martes, 22 de marzo de 2016

ALEJANDRO MENDIBLE, BRASIL EN VILO POR LA SUERTE DE LULA,

La crisis  política brasileña, que se venía gestando desde 2013, en un giro inusitado se precipita cuando la presidenta Dilma Rousseff interfiere con la justicia  nombrando a Lula para ocupar el ministerio de la Casa Civil que articula la política del gobierno con las fuerzas vivas del país. En su segundo mandato, la pupila de Lula confronta una crisis profunda de popularidad que socaba todo el andamiaje político alcanzado por el Lulismo desde el 2003  cuando Lula llega a la  presidencia y utiliza el cargo para acelerar el cambio social, postulando la pretensión de la refundación de la República, con lo cual  acorrala a sus adversarios políticos.

Éste comportamiento encuentra aliados que persiguen el mismo fin político en los países  del Mercosur, el cual se convierte así en un proyecto geopolítico alterno al sistema capitalista en Sudamérica.  Lula en sus dos períodos presidenciales logra sacar a 30 millones de brasileños por encima de la línea de la pobreza con un crecimiento importante de la economía, activando una diplomacia presidencial directa mediante viajes y acuerdos internacionales que reactivaran el comercio internacional del país.
Todo ello le permitió al mandatario  identificarse con el Brasil en auge y presentarse como el promotor de la séptima economía mundial, una  potencia emergente indetenible. Este cuadro que lo colocaba como uno de los presidentes  más populares de la historia de ese país cambia de manara drástica y en la actualidad  la figura de Lula vine siendo cercada por la justicia brasileña, a partir del destape  del caso de corrupción en Petrobras que deja al desnudo la manera mafiosa del Partido de la Trabajadores de detentar el poder, y a Lula como uno de sus principales capos de la red.
De esta manera la figura política de Lula pasa -de ser el icono de las virtudes del Lulismo redentor- a derrumbarse  poniendo en riesgo la sobrevivencia de su proyecto político y  se descalifica como negociador para recomponer el polo entre los diferentes partidos bajo la égida del  Partido de los Trabajadores. Lo más  grave es que  su caída parece arrastrar de manera irremisible  la estabilidad del gobierno de la  presidenta y más allá aún,  establece el ocaso de una tendencia dominante en Mercosur en la primera década del nuevo siglo que pretendía adueñarse de América del Sur y  convertirla en  una región desafiante frente a los  centros metropolitanos del capitalismo occidental -y en especial de los Estados Unidos- actuando con procedimientos  neo-fidelistas: un modelo basado en el personalismo, con un anillo partidista hegemónico, un control  de subsistencia de la población y limitados derechos políticos. 
La caída de este sistema espurio pone en evidencia que Cuba no es el modelo, ya que entre los valores recuperados en la región  en su lucha de democratización contra el autoritarismo militar que asolo la región a mediados del siglo pasado  se encuentra la rescate histórico de los derechos humanos. Ahora al evidenciarse la burda y corrupta  técnica de poder del Lulismo incita al ciudadano de a pie en Brasil a recuperar los lemas de la Republica de orden y progreso y de manera terminante el rescate de la ética en la política.
Alejandro Mendible
alejandromendibleucv1@gmail.com
mendiblealejandro@gmail.com
Caracas – Venezuela

Enviado a nuestros correos por
Jesús Enrique Matheus Linares
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@UranioMomoy
Caracas - Venezuela 

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