miércoles, 23 de marzo de 2016

ARMANDO RIBAS, GASTO, INFLACIÓN E IMPUESTOS, DESDE ARGENTINA

Voy a insistir en un elemento que considero fundamental en la actualidad. Cuando el gasto público alcanza o supera el 50% del PBI, la teoría monetaria se cae por su base. En primer lugar no es la emisión monetaria la determinante de la inflación sino el nivel y la eficiencia del gasto público. Por lo tanto no es el déficit del presupuesto el causante de la inflación. Como bien dijera George Gilder en su “Riqueza y Pobreza”: “No es precisamente el déficit federal la causa de la inflación. Si el déficit fuese cerrado por impuestos más altos y la oferta monetria permaneciese constante el nivel de precios subiría en la forma ortodoxa de la ley de costos. Habrá menos inversión y menos producción de productos.
    Creo que nos encontramos ante la situación que enfrenta la Argentina, con un gasto público que conforme a mi última estimación en el 2014 alcanzaba al 53% del PBI. Lamentablemente el análisis de la situación argentina al respecto es difícil, daada la ausencia de datos pertinentes. Desde el 2011 no hay datos referentes al gasto provincial. Igualmente la información respecto al gasto público nacional a precios corrientes es discutible, pues no reconoce el verdadero incremento de los precios.
     Pero en fin no cabe la menor duda de que el gasto público consolidado (Nación y Provincias) entre el 2003 y el 2015 se habría más que duplicado respecto al PBI. Por tanto todo intento de bajar la inflación y restaurar el crecimiento económico, tiene como condición sine qua non la reducción del gasto público. La pregunta pendiente entonces es como hacerlo para que no cause de inmediato una caida en la demanda y consecuentemente en la producción. En la actualidad existe una propuesta que contradice la política del gobierno de reducir la inflación gradualmente. Ese proyecto implicaría una reducción del gasto público durante el año de un 25% del PBI, lo que considero un proyecto imposible.
    Como antes dije la eliminación de la reducción de la inflación  pasa ineludiblemente por la reducción del gasto público. Como bien dijera Milton Friedman: El total del peso de los impuestos es lo que el gobierno gasta no esos recibos llamados impuestos…Sin cortar los gastos, por tanto la reducción de los impuestos solamente oculta más bien que reduce el peso”. Entonces el problema pendiente es definir el proceso a través del cual se reduciría el gasto público. Y por supuesto no es un proyecto que se pueda lograr de la noche a la mañana, sino que requiere un proceso de ajuste al tiempo que se logre el restablecimiento de la actividad económica.
    Es indudable que el actual gasto público comprende gastos totalemte ineficientes que son necesario eliminar, tales como el Fútbol para Todos, las pérdidas de Aerolíneas Argentinas, y así como múltiples inversiones que son a pura pérdida. Igualmente el exceso de empleados públicos que ya el gobierno ha comenzado a reducir. Dado que se espera que en el año la inflación alcance a un 25% el proceso de ajuste debiera comenzar por aumentar el gasto tan solo en un 15% en el año, lo que lo reduciría en términos reales. Evitar por supuesto repetir el caso del 2015 cuando el gasto nacional superó en 37% el correspondiente al 2014.
    Por supuesto un proceso de esa naturaleza implicaría una reducción en los sueldos de los funcionarios y empleados públicos en términos reales. Por tanto el impuesto inflacionario sería pagado en parte por el sector público. Por supuesto se requiere igualmente reducir los impuestos y en particular el impuesto a las ganancias. Como antes ya he dicho, dado que no se permite la revaluación de los activos, el impuesto a las ganancias de acuerdo al nivel de la inflación puede superar el 35% y alcanzar a más del 50%. Ello de por si implica una violación del derecho de propiedad que garantiza el artículo 17 de la Constitución Nacional.
    La reducción de los impuestos tendría un efecto positivo en la inversión, y por consiguiente en el nivel de empleo, que compensaría la caída en el empleo público. Y más importante aun es que ese incremento en el empleo privado tendría necesariamente un nivel de productividad de la que carecían los empleados públicos. En ese sentido igualmente la eliminación de las retenciones a las exportaciones y el cepo cambiario, estarían teniendo un efecto positivo en la producción agrícola.
   Otro aspecto positivo de la política oficial que tendrá un efecto favorable en la economía es el acuerdo con los holdouts. Ese acuerdo saca a la Argentina del default y puede entrar de nuevo en el mercado de capitales internacional. No solamente para que el gobierno pueda acceder a nuevos créditos sino por la posibilidad de lograr inversiones extranjeras. La deuda externa argentina es relativa mene baja de acuerdo a la última información correspondiente al mes de septiembre del 2015.  De acuerdo a mis estimaciones esa deuda a fines del 2015 de conformidad con la liberación del tipo de cambio habría alcanzado al 41% del PBI. Y el total de la deuda pública a un 55% del PBI.
    Es indudable el éxito obtenido por el levantamiento del Cepo y la liberalización del tipo de cambio, que fuera el resultado contrario a las expectativas creadas al respecto. La misma habrá de tener igualmente un efecto positivo en la política oficial para no volver a caer en el error de intentar controlar la inflación, control de cambio mediante. Ya debiéramos saber que no es la devaluación la que determina la inflación sino la consecuencia inevitable de la misma. Por tanto es de esperarse que dadas las expectativas inflacionarias para el año de acuerdo al gobierno es de esperarse que el tipo de cambio seguirá esa pauta.
    Por último el otro error que hay que evitar es aceptar la teoría de que el control monetario es el factor determinante del control de la inflación. Como bien dijera George Glder: “Bajo estas circunstancias es auto destructivo para los conservadores  el pretender que el impacto inflacionario sobre los impuestos y los costos es fundamentalmente un problema de la oferta monetaria”. La inflación no es la causa del problema, sino la consecuencia del gasto. Por ello es de esperas que el gobierno no intente reducir la inflación controlando la expansión monetaria. Una política de esa naturaleza produciría un aumento en la tasa real de interés real que superaría la tasa de retorno del capital, lo que determina tal como ya ha ocurrido en Argentina y en el mundo la quiebra del sistema financiero. Para terminar pemítanme citar de nuevo a George Gilder: “Más tarde o más temprano los liberales americanos y los laboristas británicos, van a descubrir que las restricciones monetarias son una maravillosa forma de destruir al sector privado, dejando al sector público intacto y ofreciendo pretextos para la nacionalización de la industria” A los hechos me remito.
Armando Ribas
aribas@fibertel.com.ar
@aribas3
Argentina                                                                                   

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