernos autoritarios, tiranos, violentos, sobre su vida.

9.      El autoritario, el tirano, al ejercer el poder basado en las armas, cree lograr mucho poder porque disminuye el poder de la sociedad, del pueblo; pero él está perdiendo poder al estancar, paralizar, la sociedad y no poder defenderse de un vigoroso ataque en su momento, que lo determina el pueblo, la sociedad, la comunidad.

Nelson Maica 
nelsonmaica@gmail.com 
@jupiterxc

INDIRA URBANEJA, VENEZUELA EN EL SENADO ESTADOUNIDENSE

Durante una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, Elliot Abrams ha tenido que responder preguntas sobre Venezuela.

Fue una jornada de duras críticas hacia el gobierno de Trump y al propio Juan Guaidó. Lamentablemente esta interpelación ha llegado un poco tarde porque debió hacerse cuando ocurrió el primer fracaso el 23 de febrero de 2019 y no lograron el quiebre militar con el ingreso de la “ayuda humanitaria” a territorio venezolano.

Sin embargo, los venezolanos comprometidos con un cambio democrático agradecemos que el Senado norteamericano haya realizado esta audiencia para confirmar lo que muchos analistas hemos venido diciendo: la estrategia de la administración Trump hacia Venezuela es un proceso plagado de errores que solo ha favorecido a la coalición dominante.

Las intervenciones de los senadores Bob Meléndez y Chris Murphy fueron contundentes, dijeron la verdad, todas las acciones ejercidas para “liberar” a los venezolanos solo han servido para condenarlos más a través de la profundización de la crisis.

Después de casi dos años, de sanciones al país, sanciones personales, intentos de golpe de Estado como el del 30 de abril y la Operación Gedeón; amenazas; acusaciones penales y poner precio a la cabeza de los principales jefes del chavismo, vale la pena preguntarse: ¿son los venezolanos más libres o mejoró su calidad de vida? La respuesta es simple: no.

Millones de dólares de los impuestos de los estadounidenses han sido botados a la basura, sin poder secar los millones de lágrimas derramadas por los venezolanos en la diáspora, en los hospitales sin insumos y cuando no pueden comer por ganar un salario de 2 dólares al mes.

Ciertamente la crisis venezolana no es culpa de las sanciones ni del gobierno estadounidense, pero la cadena continuada de errores, incluyendo la aplicación indiscriminada de sanciones financieras al país (no me refiero a las sanciones personales), han sido un motivo eficaz para hacer metástasis en el cáncer que ya padecía Venezuela.

Es lamentable que senadores como Bob Meléndez y Chris Murphy confirmaron lo que muchos analistas hemos venido diciendo: la estrategia de la administración Trump hacia Venezuela es un proceso plagado de errores que solo ha favorecido a la coalición dominante.

Cuando leía estas declaraciones vino a mi mente una reflexión: ¿cuál es el sentido de ir a un tanque de pensamiento para exponer las razones por las cuales el plan no ha funcionado y dar recomendaciones sobre lo que se puede hacer, sin que precisamente hagan nada?

El 12 de junio de 2019, en un destacado tanque de pensamiento de la ciudad de Washington DC, frente a representantes de importantes instituciones de Estados Unidos, presenté una exposición sobre 7 puntos por los cuales estaba fracasando la estrategia:

Enfoque incorrecto sobre el problema y el objetivo;
Gobierno interino sin suficiente apoyo interno;
Propuesta de “tres pasos” compleja y con un objetivo principal poco realista;
Trabajan la ruptura de la base social y militar a partir de premisas falsas;
Percepción negativa sobre la propuesta de transición que presenta a Juan Guaidó como un tutelado de Estados Unidos;
Proceso excluyente que demanda la participación de más actores;
Hay que definir bien el objetivo y los actores finales, esto no puede ser “quitarle el caramelo” a unos para entregárselo a otros.

Esos puntos siguen vigentes hoy y de alguna forma han sido expresados en los 10 tweets del senador Chris Murphy posterior a la interpelación de Elliot Abrams, quien ha dicho que seguirán reconociendo a Juan Guaidó como presidente interino, aunque en Venezuela se celebren elecciones parlamentarias en el mes de diciembre. En este sentido, el senador Murphy ha dicho: “Entonces, ¿qué? ¿Seguiremos reconociendo a Guaidó como el líder de la nación, incluso si no controla a los militares, al gobierno o incluso ni ocupa el cargo?”

El apoyo a Juan Guaidó o no dependerá de lo que suceda el 3 de noviembre en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. La administración actual o futura tiene dos opciones para decidir, mantienen este camino equivocado o si por el contrario, asumen el error e inician una estrategia coherente que ayude a los venezolanos en el camino de la redemocratización, la reinstitucionalización, la justicia y la paz.

Ahora bien, la segunda opción significa que el gobierno norteamericano deberá hablar con Nicolás Maduro. Elliot Abrams y Mike Pompeo han dicho que solo hablarían con él para que diga adónde se irá a vivir; esto en términos prácticos está fuera de lugar, ¿por qué un hombre que tiene el control militar, institucional y una sociedad debilitada manejada a su ritmo, querrá hablar de una humillante salida?

Como he dicho en otras oportunidades, Nicolás Maduro, por una carga histórica de ser el “heredero del chavismo”, no aceptará una salida que signifique su autoaniquilación. La administración estadounidense debe hacer un esfuerzo por entender sus códigos y la psicología implícita del proceso, hablar su lenguaje. Aunque parezca algo tonto, la clave de esto está en la psicología inversa, mientras más amenazas y más intentas humillar, más se cohesionan y fortalecen.

La gran interrogante sigue siendo: ¿Cuál es la posibilidad real de negociar una salida si las cabezas de los principales jerarcas del chavismo tienen precio?

Mientras tanto, quienes sí estamos preocupados por la vida de los venezolanos y la crisis inclemente que golpea con más fuerza tras la llegada del covid-19, nos encontramos trabajando en recomponer el camino hacia Oslo. Solo una negación bien estructurada podrá devolverles a los venezolanos un país en democracia plena, con gobernabilidad y paz.

Indira Urbaneja 
@indiurbaneja
@ElNacionalWeb  

NÉSTOR SUÁREZ, VENEZUELA NECESITA : CONSTRUIR SU RUMBO PROPIO AL PRIMER MUNDO

Hace quince años muchos venezolanos debimos reunirnos, pero no lo hicimos. Un día a los venezolanos nos confundieron, y tomamos por riqueza lo que es un mero recurso natural. Nos creímos ricos, ignoramos que la riqueza se produce, y olvidamos y descuidamos sus condiciones de producción.

Ese día llamamos al Estado a repartir, y confundimos así lo público con lo privado. Ese día Nos Convertimos En Socialistas Sin Darnos Cuenta. Erramos las señales y extraviamos el Rumbo a la creación de riqueza, la prosperidad y la paz. Nos metieron por la izquierda y allí seguimos.

En América Latina, el populismo, estatismo y socialismo en lo político, y el proteccionismo en lo económico, construyeron las bases de una cultura irresponsable e ineficiente que ha prevalecido en buena parte y ha mantenido al continente alejado del Primer Mundo. 

Desde hace varias décadas se le ha persuadido a los venezolanos de que: el libre mercado es algo detestable y nefasto, y la izquierda es "progresista", y cuanto más interviene el Estado en la economía y actividades privadas es mejor (porque lo privado es "egoísta" Y contrario al bien común), y el socialismo es muy bueno al menos en sus intenciones de igualdad y generosidad con los pobres, y la "justicia social" Y la redistribución de la riqueza son plausibles y elevados ideales, los cuales conviene materializar y llevar a la práctica cuanto antes, a través de medidas y acciones concretas. Por eso los Estatistas y Socialistas ganan, y en buena parte el espectro político se reduce a Estatistas moderados y estatistas radicales. Y siempre ganando los más radicales. 

Esa ha sido en buena parte la historia de Venezuela. Incluso desde 1958 a la fecha ha habido un Consenso básico en la dirigencia pública y privada y la clase política Venezolana, en contra del Capitalismo de libre mercado, y a favor del sistema intervencionista, estatista, socialista que existe actualmente. A favor del Statu Quo.

Por eso nadie discutía que el Estado debía intervenir por la fuerza en toda suerte de actividades económicas, así como en las esferas personales como salud, educación, familia, deportes y cualquier otra cosa. Ni que para cumplir tan amplia gama de funciones, debe contar con facultades, poderes y recursos ilimitados. 

Además, los Gobiernos defienden sus propias ideas en temas delicados como la crianza y educación de niños y adolescentes,sexualidad y creencias religiosas, y las imponen a la fuerza con sus omnimodos controles, y con el uso de su inmenso presupuesto. Porque también se aceptó que para sostener sus enormes gastos, los Gobiernos pueden decretar cuanto impuesto se les ocurra, imprimir billetes o dinero a discreción, generando con esto continuas alzas de precios, y endeudarse sin límite. Y poseer bancos y empresas de todas clase, expropiar y confiscar lo que sea al sector privado cuando lo deseen, y/o gerenciar a través de
regulaciones, y también poseer centros docentes, hospitales, clínicas, etc

Ese es el sistema. Ese es el modelo. Esa es la receta que nunca se discutió y el debate que no se dió. Porque tuvimos un debate muy pobre, que siempre evadió los aspectos ideológicos por confusión y complejos con el socialismo, por la trampa de la justicia social y el bien común. Por eso el debate no se centró en el sistema, modelo o receta sino en las personas. Cuando surgía un grupo de personas que cuestionaba el sistema o modelo, todos de inmediato trataban de reprimirlos, silenciarlo o ignorarlo. Porque estaba en contra de ese consenso básico sobre el statu quo aceptado y aceptable para la dirigencia pública y privada. Eso fue un grave error que en buena parte estamos pagando hoy. Por eso también la unidad fracasó en buena parte y no ha sido eficiente para lograr la Salida.

Venezuela necesita conseguir una coherencia y consistencia frente al socialismo en cualquier versión. Frente al relativismo, al Foro de Sao Paulo, frente a muchos Impostores y farsantes que se encuentran en organizaciones internacionales como la ONU, la UE, y sobre todo en América Latina, debido a la cultura irresponsable e ineficiente que se ha construido en los últimos ochenta años. 

No somos contrarios al Estado sinoal estatismo o socialismo, porque nos ha traído pésimos resultados. Nos ha traído, descuido en las obras públicas, administración de Justicia, orden y seguridad, protección de las fronteras, criminalidad desbordada y hacinamiento carcelario. Nos ha traído inflación, desahorro, desinversión, decaimiento económico, desempleo y pobreza, ineficiencia generalizada,vicios políticos, corrupción, desintegración familiar y pérdida de valores,con ruptura de los tejidos social y productivo, deterioro en la educación y en la salud.

Por eso siempre hemos propuesto Desestatizar la sociedad. El sistema político, económico y Social actual de América Latina es muy complejo, esto contribuye a hacer difícil encontrar formas para salir del sistema, y motivar a la gente a convencerse de la necesidad de rechazarlo.

En el caso venezolano debemos construir nuestro Rumbo Propio. Debemos saber y ser capaces de formular de manera comprensible a donde ir. La visión de la sociedad que se desea construir debe ser clara y no difusa, explícita y no implícita, intransigente en los valores y el cambio del sistema. Se debe saber cómo llegar. Se debe ser capaz de formular de manera simple y comprensible el procedimiento, el camino, la secuencia de las medidas que inevitablemente se deben tomar. 

Una parte importante es tener la capacidad y el valor de decirle a la gente la verdad sobre los costos inevitables del proceso de transformación y de la transición. Milton Friedman, premio Nobel de Economía, decía que "no hay almuerzos gratis", del mismo modo, " No hay reformas o transformaciones gratis ". Se debe convencer a la gente. Necesitamos una gran cruzada por la defensa de la libertad. Por una sociedad libre. 

Los enemigos de la libertad están al acecho de cualquier descuido o error. La unidad tiene que ser para salir del régimen y también del sistema. La destrucción no ha sido accidental, sino consecuencia inherente al socialismo y al estatismo que es su medio instrumental inseparable.

Venezuela puede ser el mayor receptor de la propuesta reciente del Presidente Trump de trasladar las fábricas e inversiones estadounidenses de Asia para América Latina.

Venezuela debe aprovechar esta gran oportunidad para construir Su Rumbo Propio al Primer Mundo. Hay que ir a lo esencial, tenemos que recuperar primero la libertad y poner orden en la casa para poder crear riqueza. Tenemos que hacerlo lo más rápido posible, antes de que sea imposible hacerlo en Democracia. Necesitamos cambiar de sistema y no solo de Gobierno.

Nestor Suarez
nsuarez07@hotmail.com
@NestorSuarezRB

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, CRÓNICAS EN TIEMPOS SIN GASOLINA



El popular adagio que repite aquello que “cada cabeza es un mundo”, es casi una exhortación al pensamiento y actitud de cada quien. Pero también, es una apología a la individualidad. Hace ver que cada persona maneja su mundo de ideas y valores como un sistema tan completo compacto, que lo hace presumir bastarse a sí mismo. Aunque reza otro proverbio, que “nadie escarmienta en cabeza ajena”.


Sin embargo tan arrogante postura, acarrea no sólo imaginarios propios. También, aflicciones que se corresponden con el pasado de cada individuo. Pero al mismo tiempo, estimula expectativas, deseos o necesidades. Incluso, exigencias que pudieran rayar con situaciones problemáticas capaces de mantener en ascuas a la persona. Por eso, el hecho de vivir en un mundo presumido por cada quien, arroja contrariedades que necesitan descargarse. O bien para aliviar el peso de pensamientos difíciles de conllevar. O para salir impulsivamente a conocer y recorrer otros mundos. 

Este prefacio de que “cada cabeza es un mundo”, vale en el contexto que esta disertación busca explayar. Todo, en el terreno de entre tantas historias de vida que pudieran atestiguar los periplos que hacen de toda persona, protagonista de sus ideas. Sobre todo, cuando se reconoce que los mundos de los individuos se parecen mucho entre sí. Hay un denominador común entre ellos. Y es porque sus mundos son movidos por las mismas fuerzas gravitatorias pues las personas comparten episodios bajo el mismo cielo. 

De manera que no hay nadie que escape de tales casualidades o causalidades. Sean impulsadas por motivos psicológicos, espirituales o físicos. Y estas eventualidades, suelen comunicarse mientras se padecen los rigores de las traumáticas colas por gasolina a los que se somete todo venezolano (de a pie) a la hora de proveer a su vehículo de combustible. 

Cada historia, tiene carácter de una crónica con el perfil del mejor criterio periodístico. Pero no sólo por la diversidad de circunstancias que ocupan el mundo de cada conductor que busca surtir a su vehículo de las necesaria gasolina. Igualmente, porque luce casi como una necesidad de acostumbrada praxis. Es la analogía de proveerle a un motor de combustión interna, la chispa que impulsa su encendido. Así como la comunicación anima la vida. 

Cada quien con lo suyo

Las crónicas que pudieran transcribirse de los relatos de cada conductor venezolano mientras hace cola por gasolina, engrosarían cientos de volúmenes cuyas páginas revelarían un gran cuadro formado por crisis acumuladas. Y por crisis de nuevo cuño. Todas asfixian la población. Dichas crónicas revelarían problemas en pleno apogeo. Problemas de tipo existencial, cultural, social, pasional, económico, financiero, técnico, coyuntural y familiar. Y por supuesto, de razón política e ideológica. Afectas o contrarias al régimen. 

Crónicas todas expuestas a modo de confidencias. Aunque eximidas del riguroso protocolo confesional-religioso. Pero sí, muchas, dramatizadas, agrandadas o aminoradas. Muchas veces, apoyadas en la adulancia con el propósito de llamar la atención del vecino de la agotadora cola por gasolina. Otras crónicas, dispensadas en la solidaridad buscando la complicidad del vecino. Así le infundiría el aguante necesario al duro tiempo de espera. Otras, solicitando la resistencia necesaria para disfrazar el pesado tiempo de un matiz que alivie la angustia. 

Debajo de cada crónica, habrá de ocultarse serias incidencias indicadoras de la peor crisis que acosa al venezolano: la crisis de conciencia. Crisis ésta que arrastra una crisis de valores. A esta se le suma una crisis de cultura (política) y otra crisis de identidad y pertenencia. Y es porque se vive atrapado en un estado de conformidad que roza con la resignación de individuos para quienes no existe otra incitación distinta de la que impone , en muchos casos, el egoísmo y la envidia. 

En todo esto resalta la conjugación perfecta entre el hecho de ignorar el entorno bajo el cual circunscribe la indigencia cultural y mengua de moralidad, y la presunción de creerse con más derechos que los del otro. Es vivir la proximidad con personas con mundos distintos. Aquello de que “cada cabeza es un mundo”, es absolutamente cierto. Individuos con actitudes envalentonadas, irresponsables, eufóricas, vanidosas, eruditas, críticas, arrogantes, compasivas, serenas, soñadoras, curiosas, comunicativas, etc. Todos, adentrados en sus propios mundos. Sin embargo, bajo toda esta diversidad, persiste un denominador común representado por la angustia generada por la crítica situación que a todos afecta. 

En fin cada historia de vida, representa un caos que trasciende la noción de crisis. Caos éste o colapso que ni siquiera ha considerado la menor disquisición política. Por esta vía, podrían esbozarse criterios que expliquen el marasmo que supone un país sometido al yugo del socialismo del siglo XXI. Es el caso Venezuela. 

Cada crónica que pudiera escribirse, daría cuenta del pandemónium en que sumieron al país con excusas que, contrarias a su dictado, determinaron el desfalco político, económico y social. Y que transgredió la institucionalidad republicana. Cada crónica, cada relato, cada historia contada del tiempo que reduce toda posibilidad de capitalizar las capacidades y potencialidades del venezolano, simplemente simboliza el paroxismo de una realidad trágica. Esto es de recogerse, desde lo que pudieran contener innumerables e interesantes crónicas en tiempos sin gasolina. 

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

sábado, 8 de agosto de 2020

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, DOMINGO 09/08/2020

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, UNIDAD… ¿PARA QUÉ?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 11 minutos
A partir de 1974 y en medio de un ambiente ajeno a épicas maximalistas, se comienza a trabajar en Brasil a favor del blindaje de una coalición opositora fuerte y amplia, enfocada en debilitar a la dictadura militar mediante conquistas parciales. Una fórmula que, administrada de forma progresiva y consistente, resultó decisiva en la transición. “Los factores más importantes son los internos. La experiencia de Brasil muestra la importancia de combinar la presión social con la ocupación de los espacios institucionales, incluso si estos son muy reducidos”. Así, “la presión social pudo ... más »

CARLOS BLANCO, ABSTENCIÓN 2020

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 18 minutos
1.- Cualquier análisis sobre Venezuela tiene que tener el paraguas del covid-19. El origen es un virus; pero su expansión en los niveles actuales y previsibles es obra (in)humana de Maduro y el séquito perverso. Su arrogancia, su desprecio por la vida ajena, su vocación enfermiza por la propaganda para mostrarse como invencibles, su confianza en los brebajes cubanos y su cuidada depravación, han dibujado un panorama nada promisor para el país. 2.- Por fortuna, la conciencia de millones de venezolanos sobre el hecho de que nadie cuidará de ellos si no se cuidan por sí mismos, hace q... más »

EDUARDO FERNÁNDEZ, ¿QUIÉNES SOMOS?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 23 minutos
Somos venezolanos que queremos lo mejor para Venezuela. Lo mejor para cada una de las familias venezolanas. Queremos que la gente tenga comida, especialmente los niños y las madres. Queremos que tengan agua de buena calidad y que tengan luz eléctrica. Queremos que tengan trabajo y salarios adecuados y suficientes para atender las necesidades del grupo familiar. Queremos que tengan gas doméstico y gasolina. Queremos que tengan salud y educación. Queremos que dejen de tener inflación e inseguridad. En fin, queremos que tengan todo lo que se necesita para vivir una vida digna y confor... más »

LIDIS MÉNDEZ, LA MOVILIDAD PANDÉMICA EN LA FRONTERA COLOMBO-VENEZOLANA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 34 minutos
El planeta lleva aproximadamente cuatro meses transitando por una crisis pandémica que está transformando la vida de las personas. Dentro de cada país se adoptan medidas sanitarias y protocolos de convivencia para detener la agresividad del contagio y garantizar la salud de la mayoría de la población dentro del territorio nacional. Sin embargo, el valor de la vida humana, la libertad y la seguridad resultan ser bastante vulnerables en los espacios fronterizos. Los miles de venezolanos que transitan por Colombia para retornar al territorio venezolano desde Chile, Perú y Ecuador está... más »

LUIS FUENMAYOR TORO, LA LEGITIMACIÓN DE LAS ELECCIONES DEPENDE DEL GOBIERNO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 45 minutos
La oposición de la Mesa de Diálogo Nacional tiene como políticas rescatar de la vía electoral para la reinstitucionalización del país, salir de la larga crisis en que está sumergida la nación venezolana, iniciar la necesaria recuperación socioeconómica y política y garantizar la alternabilidad gubernamental constitucional. En el desarrollo de estas tareas debe enfrentar a un gobierno para quien el apego a la Constitución, las leyes y los acuerdos, no constituye la base de su proceder, pues tiene como motivación casi única el mantenimiento del poder a toda costa, sin importar las co... más »

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XIII

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 51 minutos
Continuamos con esta serie explicativa de nuestra historia reciente, intentando orientar a nuestros conciudadanos acerca de los errores que hemos cometido, con la idea de no volver a cometerlos, aunque no siempre ello es posible. A propósito de la recurrencia en la comisión de errores que lejos de ayudarnos a resolver, agravan nuestra crisis y postergan la posibilidad de atender con eficacia la demanda social, hacemos un inciso para mostrar nuestro más profundo desagrado por el llamado que ha hecho la oposición liderada por el Diputado Juan Guaidó para abstenerse en las elecciones... más »

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, UNIDAD… ¿PARA QUÉ?

A partir de 1974 y en medio de un ambiente ajeno a épicas maximalistas, se comienza a trabajar en Brasil a favor del blindaje de una coalición opositora fuerte y amplia, enfocada en debilitar a la dictadura militar mediante conquistas parciales. Una fórmula que, administrada de forma progresiva y consistente, resultó decisiva en la transición. “Los factores más importantes son los internos. La experiencia de Brasil muestra la importancia de combinar la presión social con la ocupación de los espacios institucionales, incluso si estos son muy reducidos”. Así, “la presión social pudo encauzarse en las elecciones”, recuerda el ex presidente Fernando Henrique Cardoso. (Lowenthal y Bitar/ “Transiciones democráticas”).

No fue fácil. Nunca lo es enfrentar a estas autocracias que hacen de la arena electoral prácticamente el único -también muy viciado- espacio de aparición de la política; una arena que modifica a su vez la lógica interna del conflicto. Para entonces, todos los partidos preexistentes habían sido liquidados, y sólo quedaba en pie un partido opositor “potable” para el régimen, el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) en el que militaba Ulysses Guimarães. Las sospechas, las grietas, los ataques entre opositores “verdaderos” y “falsos” hacían fiesta. Un punto de partida que, sin duda, podía desalentar hasta al más optimista.

Pero contra todo trance, e impulsada por las gestiones de Guimarães y Cardoso, la certeza de que era necesario recurrir a esa unidad con propósito –una que lograse capitalizar el descontento social para convocar mayoría políticamente útil- se impuso. “Según los compañeros teníamos que ser puros, la verdadera oposición no debía entrar en contacto con la otra oposición, la que contaba con la aprobación del régimen”, continúa Cardoso. La respuesta fue: es imposible quebrar la red militar sin establecer alianzas entre sectores.

Una visión de conjunto, pragmática, integradora de la diferencia, de índole profundamente democrática, hizo posible remontar las distancias, restañar las viejas, frescas sangrías. Y avanzar con tenacidad a pesar de los zigzagueos y reveses, gracias a la participación en sucesivos comicios. Así se consolidó en 1982 la presión por “Diretas já”, a favor de la elección presidencial directa. Paradójicamente, esa aspiración sólo pudo concretarse tras la participación en las elecciones indirectas de 1989, en las que la oposición resulta ganadora.

El episodio brinda oportunos referentes para la oposición venezolana, hoy vapuleada por similares dilemas. El debate en torno a la construcción de una unidad no sólo representativa de todos los factores democráticos que hacen vida en nuestro país, sino capaz de congregar fuerza numérica para desafiar al régimen en su mismo terreno, sigue mostrando un proyecto inacabado. Desde 2018 para acá, especialmente, la idea de la unidad sufre a expensas de las discrepancias respecto a la ruta electoral, se diluye en el choque con estrategias que parecieran ajenas a la conciencia de posibilidad, al conocimiento de la instrumentalidad o al sentido de la razonabilidad, para decirlo con Sánchez Pelayo.

“Tenemos que unirnos”, es consigna que jamás deja de resonar. Una que hoy reverdece a la luz del “Pacto unitario” de ese sector que nucleado alrededor de Guaidó, decide renunciar a la contienda parlamentaria. La pregunta es… ¿para qué unirnos? Porque la unidad no puede convertirse en reducto de frustraciones compartidas, en club de voluntades venidas a menos. Tampoco en coartada para el compulsivo inventario de escollos ya sabidos, reforzando la desgana de una sociedad que se licúa en la espera de que el cambio sea impulsado por la acción política, que moviliza y articula. La unidad útil supone no sólo el acercamiento estratégico entre sectores que, en un marco de competitividad libre y democrática, probablemente no se cruzarían. También exige inteligencia para neutralizar la intransigencia moralista y antipolítica. Esa que, presta a encajar etiquetas -“cohabitadores”, “colaboracionistas”, “vendidos”- anula a priori la posibilidad de hablar y actuar juntos.

Un liderazgo aglutinador, consciente de la necesidad de una confluencia que transcienda la prédica, sabrá valerse de esa potencia ampliada para estrujar las incertidumbres institucionales e informativas que, según Schedler, amenazan a estos autoritarismos. “E pluribus unum”: de muchos, uno. Hay un sentido de urgencia, en fin, justificando la incómoda alianza. Se trata de contener el avance de ese Gran Otro anti-democrático, anti-constitucional y antipolítico, para quien es más fácil operar frente a rivales múltiples pero dispersos. Pero esa contención sólo ocurrirá, presumimos, en el marco de una estrategia que preste atención a la evidencia.

Hay que partir de una certeza casi tautológica: en un contexto autoritario no cabe esperar elecciones libres. En el caso brasileño, la ruta electoral, asumida con sereno realismo, ofreció el medio para habilitar la fuerza interna y reivindicar en la práctica derechos ciudadanos conculcados. En nuestro caso, lo confirman los sondeos, sólo una coalición que re-agrupe al archipiélago opositor, que remonte la desafección y entusiasme a más de 56% del electorado; capaz de pasar del desperdicio de impulsos atomizados a un solo y robusto cuerpo, podría ofrecer ventajas que –según proyecciones de Súmate- asegurarían bastante más que la simbólica presencia en el nuevo parlamento.

Capacidad para inducir a la acción, propia de “el que guía”, surge aquí como atributo esencial, claro. Declararse de nuevo impotentes para superar la dificultad puntual y profusamente diagnosticada, nos hace dudar de la facultad de esa dirigencia para emprender proyectos tan complejos como desalojar al madurismo del poder. Ante ese penoso panorama estamos. El que remite a otra rabiosa lista de motivos para inmovilizarse, cuando el país está esperando la propuesta que lo saque de la anomia y le muestre lo que SÍ podemos hacer.

Mibelis Acevedo D.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis

CARLOS BLANCO, ABSTENCIÓN 2020

1.- Cualquier análisis sobre Venezuela tiene que tener el paraguas del covid-19. El origen es un virus; pero su expansión en los niveles actuales y previsibles es obra (in)humana de Maduro y el séquito perverso. Su arrogancia, su desprecio por la vida ajena, su vocación enfermiza por la propaganda para mostrarse como invencibles, su confianza en los brebajes cubanos y su cuidada depravación, han dibujado un panorama nada promisor para el país.

2.- Por fortuna, la conciencia de millones de venezolanos sobre el hecho de que nadie cuidará de ellos si no se cuidan por sí mismos, hace que (aunque con rezagos lamentables) la prevención se instale en los individuos y las familias, un poco a la buena de Dios en la medida en que la urgencia por comida, gasolina y medicinas, no arrope la necesidad de cuidarse.

3.- El caos en Venezuela hace de todo intento de previsión un ejercicio riesgoso; si al caos chavista se añade la pandemia, hay un incremento exponencial del desorden. Esto es lo que ocurre. Ya el régimen de Maduro ni se ocupa de proveer a sus fieles; más bien, están tratando de salvarse de las sanciones de Estados Unidos y las nuevas y más severas que vienen del Altísimo en forma de pérfidos y astutos virus.

4.- En este marco, el régimen y un sector cohabitante que se identifica como opositor, han llegado a convenir unas elecciones parlamentarias para finales de 2020. Dejando de lado que la pandemia y la anemia en el interés público puedan obligar a aplazarlas unos meses o para nunca, esas elecciones lucen más como velorio institucional que como jornada cívica. María Corina Machado y Antonio Ledezma habían anticipado que era un evento inaceptable desde que se comenzó a hablar de este; y recientemente los partidos que controlan el interinato y la Asamblea Nacional actuaron igual.

5.- La inmensa mayoría del país no participará en las elecciones y si la cosa se pone fuerte es posible hasta que las suspendan por razones políticas. La falta de ganas de los soldados que cuidan las mesas electorales, el aburrimiento de los colectivos y la furia ciudadana, también podrían impedirlas por la vía de los hechos; pero, es prematuro saber si ocurrirán o no. Lo que es cierto es que no serán reconocidas por la mayoría del país; no serán reconocidas por la comunidad internacional; y cumplirá –en caso de escogerse la AN– idéntico papel al de la asamblea nacional constituyente que deambulaba en el Palacio Legislativo, disuelta en su propio bostezo.

6.- La abstención se impondrá. Sin embargo, hay que decirlo con claridad, una política que se agote en ese llamado es de corto vuelo. Recordemos que la abstención de 2005 era correcta en el marco de una dinámica insurreccional que seguiría y que los partidos al mando abandonaron. Esa abstención quedó colgada en el aire. La de 2020 tiene otro ambiente, más favorable, porque la mayoría del país asume la necesidad de salir del régimen; pero, de no convertirse la eyección de Maduro y su combo en objetivo explícito, el “empate” actual puede permanecer como equilibrio inestable por un buen tiempo.

7.- Es en este punto donde hay que preguntarse de qué va “el cese de la usurpación” que proclamaba Guaidó antes de la amnesia temporal que sufre sobre el tema. Si esta consigna se abandona y más bien se centran en estirar su mandato interino, se crea una extraña situación: prolongar el interinato es, de suyo, admitir la prolongación del régimen de Maduro y es, aunque sea en forma involuntaria, un estadio de cohabitación, si bien sería en el desvencijado sótano de la mansión. Así se tendría un interinato sin las asperezas del ejercicio real del gobierno y con los beneficios de un poder económico y financiero creciente.

8.- No basta decir que se quieren elecciones libres. En otro contexto bastaría; pero, en la Venezuela de hoy, cuando hay quienes aspiraban elecciones “libres” con Maduro en el poder, “el cese de la usurpación” debe preceder cualquier invocación electoral, de lo contrario sería dejarse imponer una política por parte de los dialogantes y de sus graciosos representantes criollos, afanosos en la venta del “Paquete Noruego”.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

EDUARDO FERNÁNDEZ, ¿QUIÉNES SOMOS?

Somos venezolanos que queremos lo mejor para Venezuela. Lo mejor para cada una de las familias venezolanas. Queremos que la gente tenga comida, especialmente los niños y las madres. Queremos que tengan agua de buena calidad y que tengan luz eléctrica. Queremos que tengan trabajo y salarios adecuados y suficientes para atender las necesidades del grupo familiar.

Queremos que tengan gas doméstico y gasolina. Queremos que tengan salud y educación. Queremos que dejen de tener inflación e inseguridad.

En fin, queremos que tengan todo lo que se necesita para vivir una vida digna y confortable y para recuperar la esperanza y la ilusión de ofrecerles una vida mejor a sus hijos y a sus nietos.

Por eso estamos en política. Porque entendemos que la política es una vocación para servir al país, para servir al bien común. Para trabajar por la felicidad de la gente, de los ciudadanos, de cada una de las familias.

Sabemos que para lograr lo mejor para Venezuela y para los venezolanos hay que salir de Maduro y de su gobierno. Ellos no solamente son los responsables del sufrimiento de los venezolanos sino que, mientras permanezcan en el poder, ese sufrimiento no sólo es que no se va a resolver, sino que se va a agravar.

Un alto interés nacional aconseja cambiar el gobierno. Ese mismo interés nacional aconseja que ese cambio sea pacífico, democrático, civilizado, electoral y, si posible, consensuado.

No nos gusta la violencia, no nos gustan los golpes militares, ni las invasiones extranjeras. No nos gusta que se derrame más sangre de ciudadanos de la que ya se ha derramado. Rechazamos el odio y la venganza. Preferimos el amor, la paz, el perdón y la justicia.

Sabemos que para cambiar al gobierno no existen sino dos caminos: la violencia o la ruta electoral. Sabemos de todas las trampas electorales que practica el Gobierno. De todas maneras preferimos la ruta electoral. Sabemos que la inmensa mayoría de los venezolanos quiere cambiar al gobierno y prefiere que sea por una vía pacífica.

Por eso estamos poniendo a la orden los venezolanos una tarjeta no comprometida ni contaminada: la tarjeta de Unión y Progreso.

Esa tarjeta está a la orden de todos los venezolanos que quieran contribuir a trabajar eficientemente por Venezuela y por su gente, por la democracia y la justicia.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernandez
efernandez@ifedec.com
@EFernandezVE
@UNoticias

LIDIS MÉNDEZ, LA MOVILIDAD PANDÉMICA EN LA FRONTERA COLOMBO-VENEZOLANA

El planeta lleva aproximadamente cuatro meses transitando por una crisis pandémica que está transformando la vida de las personas. Dentro de cada país se adoptan medidas sanitarias y protocolos de convivencia para detener la agresividad del contagio y garantizar la salud de la mayoría de la población dentro del territorio nacional. Sin embargo, el valor de la vida humana, la libertad y la seguridad resultan ser bastante vulnerables en los espacios fronterizos.

Los miles de venezolanos que transitan por Colombia para retornar al territorio venezolano desde Chile, Perú y Ecuador están más desprotegidos y vulnerables que cuando se inició la diáspora, ya que ahora todos tienen un destino común al llegar: Venezuela. No debe haber otro lugar en América Latina con un desplazamiento tan activo en medio de la interminable cuarentena como el eje Cúcuta-Arauca y San Antonio-Guasdualito.

El impacto que la imprevista movilidad de retorno tiene en ambos países, ha generado una crisis sin precedentes en materia sanitaria y de derechos humanos, a pesar de los cuantiosos recursos y logística de parafernalia implementada en los disfuncionales corredores humanitarios.

Al pisar los espacios fronterizos, los venezolanos pierden automáticamente su condición de seres humanos en los puestos de control fronterizo, las bestias para el consumo de carne son tratadas con más premura y dignidad que niños, ancianos y mujeres embarazadas. Es obvio que el problema aparte de ser sanitario, pasa a ser de seguridad y en su defecto económico, pero la frontera viva y de hermandad que hace apenas dos décadas unía a ambos países, se ha convertido en un corredor de discriminación, abandono, precariedad, delincuencia, degeneración, abuso, enfermedad, y en algunos casos la muerte.

El tema de la movilidad pandémica en la frontera colombo-venezolana es grave en materia de derechos humanos y deja un sabor amargo en el paladar de los organismos migratorios de ambos países, cuando deja al descubierto la incapacidad de respuesta de los gobiernos fronterizos ante fenómenos fortuitos.

La condición física, psicológica y económica de los migrantes o desplazados siempre es vulnerable en cualquier lado del planeta; sin embargo, dentro de este contexto pandémico, y a pesar de los recursos disponibles, la condición humana del ciudadano venezolano genera pena e impotencia. El Gobierno Bolivariano de Venezuela en sus dos vertientes, no puede justificar el abandono, maltrato, retaliación, humillación y despojo de la dignidad de miles de hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos que ejercieron su libertad al salir del país y la ratifican al intentar regresar.

Espero que este espacio sirva para denunciar ante la opinión pública el uso de los protocolos de emergencia sanitaria y climática bajo los principios de los protocolos de guerra; el trato de los funcionarios públicos hacia los migrantes, los cuales suelen confundir con delincuentes y para recordar a los ciudadanos que la nacionalidad y los derechos humanos no se pierden al salir de las fronteras del país de origen.

Lidis Mendez
vivzla@gmail.com
@lidismendezm

LUIS FUENMAYOR TORO, LA LEGITIMACIÓN DE LAS ELECCIONES DEPENDE DEL GOBIERNO

La oposición de la Mesa de Diálogo Nacional tiene como políticas rescatar de la vía electoral para la reinstitucionalización del país, salir de la larga crisis en que está sumergida la nación venezolana, iniciar la necesaria recuperación socioeconómica y política y garantizar la alternabilidad gubernamental constitucional. En el desarrollo de estas tareas debe enfrentar a un gobierno para quien el apego a la Constitución, las leyes y los acuerdos, no constituye la base de su proceder, pues tiene como motivación casi única el mantenimiento del poder a toda costa, sin importar las consecuencias que su conducta le está generando a la nación venezolana.

Un gobierno que está contra la pared como resultado de su incapacidad, codicia, soberbia e indolencia, con serios problemas de reconocimiento por la comunidad internacional y sometido a sanciones económicas por la más poderosa potencia mundial, pareciera no comprender la crítica situación en que se encuentra y en que viven los venezolanos. En lugar de buscar la legitimidad interna y externa que no tiene y la unidad nacional, que le ayuden a superar la crisis actual, de manera de impulsar la normalización política, recurre a acciones que lo siguen descalificando nacional y mundialmente.

Rescatar la vía electoral, como medio fundamental de la nación en la resolución de sus conflictos políticos, debería ser una tarea de primer orden para la nación 
entera. De lo contrario otras posibilidades, menos civilizadas si se quiere, se abren paso y terminan por imponerse. El principal interesado en este rescate debería ser el gobierno nacional, lo que parece lamentablemente no ser el caso en la Venezuela actual. Se convoca un proceso electoral que, por las razones que sea, está siendo muy cuestionado interna y externamente. Lo lógico sería que quienes gobiernan hicieran todo lo posible por eliminar o ir reduciendo palatinamente estos cuestionamientos.

Algunas medidas han sido tomadas. Existe una Mesa de Diálogo entre el gobierno y los partidos opositores, que han señalado su vocación soberana, pacífica y democrática. Ha sido designado un nuevo Consejo Nacional Electoral con mayor participación de la oposición. Ambas medidas van en el sentido correcto, pero no son suficientes y el gobierno no lo quiere entender. Las decisiones que se tomen desde ambas instancias deben demostrar que realmente se quiere la vía electoral y la paz. Deben darse entonces todas las condiciones para una participación equitativa de los grupos políticos, garantizando la transparencia y respetando los resultados.

Hay que convencer al país de que ha habido un cambio de actitud. Y hablo del país. No de la oposición que tiene como política la vía no electoral, la cual ha declarado que en ningún caso participaría a menos que ellos tuvieran total control del proceso. Es a la gente a la que hay que convencer, y olvidarse de tratar de incorporar a quienes no son susceptibles de ser incorporados simplemente porque no quieren serlo. Decisión que tomaron en forma definitiva al romper las negociaciones de Santo Domingo. Son los venezolanos quienes tienen que ser convencidos de la necesidad de votar, de que se expresarán libremente y que su decisión será respetada.

Ello implica que el ventajismo gubernamental debe terminar y así lo debería comprender el alto gobierno y demostrarlo con acciones concretas. Venezuela necesita de estas elecciones para iniciar su normalización política. El gobierno y su partido las necesitan para despejar su futuro político y las requiere también la oposición para garantizar la alternabilidad política.

Luis Fuenmayor Toro
lft3003@gmail.com
@LFuenmayorToro

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XIII

Continuamos con esta serie explicativa de nuestra historia reciente, intentando orientar a nuestros conciudadanos acerca de los errores que hemos cometido, con la idea de no volver a cometerlos, aunque no siempre ello es posible. 

A propósito de la recurrencia en la comisión de errores que lejos de ayudarnos a resolver, agravan nuestra crisis y postergan la posibilidad de atender con eficacia la demanda social, hacemos un inciso para mostrar nuestro más profundo desagrado por el llamado que ha hecho la oposición liderada por el Diputado Juan Guaidó para abstenerse en las elecciones parlamentarias convocadas para el mes de diciembre. 

Ya antes habíamos sugerido que, a pesar del ventajismo y el abuso del régimen, tanto en la forma en que se produjo la designación de los rectores del CNE, como por la normas, el número arbitrario de nuevos diputados, y los procedimientos aprobados para el proceso, la oposición liderada por el presidente de la Asamblea Nacional, tenía la obligación de reconfigurar la unidad maltrecha que hoy existe, y convertir la adversidad en oportunidad para derrotar al gobierno y demostrar –otra vez- de qué lado está la mayoría. 

Era necesario un movimiento muy cohesionado para presionar interna e internacionalmente con nuestros aliados, a objeto de garantizar mejores condiciones electorales; participación y observación internacional, y reanimar a toda la sociedad tras la búsqueda de salidas políticas a la crisis, y no seguir enviando mensajes ambiguos. 

Se trata de desarrollar una sola agenda político-electoral, y con ella ofrecer una válvula de escape a la presión interna que agobia la vida de nuestros ciudadanos. 

No obstante, la decisión como otras veces antes, pide a la ciudadanía abstenerse, a sabiendas de que ese mecanismo no ha servido sino para perpetuar a Maduro y su gente en el poder. Es una pena que a estas alturas la oposición no haya aprendido de sus propios errores. Lo pagaremos caro, pues seguiremos postergando las soluciones que el pueblo necesita en un país que se hizo imposible por la falta de estado de derecho; una economía en el subsuelo; una inflación por las nubes, inseguridad, desempleo, pandemia, y la muerte rondando en cada esquina. Es insufrible la vida hoy en Venezuela. 

Luego de este que para mí es un craso error, llegará Enero 2021 y Maduro estará feliz con una Asamblea Nacional favorable, y la oposición habrá desaparecido en las nebulosas del reclamo de esa tesis peregrina, según la cual, pretenden –por arte de magia- prorrogar el mandato de la actual, y con ello seguir administrando los recursos pertenecientes a la nación, y que gracias a los aliados han sido confiscados en Estados Unidos y Europa. 

Amanecerá y veremos, pero me temo que lo que viene es –otra vez- un largo y tortuoso camino para los venezolanos, por no haber hecho lo correcto la dirigencia de la oposición que no fue capaz de articular la unidad de manera permanente, entre otros errores. 

Volviendo a lo nuestro, debemos recordar que luego de que la Asamblea Nacional Constituyente interviniera el poder judicial, y el congreso de la República, el 30 de agosto de 1999, decreta la emergencia legislativa, y suspende toda actividad del congreso recién electo, aunque el cese efectivo se cumplió el 27 de diciembre de ese mismo año, dando paso al congresillo, el cual funcionó hasta agosto de 2000, apenas seis meses. 

La nueva Constitución aprobada en referéndum de fecha 15 de diciembre de 1999, en medio de la tragedia natural de Vargas, introdujo cambios importantes con relación a la anterior. Dejó de llamarse Congreso Nacional, para pasar a llamarse Asamblea Nacional, copiando el nombre de la cubana, y ahora unicameral. Se acabó el espacio, continuará.  

Román Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra