sábado, 20 de febrero de 2016

ALBERTO JIMÉNEZ URE, BREVES SOBRE LA LIBERTAD Y JUICIO

«Recuerdo que cuando yo vivía la Libertad y Justicia no eran por hackers alterables ni de software aplicaciones. Nadie podía vestir un manteo para luego presentarse en improvisados púlpitos donde intentar persuadir sobre la urgencia de abolirlas»

Ningunos otros «asuntos de interés público» inquietan y enfadan más en el Mundo que la «Libertad» y «Juicio». Cuando una persona pide la primera, vehementemente grupúsculos con [poderosos] nexos urden encarcelarla por «amotinamiento» y a quien con persistencia se muestre pensador nunca faltarán quienes lo sitien: empero, no sin antes advertirle «que evite nadar en lo profundo de ciertas cosas» porque podrían ahogarlo y hacer que permanezca inhallable en el fondo donde la existencia ya no escuece. 

Todos caminamos en una «cuerda siempre floja y frágil», motivo por el cual en cualquier momento precipitaremos hacia eso enrarecido que nos mueve en un escenario o nos desaparece de él. 

La vida es una peligrosísima aventura en la cual agresores, humillados y ofendidos cohabitamos promiscuamente. Un día el que estuvo en «decúbito» irrumpirá «falotrador» de ese que lo sodomizaba. Lo llamarán «líder» porque nada es más importante que la venganza o vindicta. Violadores lo son y serán sólo durante breves lapsos e igual defensores de la «impartición de justicia». El «liderazgo» es pariente cercano del «hartazgo» y encuentra en la «conspiración» su letra no muerta, esa que temprano publicará en todas las «redes de disociados». 

Luego de satisfacer sus necesidades más elementales (beber agua, comer alimentos y resguardarse frente a diversos avatares), de prisa los «seres menos  inhumanos» intentan asociarse territorialmente en los lugares más propicios: donde, también rápido, todos platican sobre la «Libertad» y «Juicio» mientras se revuelcan en el lodo. Colisionan, pero irguen de nuevo en la «maestranza» donde se «lidian» unos a los otros.  Sin embargo, a mitad de cualquier caótica discusión se impone la «Razón Robusta» y ella dicta que con «ataduras» o «mordazas» los racionales no pueden subsistir dignamente subsistir.

El «Caos» parió una «Civilización» que todavía no se despoja de sus aparentemente fortuitos enemigos. En su centrífuga se aparean quienes respiran y están «enlodados». Es decir: todos. Nuestra especie puede ser «inteligente» a la vez que «viciada de una brutalidad» claramente «conspirativa». Es más divertido y fácil vivir bajo el «Principio de la Perversidad Psíquica» que sujetarse al «Orden», la «Lógica» y «Entendimiento» que hacen posible la instauración y permanencia de las sociedades. La Libertad que gemela de la Perversidad se sabe tentada a participar en las fraternas y destructivas juergas de su consanguínea: por ello no la convida a edificar ni fomentar las mejores y civilizadas condiciones de existencia de la Humanidad, ello aun admitiéndose su hermana. No la segrega tras fijarle límites a sus actos por cuanto es impertinente. 

La «Libertad» y «Juicio» no pierden majestad, pero sí adherentes en tiempos de carroñeros (falaces conciliadores) que pretenden  «aventavejarnos» mediante la conjugación del verbo pacificar.      

Alberto Jimenez Ure
jimenezure@hotmail.com
@jurescritor

Merida - Venezuela

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