sábado, 23 de abril de 2016

OSWALDO ÁVILA, PRESIDENTE… LA PACIENCIA DEL PUEBLO NO ES ILIMITADA.

La esperanza de un pueblo es una poderosa fuerza que moviliza a los ciudadanos a tomar decisiones en momentos trascendentales. La esperanza que la mayoría ha puesto en que se dé una salida constitucional y pacífica a la actual crisis, es de por sí, un verdadero muro  de contención ante la posibilidad de que se desborde la violencia y se materialice un estallido social.  La admirable paciencia de un pueblo que espera por un cambio es sorprendente,  pero no es ilimitada; se hace cada día más difícil sostenerla ante tanto abuso gubernamental. 

Pero como parece, usted  persiste en boicotear toda iniciativa tendiente a  la búsqueda de una alternativa a la situación planteada.  Estamos viviendo una verdadera tormenta, que amenaza convertirse en un diluvio si usted se empeña en continuar en el poder a cualquier costo.  Jugar con la esperanza y la paciencia del pueblo, con maniobras indignantes como las que estamos presenciando a cada rato, genera frustración y rabia, pero no  resignación como apuestan algunos. No nos equivoquemos. En estas circunstancias no hay fuerza ni represión posible que pueda contener al pueblo indignado y en rebeldía, que al sentirse burlado y humillado, decide levantarse  contra una tiranía intransigente y tramposa; más aún, si considera que es la única manera de restituir la voluntad y la soberanía perdida. Que Dios nos libre de este terrible escenario.

La oposición venezolana persistirá, a toda costa,  por la vía democrática, pacífica y constitucional; y está movilizada para activar todos los mecanismos que tiene a su alcance. Esta es la esperanza para las grandes  mayorías; lo único que puede salvar a Venezuela del caos y la violencia fratricida.

Presidente, no derrumbe el muro de contención.

El fenómeno de los linchamientos, que ocurren todos los días y en todo el país, reflejan el estado de desesperación y de barbarie colectiva a que estamos llegando como sociedad.  Los repudiables  linchamientos ocurren por el desbordamiento del hampa, la inseguridad y la indefensión del ciudadano ante la impunidad que luce entronizada y campante. Pero también, estas reacciones se alimentan de la desesperación y la ira que  sufre a diario el ciudadano común ante el desabastecimiento, el alto costo de la vida, la falta de medicina, la frustración acumulada etc.  Estos actos violentos podrían extrapolarse a otros escenarios, como ya se están viendo en el país, expresadas en saqueos, protestas generalizadas, cierres de vías, confrontaciones callejeras; y llegar a generar una reacción en cadena de grandes dimensiones.

Nelson Mándela, de cuyo legado muchos deberían aprender, decía que los humanos no nacían odiando, que esta era una conducta que se aprendía y se enseñaba; insistía en que nada bueno se puede edificar estimulando el resentimiento, la división y la venganza. Por años, ustedes han actuado en sentido contrario a lo que predicaba este gran estadista, siendo responsables de estimular la confrontación y el odio entre venezolanos. Haciendo esta breve reflexión, denuncio el condenable intento de linchamiento, por causas políticas, del que fue víctima Félix Valery Gabaldón, trabajador de la Asamblea Nacional, hecho perpetrado recientemente en puertas del hemiciclo por bandas oficialistas, apostadas en el lugar para  amedrentar y agredir  a los trabajadores y parlamentarios opositores, esto, señor mandatario, no tiene otro nombre que fascismo.

Sin fuerza ni capacidad, sin liderazgo ni credibilidad, entrampado en disputas internas, rodeado como está de incompetentes y corruptos, y con un país en ruinas, no podrá usted sostenerse por mucho tiempo en el poder.  Si por algún fatídico milagro del destino lograra prolongar su permanencia en el cargo, será aún peor para usted; y solo hará más dolorosa, lenta y costosa la reconstrucción del país. De proseguir usted negado a entender esta cruda realidad, Venezuela entraría entonces en una espiral ascendente de violencia, para al final, tener que abordar, ya sea usted u otros, una salida a la crisis, en medio de una emergencia nacional incontrolable, y a un costo trágico incalculable.

¿Es lo que quiere para Venezuela el presidente de la república?
   
Presidente, abra los ojos a tiempo; La historia será inmisericorde con usted si permite que esto ocurra. Quienes le aconsejan persistir a ultranza por esta ruta inútil y criminal, seguramente tienen las maletas listas ante cualquier contingencia precipitada, sin importarle para nada  su destino, y mucho menos de quienes sufrirán aquí las consecuencias de lo que ocurra.

Piénselo presidente, ahórrele al país una desgracia, un doloroso desenlace. Ya es suficiente con lo que estamos padeciendo hoy día. Actué como un verdadero estadista facilitando una transición de la mejor manera posible; pero hágalo ya, el tiempo conspira, y la paciencia del pueblo se está agotando.

Oswaldo Enrique Avila Lacruz
salvemoselfuturo@gmail.com 
Caracas - Venezuela             

                                                                                                                         

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