martes, 18 de abril de 2017

BEATRIZ DE MAJO, CON PIES DE PLOMO

  CHINA HOY   

A la reunión cimera de los dos jefes de estado, el chino y el norteamericano, que tuvo lugar en Florida el pasado fin de semana le faltó poco para ser anodina. Las circunstancias externas y el momento político en que tuvo lugar intervinieron para que los resultados no fueran todo lo espectaculares y controversiales que se anunciaba. El plato fuerte tenía que ver- así lo anticipaban los analistas- la posición política de los dos grandes del planeta en torno a los desafíos militares planteados por la carrera armamentista nuclear de Corea del Norte. 

Sin embargo, la reunión se celebró bajo el efecto nacional e internacional del ataque aéreo protagonizado por Donald Trump en contra del gobierno de Damasco, un tema que consiguió levantar posiciones de apoyo entre las democracias del mundo entero. China no dijo “esta boca es mía”, pero debe haber aquilatado finamente lo que significan las actitudes viscerales del nuevo mandatario americano en materias tan sensibles como esta.

Lo cierto es que nadie sabe aún -ni en el medio norteamericano ni fuera de él- con cual vara medir las actuaciones del Sr.Trump, pero forman parte de las tradiciones actitudinales chinas evitar las posiciones destempladas, no darle paso a la provocación y blandir la mesura ante situaciones comprometedoras.  Una temeraria  especulación de quien escribe es que Xi prefirió guardar distancia sobre ese tema y también sobre la movilización del portaviones Carl Vinson y fragatas norteamericanas capaces de frenar por su fuerza de choque eventuales ataques misilísticos ordenados desde Pyongyang. 

No cabe duda que de haber ocurrido esto en el pasado, la reacción sobre tal despliegue militarista hacia la Península coreana habría sido prudente pero inmediata, del lado de Beijing.

La posición china hasta hace unas semanas y la que han exhibido a los cuatro vientos internacionalmente ha sido la de hacer causa común con los rusos en Naciones Unidas en lo de vetar cualquier propuesta de Occidente que estuviera encaminada a sancionar al presidente sirio Bashar al-Assad. Apenas en febrero de este año, Xi ordenó a sus representantes en el Consejo de Seguridad de la ONU jugar de nuevo la carta de la “no intervención” cuando por séptima vez desde el inicio de la guerra interna en Siria, China y Rusia bloquearon la imposición de sanciones a Damasco pedida por Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. En esta ocasión el tema objeto de penalizaciones era justamente el del uso de las armas químicas.  

Así pues, Xi quien ha declarado recientemente a la prensa que los temas sirios deben ser resueltos por la vía política, hizo bien en no mostrar los dientes en la ocasión de esta reunión cumbre. 

Los dos Jefes de estado se concentraron en las diatribas comerciales   que persisten entre los dos países, sin tener la urgencia de los temas militares. Xi otorgó importantes concesiones comerciales a los Estados Unidos en materia de inversiones financieras y el acceso de la carne americana a su mercado interno y ambos mandatarios se comprometieron a transar sus diferencias en los temas de intercambios en un plazo de 100 días.


Una muy práctica manera, sin duda, de pasar la página sobre la guerra mundial que pudiera estarse cocinando a fuego lento. En el caso de Xi, su ratificación como mandatario al fin de su primer quinquenio que se vence antes de fin de este año, debe haber estado presente en su mente todo el tiempo de la visita a Mar-a-Lago 

Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo
Miranda - Venezuela  

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