sábado, 20 de febrero de 2016

HUGO MACHÍN FAJARDO, BERGOGLIO (FRANCISCO) TIENE SUS COSAS, DESDE URUGUAY

Si bien Francisco dijo palabras duras contra el crimen organizado en su visita a México, no menos cierto es que omitió asumir las históricas responsabilidades eclesiásticas presentes también en este flagelo.

Jorge Mario Bergoglio (Francisco) tiene sus cosas, ¿no? Después de mil años de separación entre las iglesias católica y ortodoxa rusa, se abrazó en La Habana con el patriarca ortodoxo, Kirill, lo que es positivo. Pero no hace real autocrítica acerca de que esa división fue por una supuesta discrepancia dogmática: si el Espíritu Santo procedía del Dios Padres solamente, o si también del Dios Hijo, como lo impuso un concilio realizado en Toledo, España, al que no asistieron los obispos ortodoxos. Otras de aquellas diferencias han ido cayendo en desuso o relegadas a la banalidad: existencia del purgatorio; inmaculada concepción de la Virgen María (o sea, que su mamá la concibió sin recibir semen, mito que en el presente Roma  formalmente mantiene asociando la sexualidad con lo negativo); el purgatorio, ya desmitificado por Joseph Ratzinger, el “pecado original” de Adán y Eva que también fuera recientemente desvirtuado, etc.

Discrepancias que en realidad eran por el poder político -Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia- y la supremacía de Roma o Constantinopla sobre todos los cristianos de entonces. Y que, por mencionar solamente hechos del siglo XX, costaron la vida de miles de serbios de la ex Yugoslavia durante la ocupación nazi. Los católicos ustashis asesinaron a trescientos cincuenta mil serbios y judíos, según el historiador alemán Karlheins Deschner.

En México Bergolio se dolió de la exclusión a que la sociedad somete a los indígenas. Pero no acusó recibo de la primigenia responsabilidad católica de haberlos exterminado física y espiritualmente condenando sus creencias desde 1495, año en que el papa Alejandro VI promulgó la bula Inter caetra:”…

Que hay que someter a los pueblos bárbaros y llevarlos al verdadero credo”,  imponiendo la superioridad hispana mediante el fraude que otorgó a los reyes católicos la propiedad de tierras y vidas humanas en América: ”Y vos faré guerra por todas partes y maneras que yo pudiere, y vos sujeraré al yugo de la Iglesia y de su Majestad y tomare vuestra mujeres e hijos y los haré esclavos”, decía el texto jurídico-teológico que previo a las masacres aquellos fijosdalgos de la Conquista leían a los aborígenes.

Lúcida fue la respuesta dada entonces por un cacique Caribe: “el Papa debía estar borracho, pues daba lo que no era suyo”, transcribió el bachiller Fernández de Enciso en su Summa Geográfica.


En México, el segundo país más católico de Latinoamérica, Bergoglio previno contra el demonio.

¿No era que el infierno, mansión tradicional del diablo, no existía? ¿Dónde reside el señor de los cuernos y larga cola? ¿Y no fue que su antecesor, Benedicto XVI, cinco años atrás dijo el cielo y el purgatorio no eran lugares físicos fuera del planeta tierra, sino un modo de vivir?

Pero el catolicismo azteca no impidió que los feligreses participaran a sangre y fuego a favor y en contra de la Revolución Mexicana primero (1910) y de la Guerra de los Cristeros (1926), después.

La crueldad registrada en México durante décadas fue y es mayor y más horrorosa que en países no tan católicos, en los que Iglesia y Estado fueran separados hace un siglo.

México es hoy el paradigma de la crueldad en Latinoamérica. Periodistas y blogueros decapitados. Defensores de DDHH asesinados y sus cuerpos pendiendo en los puentes; no obstante Francisco acepta los honores del corrupto presidente Enrique Peña Nieto. No es acusación mía: la prestigiosa periodista mexicana Carmen Aristegui documentó en 2015 que la “Casa Blanca” -valuada en siete millones de dólares- obsequiada a la actual pareja presidencial por un empresario mexicano, fue un pago de adjudicaciones directas de obra pública que Peña Nieto hizo desde que era gobernador estadual.

En México el 73,2 % de sus habitantes considera “inseguro” a su país donde en 2014 se registraron 33,7 millones de delitos, un 1,8% más que el año anterior, según un sondeo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Pero como si quisiera alejarse más aun de los que sufren, Francisco no acepta reunirse con los familiares de los 43 desaparecidos en Ayotzinapa en setiembre del 2014, un crimen fruto de la confabulación de la mafia y el estado mexicano.

“Seria discriminar a las víctimas”, sostuvo el Vaticano.

“No han querido que las víctimas tengan acceso al Papa, eso es un hecho, es obra de la cúpula eclesiástica y del gobierno de México”, afirmó el cura Alejandro Solalinde -defensor de los migrantes latinoamericanos camino a EE.UU.-  el martes 16 a CNN, y agregó que tampoco Francisco mencionó el feminicidio, un flagelo notoriamente conocido en Ciudad Juárez.

Sin embargo, Bergoglio -en clara señal negativa hacia el presidente Mauricio Macri -envía un rosario a la extremista argentina Milagro Salas detenida desde enero en Argentina por presuntos hechos delictivos.

Sí, Bergoglio tiene sus cosas. Antes de su visita a México y durante la misma, ha denunciado fuertemente la corrupción, la mafia y el narcotráfico. La caridad bien entendida empieza por casa, dice un proverbio cristiano.

Francisco sabe que sacerdotes, monjas y laicos fanáticos en diversos países continúan disponiendo con quién se cría o no el hijo de una mujer pobre o madre soltera como lo demuestran innumerables denuncias en conocimiento del Vaticano. Y que ese mecanismo tiene un funcionamiento mafioso.

Luigi Ciotti, fundador de la organización antimafia italiana Libera, ha dicho que hace siglos que la mafia existe en Italia.

El ex subsecretario de Economía italiano Isaia Sales en su libro Los curas y la mafia (1) documenta que “no se conocen mafiosos, camorristas y ´ndranghetistas ateos o anticlericales. Los peores asesinos que Italia haya tenido en el último siglo y medio son practicantes. Creen en Dios, en la Iglesia de Roma, van a misa, comulgan, hacen bautizar a sus hijos, les hacen tomar la comunión, se casan con el rito religioso (incluso cuando están en la clandestinidad), hacen de padrinos de confirmación a los muchos que se lo piden, reciben la extremaunción si mueren en su cama y pretenden un funeral religioso, están entre los máximos benefactores de muchas parroquias, organizan las fiestas dedicadas a los santos patronos se los ve en la primer afila en las procesiones”.

Si bien Francisco dijo palabras duras contra el crimen organizado en su visita a México, no menos cierto es que, como en los ítems señalados más arriba, omitió asumir las históricas responsabilidades eclesiásticas presentes también en este flagelo.

El silencio histórico de los católicos -sostiene Sales- del clero, de las jerarquías nacionales y locales, tan increíblemente largo y unánime salvo rarísimas excepciones apagadas en sangre, ha dominado sin oposición acompañando la evolución de estos fenómenos mafiosos.

El catolicismo cayó un 13 % en América Latina entre 1995 y 2014 según Latinobarómetro, a un año del papado de Francisco, lo que representa una tasa de disminución promedio del 0,7 % por año en la región.

Esa es quizás la vera explicación de las visitas pastorales de Bergoglio a Brasil, Cuba, Bolivia, Ecuador, Paraguay, México – a las que deben sumarse, fuera de la región, EEUU, Filipinas, Sri Lanka Kenia, Uganda, República Centroafricana-  y las previstas para este año y 2017 a Colombia, Argentina, Chile, Perú y Uruguay.

(1)    Los curas y la mafia, Sales, Isaia, Ediciones Destino, Imago Mundi, 2011.

Hugo Machin Fagardo
hugomachinfajardo@gmail.com
@CADAL
Uruguay

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