domingo, 22 de enero de 2017

GIOCONDA SAN-BLAS, EL ASALTO AL PALACIO DE LAS ACADEMIAS

AL COMPÁS DE LA CIENCIA

Uno no puede menos que indignarse. Es como resucitar al bonguero Martín Espinosa, lugarteniente de Ezequiel Zamora, quien al grito de “¡Mueran los blancos y los que sepan leer y escribir!” cargó con cuantos pudo en la guerra federal para saciar su sed de sangre, nacida de un resentimiento infinito hacia la cultura, el saber y sus depositarios, tanto que su propio jefe, otro bárbaro elevado a los altares de la revolución sin más credenciales que la brutalidad, decía de él que “el odio represado en el zambo es nuestro mejor aliado”… hasta que dejó de serle útil y lo fusiló.

Esto viene a cuento porque en la noche del viernes 13 al sábado 14 de enero de 2017, el Palacio de las Academias fue asaltado por delincuentes que se dieron a la tarea de llevarse todas las computadoras (no menos de 60) y otros equipos electrónicos ubicados en las instalaciones de las seis Academias que tienen su sede en el Palacio, además de ensañarse contra el mobiliario de las oficinas y los archivos que quedaron regados por el suelo. Un trabajo meticuloso y exhaustivo que debió ser llevado a cabo por varias personas a lo largo de toda la noche.

Habrá quien diga que esa es la Venezuela de hoy, plagada de crímenes sin culpables, que a todos nos ha tocado una cuota de violencia en estos casi cuatro lustros de revolución fallida.  Y que por lo tanto, algún día sería el turno del Palacio, actitud resignada que debemos desafiar. En este implacable proceso de degradación moral y social al que hemos sido sometidos por el régimen, los hijos de la revolución han sido desalentados de cualquier proceso educativo serio como fuente de ascenso social, adoctrinados en la miseria espiritual del robar y asesinar como germen de “justicia” contra la desigualdad, convertidos en ese “hombre nuevo” infectado con el virus del resentimiento y el odio, promovido o por lo menos, tolerado desde las altas esferas del poder a lo largo de 18 años.

Este acto criminal no es un episodio cualquiera. Es un evento más en una larga cadena de hechos similares y recurrentes acaecidos en instituciones universitarias y de investigación a lo largo de esta época oscura, que apuntan hacia un permanente irrespeto al conocimiento, a la cultura, a todo aquello que eleve el espíritu de las gentes y de la nación. Martín Espinosa versión siglo XXI.

Como si fuera poco, la violación del Palacio de las Academias es doblemente dolorosa porque ese recinto es Monumento Histórico Nacional desde 1956, luego de haber servido sucesivamente como sede del Convento de San Francisco desde su construcción hacia 1577, asiento de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional hasta 1845 y sitial de la Universidad Central de Venezuela hasta 1953. De tal manera que este malsano ataque al Palacio toca en lo más profundo al alma nacional  y a la venezolanidad.

Por esa misma razón, por el extraordinario valor histórico de esta edificación para Venezuela y los venezolanos, el Palacio de las Academias debería ser un recinto cuidado con esmero por los gobiernos nacional y local, protegido por esos mismos cuerpos de seguridad del estado apostados en las colindantes instalaciones del Palacio Legislativo o Asamblea Nacional, del Consejo Nacional Electoral y de la Alcaldía Libertador. No es ése el caso hasta ahora.

El asalto al Palacio se suma a los innumerables actos de violencia que ocurren diariamente en este momento infausto para los venezolanos de bien. No obstante, no es cuestión de amilanarse; más bien, crecernos en la adversidad, continuar con nuestra labor ductora hacia la sociedad venezolana, obligados por ley e impulsados por nuestros valores cívicos. En fin, seguir cimentando presente y futuro. Y apoyarnos en todos aquellos que valoran una sociedad distinta a la anomia actual, una sociedad fundada en el conocimiento y el progreso, que vendrá con esas “luces para construir la nueva Venezuela” a las que se refirió la Conferencia Episcopal en su reciente exhortación.  

TUITEANDO:

-          Según el Observatorio Venezolano de Violencia, 2016 cerró con 28.479 asesinatos, con lo cual la cifra total de homicidios se elevó a 106 mil en los 4 años de este período constitucional. Todo un record que nos ubica como el segundo país más violento del mundo, con exclusión de países en guerra.

-          Desplome del 23% del PIB e inflación de 830% en 2016 son las cifras preliminares del Banco Central de Venezuela. Otro logro económico de la revolución.


-          Mortalidad materna, infantil, enfermedades -incluso reaparición de algunas erradicadas- y niños desnutridos y mal alimentados marcaron el campo de salud venezolano en 2016.

Gioconda San Blas
gsanblas@gmail.com
@daVinci1412
Miranda - Venezuela

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