viernes, 25 de diciembre de 2015

LUIS GARRIDO, COMPARTAMOS UN ABRAZO,

Este año se va y el otro ya está cerca.  Las galaxias continuarán  pariendo estrellas y la mano de Dios seguirá marcando los caminos infinitos bajo los deseos de un mismo sueño.  Qué reconfortante es el abrazo compartido.  Los venezolanos  -quizás más apegados a las costumbres religiosas-  hacemos del abrazo un motivo para expresar lo que deseamos para las personas de nuestro afecto o a alguien imborrable en nuestras emociones.  El abrazo es más expresivo que las palabras en el momento de una despedida o el reencuentro de una ausencia.  El más impactante y de mayor fuerza es el abrazo luctuoso por el contacto de dos pechos que al juntarse aceleran el latir de dos corazones invadidos por la tristeza. 
Es de vieja tradición la última campanada que nos anuncia el adiós del viejo año en medio de abrazos y el brote de una que otra lágrima del llanto empapado de ternura, pero también con una carga de esperanza y promesas de futuro.  Los que ya no están con nosotros en esa última noche de  alegría y  acento  de tristeza, constituyen una prueba de  que  la vida no es tan larga para derrocharla, y que todos los minutos cuentan para el balance de sembrar el bien y hacerse acreedor al respeto.  Construyamos, con la tristeza del que se nos fue, un rosario de recuerdos para ofrendarlo a su memoria.  Hay que cruzar la frontera del nuevo año con un bagaje de ilusiones, exteriorizando nuestra voluntad de nunca desviarnos de  la protección de la providencia.
Son muchas las tareas y responsabilidades que debemos cumplir en nuestro paso terrenal  y más si somos cabeza de familia.  Valorar el comportamiento es, realizarse en los actos de la vida;  hacer de la prédica una conducta, es construir futuro.
Quiero compartir mi abrazo: feliz año.  Quiero que juntos sembremos la semilla que habremos de cosechar en el patio grande de nuestra patria, buscando ser más unidos.  Quiero que mis plegarias se hagan sentir en lo más lejano y  que los deseos tuyos y míos florezcan con  esa sensibilidad que más nos identifica frente al niño sin juguete o el abandonado en la calle por la indiferencia de la injusticia.  Quiero que nuestra oración llegue hasta los oídos que escuchan y los ojos que miran del santo Dios, en el cual creemos   y siempre lo llevamos con devoción y esperanza.      
Luis Garrido
luirgarr@hotmail.com
@luirgarr

Carabobo - Venezuela 

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