jueves, 19 de enero de 2017

ALFREDO M. CEPERO, CUANDO LA REBELIÓN ES LA ÚNICA VÍA, CASO CUBA

"El árbol de la libertad debe ser vigorizado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos: es su fertilizante natural". Thomas Jefferson, redactor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América.

Cuando los padres fundadores de la nación norteamericana se reunieron por primera vez en Filadelfia en el otoño de 1774 en lo que llamaron el Primer Congreso Continental estaban lejos de la unidad necesaria para declarar la guerra a Gran Bretaña. Enfrentar con las armas a una gigantesca potencia mundial parecía una empresa suicida. Había conservadores como Joseph Galloway que proponían el uso de la diplomacia en la solución de las diferencias con la metrópolis. Albergaban la esperanza infantil de que sus opresores en Londres les retiraran las cadenas en forma voluntaria y por la fuerza de su razón.

Dos años de falsas promesas y represión los sacaron de su error. Los tiranos jamás dejan ir a su presa sin presentar batalla. Fue entonces el momento de radicales como George Washington, Thomas Jefferson y Patrick Henry. Estos patriotas pusieron en marcha una agenda en que se exigía "derechos inalienables" para los americanos a una metrópolis tiránica y represiva. Ese fue el mensaje inequívoco de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, firmada en Filadelfia el 4 de julio de 1776.

Ya no habría marcha atrás y comenzó una guerra cuyo desenlace asombró a quienes aconsejaban cautela y cambió la relación entre gobernantes y gobernados a partir de ese momento. Ante el fracaso de la fuerza de la razón los patriotas entendieron que no había otra vía hacia la libertad que la razón de la fuerza. Así nació una república democrática en que la soberanía reside en los ciudadanos y los gobernantes son sus servidores, no sus amos. La gran contribución de los Estados Unidos a la futura historia política del mundo.

Situaciones similares se han repetido con posterioridad en otros países del planeta, incluyendo a mi desdichada Cuba. En la segunda mitad del siglo XIX, durante el período entre la Guerra de los Diez Años (1868) y la de Independencia (1895), figuras destacadas de la intelectualidad cubana como José María Gálvez, Eliseo Giberga, José A. Cortina y Rafael Montoro fundaron un movimiento político reformista conocido como autonomismo. Todos ellos hombres de talento que amaban a Cuba pero totalmente equivocados en cuanto a la naturaleza totalitaria del sistema imperial español y la arrogancia de sus gobernantes. Tuvo que venir Jose Martí. el guerrero renuente, con su mensaje radical de independencia o muerte, para abrir a sangre y fuego los caminos de nuestra libertad total.

Pero, por aquello de que "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra", los cubanos incurrimos en el mismo error durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Con el fin de entablar un diálogo político que condujera a una transición sin sangre, un patriota venerable y honesto como Don Cosme de la Torriente creó la Sociedad de Amigos de la República. Entre sus miembros más destacados se encontraban intelectuales como Jorge Mañach, Ramiro Guerra y José Miró Cardona.

Ahora bien, al igual que los obstinados mandamases del Imperio Español, los testaferros del batistato se burlaron de una gestión cívica que nos pudo haber salvado de la tiranía castrista. La respuesta ignominiosa y brutal la dio el obtuso General Francisco Tabernilla cuando, durante una perorata en el polígono del Campamento Militar de Columbia, dijo que el gobierno de Batista le daría "candela al jarro hasta que suelte fondo". El jarro perdió el fondo el primero de enero de 1959.

Así nos convertimos en víctimas de la más larga tiranía que ha sufrido América y quizás el mundo. En el curso de su primera década centenares de patriotas cubanos la combatieron con las armas en la mano, cayeron en la lucha armada, fueron fusilados y padecieron largas penas de prisión. Pero, más de medio siglo de intentos infructuosos diezmaron a la oposición armada y dieron tiempo a los tiranos para consolidar su control por medio del terror de estado.

La consecuencia ha sido que los métodos de muchas organizaciones de esta nueva oposición se asemejen a los de los antiguos autonomistas y a los más recientes de la lucha cívica contra la dictadura de Batista. Unas por ingenuidad, otras por cobardía y algunas por oportunismo han adoptado una conducta contemplativa en espera de que los tiranos mueran o de que la tiranía experimente una epifanía de compasión y nos regale la libertad.

Ahora bien, proclamo que nunca he caído víctima de tal tontería. Tan temprano como a principios de 2010, en un artículo que titulé "La sangre caerá sobre sus cabezas" dije: "La experiencia de estos 52 años demuestra hasta la saciedad que Raúl y su camarilla son unos carniceros embriagados de poder y cegados por la arrogancia que jamás renunciaran a sus privilegios por medios racionales ni pacíficos."

De hecho, el primer tirano ya murió y las cosas han ido para peor. Con el oxígeno proporcionado por el 'camarada' Barack Obama el tirano heredero ha multiplicado las palizas. Ahí tenemos la pateadura con que el esbirro Humberto Ramírez, Mayor de la Seguridad del Estado que un día la pagará, le fracturó la cadera a Carlos Manuel Pupo, gestor del Proyecto Emilia.

Con ello queda demostrado que este método de la oposición activa no violenta tiene que salir de la cueva y tomar la calle. Esa es la toma de los espacios públicos a que hizo referencia por estos días el Dr. Oscar Elías Biscet. En este sentido, el Dr. Biscet me dijo recientemente que la represión contra los miembros de su organización se ha arreciado desde que fueron la única organización que llevó a cabo una manifestación pública en un parque de la Calle Línea, en el Vedado, el mismo día del entierro del tirano. Y agregó: "Todo esto es una venganza porque ellos operan igual que la mafia".

Y quienes todavía tengan esperanza en una quimérica "transición pacífica" harían bien en tener en cuenta las declaraciones del actual "capo" de la mafia cubana cuando hace unos años declaró: "Conquistamos el poder por las armas y sólo lo soltaremos por la fuerza de las armas". Si queremos una Cuba libre, creo que debemos tomar en serio su amenaza.


Si queremos una Cuba libre tenemos que olvidarnos de una transición pacífica y cerrar filas en una rebelión abierta que tome las calles, fuerce a la los tiranos a la represión y despierte al pueblo de su letargo. Cuando se cierran las opciones de que predomine la fuerza de la razón no hay otra alternativa que apelar a la razón de la fuerza. En este momento, la rebelión es la única vía con la capacidad de conducirnos a la libertad de Cuba.

Alfredo Cepero
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
Director de www.lanuevanacion.com
Estados Unidos

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