El analfabetismo de estos gobernantes en materia de economía, obvia que el precio de un producto del mercado está determinado por el equilibrio entre la oferta y la demanda.
EL
COLMO DE LO ABSURDO
En
medio de las arbitrariedades y equivocaciones propias de un régimen dirigido
por la ineptitud convertida en decisiones virulentas, la supervivencia del
venezolano se ha tornado incierta dado el nivel de carestía y tragedia que
caracteriza la apesadumbrada dinámica económica vigente. Esto ha llevado al
rechazo de las medidas machacadamente adoptadas por el alto gobierno. Sobre
todo, por cuanto son órdenes dictadas al margen del concepto y praxis de la
economía. Quienes tienen la responsabilidad de conducir el país en función de
la movilidad que se establece entre la oferta y la demanda, en tanto que
variables fundamentales a partir de las cuales se define la formación de
precios de mercado de los bienes que requiere todo venezolano para su diaria
subsistencia, desconocen las exigencias que establece un modelo de economía
basado en la relación ecuánime entre el precio de un bien y las ventas del
mismo.
Peor
aún, estos mismos gobernantes no tiene idea alguna del hecho de considerar que
en un mercado de competencia, el precio de mercado lo establece el llamado
“punto de equilibrio” el cual sirve para fijar estrategias capaces de ordenar
la funcionalidad de la economía. Pero su analfabetismo en materia de economía,
obvia que el precio de un producto del mercado está determinado por el
equilibrio entre la oferta y la demanda. No como ahora se pretende: instaurando
dos nuevas formas que presumen establecer el cálculo del “precio justo” lo
habrá de traducirse en más controles que sólo apuntarán a embotar más la
economía y entumecer más aún la política.
La
primera de ellas, llamada “Precio Máximo de Venta al Público”, aplicable a
todos los productos y servicios, pautada de acuerdo a nueva metodología
seguramente elaborada a instancia de condicionantes demagógicas. La segunda,
denominada “Precio Justo”, estará destinada para aquellos productos protegidos
por la absurda “Ley de Precios Justos”. Encima de tan extrañas maneras de
comprender la economía, todavía se insiste en la creación de un “Comando
Nacional de Precios Justos” con el objetivo de apalear toda actitud que se
revele ante ello.
Con
esto, el régimen se arroga atribuciones para gravar nuevas sanciones que
elevarán las penas de cárcel por aquello de que “en tiempos de guerra económica
las leyes tienen que volverse implacables”. Así lo expresó el presidente de la
República, desde Barinas, al momento de anunciar tan desatinadas medidas
supuestamente “para la defensa de los ingresos del pueblo”. Ello, para no decir
que todo terminará siendo una radicalización fracasada del retardatario y
anormal “control de precios”.
En
medio de estos dictámenes, cuya aberración evidencia el carácter tiránico del
régimen, además de la torpeza que exhibe en el
manejo de la economía, no es difícil inferir que el régimen no está
intentando, para nada, cambiar el modelo económico asumido de cara a su ambiguo
socialismo. Con ello, sólo acentúa las erradas decisiones que ha venido tomando
en perjuicio del país económico lo cual habrá de redundar en mayores angustias
para los venezolanos.
La
teoría económica explica que si el precio de un bien está demasiado bajo y los
consumidores demandan más de lo que los productores pueden colocar en el
mercado, se produce una situación de escasez, lo que lleva a que los
consumidores se dispongan a pagar más. Entonces, los productores subirán los
precios hasta alcanzar el nivel al cual los consumidores no estén dispuestos a
comprar más si el precio sigue subiendo. En la situación inversa, si el precio
de un bien es demasiado alto y los consumidores no están dispuestos a pagarlo,
la tendencia será a que baje el precio, hasta llegar al nivel al cual los consumidores
acepten el precio y pueda venderse todo lo que se produce. Pero estos
gobernantes se resisten a entender que la economía sólo puede ser impulsada por
las fuerzas del mercado.
Nunca,
las imposiciones de un autoritarismo violento o de un despotismo desfachatado.
En consecuencia, deberá reconocerse que de continuar el régimen contraviniendo
la dinámica propia de la economía, la situación del país se verá tan deplorable
como improbable. Tanto, que podría considerarse como el colmo de lo absurdo.
VENTANA
DE PAPEL
¿CUÁNTO
VALE EL SHOW?
El
accionamiento gubernamental, es lo más parecido a un show de pésimo gusto.
Desde el mismo momento en que el actual régimen comenzó a demostrar su apenado
populismo, también salió a lucir sus bufonadas, extravagancias, exabruptos e
incongruencias. Lejos de exhibir alguna disposición para dejar ver una gestión
en respuesta a la oferta electoral aducida en 1998, mostró una portentosa
capacidad de comediante de “medio pelo”.
Así
se tiene que el show montado por el régimen, se ha caracterizado por varias
actos, en distintas locaciones y con diferentes dramatizaciones. Desde haber
acentuado la escasez, el desabastecimiento, la inseguridad ciudadana, jurídica,
económica, de salud, alimenticia, de transporte, la exclusión, el nepotismo, la
improvisación y el despotismo, hasta cuanto sufrimiento existe que haya podido
asfixiarle la vida al venezolano.
El
show, aunque siempre de “mala muerte”, ha tenido sus seguidores. Quizás por
ignorancia, por necesidad o interés. Algunos, han vendido su dignidad por
entrar a cada función del show con el malsano propósito de aplaudir cada final
de presentación. Otros, se han aprovechado del espectáculo para integrarse a
las comparsas. De esa manera, poder halagar al presentador del show con la
única intención de rogar la limosna que brinda a tan rastreras actitudes. Sobre
todo, después que tanta adulación aviva el ego de quien guía la carrera
profesional de los artistas de tan irritante show.
Es
de notar que la principal responsabilidad del conductor del show, es también
permitir oscuros negocios de los artistas; aconsejarlos y asesorarlos en temas
profesionales de corrupción, violencia, humillación, exfoliación y demás
encubiertas intenciones que lleven adelante como planes a corto e inmediato
plazo. Ese mismo personaje, se encarga además de alcahuetear acciones
vandálicas que tiendan a mejorar el desenvolvimiento del espectáculo. Ha habido
shows que han marcado el recuerdo de venezolanos.
Vale
hacer memoria para traer a colación el montado con las firmas obligadas para
Obama exigiéndole que retirara la orden judicial contra ciertos corruptos
venezolanos. Otro celebrado, fue el show montado con la anuencia del CNE por
causa de los diputados del Parlatino y de las elecciones eliminadas por mandato
del todopoderoso ayudante del presentador.
Sin
embargo, ese show sigue repitiéndose a manera de comedia bufa pues cada vez que
hay elecciones nacionales, regionales o locales, son distintos los actos de
magia que parecen convencer. Aunque en el fondo, nada de eso se produce. Es el
carácter extraordinario de la función pues se vende toda la boletería. Y quien
no pueda comprarla, es invitado a la fuerza ya que con ellos los actores se
permiten cambiar oro cochano por espejitos de pacotilla.
Debe
observarse que el show comienza con bombos y platillos, pero luego se convierte
en una desvergonzada anarquía donde, ni siquiera, la voz del presentador es
tomada en cuenta pues hace de fachoso comediante. Es precisamente cuando las
realidades empiezan a tornarse crudas. Es cuando los payasos hacen de la suyas
intentando que el público logre dominar la rabia manifiesta dado lo horrible
del espectáculo. Sucede todo lo contrario. La molestia se exacerba. Pero un
momento así, no merece ni “medio real”. Aunque vale preguntar, ¿cuánto vale el
show?
Antonio
José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
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