domingo, 30 de abril de 2017

JOSÉ GREGORIO DELGADO HERRERA, SALIRNOS DE LA OEA: UN GRAN SALTO ATRÁS

DENUNCIA DE LA CARTA DE LA OEA

Venezuela es un país dado al mestizaje, por la mezcla de razas que marcan su historia, si algún calificativo faltaba para el Presidente Nicolás Maduro, es la referencia al “salto atrás” (niño mestizo que hereda las características puras de un antepasado) es una niñería su anuncio de salirse de la OEA, "He dado un paso gigante para romper con el intervencionismo imperial", dijo el mandatario al referirse en Twitter a su decisión sobre la OEA.

Venezuela se aparta voluntariamente, alegando que un grupo de países encabezados por Estados Unidos hace "intervencionismo e injerencismo" a través de ese organismo para derrocar al presidente Nicolás Maduro, una jugada anunciada, para evitar la aplicación de la suspensión o  expulsión como medida del organismo multilateral regional. Venezuela firmó la carta de la Organización de Estados Americanos el mismo día en que fue adoptada, el 30 de abril de 1948 y ratificó el documento en diciembre de 1951.

Sin embargo, hay un pequeño olvido en esta niñería, el procedimiento es complejo, dura dos años, y no exime a Venezuela de cumplir sus obligaciones internacionales, en particular las relativas a los derechos humanos, sin olvidar su participación en los organismos de la OEA y la cancelación de sus cuotas de membresía.

La alternativa asomada por la ilustre canciller es la presentación del caso ante la CELAC, aunque, allí están 17 de los 19 países que aprobaron en la OEA la reunión de cancilleres para tratar la situación de Venezuela, su ventaja es que allí las decisiones se toman por consenso, aunque, allí la referencia a la democracia también es un principio y finalidad de la organización. Aspecto que ya se cuestiona en los informes de la OEA y que probablemente se señale en la CELAC.

Otro pequeño detalle olvidado por el gran salto de Maduro, es que la Carta de la OEA, contiene no solo normas sobre la Organización intergubernamental, también hay principios asociados con la democracia, como la libertad y el desarrollo, sin olvidar aspectos como la calidad de vida y el bienestar de los países a partir de la cooperación entre los Estados del Continente Americano.
Un gran salto de la diplomacia bolivariana que se manifiesta como un reconocimiento de la gravedad de la situación, que no se puede atribuir al “terrorismo” interno o el “entreguismo” de la patria, es que acaso, la injerencia cubana y el entreguismo a China de las cuencas petroleras, “decisiones políticas” no dejan hipotecado el futuro de Venezuela, atentando contra su desarrollo futuro.

Una diplomacia de micrófono que no fue capaz de desvirtuar ninguno de los Informes del Secretario General de la OEA, se limitó a descalificar en lo personal a Luis Almargo, sin dar respuesta a los señalamientos de ruptura constitucional progresiva y continuada, así que, no hay intervencionismo extranjero, lo que hay son legítimas preocupaciones por los efectos de la diáspora venezolana en el Continente y las violaciones de los derechos humanos a lo interno de Venezuela.

En este aspecto hay un escollo adicional para el salto anunciado, es el carácter constitucional de los derechos humanos expresados en la Carta de la OEA y su condición de Tratado, lo que hace que tenga rango constitucional y requiera de una consulta al Parlamento Nacional, dado que se sustenta en una ley aprobatoria, punto previo a la denuncia según el artículo 143 de la Carta.

Salirnos de la OEA un gran “salto atrás”, en los logros alcanzados, por ejemplo en la Carta Social de las Américas, promovida por el mismísimo Hugo Chávez y violada por la situación actual que vive el país, y a su vez sustentada tanto en la Carta de la OEA como en la Carta Democrática Interamericana, dejando una señal más del carácter no democrático del Gobierno saltarín.

Salimos de la OEA un gran “salto atrás”,  en la legitimidad y el cumplimiento de las obligaciones internacionales de la Venezuela revolucionaria, tomando en cuenta el estilo de micrófono, que de diplomacia revolucionaria enseña, aunque, se percibe como una jugada inteligente, “antes de que me suspendan o excluyan, yo me voy” una jugada adelantada que pone en aprietos a los países amigos de Venezuela, que no podrán explicar la maniobra atlética, sin dejar de pensar en las características de los derechos humanos, entre las cuales esta la superación de toda frontera nacional y su carácter interdependiente.

Es curiosa la interpretación libertaria de la decisión anunciada el 26 de abril de sacar la patria venezolana de la OEA, en el contexto de la idea de “retirar y liberar nuestra patria de la OEA” según lo expresa Maduro, y además, lo presenta como un hito histórico del proyecto histórico-político, sembrado en el intento de golpe de estado del 4F de 1992 y que invoca la libertad y la independencia que da lugar al 19 de abril de 1810, sin tomar en cuenta que esta libertad de Venezuela se sustenta en la soberanía popular y no en la soberanía del Estado, aspecto este último que se invoca en el Derecho Internacional, pero, que deja de ser absoluto, cuando esta de por medio las obligaciones propias derivadas de las características de los derechos humanos.
En este contexto, una de las propuestas que se asoma, para evitar la discrecionalidad del gobierno, es la necesidad de tomar en cuenta a la Asamblea Nacional, como poder público que nace de la soberanía popular; y que debería pronunciarse como órgano del Estado, en relación a la decisión gubernamental y sus consecuencias jurídicas, políticas y económicas para el país.

La segunda alternativa, hace referencia a un referendo consultivo, para que el pueblo opine sobre esta salida o salto gubernamental, al margen de los fundamentos de la democracia, un derecho que encuentra sustento en las Cartas de la OEA, suscritas por Venezuela, mecanismo de difícil aplicación, ante los criterios que ya se han expuesto desde el CNE y el TSJ que tienden más a la permanencia del gobierno que a la libre expresión de la voluntad popular, y a privilegiar las formalidades administrativas frente al ejercicio libre de los derechos políticos.


En todo caso, da la impresión que el antepasado que Maduro invoca en sus sueños de poder, se relaciona con el rey que afirmaba “El Estado soy yo”, aunque, sus raíces colombo - venezolanas tengan poco de aristocráticas, tomando en cuenta que el se presenta como el “Presidente – obrero”. La niñería de la denuncia de la Carta de la OEA, al momento de hacer estas notas, aún no se ha formalizado, amanecerá y veremos que tan lejos llega el gran salto gubernamental.

Jose Gregorio Delgado Herrera
jgdelgado2011@gmail.com
escuevenac@gmail.com
‏@josegdelgadoh1  
Escuela de Vecinos de Venezuela
Caracas – Venezuela

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