sábado, 23 de abril de 2016

NEURO J. VILLALOBOS RINCÓN, NO MÁS EXTRAVÍOS

 Creyéndose un constructor del futuro, Chávez en realidad fue un restaurador del pasado, y no de cualquier pasado, sino precisamente del pasado de la “real gana” 
Venezuela tiene la deshonrosa distinción de ser el primer país en índice de miseria (159.7), un indicador económico que suma la tasa de desempleo a la tasa de inflación, el cual indica una situación de elevados costos económicos y sociales para un país. Es también el primer país en el ranking de menor libertad económica y de mayor violencia, todo ello logrado en nombre de una supuesta revolución bolivariana que se ha tratado de imponer forzadamente.
Una revolución que ha devenido en una alianza delincuencial entre civiles y militares para practicar el mayor saqueo de la riqueza nacional mediante una escandalosa e impune corrupción. Socios en el arte de las triquiñuelas, el robo y el peculado; cómplices en la inmoralidad que se enseñorea; afincados en un ideario, no en una ideología, que le confiere rasgos militares al pensamiento de izquierda. En lugar de acciones revolucionarias lo que llevan a cabo son operaciones audaces como bandas organizadas desde la altura y los privilegios del poder.
El árbol de las tres raíces como símbolo inspirador, sólo quedó para orinar y defecar bajo su sombra, porque Chávez, como lo escribió ese gran periodista que fue Alberto Garrido, “optó por asociar de manera agresiva el discurso y parte del  programa original bolivariano, con un esquema de poder unipersonal y caudillesco, tomado de los consejos que un sociólogo neonazi argentino vinculado a uno de los movimientos guerrilleros árabes antijudíos, Norberto Ceresole, construyó para él,” Le hizo pensar en el establecimiento de un mundo multipolar, donde pasaría a ser el gran líder del eje de poder latinoamericano y caribeño; “eje que se combinaría con otro que  tendría como punto de apoyo a los gobiernos antinorteamericanos y antijudíos de la OPEP como Irán, Irak y Libia.”
No fue un ideal como lo definió José Ingenieros; tampoco un sueño como el que inspiró a Martin Luther King, fue la ambición personal de poder lo que impulsó la mayor estafa política, económica y social de la que ha sido víctima pueblo alguno en el concierto latinoamericano. 
Chávez, como lo describió Enrique Krauze: “se autoproclamó heredero de la revolución de Fidel Castro y la hazaña liberadora de Bolivar”. . . . .en una noción de historicismo que ha sido “una versión involuntaria y primitiva de la teoría histórica de Carlyle: un tropical historicismo de los héroes”. Hoy Venezuela toda sufre las consecuencias de ese extravío revolucionario. Es urgente desplegar con realismo las alas de la libertad.
Neuro Villalobos
nevillarin@gmail.com
@nevillarin
Zulia - Venezuela

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