lunes, 17 de abril de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, “AMOR” EN TIEMPOS DE TIRANÍA

PIDO LA PALABRA Y VENTANA DE PAPEL

El país político advirtió la rotura del estamento constitucional al violarse la ilación de preceptos que ensamblan la institucionalidad del sistema político ordenado por la Constitución venezolana.

La violación de los derechos constitucionales en Venezuela ha alcanzado tal grado de exasperación, que el ejercicio de la gestión pública, ejercida por el alto gobierno en los últimos años, rompió las barreras de la resignación, la conformidad y de la paciencia al abusar de la autoridad. O sea, trasgrediendo las prerrogativas que las leyes le confieren. Cada discurso presidencial, ha pecado de falsas acusaciones, cruentas humillaciones. Pero sobre todo, insolentes señalamientos que inculpan, sin prueba alguna, a quien cuestione las desvergonzadas e ilegales arbitrariedades cometidas por un gobierno cargado de la vulgaridad y soberbia propia de todo tirano.

Cada pronunciamiento de algún alto funcionario, expresa no sólo injuria y difamación. También, es contentivo de una alevosa manifestación de prepotencia. O de un desquiciado sentido de superioridad, que calza exactamente con el tamaño de la indecencia y del desconocimiento. Además, cargado del atrevimiento de todo ignorante capaz de asomar tanta torpeza, sin que logre comprender la necesidad y obligación de recular o de excusarse ante el dislate cometido. Las disonancias de lenguaje y expuestas órdenes de presumida cuartelaría, son demostrativas del primitivismo político que viene caracterizando la contrariada y cuestionada labor gubernamental. 

Lo que se ha visto durante estas dos últimas semanas a lo largo y ancho de Venezuela, ha sido en respuesta al paroxismo alcanzado ante la animosidad del régimen no sólo por mantenerse en el poder, a pesar de la ilegitimidad y exagerado nivel de maniobras con el cual ha intentado delictuosos hechos de inconstitucional tenor e ilegal cometido. Debe reconocerse que el régimen venezolano forzó toda medida de aceptada legalidad, mediante arbitrariedades logradas a la fuerza Así pudo desprenderse de las ataduras constitucionales que obligan al Poder Público Nacional a someterse a lo que la ley consagra como norma. Sin embargo, el Poder Ejecutivo, sordo, ciego y mudo ante las decisiones tomadas, y en complicidad con ilegítimos magistrados adscritos a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de (In)Justicia, puso al descubierto la sucia jugada de asaltar al Poder Legislativo valiéndose del predominio del cual goza a través de conspicuos asociados colocados en cargos claves relacionados con la elaboración de las torcidas decisiones que luego procedió a hacer efectivas.

Así el alto gobierno, se voló el ordenamiento jurídico abusando de la autoridad que le permite actuar desde las alturas del poder. En consecuencia, el país político advirtió la rotura del estamento constitucional al violarse la ilación de preceptos que ensamblan la institucionalidad del sistema político ordenado por la Constitución venezolana. Esta situación tuvo eco en una población agobiada, maltratada y vapuleada. En una población con hambre y con enfermedades. En una población sin un empleo que le asegure el sustento ya que el régimen se ha empeñado en incumplir su decretado compromiso de “estabilidad laboral”. Por otra parte, ha sido consecuente con la impúdica política de desconocer derechos que exhortan libertades económicas que resguardan la propiedad privada de intrusos agentes de  la economía y hasta del gobierno. Pero las realidades de estos días, demostraron que la paciencia llegó al límite superior y se desbordó en protestas que, la misma Constitución, permite y exalta como derecho humano adquirido. Tan convulsiva situación hizo que la paciencia popular explotara e implocionara. Pero también llevó a la exacerbación de la resistencia que venía asumiendo como conducta social. 

La presunción inconstitucional de desconocer al Poder Legislativo para sustituirlo por el ilegítimo fuero de la Sala Constitucional, sumado a decisiones de revolver y transgredir la convivencia social basada en el pluralismo político y democrático, tanto como la persecución a dirigentes políticos, y a quienes llegan a opinar en desmedro de las mentiras y trampas ordenadas y cometidas por el régimen, provocó el necesario enfrentamiento de sectores populares a las desmedidas imposiciones gubernamentales. 

Tanto ha sido el nivel de confrontación, que la justicia gubernamental se volvió plastilina. El diálogo pretendido entre actores de la oposición y agentes del gobierno, quedó sin oportunidades ni alternativas cónsonas con lo que pudo haber logrado lo políticamente ansiado por la unión organizada de factores de oposición. La inmadurez política demostrada por el régimen, hizo pensar que se estaba fraguando un Golpe de Estado desde el Imperio. Y con el auxilio de una oposición sectaria. Cuando contrario a dicho cuadro de falsedades, las realidades fueron el mejor retrato del engaño diseñado seguramente por colaboradores cubanos. La situación que de ello resultó, hizo ver que todo fue una manipulación concertada entre altos funcionarios con el propósito de asegurar el enroque sobre el cual ha venido sosteniéndose a duras penas, pues su popularidad se vino al suelo. La militancia del partido del oficialismo, se desgranó en tanto toletes como cuadros revestidos de decepción por el mal gobierno adelantado.

La furia producida en la maltratada población venezolana por tanto abuso gubernamental y humillación padecida, alcanzó su máximo apogeo cuando el gobierno -subestimando la indignación del pueblo- el pasado 11-A, convocó a un acto de masas en San Félix, Edo. Bolívar, con la burda excusa de conmemorar el bicentenario de la Batalla de San Félix. El enardecimiento y la iracundia contenida por dicha población, se tradujo en arrebato de violencia al término de un discurso presidencial cargado del más asqueroso populismo. A su salida, la comitiva presidencial fue objeto de contundentes y aireados reclamos, lo que no fue óbice para que le lanzaran huevos, tomates y piedras que dieron en la humanidad de algunos funcionarios y oficialistas. 

Tan inaudita acción, demostró que se perdió el miedo frente a la represión armada con la cual responde el régimen. Inclusive, con la impune intervención de civiles armados. Aunque el hecho no pasó a mayores, significó una abierta demostración de que el pueblo se hastió de tanta indolencia gubernamental. Su clamor es desatendido por el alto gobierno lo cual es entendido como descarada burla. 

De estos sucesos se aprendió que “quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna, no lo conseguirá. Pero terminará sabiendo manejar la honda” (Proverbio árabe). Es claro que todo ello no fue ninguna respuesta de amor o de apoyo al gobierno nacional, tal como fue insinuado por algunos afectos al régimen. Aunque si pudiera verse como una contrariada expresión de “amor” en tiempos de tiranía. 

VENTANA DE PAPEL
  
CAMBIO DE FRECUENCIA

La historia es reveladora y fehaciente testimonio del poder de la oración. No sólo la Biblia lo confirma. También, los hechos sucedidos en medio de tempestades físicas, espirituales, militares Y desde luego, políticas. Sobre todo, ante el furor que una crisis política incita pues las desgracias que éstas acarrean, no sólo inhiben libertades. También, inducen estampidas cuya fuerza de arrastre genera los peores vendavales y tsunamis que jamás se hayan visto o imaginado.

De ahí que la oración se convierte en un arma tan poderosa como la de mayor potencia. Aunque la diferencia estriba en que un arma militar tiene efectos destructores pues su objetivo es arrasar con una realidad que, a juicio de quienes dirigen la fuerza armada, entorpece propósitos encaminados a ganar espacios políticos sobre los cuales se articularán nuevos intereses. Más de naturaleza económica y mercantilista, que de otra índole que pueda animar el desarrollo económico y social. Aunque la historia revela crasas excepciones.

La oración, por su parte, tiene la capacidad de inducir emociones y sentimientos que igualmente producen un sacudón. Pero de espiritualidad. De tal forma y magnitud, que es capaz de transformar actitudes, cambiar perfiles, adecuar condiciones, modificar consideraciones y reformar aptitudes. Es decir, la oración provoca un cambio de frecuencia a nivel de todo aquello que es susceptible de variación hacia lo mejor, hacia lo sano y lo constructivo por cuanto incita el crecimiento de cuanta humanidad haya estado aletargada, paralizada o desviada del camino de la solidaridad, la comprensión y la verdad.

La oración trasmuta disposiciones. Pero más aún, la creencia de estar obrando en consonancia con el bien, cuando en el fondo podría estar causando el peor mal que puede animar una decisión tomada arbitrariamente, o al margen de toda consecuencia posible. La oración pronunciada desde el alma, tiene la potestad de lograr el equilibrio espiritual y asentir en su justo lugar, valores morales hoy tan deliberados. Pero igualmente, desatendidos por quienes viven ofuscados ante la tentación que brinda el poder como instrumento de violencia y como equivocado ejercicio de ordenamiento. La oración tiene el impulso para hacer ver que muchas intenciones políticas, tienen un errado asidero pues se dictaminan como órdenes sin siquiera considerar sus verdaderos alcances. La oración sabe develar el error que se comete cuando se abordan criterios de justicia, libertad, democracia, igualdad encapsulados en la ambición, la obstinación y el resentimiento.

Razones éstas, justifican la necesidad de orar desde el alma y con el convencimiento de su eficacia y trascendencia. La oración es pues el mejor instrumento para lograr la necesaria transformación que claman obtusas y confusas realidades siempre avivadas por una política retorcida. Más, la oración elevada desde lugares de crítica realidad, sin duda alguna, provoca un real y hondo “cambio de frecuencia”. 

“ Cuando la política gubernamental alude al amor como razón para reivindicar ideales, está desviando el sentido que estructura su concepción. Por eso, la política busca justificarse en su capacidad para entrometerse hasta en el amor y así manipular los intereses que lucen convenientes a sus ámbitos de intervención”


Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

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