jueves, 20 de abril de 2017

JEAN PASQUALI, EL CANDIDATO PRESIDENCIAL QUE YO APOYO

UN PERFIL DESEABLE

Me dispongo a darle apoyo a mi candidato para las próximas elecciones presidenciales. No conozco la lista de candidatos todavía, ni la fecha prevista para el evento, pero he decidido cómo lo voy a seleccionar.

Esta selección representa la existencia de una relación: La relación entre el ciudadano y la persona que lo va a representar. Toda relación, para que sea sana y perdurable, conlleva responsabilidades de las partes. En este caso, mi responsabilidad consiste en tener claro lo que quiero que el candidato haga por mí—oír al Pueblo y proteger la libertad del individuo y el respeto a los derechos humanos— y averiguar cuál de los candidatos propuestos tiene las mejores condiciones personales para cumplirlo.

La responsabilidad de los candidatos consiste en proporcionar la información que permita hacerse un juicio sobre lo que se puede esperar de él (o ella). La información que yo necesito incluye su nombre, su edad, su educación formal, su experiencia general y la que esté asociada al cargo al que aspira, la manera cómo se ha ganado el sustento, su estado de salud, saber si ha publicado algún trabajo y la razón por la cual piensa que su estadía en el cargo de Presidente puede ser favorable para la población del país. Un documento de 3000 palabras es suficiente. Leeré, con cuidado, el documento de cada candidato que tenga a bien escribirlo y hacerlo público.

En el campo de la psicología política se ha determinado que buena parte de los políticos pertenece a seis tipos de personalidades: Narcisista, obsesivo-compulsivo, maquiavélico, autoritario, paranoico y totalitario (1). Los tipos más comunes son el narcisista y el  obsesivo-compulsivo.
La mayoría de los políticos tiene algo de narcisismo; ya que éstos se sienten merecedores del poder para influir o decidir sobre la vida de los demás. Los narcisistas se reconocen por la búsqueda de admiración y de grandeza, demandan lealtad, son explotadores, mentirosos muy convincentes y buenos líderes.
Los políticos obsesivos-compulsivos son muy trabajadores, concienzudos y éticos. Brillan por sus logros y capacidades, pero no por sus personalidades. Son excelentes para el diseño de políticas y defensores del estatus. No suelen ser buenos líderes.
Los totalitarios son muy raros en la política que envuelva elecciones, se asocian más bien a regímenes de fuerza y arbitrariedad. Se caracterizan por el culto a la personalidad y por la creencia en la infalibilidad del líder.

El primer paso en mi selección es ver, para cada candidato, si publica la información que requiero. El segundo es verificar si está completa y, el tercero, es examinar el contenido de sus expresiones públicas previas y aquellas que hace a lo largo de su campaña electoral.

No tengo interés en saber su afiliación política o su experiencia partidista, la ideología a la que dice estar asociado (a), los resultados de las encuestas que se organizan para determinar popularidad, el dinero que gasta en su campaña, cuantas personas asisten a sus concentraciones públicas, las personas y organizaciones que dicen apoyarle, si está alineado con el gobierno o con la oposición. Lo que me interesa saber es si tiene una trayectoria estable y un buen comportamiento.

Lo que definirá mi preferencia y decidirá mi apoyo no es lo que prometa. Ya se sabe que muchos políticos han adoptado la técnica de prometer lo que ellos creen que les conseguirá los votos que los lleve a la victoria, sin siquiera saber el costo y la duración del programa o proyecto de lo que prometen o la procedencia de los dineros, ni el personal para su ejecución.

Lo que me interesa es averiguar es si tiene la intención de recabar los deseos y  las necesidades de la población y utilizarlos como su mandato o guía de acción. Esto incluye la convicción que el Pueblo es el Soberano, que hay que oírlo y que no hay otro interés más genuino para un gobierno, que el de propiciar y proteger la libertad del individuo y el respeto de los derechos humanos. Naturalmente, el haber actuado en esa dirección  es una credencial de peso.

Me cuidaré de no apoyar a candidatos que pretendan decirle a la ciudadanía que es lo que le conviene o representar los deseos del Pueblo o que se asocien a una ideología a la que presentan como adecuada para atender a todas las necesidades y a todos los deseos de la población. Cada problema requiere de una solución fundamentada en el conocimiento de la naturaleza del problema, no una solución que encaje en una ideología en particular.

Entre candidatos con credenciales similares, me inclinaré por aquel que exprese o haya expresado apoyar a los gobiernos descentralizados, para la solución de problemas locales, ya que éstos suelen ser, para muchos asuntos, mejores que el gobierno central; porque están más cerca de la población, son más sensibles a ella y pueden recibir información y tomar decisiones con mayor rapidez (2).

Finalmente, deseo compartir una idea expresada por el Dr. McKinley Johnson (3), que está entre lo serio y lo jocoso, pero que puede venir al caso: “Puede usted imaginar a un funcionario recién electo tomar el siguiente juramento antes de recibir el cargo: ¿Jura usted solemnemente que, si usted no ha llegado aquí para ayudarnos, por lo menos no nos va a hacer daño?”
 
Sería instructivo saber los criterios que utilizan otros votantes para escoger el candidato (a) para Presidente del país, o para otros cargos. Para comparar apuntes. 

(1)       https://www.campaignsandelections.com/campaign-insider/the-6-political-personality-types
(2)       Somin, Ilya, 2013, Democracy and political ignorance: Why smaller government is smarter: Stanford University Press, 280 p. (existe un documento resumido de 20 p.)

(3)       Johnson, McKinley, 2006, Natural leadership development: Lake Mary, Florida, Creation House, 70 p. 

Jean Pasquali
38jcaj@gmail.com
@38jcaj
Miranda - Venezuela

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