martes, 18 de abril de 2017

DARÍO ACEVEDO CARMONA, LOS MENSAJES DE LA MARCHA, DESDE COLOMBIA

COMPARACIONES

La marcha nacional adelantada en varias ciudades del país y del exterior por convocatoria de distintas fuerzas y movimientos políticos, agrupaciones cristianas, líderes ciudadanos, exmagistrados, sindicatos y movimientos cívicos tuvo una concurrencia multitudinaria y debe ser apreciada como una legítima manifestación de descontento y protesta, mecanismos contemplados en nuestra Constitución.

A la colorida, alegre y variopinta jornada asistieron personas de muy diversa condición social, económica, religiosa, partidista, ideológica, de género, raza y edades, siendo un mentís a quienes la estigmatizaron y descalificaron tildándola de ser una maniobra de los amigos de la guerra, de fascistas nostálgicos del poder, de gentes intolerantes y violentas.

La gran prensa oficialista, agradecida con un gobierno que la ha subsidiado con elevadas pautas publicitarias intentó, en vano, desacreditarla atacando como de costumbre al expresidente Uribe, tan solo uno aunque el más sobresaliente, de sus promotores. Fracasó la trillada apelación al san Benito de excusar los yerros y la corrupción del señor Juan Manuel Santos en los supuestos grandes pecados del exmandatario.

Varias cosas van quedando en claro para las fuerzas promotoras de la marcha. Digamos que las consignas agitadas referidas a una variada gama de problemas -la corrupción del gobierno Santos, la violación de la Constitución, el entreguismo a las Farc, la docilidad del gobierno con los países donde impera el modelo castro-chavista, las mentiras de Santos, la reforma tributaria, el desbarajuste institucional, la impunidad para criminales de guerra, la humillación de las Fuerzas Militares y muchas otras que no caben en este escrito- constituyen el ámbito de la unidad.

Los dos ejes centrales en las consignas de los marchistas que exigían la renuncia de Santos fueron las relativas a su política entreguista de paz y la corrupción oficial. Digamos que en torno de estos asuntos las fuerzas involucradas dieron un paso muy significado en la consolidación de una amplia alianza opositora con proyección hacia las elecciones para Congreso y por la Presidencia en el 2018. Ese acercamiento que se había logrado muy espontáneamente alrededor de la campaña por el NO en el plebiscito del 2 de octubre se mantiene y se afirma en medio de una gran acogida ciudadana.

De la marcha debemos destacar su alto grado de civismo, a diferencia de las que son citadas por tendencias extremistas y populistas que degeneran, casi siempre, en enfrentamientos con la policía, desmanes, destrucción de vidrieras, cajeros electrónicos, insultos, escupitajos y provocaciones al ESMAD. 

Ningún miembro de las fuerzas del orden fue mancillado o agredido, no hubo un solo hecho de violencia o conductas que lamentar, las gentes acudieron en familia, hombres, mujeres, jóvenes, viejos, de todas las condiciones sociales, unidos en el rechazo a la impunidad, a la desinstitucionalización, a la corrupción gubernamental y por la renuncia de Santos, el principal responsable de la desastrosa situación que vive hoy el país.

Nadie se tapó su rostro, nadie invocó la fuerza o la violencia, nadie llamó a la guerra, nadie clamó por un golpe de estado. Un comportamiento bien opuesto al impulsado en los bloqueos de Transmilenio en la capital por las huestes de un  exalcalde que apela a métodos propios del fascismo para alcanzar su meta de tumbar al alcalde bogotano.

Los manifestantes de la marcha, en paz y en orden, dieron testimonio de su preocupación por el quiebre de las instituciones, por la ruptura de la separación de poderes, por la creación de la monstruosa Jurisdicción Especial de Paz y por tantos otros valores y leyes puestos en peligro por un gobierno al que se le criticó por mentiroso, por entreguista y por corrupto.

Esta marcha deja enseñanzas importantes, por ejemplo, que la aplanadora oficial ha llegado al límite de su vigencia. Los escándalos en el oficialismo están produciendo fisuras y grietas internas de suerte que es muy probable que la Unidad Nacional arribe a las elecciones del 2018 en un alto nivel de atomización, en cambio, los impulsores de la protesta dieron muestras de poder erigirse en una seria alternativa de poder enarbolando las banderas de retomar el rumbo, recuperar la primacía del Estado en el establecimiento de la paz, restablecer la separación de poderes, salir del caos institucional y proponer políticas  conducentes al mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores más desvalidos de la sociedad.

El mensaje que queda, así le pese a frágiles demócratas que se asustaron con la protesta y quisieron sabotearla, es que la nueva alianza política nacida con ocasión del plebiscito de la paz, ha dado un salto para asumirse como una opción con vocación de poder.


CODA: El golpe de estado del gobierno chavista de Maduro en Venezuela puede ser visto en doble pantalla. En una, podemos ver la expresión del miedo de quienes, como la facción más dictatorial liderada por Diosdado, ven su única salida en la represión. Y en la otra se puede apreciar el declive inexorable del modelo castrochavista. Ojalá los colombianos sepamos extraer las debidas conclusiones. 

Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc
Colombia

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