sábado, 2 de abril de 2016

LUIS GARRIDO, POR CAMINOS DIFERENTES

Cuánto queda por decir en los días cruciales de lo que ha significado el cierre de un periódico  que por décadas ha constituido ese sentimiento arraigado en el corazón de los carabobeños.  El pueblo con su sapiencia y sentido de pertenencia lo hizo suyo y por más que le  nieguen  la circulación,  nada calmará la rabia colectiva ya  sembrada en los mismos espacios  donde la forma de hacer periodismo, en el acontecer nacional,  ha sido ventana abierta a las ideas y defensa incondicional a la libertad de expresión.        
  
Cuando los  mandatarios comienzan a vivir el terror de un destino nublado, se asustan  con su propia sombra.  Esa es la consecuencia que vive Venezuela con un presidente que  tirando palos a ciegas, se lleva por delante todo lo que considere obstáculo.  El precio de no sumarse a la línea editorial del régimen  es el que están  pagando El Carabobeño y tantos  medios radiales y escritos que no se han arrodillado.  Este procedimiento -propio de las más férreas dictaduras- nace con el único fin de implantar una  hegemonía comunicacional al servicio de esos intereses.      
 Hemos leído las muchas opiniones referentes a la indiferencia del gobernador  Ameliach frente al cierre de El Carabobeño.  El silencio del mandatario tiene justificación por ser él, parte de esa política que expresa la barbarie de un modelo  que, en su afán de implantar la hegemonía comunicacional, en nada se diferencia de esos procedimientos ya desarrollados en Venezuela en épocas de dictadura.  La crisis que hoy vive El Carabobeño ya la han vivido  otros medios de prensa escrita; pero al referirnos a este diario, estamos hablando de 82 años de vigencia que lo han convertido en un icono de la cultura del periodismo regional.       
No están en discusión los historiales regionalistas del gobernador  pero, en su visión de hombre público, le dio  mayor valor a su proyecto político que a la  expresión innata del  pueblo de Carabobo.  Ese periódico  -sometido hoy al cierre obligado por la carencia del papel-  habrá  de convertirse en el insomnio de su conciencia;   con ese paro forzoso,  les  dieron donde les  duele a los  carabobeños.   Transitamos caminos diferentes;   el nuestro es hacia la libertad sin mordaza, mientras  que   el  proyecto totalitario  ya está dando señales de un  final cada día más cercano.   El Carabobeño volverá a las manos del pueblo.                     
Luis Garrido
luirgarr@hotmail.com
@luirgarr

Carabobo - Venezuela                   

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