domingo, 10 de mayo de 2020

AMÉRICO MARTÍN, QUIEN MUCHO ABARCA…

El gobierno de Nicolás Maduro ha formalizado una denuncia contra Donald Trump, Iván Duque y Juan Guaidó acusándolos de desencadenar una cruel y bárbara invasión militar contra Venezuela, que le da pie para cumplir su anhelado deseo de poner tras las rejas a Guaidó y sus compañeros. Cuando escuchó la noticia, Mike Pompeo, con una sonrisa inocultable, respondió:

Si eso fuera cierto, todos saben que la operación hubiera triunfado.

¿Pueril jactancia de Pompeo? Es difícil no creerle si recordamos la Tormenta del Desierto, dirigida por EEUU contra Sadam Hussein para la liberación de Kuwait o la de Normandía contra el yugo nazi-facista.

Pasemos revista sumaria a la Guerra del Golfo y cotejémosla con la “invasión de Macuto”, premisa de la operación contra Guaidó. En el Golfo, bajo la jefatura del brillante General Norman Schwarzkopf, se desplegaron 959.600 soldados, 2000 carros de combate, 100 barcos de guerra, incluidos 6 portaaviones y al menos 1800 modernos aviones de combate. En los ataques iniciales se utilizaron 100 misiles crucero Tomahawk disparados desde el mar Rojo y el golfo Pérsico.

Algunos de los blancos alcanzados fueron tres palacios presidenciales, el Ministerio de Defensa, la Dirección de Inteligencia Militar, 5 estaciones de teléfono, el cuartel general de la Fuerza Aérea, una fábrica de ensamblaje de misiles Scud, la sede del partido Baath, la sede central de la policía, la estación central de televisión, diferentes ministerios y al menos 350 aviones enemigos.

Vistas estas cifras, ¿cómo es que sin rubor alguno, hablan de la invasión norteamericana-colombiana del fin de semana en Macuto y Chuao? Los “invasores” de La Guaira llegaron en peñeros no en portaaviones. Y el saldo no pudo ser más precario, si pensamos en la Tormenta del Desierto, 8 masacrados y 16 detenidos. No sé si portaban navajas o escopetas, pero misiles Tomahawk brillaron por su ausencia.

Una cosa lleva a la otra, quisieron abarcar demasiados objetivos importantes, sobre todo envolver a Trump y Duque, para lo cual no les quedó más que ponerlos al frente de la risible “invasión”. Olvidaron una regla de oro de la política: atraer a quien pueda serlo, neutralizar a quien no pueda ser atraído y saber entrañablemente que la convivencia no es un pecado, sino una de las maneras de encarnar la unidad posible para vencer peligros de apariencia insuperable.

Puesto que por ley natural, el animal humano busca progresos y no perjuicios, es dable esperar que las torpezas puedan ser minimizadas con políticas enriquecidas por la sabiduría que viene de la experiencia. De donde puede esperarse, de nuevo, que la negociación con agenda clara y transparente impulse la transición por el camino de un gobierno de emergencia nacional.

Es obvio que en esta comedia de las equivocaciones ambas partes no exhibieron sus mejores cualidades, pero de lo que sí estoy seguro es que Maduro ha dejado pasar una buena oportunidad para negociar su complejísima situación.

Al arremeter de nuevo contra EEUU y Colombia reabre heridas que lo alejan de esa solución. Hubo un momento en que pareció factible el inicio veraz de las negociaciones entre los protagonistas principales del drama venezolano.

La oposición fluía hacia Guaidó en la medida en que la mesa o mesita guardaba silencio. Y los radicales, amigos de la “invasión libertadora”, perdían su espacio. Solo quedaba y queda la negociación, pero con el escándalo de las demasías de Macuto también esta fórmula pierde algo de credibilidad. Al inventar fantasías sobre invasiones imposibles, reiteran su temor a las consecuencias de la paz. Copiando a Goebbels, convierten “cualquier anécdota en amenaza grave”.

De las tres maneras de abordar la solución de la tragedia venezolana, invasión militar, hiperrepresión y negociación con agenda clara, sigue siendo ésta última la que más opción tiene. Se engañan quienes crean que la represión o la zancadilla tengan piernas largas.

Es un error muy común en quienes ejercen el poder y cuentan con el monopolio de los medios para la ejercer esa forma de control social que es la hegemonía comunicacional. Pero el interesante pensamiento gramsciano, premisa del eurocomunismo, vale decir, socialismo de rostro humano que sin necesidad de violencia se impondría, mediante la persuasión, el cambio revolucionario, resultó ser otra utopía destinada al olvido. Sin embargo, en ese amplio propósito también fracasó, aunque quedaran algunas ramas verdes en los árboles muertos.

El modelo actual de gobierno en Venezuela, hizo suya la teoría de la hegemonía comunicacional, que sería un medio o una garantía socialista, cuando en realidad, para decirlo en palabras del gran comunicólogo español –venezolano de corazón–Marcelino Bisbal, se convirtió en dictadura comunicacional.

Porque al final, siempre al final, la democracia se sale con la suya. Afortunadamente.

Américo Martín
amermart@yahoo.com 
@AmericoMartin 

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ, ESE OBSCURO OBJETO DE DESEO

Pensador actual de punta, el holandés Ian Buruma, realiza un estudio existencial del gamberro político, el lumpen, válido para los colectivos, camisas negras, camisas pardas, paramilitares, guerrilleros colombianos, skin head, terroristas islámicos y de cualquier otra marca: un sujeto incapaz de construir una vida decente, atormentado por odios y complejos contra quienes lo logran y que envuelve su fracaso en algún justicialismo.

Movimientos revolucionarios de izquierda y de derecha los reclutan para mercenarios aporreadores, brigadas de choque, torturadores, saqueadores, asesinos. Su oficio es el ejercicio simple de la ruindad, abusar de gente indefensa o ejecutar actos terroristas. Son el verdadero rostro de las revoluciones (“un comunista es un fascista de izquierda. Un fascista, es un comunista de derecha”).

Kensaburo Oe lo describe inquilino de casa de pensión, solitario, atormentado por los flashes eróticos en las calles, por faldas cortas y aromas de los que se siente privado masturbador pertinaz que se asume rechazado por su obscuro objeto de deseo. La belleza, el confort, flamantes automóviles, la apariencia de felicidad, transitan por las calles de las sociedades abiertas, sin chador ni burka.

Pareciera que todo está al alcance de la mano, pero cada quien debe construir espacios con voluntad, trabajo, audacia, y estas figuras baconianas no están dispuestas a eso. La sociedad ofrece maravillas que solo obtendremos parcialmente y la revolución es la respuesta del fracaso, estimulado por ideologías de la envidia: el marxismo, el populismo o el nacionalsocialismo que hacen a “los otros” culpables de sus privaciones y merecedores de castigo.

El diseñador de la violencia

En los comandos de acción directa tiene espacio su particular destreza profesional, la violencia, el rasgo más animal de los humanos y el que los acerca más a las bestias. Maltratar y hasta matar a un profesional, una mujer bella, un universitario, comerciante o trabajador, es su venganza. Los hace importantes ejercer el terror de causas oscuras.

Mussolini creó los camisas negras en 1919, que a partir de 1923 se llamarán Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional, y allí concentra las excrecencias del naufragio, que hicieron terrible la vida cotidiana. La incapacidad para conseguir tempranamente la unidad nacional italiana y superar
la pobreza, creó un estamento de resentidos animados por el rencor, lo que Hannah Arendt llama “el populacho”.

Obreros, profesores, comerciantes, médicos, oficinistas, abogados, todos sin empleo, arruinados y buscando arrimarse. El discurso de Mussolini en las tribunas representaba a las hordas, e instaba a despanzurrar, patear, a los “responsables” de las desgracias. Doscientos mil miembros de los “colectivos” emprendieron la Marcha sobre Roma, colocaron al Duce en el gobierno e inspiraron al sexualmente retorcido Hitler para formar sus
camisas pardas o S.A.

El partido nacionalsocialista compró baratos remanentes de camisas de kaki de las tropas alemanas en África y con ellos los uniformó estilo militar. Y Hugo Boss, joven costurero nazi que iniciaba su carrera profesional, le dio su mágico glamour. También vistió a las S.S y a las Wehrmacht. Los colectivos tampoco podían faltar en la pesadilla de la Revolución Cultural China y Mao creó la Guardia Roja con cientos de miles de jóvenes convertidos en perseguidores de maestros, profesores, artistas, escritores, e incluso de sus propios padres.

Los derechos gusanos

El objetivo de Mao, en ese momento defenestrado, que hizo de la Guardia Roja, era liquidar a Liu Sao Chi, Lim Piao y Deng Xiaoping para recuperar el poder. La oleada fanática asesinó más de un millón de personas y destruyó casi cinco mil de los siete mil templos antiguos que se conservaban. Latinoamérica ha tenido caudillos que convierten las naciones en cárceles con apoyo de los “colectivos”.

En Panamá de Noriega se llamaban Batallones de la Dignidad y Codepadis, que ensangrentaban las ropas claras de los manifestantes contra la dictadura. Olor a resaca de caña barata, adrenalina, sudor rancio, halitosis y sangre en las calles eran la identificación. Corrieron después como conejos en 1989 y una conocida matona, Balbina Herrera, fue candidata presidencial derrotada del norieguismo.

Daniel Ortega tenía turbas divinas en su lejano primer gobierno, aguardentosas, mercenarias, astrosas, para aterrar adversarios políticos, menos a Violeta Chamorro, quien le desbarató el proyecto en las narices. El régimen cubano usa los llamados grupos de respuesta rápida para “actos de repudio” en los que rodean por horas o días casas de` disidentes y luchadores por los Derechos Humanos, “derechos gusanos de desechos humanos” según las turbas.

Entre los años 40 y 50 las calles de La Habana eran propiedad de gánsters, los “gatillo alegre”, Emilio Tro, Manolo Castro, Rolando Masferrer, Alfredo Yabur, Eduardo Corona, Fidel Castro, hasta que en 1959 éste acabó con todos los demás y con la vida civilizada. Pero la figura del día son los indestructibles. Stallone, y sus mercenarios, Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger, hoy de moda porque, contratados por gobiernos de EEUU, rescatan princesas y liquidan tiranías. 

Carlos Raul Hernandez
carlosraulhernandez@gmail.com
@CarlosRaulHer
@ElUniversal

ROMÁN IBARRA, DESESPERACION Y RUINA

Pasan los días, meses y años, y nuestro país sigue descendiendo en el barranco de la destrucción, el cual, parece no tener fondo en nuestro caso.

La comisión recurrente de errores en las decisiones políticas, o peor aún, la inacción para asumir la política adecuada, y correcta, terminan por triturar las posibilidades de las mayorías, cada vez más depauperadas social; económica y hasta espiritualmente.

No importa cuán grande, y sólido sea el capital político de que se disponga, pues si no se usa correctamente en el tiempo debido, y para resolver problemas; distinguiendo lo puntual de lo trascendente, más temprano que tarde, terminará por esfumarse en el desierto de los incumplimientos.

Por sólidos que parezcan los apoyos internos e internacionales, la falta de resultados concretos en lapsos de corto, y mediano plazo, terminan por producir deserción, y abandono. Eso no puede calificarse de traición, sino de agotamiento del aliado porque sus pares son incapaces de llevar adelante con éxito la misión acordada.

Los aliados internacionales, así como un montón de voceros nacionales, hemos sugerido hasta la saciedad, la necesidad de negociar con el régimen y sus aliados, salidas políticas a la crisis venezolana; cancelar la equivocación de continuar con ¨el mantra¨ fracasado, y hacer una tregua en lo político para atender de manera prioritaria, y conjunta, las calamidades que en el orden soioeconómico destruyen la vida del venezolano común, pero no, parece que no hay oídos a este clamor.

Hemos dicho que se requiere con urgencia desarrollar una agenda (Gobierno-Oposición) para solicitar a los organismos internacionales los recursos necesarios para resolver el tema de la pandemia del Covid-19, pero también la electrificación del país, así como el drama de las hidrológicas porque la población en su mayoría no tiene acceso al uso del agua. Del mismo modo, hemos dicho que esas solicitudes conjuntas (gobierno-oposición) aprobadas por la AN, deben tener como premisa fundamental que los recursos que se aprueben, sean administrados

por los propios organismos otorgantes para evitar suspicacias, o mal manejo. Hay otros asuntos que merecen también atención prioritaria como la rehabilitación del Metro para contribuir a la movilización eficiente de la población.

Otra prueba de que cuando no se hacen las cosas debidamente, es que algunos asumen equivocadamente ¨soluciones, o salidas¨ que lejos de ayudar, terminan por hacer más daño.

Esa locura de un payaso autoproclamado ¨estratega electoral¨ de firmar un contrato con mercenarios para explorar aventuras golpistas, no es sino la expresión de alucinados que no entienden los procesos políticos, se han ¨achicharrado¨ las neuronas en el teclado de sus smartphones, o en películas de ciencia-ficción.

Si la política de oposición pretende ser seria, y eficaz, tiene que marcar distancia y deslindarse de manera expresa de esos irresponsables y aventureros, que solo ven posibilidades en sus juegos de guerra desde la cómoda distancia que les ofrecen sus mecenas, también equivocados, aventureros y desquiciados.

Los únicos éxitos de la oposición venezolana están vinculados a la unidad de todos sus factores, y al hecho electoral, y no a salidas golpistas o fuera de la Constitución.

Es una pena que sigan sacrificándose venezolanos, quienes en su desesperación, y la poca claridad de rumbos a seguir, terminen siendo humillados por una tiranía que no repara en castigar de manera infamante a quienes creen que ese camino puede tener éxito en manos de unos irresponsables que les manipulan en la distancia.

La política tiene que enseriarse y distanciarse de aventuras desquiciadas. Hasta cuando hay que pedirle a quienes tienen en sus manos las decisiones que es hora de negociar, y producir alternativas para la gobernabilidad, hasta que alcancemos elecciones libres?

Gobernabilidad y elecciones, no más locuras!

 Román Ibarra:  
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

JOSÉ RAFAEL HERRERA, ¿QUÉ ES ESO DE HISTORICISMO?

“Nadie es mejor que su tiempo, a lo sumo es su propio tiempo”. G. W. F. Hegel

 No resulta tarea fácil la pretensión de poner en duda las capacidades intelectuales de un pensador de la talla de Karl Popper, autor de una Lógica de la investigación científica, con sus criterios de demarcación y su doctrina del “falsacionismo”. Por fortuna, el “principio del orden espontáneo”, que el prestigioso autor compartió desde siempre con Von Hayek, da cuenta de que no siempre lo que es bueno para el pavo es bueno para la pava. Entre austríacos te veréis. De modo que, por ejemplo, si bien La sociedad abierta y sus enemigos es un ensayo que recoge algunas verdades de peso, que permiten dar sustento y justificación al devenir de la democracia occidental, el ensayo sobre la Miseria del historicismo es, a lo sumo, una vergüenza, no solo textual –¡que lo es!–, sino esencialmente contextual. La versión popperiana de la conocida sentencia de Wittgenstein: “Quien sea incapaz de hablar con claridad debe callar hasta poder hacerlo”, se vuelve en contra de su propio autor.

El historicismo, según el punto de vista que de él ha dado Karl Popper, es una concepción cuasi mística, plena de palabras infladas y pretensiosas sin mayor significado, que pretende profetizar cuál es el origen y cuál será el fin de la historia universal. Según el filósofo austríaco, existen dos tendencias o tipos de historicismo: los “anticientíficos” y los “procientíficos”. Los primeros están cargados de un esencialismo totalizante, holístico, místico-religioso, si se quiere, que niega de plano el incuestionable triunfo de las ciencias físico-matemáticas y de la metodología de la investigación científica en el abordaje de los procesos políticos y sociales, que los historicistas pretenden sustituir con la intuición y el “esencialismo” que emana de la “comprensión vivencial” de las realidades históricas. La segunda, parte de lo que apenas es una tendencia conceptual –una hipótesis– y termina presentándola como un postulado conclusivo, como una “ley inexorable y universal” de la historia. En todo caso, en ambas tendencias se presentan los mismos defectos: creen que las fuerzas ocultas de la historia determinan las acciones humanas y que el conocimiento del pasado permite prever el futuro. Y es así como tales creencias son convertidas en leyes, en mandatos supremos. Es por eso que para Popper el historicismo es miserable, porque termina siendo el gran causante de la justificación de los peores totalitarismos padecidos por la humanidad. He aquí la lista negra de los “rufianes”, de “los más buscados” por mister Popper: Platón, Aristóteles, Hegel y Marx.

El entusiasmo con esta versión popperiana del historicismo tuvo un éxito formidable entre no pocos científicos de la política y la sociedad, particularmente entre los años setenta y ochenta, una época marcada, como se sabe, por la progresiva “muerte de las ideologías” y el advenimiento de los adioses a las viejas convicciones de unos cuantos ex camaradas que, en el fondo, nunca lograron tramontar, a pesar de sus muy sinceros y denodados esfuerzos, el más allá de la tercera página de la Fenomenología de Hegel o de los dos primeros párrafos de la Dialéctica negativa de Adorno. La era de las grandes ideologías y, con ella, de las complicaciones argumentativas –es decir, ”dialécticas”– en el horizonte de la comprensión histórica, había –¡por fortuna!– culminado, y ahora el vasto territorio del sentido común quedaba libre a sus anchas para poder cumplir el anhelado retorno a esas pequeñas satisfacciones de la vida, al fruto de las cosas más elementales –pero dulces–, en el que los viejos resabios de la abuela, el chinchorreo, la sabiduría popular, la buena cerveza y la metodología de las ciencias sociales se confunden y hermanan en un abrazo. Se trataba, finalmente, de dar “el salto del aguilucho” y de transmutar los rigurosos acordes de la Quinta sinfonía de Mahler por los cálidos compases del “Chiquitita” de Abba o el “Lady” de Kenny Rogers.

Lo cierto es que ningún historicista, plenamente consciente de serlo, puede permitirse el toupet de ser juzgado ni como un profeta del pasado o del futuro ni como un amante de los totalitarismos, según la ligereza de ignorantes y prejuiciosos, entregados a los brazos del entendimiento reflexivo. Más aún, ningún historicista, por respeto a sus propias consideraciones, podría llegar a argumentar la mamarrachada de representarse el porvenir como la predeterminada conclusión de “lo que pasó ayer”, y menos aún de concebir que “son los hechos” los que, por sí mismos, “tejen una cadena de eslabones inseparables”, fabricados con el material de los errores que, cual espantos, persiguen y se empeñan en acorralar a la humanidad.

El señor Popper ha sido, sobre todo, un severo y respetable crítico de los dogmas y los esquematismos, en cuanto al estudio de las “ciencias duras” se refiere. Pero la subordinación que hace en sus obras del saber histórico al uso y abuso –como solía afirmar Federico Riu– de sus intereses políticos inmediatos lo transforma en el peor de los fanáticos, capaz de representarse a Platón o a Hegel como los antecesores de Mussolini o de Hitler y a Stalin como el más legítimo heredero de Marx. Por ese camino, el general Pérez Arcay o el taimado Luis Miquilena –los primeros mentores de Chávez– terminarían siendo calificados como supremos historicistas convencidos, por más aventurado y temerario que resulte afirmar que sus vidas estuvieron consagradas a la lectura de –por lo menos– una sola página de la obra de Hegel, prestos, como en efecto, al servicio de la verdad y la libertad.

Claro que Popper tenía sus méritos. Eso es innegable. Pero no así sus repetidores de oficio. Afirmar que historicismo significa esa “manía de que los fenómenos son producto inevitable de las condiciones y de fuerzas históricas indetenibles”, además de mal escrito, sería como afirmar que el gran descubrimiento de Arquímedes consistió en inventar el jacuzzi y que Newton se hizo un nombre con la invención de los ordenadores Apple. Todo lo contrario, es el hombre, al decir de Marx, quien permite comprender la anatomía del mono, no la del mono al hombre. Ni son las “fuerzas históricas indetenibles” las que predestinan a la humanidad, sino que es la humanidad la que, con sus errores y virtudes, sus aciertos y desaciertos, se va labrando su propio destino en la historia. Es más, las tales “fuerzas” de la historia no son más que la objetivación de la propia acción de los hombres. Y es que tales “fuerzas” son, al decir de Vico, de “factura humana”, porque justo donde termina la creación de los hombres comienza la objetividad. Y a la inversa. Verum et factum convertuntur. Tampoco el historicismo se preocupa por pretender definir el futuro de la historia, porque su preocupación se centra en el presente y lo real. De hecho, como dice Hegel, la filosofía es el propio tiempo aprehendido con el pensamiento.

En el presente, y a diferencia de los férreos años de la dictadura neopositivista sobre el pensamiento libre, la vulgata de los esquematismos –tesis, antítesis y síntesis incluidas– contra el historicismo filosófico ha sido desechada por fraudulenta. Todo lector contemporáneo sabe bien que Hegel nada tenía ni de prusiano ni de totalitario y que entre Marx y el marxismo se alza, por cierto, una inmensa barrera, un auténtico “criterio de demarcación”. Y no se diga más de Platón y Aristóteles, por respeto a la inteligencia. Quizá una buena actualización contribuya a desechar los viejos prejuicios de otros años en unos cuantos y hasta contribuya a despistar los síntomas de la peligrosa peste de la mediocridad.

José Rafael Herrera, 
jrherreraucv2000@gmail.com
@jrherreraucv

RAUL ZAPATA, MIEDO A LA LIBERTAD



Ser libres supone estar dispuestos a diseñar formas que no se están dando en el presente, un atreverse a romper con paradigmas establecidos, actuar en función de un futuro distinto, superior. Buscando responder a los requerimientos, a las solicitudes que el presente plantea.


Es ese posible ejercicio de la libertad, lo que nos hace humano, fue lo que nos permitió salir de las cavernas y construir el mundo que hoy disfrutamos. Atreviéndonos con audacia, a romper con lo establecido, poniéndonos como meta un mundo mejor y accionar para construirlo.

Estamos programados genéticamente como animales, pero no como humanos, con la posibilidad de ser libres, ejerciendo el libre albedrio, eso no está en nuestros genes, está en nuestra parte espiritual, oculto en algún rincón nuestro, pero acceder a esa parte requiere de cierto valor, ir más allá de nuestros instintos animales programados: los mero instinto de supervivencia,
Emanuel Kant, escribió un artículo, titulado “Que es la ilustración”, en el cual afirmaba que el hombre ilustre no era el culto o el inteligente, sino, los capaces de pensar libremente, sin el tutelaje de otro, como personas mayores de edad, sin permitir que el presidente de la republica, el jefe del partido, el pastor de la iglesia o el Papa tutele su pensamiento.

Loa pensadores de la ilustración inglesa pensaba que ser ilustre estaba relacionada con la búsqueda de cada individuo, de poder accionar libremente en función de sus propios intereses, emociones y simpatías, y que la función del Estado consistía en crear espacio para la conciliación y convivencia de intereses variados.

Puestos en piloto automático, tendemos a dejarnos llevar por la inercia, soñar nuevas maneras supone un esfuerzo personal por desprogramarnos, para ser libres, para ejercer la gracia suprema con la cual Dios nos hizo humanos: “El Libre Albedrio” pero el miedo nos contamina, nos paraliza en muchas oportunidades..

Qué, sino eso, explica ese aferrarse a formas que han fracasado, de manera reiterada y contundente en el pasado. Es eso lo que nos impide soñar maneras de vida, formas de organización que de manera reiterada, según todos los indicadores de gestión, garantizan mejor calidad de vida, mejores ingresos, mejores programas sociales y mayor nivel de libertades públicas, menos Estado- El miedo, a abandonar lo conocido nos lleva a rechazar y temer a todo aquel que pretenda sacarnos de nuestra zona de confort.

La historia del hombre no es la historia de la lucha de clase, como piensan los comunistas, sino la lucha por lograr cada vez mayores niveles de libertad, que culminara con un mundo de hombres y mujeres libres y responsables de sí mismos y de sus pares, con Estado que se limitara a conciliar la voz de todos, bajo el solo reino de Dios

Capitalismo y democracia de poderes limitados para Venezuela.

Raul Zapata A.
raulzapataa@hotmail.com
@RaulzapataA

sábado, 9 de mayo de 2020

ACTUALIZACIÓN, NACIONALES, EL REPUBLICANO LIBERAL II, DOMINGO 10/05/2020

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, TODA LA VERDAD…

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 11 minutos
“The truth? You can´t handle the truth!”: “tú no eres capaz de manejar la verdad”, espeta el general Jessep a su tenaz acusador en “A few good men”, la célebre película de Rob Reiner inspirada en la obra de Aaron Sorkin. La áspera escena nos recuerda que también en el terreno político, la construcción y gestión de esa verdad que por definición afecta a todos, que invocaría nuestro amplio consenso, nunca es tarea leve, nunca deja indemnes todas las fibras que está obligada a tocar. No en balde Hannah Arendt decía que la verdad y la política “nunca se llevaron demasiado bien”; y la t... más »

TRINO MÁRQUEZ, LA PANDEMIA DE LA GASOLINA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 23 minutos
Al Gobierno le preocupa la ola de protestas que podría desencadenar la severa escasez de gasolina existente en el país y la eventual privatización de su comercialización, mucho más que el peligro representado por el Covid-19. El confinamiento tan drástico al que ha sido sometida la población, no se debe a que de repente Nicolás Maduro empezó a preocuparse por la salud de los venezolanos. Lleva más de siete años gobernando. En ese lapso el perfil epidemiológico de la población se ha movido hacia enfermedades vinculadas con la desnutrición y la malnutrición, y con patologías relacion... más »

JOHAN RODRIGUEZ PEROZO, CAVILACIONES

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 29 minutos
Como a la inmensa mayoría de los venezolanos, me preocupa la situación en la que se encuentra el debate político y la lucha de poder que nos ha marcado desde hace ya dos décadas… es en los tramos finales de ese tiempo, cuando se ha planteado con mayor urgencia la necesidad de un cambio político… quienes detentan el poder ya han demostrado hasta la saciedad, de que se trata y en que consiste su deseo de permanencia en el poder… hacer el análisis de la realidad política, económica y social que hoy nos caracteriza como país, podría resultar un tanto ocioso a la luz de lo que refleja e... más »

FREDDY RIOS RIOS, MACUTO, CHUAO Y PETARE

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 36 minutos
“Quien sea incapaz de hablar con claridad debe callar hasta poder hacerlo” Macuto y Chuao quedaron en las arenas movedizas de la posverdad, donde hasta los presuntos actores parecen muñequitos de los suplementos de diario cuando éramos muchachos. La guinda de la gran torta fue JJ. La dictadura comunicacionalmente le extrajo todo el jugo, y el país y nuestros aliados tienen dudas acerca del episodio de la invasión de las lanchas rápidas a playas nacionales. Cosas de Ripley. Hoy el régimen tomo Petare y las urbanizaciones circunvecinas, las redes están a millón, los rumores corren co... más »

RAFAEL GARCÍA MARVEZ, NOSOTROS SOLOS NO PODEMOS II

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 46 minutos
No es sencillo dejar de lado el Covid-19 para referirse a cualquier tema de orden político o de otra índole, pero es necesario dejar de lado ese tenebroso contubernio. Por ejemplo, el candidato del partido Demócrata norteamericano, Joe Biden, según las últimas encuestas, está superando a Donald Trump por la mala política aplicada por este para detener el avance de la pandemia china que parece que ha cobrado centenares de miles de muertos en ese país. Para terminar de escapar de este trillado camino, solo diré que, en el caso venezolano por el contrario, quizá por afinidad ruin este... más »

SIXTO MEDINA, LA OPOSICIÓN Y LA RECONSTRUCCIÓN DEL PAÍS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 56 minutos
No creo, que en la historia de América del Sur, haya otro país expuesto a la decadencia en los términos en que está hoy Venezuela. Uno tras otro, ha extraviado todos sus logros. Ninguna sociedad, en tan poco tiempo, evolucionó como la suya. Ninguna, tampoco, ha caído tan rápido desde tan alto. Sus notables aciertos sociales y económicos se han esfumado. De todos los signos de esta pavorosa involución, el de la multiplicación exponencial de la pobreza es el peor; el más vergonzoso y el más profundo. El que denuncia, con pruebas irrefutables, el fracaso de la política en la administr... más »

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, TODA LA VERDAD…

“The truth? You can´t handle the truth!”: “tú no eres capaz de manejar la verdad”, espeta el general Jessep a su tenaz acusador en “A few good men”, la célebre película de Rob Reiner inspirada en la obra de Aaron Sorkin. La áspera escena nos recuerda que también en el terreno político, la construcción y gestión de esa verdad que por definición afecta a todos, que invocaría nuestro amplio consenso, nunca es tarea leve, nunca deja indemnes todas las fibras que está obligada a tocar. No en balde Hannah Arendt decía que la verdad y la política “nunca se llevaron demasiado bien”; y la tensión entre el dato fáctico y la opinión que eventualmente surge para desfigurarlo o usufructuarlo (algo que la virtualidad ha exacerbado de manera preocupante) es un síntoma de esa fatigosa relación.

De allí que el pensamiento que pretenda desvincularse de una doxa imperante, hegemónica; esa postura que explora la duda razonable, atada al referente que sólo puede brindar la “verdad de hecho”, resulte a menudo incómoda, intraficable, incluso amenazante para muchos. La tiranía de la posverdad que habilitan las redes vuelve esto muy evidente: pobre de aquel que ose cuestionar representaciones sociales más o menos extendidas, pues arderá en la hoguera de los enfebrecidos algoritmos que marcan tendencia y desacreditan voces sin importar cuanta auctoritas hayan desplegado hasta entonces.

El fenómeno no es reciente, sin embargo. La historia de la propia Arendt da fe de tan penosa, humana cortedad. De ella -mujer, judía, expatriada- algunos esperaron en su momento que diseccionase la realidad política desde su personalísima condición, no desde su posición de filósofa, investigadora y catedrática. La oportunidad que le brinda el juicio a Eichmann para afinar su visión acerca de la cualidad de la participación de burócratas como el mismo acusado en el mantenimiento del horror totalitario, la confronta con cierta intelectualidad herida y hostil que, tildándola incluso de antisemita, desmereció su teoría de la banalidad del mal; planteamiento que, según afirmaban los censores, exculpaba al verdugo nazi. He allí un episodio que la película de Margarethe von Trotta (2012), por cierto, retrata con punzantes aciertos.

Lo cierto es que Arendt no sólo se limita, con curiosidad implacable, a dilucidar las señas del mal consumado no por una suerte de Mefistósfeles encarnado, sino más bien por un ser mediocre, un “Mitläufer”, una persona insignificante que seducida por la idea de ser parte de algo mucho mayor, deja de pensar, de cuestionar; y renuncia con ello a la singularidad de su humanidad. Esa mirada penetrante que re-conoce al predador hablante (Freud dixit) abarca también las rebatibles acciones de los líderes judíos durante el Holocausto. He allí un atrevimiento que le valió a la filósofa toda clase de reproches por parte de una comunidad a la que pertenecía y no (“nunca he amado a ningún pueblo ni a ninguna colectividad… la única clase de amor que conozco y en la que creo es el amor a las personas”, escribió a su amigo Gershom Scholem, resuelta a no dejarse tragar por nociones tan abstractas como invalidantes). “Arrogante”, “insensible”, “ignorante”, “traidora”, así la calificaron personas que, en algunos casos, ni siquiera habían leído su obra. Paradójicamente, la idea de que dar la espalda a la verdad podría ser vía hacia la anulación del discernimiento, era de algún modo recreada por su propia experiencia.

Otro tanto ocurre en un exasperado mundo, escamoteado por la posverdad. Y ocurre en Venezuela, donde la opinión aparece peleada por momentos con ese dato “que no logramos cambiar”; donde estudiosos, académicos, analistas, al intentar apartar afectos y prejuicios para entender –no perdonar, no inculpar- la índole de ciertos fenómenos, son atacados por quienes esperan que la incursión en el análisis tome partido o responda a las anchuras exactas del dolor, la furia, la propia y descosida expectativa. Ese camino, el de la negación de esa dimensión epistémica de la democracia que sólo surge de la deliberación y la duda; el de la degradación sistemática de la verdad y no sólo su ocultamiento es lo que, según Arendt, provoca los mayores daños a la esfera de lo público.

Contrario a la “parresía” de los griegos (esto es, “decir todo”, hablar con franqueza y sin miedo) un espacio público distorsionado por la anomalía estructural con la que trajinamos desde hace años y la fractura tenaz que al mismo tiempo quita fuelle a las fuerzas democráticas, luce doblemente lesivo. En virtud de una censura “tolerable”, que, según se afirma, buscaría proteger ciertos activos, atreverse a hacer preguntas, tratar de desentrañar la verdad, pensar a partir del dato duro para dotar de sólido esqueleto a la opinión parece entonces una tarea temeraria. Mala cosa: pues sabemos que cuando el silencio auto-impuesto se vuelve parte del protocolo de supervivencia, poco podría faltar para abrazar la mentira organizada, para justificarla plenamente.

¿Quién traiciona a qué, en ese caso? ¿Son más peligrosos los que aceptando el peso de la evidencia se atreven a auscultar su impacto y alertan sobre posibles amenazas, o los que piden atenuar su percepción para que se ajuste al interés de un grupo, para que ese conocimiento no ponga en tela de juicio a la autoridad? ¿Quiénes aportan mayores y mejores recursos a la hora de comprender y transformar la realidad de forma efectiva; quiénes obstaculizan esa vigorosa comprensión al abogar por el “disimulo necesario”? ¿Cómo cambiar lo que nos mortifica -esta crisis que compromete la economía, la infraestructura, la institucionalidad, la solvencia y credibilidad del liderazgo, la vida de las personas- si se parte de la idea de que gestionar la verdad, toda la verdad (al menos esa que nos afecta) no es tarea que incumba a los ciudadanos?

Mibelis Acevedo D.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis

TRINO MÁRQUEZ, LA PANDEMIA DE LA GASOLINA

Al Gobierno le preocupa la ola de protestas que podría desencadenar la severa escasez de gasolina existente en el país y la eventual privatización de su comercialización, mucho más que el peligro representado por el Covid-19. El confinamiento tan drástico al que ha sido sometida la población, no se debe a que de repente Nicolás Maduro empezó a preocuparse por la salud de los venezolanos. Lleva más de siete años gobernando. En ese lapso el perfil epidemiológico de la población se ha movido hacia enfermedades vinculadas con la desnutrición y la malnutrición, y con patologías relacionadas con la pobreza; la red primaria en salud tomó una pendiente que la ha conducido a escombros; de la Misión Barrio Adentro, durante mucho tiempo buque insignia del régimen, va quedando solo el recuerdo. La salud de los venezolanos no ha sido nunca una prioridad para el mandatario.

Su gran reto consiste en acoplar el retorno a la normalidad con la superación de la falta de combustible. Evitar la parálisis del transporte público y privado forma una de las aristas de ese desafío. Otra todavía más filosa es preservar lo poco que queda de la red eléctrica. El martes 5 de mayo se fue la energía en diecisiete estados. El régimen lo atribuyó a un saboteo. Con ese cuento nos han intentado marear desde hace años. Si la oposición fuese tan eficiente para intervenir centrales custodiadas por la Guardia Nacional y otros cuerpos de seguridad del Estado, el Gobierno habría sido derrocado hace mucho tiempo. La verdad descarnada se reduce a que la energía hidroeléctrica producida en el Guri no alcanza para cubrir la demanda; y la termoeléctrica necesita abundante gasolina, y este codiciado producto no existe porque la desidia del régimen permitió

que las refinerías de la nación, entre las más grandes del planeta, se deterioraran hasta llegar al punto de colapso. Quieren vender la tesis de que la insuficiencia de combustible se debe a las sanciones aplicadas por Estados Unidos. Mentira descarada. Irán, país sancionado por los gringos desde hace mucho tiempo, no presenta fallas en el suministro interno del fluido. Se sabe que asesora a Maduro en el intento de reactivar las refinerías del complejo Paraguaná, y que el gobierno le paga con generosidad por una asistencia que no tiene nada de altruista.

El régimen tratará de ir midiendo con escalímetro la respuesta de la gente. Los ciudadanos se acostumbraron a que les regalaran la gasolina, aberración de la que Maduro fue advertido en numerosas oportunidades. Se le dijo que el costo de esa insensatez sobre la industria estaba siendo desmesurado. Que terminaría por destruirla. Los irresponsables no escucharon. Por miedo a un estallido social, continuaron el festín. En 1989, ‘El Caracazo’ se produjo por el incremento de alrededor de diez centavos de dólar. Ahora que se encuentra arrinconado por la acumulación de errores cometidos, aspira a privatizar la distribución de la gasolina, cobrar precios internacionales por encima del promedio internacional y, al mismo tiempo, seguir regalándole petróleo a Raúl Castro, y manteniendo el subsidio a sus aliados en el Caribe y Centro América, con el fin de contar con su apoyo en los organismo internacionales.

Por supuesto que el régimen tiene que estar muy preocupado. El desbarajuste creado desde 2013 es total. Venezuela es el único país productor de crudo –dentro y fuera de la OPEP- que presenta serias dificultades en el suministro doméstico de gasolina.

Excepto Nueva Esparta, donde el virus se ha instalado con saña, en el resto del país el impacto del microorganismo ha sido reducido. La cuarentena -o mejor, el confinamiento rígido- al parecer no se justifica desde el punto de vista sanitario. Basándose en la opinión de distintos expertos, varios organismos gremiales –Fedecamaras, Conindustria y Consecomercio- le han exigido a Maduro levantar progresivamente la parálisis, guardando las precauciones del caso y manteniendo las normas señaladas por la organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). 

El estado de postración de la economía impone reanudar con lentitud, aunque progresivamente, las actividades laborales. Los trabajadores informales se han visto obligados a reiniciar sus tareas. Se rebuscan de la forma como pueden. Necesitan conseguir el sustento diario. Noventa y ocho por ciento del país no tiene ninguna posibilidad de ahorrar para mantenerse sin trabajar o su capacidad es muy baja.

Frente al comportamiento espontáneo de los ciudadanos, con frecuencia lleno de riesgos, sería preferible que Maduro presentase un plan coherente de retorno a la normalidad en toda Venezuela. No lo hace porque está rodeado de ineptos y le tiembla el espinazo ante la posibilidad de que los venezolanos reaccionen con violencia por la desidia del gobierno, en un área donde siempre estuvimos en los primeros lugares del mundo. La falta de gasolina es la verdadera pandemia nacional.

Trino Marquez Cegarra
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc

JOHAN RODRIGUEZ PEROZO, CAVILACIONES

Como a la inmensa mayoría de los venezolanos, me preocupa la situación en la que se encuentra el debate político y la lucha de poder que nos ha marcado desde hace ya dos décadas… es en los tramos finales de ese tiempo, cuando se ha planteado con mayor urgencia la necesidad de un cambio político… quienes detentan el poder ya han demostrado hasta la saciedad, de que se trata y en que consiste su deseo de permanencia en el poder… hacer el análisis de la realidad política, económica y social que hoy nos caracteriza como país, podría resultar un tanto ocioso a la luz de lo que refleja el debate político… si algo está perfectamente claro en este marco de situaciones, es la visión de los venezolanos acerca de cuál es el problema, quienes lo han generado y cuál debe ser la solución, el cambio de equipo y de la visión política acerca de la manera de cómo se ha de manejar el destino del país…

Aunque no era mi deseo expresar mi opinión respecto al punto por esta vía, sin embargo, leyendo la reflexión de mi buen amigo Nelson Mendoza la cual titula: "El vuelo hacia la Acción" y que invito a su lectura, me sentí animado a expresar esta reflexión en torno al tema… hace ya más de un año que, luego de un largo tiempo de penuria y cualquier cantidad de intentos por lograr el cambio político en Venezuela, surgió una suerte de nueva esperanza para los venezolanos de lograr el cambio político tan anhelado… esa esperanza llegó configurando una nueva situación y su dinámica impuso un proceso de recomposición en el cuadro dirigente de las huestes opositoras al régimen… la principal responsabilidad de conducir las acciones para este tiempo, recayó en los hombros del joven dirigente y parlamentario Juan Guaido M… no haré juicio de valor alguno acerca de las condiciones personales que lo adornan, para lo que significa la inmensa responsabilidad que le correspondió en suerte, pero lo que si debo expresar es que, al parecer y de acuerdo con los hechos, las circunstancias parecen haberlo superado…

Pienso y lo digo con absoluta responsabilidad y sin el menor ánimo de polemizar al respecto, que no es comprensible para la lógica política, poder entender como es que a partir de su asunción como Presidente de la Asamblea Nacional, más allá de haber sido un hecho absolutamente fortuito que le correspondiera asumir tal responsabilidad, lo cierto es que en él devino una inmensa "catarata" de apoyos y respaldos verdaderamente sólidos… No sólo en el país, donde aún goza de amplios reconocimientos sino además, allende la frontera y también los mares, traducidos estos apoyos en pronunciamientos de todo tipo de gobiernos, parlamentos y organismos multilaterales, sin dejar de lado el que ha recibido de personalidades de mucha relevancia del concierto político internacional… se hace entonces incomprensible para muchos de quienes nos sentimos preocupados por todo cuanto acontece en el país, poder entender las acciones asociadas a la idea según la cual y al parecer, la suerte política de Venezuela ahora descansa en manos de mercenarios ávidos de cobros de recompensas… Hasta ahora no había querido dar pábulo a los recientes acontecimientos ocurridos en algunos rincones playeros, presentados a la opinión pública como una suerte de opera bufa (con el perdón de los asiduos a este tipo de evento), hasta que vi la entrevista que le hiciera el colega Fernando Del Rincón al conocido consultor político Juan José Rendón, mejor conocido como J.j. Rendon (un asunto es la lucha por lograr un cambio político en un país y otra la diligencia mercenaria del cobro de una recompensa)… luego de ello leí la reflexión de Nelson Mendoza, con la cual coincido de manera plena y absoluta, pues, ahora trato de comprender si es que a los "conductores político que rodean a Guaidó los afectó la escasez de gasolina", o los pensadores estratégicos se quedaron sin ideas…

Lo cierto es que me he quedado cavilando acerca de qué ocurrirá ahora, a partir de los últimos acontecimientos y la manera como han sido manejados de lado y lado… recomponer un juego tan complejo como este, no creo, sinceramente, que sea una acción para gente improvisada y mucho menos desesperada, como es lo que resalta de lo acontecido… quiera Dios, que en todo caso, lo ocurrido sirva para la la reflexión sincera y que, en un discurso claro y transparente, pueda surgir de nuevo el mensaje esperanzador capaz de colocarnos de nuevo en la lucha real por el cambio político y no el que nos coloca detrás de una quimera… 

Tal como reza el viejo adagio popular, que Dios nos agarre confesados…!

Johan Rodriguez Perozo
johanperozo13@gmail.com.
@johanperozo

FREDDY RIOS RIOS, MACUTO, CHUAO Y PETARE

“Quien sea incapaz de hablar con claridad debe callar hasta poder hacerlo”

Macuto y Chuao quedaron en las arenas movedizas de la posverdad, donde hasta los presuntos actores parecen muñequitos de los suplementos de diario cuando éramos muchachos. La guinda de la gran torta fue JJ. La dictadura comunicacionalmente le extrajo todo el jugo, y el país y nuestros aliados tienen dudas acerca del episodio de la invasión de las lanchas rápidas a playas nacionales. Cosas de Ripley.

Hoy el régimen tomo Petare y las urbanizaciones circunvecinas, las redes están a millón, los rumores corren como río en conuco y los FakeNews de la dictadura hacen su trabajo. El Síndrome de la Indefesion es necesario enseñarlo y explicarlo a la gente. Su meta es sembrar desesperanza y la obediencia ciega. El no-futuro, la cajita CLAP, el CDI sin médicos y sin medicinas.

Pero en el camino se les interpuso Wilexis y sus fuerzas pranespeciales. Fue un invento chavista para controlar políticamente las barriadas sin escrúpulos ni vacilaciones, a sangre a fuego de ser necesario. Wilexis controla los barrios de Petare y se convirtió en un peligro para el régimen cuando comenzó la protesta cerro arriba. El régimen como repuesta a la inesperada emergencia envió a El Gusano, Comisionado Especial de Iris Valera -Pran de Tocoron- para controlar la situación y fracaso en el intento. Hoy las tanquetas y efectivos de la FAES, CONAS, PNB y CICPC al mando del Mariscal Reverol tampoco han tenido éxito. Hasta ahora sólo hay un preso. Un militante de PJ, 6 muertos y un régimen cautivo de sus malas desiciones. Las Zonas de Paz creadas por el hijo de José Vicente estaban condenadas a convertirse en polvorines, algo tan complejo y difícil como la reinserción social en manos de un inepto sin conocimiento de la materia. El resultado no podía ser distinto, un fracaso más y ahora incontrolable y armado

A pesar del apoyo militar y de los errores de la oposición el chavismo está debilitado. Necesita urgentemente someter los barrios, utilizar el lumpen carcelario para controlar y reprimir la protesta social. Le temen a otro Caracazo y a la desobediencia militar. Las condiciones están dadas; desabastecimiento, especulación, desempleo, incertidumbre, angustia es decir dolor, hambre y miseria. La mecha está prendida.


La cuarentena se convirtió en Casa por Carcel, ninguno de los servicios públicos funciona, la infraestructura esta destartalada, no hay combustible ni gas. No hay transporte, ni inventarios. No hay producción nacional ni importaciones. El panorama es oscuro, no hay forma de lograr el Encaje Político en el sentido de Almond y Powell, «…El proceso mediante el cual individuos y grupos hacen demandas sobre quienes toman decisiones de política pública» porque el chavismo ni las atiende, ni la toma.


En estas condiciones es necesario defender los partidos políticos y la política, es fundamental realizar lo imposible para construir una unidad de propósitos y de acción, para salir de la crisis de los últimos 21 años y también una vez por todas de los egos mediaticos, los notables de toda índole y de los oportunistas y pescadores en río revuelto.

Sigo creyendo en Juan Guaido, y no voy a cambiar de cabalgadura en el medio del río, desconfío de los juicios sin sustentación científica que pueden estar ligados a sesgos e intereses. No puedo compartir con Jesus Seguías su no sustentado criterio que Guaido «no está preparado ni política ni emocionalmente para la negociación planteada por Estados Unidos en marzo de este año.»

Precisamente es después de las sucesos de Macuto, Chuao y Petare cuando más se requiere la unidad de los que creen, sin cálculos e intereses personales, que otro país mejor es posible y Juan tiene la oportunidad y deber de rectificar, liderar y conducir.

Freddy Rios Rios 
friosrios@gmail.com 
@doserre 

RAFAEL GARCÍA MARVEZ, NOSOTROS SOLOS NO PODEMOS II

No es sencillo dejar de lado el Covid-19 para referirse a cualquier tema de orden político o de otra índole, pero es necesario dejar de lado ese tenebroso contubernio. Por ejemplo, el candidato del partido Demócrata norteamericano, Joe Biden, según las últimas encuestas, está superando a Donald Trump por la mala política aplicada por este para detener el avance de la pandemia china que parece que ha cobrado centenares de miles de muertos en ese país. Para terminar de escapar de este trillado camino, solo diré que, en el caso venezolano por el contrario, quizá por afinidad ruin este mal favorece al régimen, todos conocemos las razones, por tanto no merecen largas explicaciones.  

El hecho es que la lucha por rescatar nuestra democracia no cesa a pesar del profundo malestar, desánimo y desilusión que priva en nuestros compatriotas por el simple hecho de que todavía Nicolás Maduro permanece en Miraflores. Desesperos en otras escalas sociales, como el suicida hecho de Macuto por ocho hombres armados con intenciones de derrocar al régimen o quizá con otros propósitos, es un acto valeroso, pero descocado, perfectamente demencial. 

De manera que, toda opinión que se genere sobre la acción política nacional de unos cuantos meses para acá tendrá una respuesta descompuesta, disconforme. Hasta los partidos que conforman el G4 que caminaban de la mano del presidente Juan Guaidó se han echado a un lado bajo un manto de silencio, no sé si prudencial o protestaria. Según comentarios en corrillos, esa mudez es consecuencia de algunas diferencias con el acuerdo entre Guaidó y el gobierno de Donald Trump. A partir de allí, se dejaron de lado las campañas organizativas que estos partidos políticos venían llevando a cabo preparándose para unas probables elecciones presidenciales o parlamentarias, o ambas al mismo tiempo. Bien, buena parte está en manos de lo que sea capaz de hacer por nosotros el gobierno del norte; por ahora no se ve otro camino diferente a este. 

Sin embargo, no se rechaza de un todo la factibilidad de conversaciones con la idea de buscar una salida electoral. Se pulsea, como es natural, entre ambas fuerzas por conseguir las mejores condiciones que prevalezcan para asistir a esa contienda electoral, si fuera el caso. La terrible crisis económica, la hambruna, las carencias de lo más elemental también ponen a pensar al régimen, que no encuentra la manera de ocultar su tétrica impotencia. Pero se mantiene la vigilancia permanente en el mar Caribe desconociéndose a ciencia cierta el alcance de sus propósitos.        

En definitiva, el desenlace de este drama que vivimos hoy radica en que “nosotros solos no podemos”; esa es la esencia del asunto. Sin que esto signifique que la oposición democrática no continuará haciendo su trabajo en búsqueda de unas elecciones libres, limpias, de ser posible como lo señalaba más arriba. Insisto, ¿cómo oponerse si más del 85 % de los venezolanos desea un cambio político con preferencia por la vía pacífica, electoral, sin desdeñar otras opciones? No deben caber dudas de que todo lo que se lleve a cabo deberá ser  consultado y convenido previamente con el gobierno del norte, aunque la decisión final nos corresponda tomarla a los venezolanos… 

Rafael García Marvez 
garciamarvez@gmail.com
@RGarciaMarvez 

SIXTO MEDINA, LA OPOSICIÓN Y LA RECONSTRUCCIÓN DEL PAÍS

No creo, que en la historia de América del Sur, haya otro país expuesto a la decadencia en los términos en que está hoy Venezuela. Uno tras otro, ha extraviado todos sus logros. Ninguna sociedad, en tan poco tiempo, evolucionó como la suya. Ninguna, tampoco, ha caído tan rápido desde tan alto. Sus notables aciertos sociales y económicos se han esfumado.

De todos los signos de esta pavorosa involución, el de la multiplicación exponencial de la pobreza es el peor; el más vergonzoso y el más profundo. El que denuncia, con pruebas irrefutables, el fracaso de la política en la administración del país. La pobreza es, de más está decirlo, un gravísimo problema. Eso significa que no es, de ningún modo, un problema fecundo. Fecundos sólo son los problemas que plantea el desarrollo, la innovación. El crecimiento el que, al desplegarse, renueva el repertorio problemático de las naciones.

Donde la pobreza es dominante, donde ella alcanza la terrible magnitud, como ocurre en nuestro caso, no puede haber crecimiento; sólo puede haber, en todo caso, degradación, inmovilidad y estancamiento. Graves problemas, ningún problema fecundo.

En la actualidad, Venezuela no está encaminada hacia el progreso, hacia la solución del conjunto de problemas que importa resolver, los que son gravísimos y por ello mismo urgentes, y los que revisten fecundidad y piden, para irrumpir, que se salga del atraso. Desde esta perspectiva, bueno es señalar que si la oposición democrática se decide a sacar a Venezuela de donde está debe plantearse de nuevo el problema de la unidad. Sólo con la unión de todas las fuerzas políticas, sobre la base de una nueva concepción de la lucha democrática, se puede reconstruir el país y enfrentar a la autocracia que viene gobernando. Sin una oposición sólida no hay posibilidad alguna de llevar acabo las transformaciones estructurales. Esas que pueden hacer de este país una autentica nación.

Un rasgo preocupante de la situación actual es la debilidad política de la oposición. Desde que los partidos de oposición asumieron la unidad y una estrategia democrática, pasando por las instancias electorales. Utilizando todos los procesos electorales convocados por el gobierno, aun cuando se sabía que eran ventajistas, amañados y fraudulentos, no hicieron sino avanzar con una mayoría, superando algunas de las peores consecuencias de los errores cometidos en tiempos en los cuales políticas distintas a la democrática privaban en la conducción de los factores que adversan al gobierno.

En un régimen como éste, producto del cruce entre dictadura y democracia, le corresponde a los partidos democráticos luchar porque se establezcan instancias abiertas para que la oposición ocupe en cualquier momento posiciones de gobierno. Seria, contrario a la naturaleza de la política pretender que el gobierno haga por las fuerzas adversas lo que ellas no realicen por si mismas con esfuerzo y grandeza. A éstas les corresponde encontrar las respuestas y los caminos democráticos para acceder al poder.

Más allá de todo esto, el ejercicio de la política requiere un contenido programático, pero también un sentido político. Lo uno no quita lo otro, pero cada uno condiciona al otro. El sentido político supone poner el acento en los aspectos programáticos que son políticamente conducentes. El sentido pragmático pone límites a lo que puede aceptarse políticamente cuando se es flexible. El sentido pragmático bien podría llevar hoy a los distintos grupos opositores a poner el acento en los que los une- dentro de lo programáticamente aceptable para cada parte- y no en lo que los separa. Y sería, sin duda, la mejor fórmula para que la oposición encarara el futuro cercano con posibilidades de revertir su alicaída situación política.

Sixto Medina
sxmed@hotmail.com
@medinasixto