viernes, 13 de enero de 2017

FERNANDO FACCHIN B., DISCIPLINA UNITARIA DEL DISENTIMIENTO


“Llevadera es la labor cuando muchos  comparten la faena.” Homero

Los ingleses han desarrollado una teoría que llaman “La Disciplina del Disentimiento”, teoría aplicable al caso venezolano, en ella se establece que las reglas del juego deben permitir la coexistencia de la pluralidad, conformando un país de fuerte sociedad civil, con movilidad creciente, tanto física como social  y políticamente, con reglas que permitan una dinámica sólida y auto-concentrada dentro de una estructura socio-política diversificada y diferenciada, pero pujante y de nítidos referentes sociales con capacidad de unidad, más no de uniformidad, con capacidad para alterar el rumbo que lleva el país más no las reglas mismas convenidas en consenso, que permitan la discusión constructiva,  para así lograr un régimen por el cual todos sepamos que el destino del país depende de nosotros mismos y que no se puede pretender imponerse sobre los demás de manera violenta, caso contrario la situación se tornaría peligrosa. Según la doctrina en comento, la falta de posibilidad de establecer un sistema razonable de disentir, un sistema para resolver las antinomias es lo que constituye peligro, esa es la interrogante que queda abierta, ¿estamos dispuestos a lograr la “disciplina del disentimiento”? ¿Estamos en capacidad de ceder, sinceramente, nuestros intereses personales y tradicionales a favor de asumir una actitud proactiva que proyecte la unidad política que necesita el país?

Por encima de todo existe una idea básica e innegociable, una meta común que persigue el soberano, cual es lograr el éxito de la Asamblea Nacional, por ello las reglas para “La Disciplina del Disentimiento” deben contener el mecanismo apropiado para lograr ese objetivo, deben considerarse, unitariamente las normas y principios constitucionales que es necesario discutir, aprobar, aplicar y cumplir para no violar los principios fundamentales que nos inspiran, aquí es donde el ingenio debe prevalecer para diseñar mecanismos sencillos y aceptables para cualquier ciudadano promedio, recuerdo una frase de Henry Ford, cito: “Llegar juntos es el principio; mantenerse juntos es el progreso; trabajar juntos es el éxito”. Estamos presenciando el ocaso de la revolución, el punto preciso del no retorno.

Hoy la figura, presencia y relevancia de la Presidencia de la República ya no es lo que fue, cada día se degrada y su credibilidad se halla por el suelo, todo apunta a que su final no será feliz, el mandato será irreversiblemente revocado por vía constitucional, la sed de poder, control y desbocado latrocinio lo llevó al abismo en que se encuentran, prueba de ello es el descalificado “cartel de ministros” recién designados con vergonzoso “prontuario”. En los actuales momentos el país se muestra sin timidez ni miedo ante el desagrado ante un régimen oprobioso, personalista y autoritario, los síntomas de disenso sólo revelan que el régimen, otrora apoyado por una abrumadora mayoría, ha perdido sus mejores atributos: el prestigio y la popularidad.

El país se encuentra más sereno, hay optimismo pero no triunfalismo, el triunfalismo es dañino, hay sobradas razones para el optimismo, la voluntad de la sociedad, su movilización, su auto organización sociopolítica, mayor conciencia y exigencia democrática, un gran entusiasmo para reencontrar el sentido ético de la política. La corrupción y la impunidad describen a un país con la moral quebrada, pero con un pueblo a quien le urge, no solamente la democracia, sino la ética, la moral pública.

Ante el desmoronamiento gubernamental y el ocaso del régimen, se nos presenta una especie de concurso de disparates impuestos por una “dictadura mediática” aplicable mediante un exceso de cadenas y micros televisivos para mostrar mentiras y más mentiras y para insultar y amenazar sin escrúpulo alguno. Al régimen lo que le interesa es presentar una falsa imagen de fuerza y popularidad, todo en sustitución de la imaginación y la creatividad para formular iniciativas y propuestas que verdaderamente tiendan a modificar la realidad a la cual nos han sumido, ello nos demuestra que el gobierno tiene montado un espectacular teatro bufo, un circo barato, pero recordemos que el signo fundamental de lo mediático es su fugacidad.

Ante lo inevitable, con la dirección de la AN, se impone una nueva vitalidad social que ha de ser conducida y encausada con el objeto de lograr su verdadera dimensión creativa que nos lleve por la senda de la gobernabilidad, la expresividad social es prueba fehaciente de una sociedad viva, compuesta por ciudadanos que defienden sus intereses, que tienen objetivos políticos definidos, que son racionales y razonables, por ello esa expresividad no debe decaer, no debe debilitarse, todos estamos implicados en el proceso que lleva del caos actual a la gobernabilidad.


Definitivamente, está comprobado que una sociedad es gobernable cuando está estructurada sociopolíticamente de modo tal que todos los actores estratégicos se interrelacionan para tomar decisiones colectivas y resolver sus conflictos conforme a un sistema de reglas institucionales. Cuando desaparece el poder, como en el cuento de Cenicienta, los caballos se convierten en ratones y las carrozas en calabazas, por ese camino vamos. Se esfuman los cortesanos que llegaron para aplaudir, alabar y colarse en el Circo Bufo de Miraflores. El país exige “Disciplina Unitaria del Disentimiento”. Feliz año 2017.

Fernando Facchin Barreto
ffacchinb@gmail.com
@fernandofacchin
Carabobo - Venezuela 

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