lunes, 1 de mayo de 2017

IVÁN OLAIZOLA D’ALESSANDRO, VIOLENCIA INDUCIDA

PARANINFO DE LA SEMANA
¿Estaremos asistiendo a los estertores de una tal revolución?

El extinto teniente coronel felón se dio a conocer en el país cuando usando las armas que la República le había confiado para su defensa, las uso para intentar dar un golpe de Estado en contra de un gobierno constitucional. Aun cuando fue un rotundo fracaso ese acto de violencia dejó como saldo más de dos centenas de compatriotas asesinados. Perdonado por su fechoría inicia su carrera pública usando como política fundamental la amenaza, la promesa de violencia  y el engaño. Por esas cosas de que los pueblos a veces se vuelven irracionales logra vencer en unas elecciones y se convierte en presidente de la República. Su juramento al cargo fue un acto de violencia pura en contra de lo estatuido. Hace apología del delito al justificar el robo por hambre. Todo su mandato, sus actuaciones, decisiones, discursos, legislación van precedidas u orientados a la violencia. Hasta su muerte fue convertida en un acto violento. Y la violencia genera más violencia. Eso es una verdad de Perogrullo.

Su heredero, designado en un acto provocador, ha seguido al pie de la letra lo que ellos mismos llaman su legado. Legado de violencia. De generar violencia. De Inducir a la violencia. Los actos más sencillos de este gobierno, como puede ser la inauguración de cualquier cosa, un decreto, un aumento salarial, una celebración patria hasta los más complejos, van acompañados, precedidos, de violencia y de provocación a la violencia. Induciendo siempre a la violencia. El lenguaje oficial en todos los órdenes es un leguaje violento, de guerra, de amenazas, militarista. Su conformación burocrática y política está orientada a la guerra. Revolución. Estados mayores. Unidades de combate. Batallones. Colectivos. Milicianos. Comandante en Jefe. Patria, socialismo o muerte. No volverán. Les pondremos los ganchos. Exprópiese, incáutese, confísquese, tómese. Todo conlleva, presupone, sugiere violencia. Y la violencia genera más violencia. Hasta los llamados de paz, de amor, de felicidad son hechos en forma violenta. El Cristo que ellos, hipócritamente, dicen adorar, es el Cristo violento, el que sacó a los mercaderes del templo. Sus dioses son los dioses de la guerra. Aman a Ares y a Marte. No hay un discurso oficial en donde no se amenace, se insulte. Escuálidos, derecha terrorista, burgueses, oligarcas, imperialistas, capitalistas, expresiones todas dichas con un significado de descalificación. Sus países amigos son aquellos países donde la violencia se ha impuesto. El Irak de Sadam, la Libia de Gadafi, el Irán de los Ayatolas, la Siria de al Asad, la Cuba de los Castro. La FARC, el ELN, Hezbolá, Al Qaeda, Isis. Y la violencia genera más violencia.


Con ese discurso, con esas actuaciones y procederes hemos transcurrido estos ya largos 18 años. El número de víctimas se acerca a los 300 mil. Una inmensa diáspora. Y ahora aspiran que se haga el amor, la paz. Llaman al diálogo a través del maltrato y la violencia. Pero en estos precisos instantes la inmensa mayoría del pueblo, del país, de los organismos internacionales, de las naciones, no compra más ese discurso fariseo. Ellos sembraron violencia y ahora cosechan de su propio fruto. El país se cansó de sus amenazas y su violencia. Quiere que esto se acabe y parece que lo quiere a cualquier precio. Lograron algo muy peligroso, inducir la violencia en un país pacífico. Un país que había dejado de guerrear, de matarse, desde la federación. Esperemos que la sangre no llegue al rio. Y si, lamentablemente, llegase la culpa sería del comandante y su legado.     

Iván Olaizola D’Alessandro
Iolaizola@hotmail.com
@iolaizola1
Miranda - Venezuela           

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