lunes, 25 de abril de 2016

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LA OSADÍA DE LA IGNORANCIA, POBRES LOS VENEZOLANOS POBRES, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL,

La fantasía del cuento Alicia en el País de las Maravillas, luce ensombrecida ante la inspiración de los genios de la política que refundaron la República para establecer una sociedad que sólo sirvió para desgraciar su historia de luchas.
La osadía no sólo es atrevimiento o audacia para superar alguna dificultad. También es imprudencia o arrojo excesivo que raya con la desvergüenza o la insolencia al momento de sobrellevar una necesidad. 

Por justificada o no que parezca o sea. Es la incitación que ha llevado a algunos a no rendirse a las contingencias que irrumpen la continuidad de la vida. Pero también, a enmudecer a quien por crítico, se atreve a protestar las aberraciones con las cuales se tropieza en su periplo por las realidades que configuran su discurrir.

En política, la osadía adquiere una connotación un tanto similar. Aunque tiene la particularidad de incitar actitudes o de impulsar decisiones que van contra toda lógica. Por eso, la osadía política no deja de ser peligrosa ya que muchas veces se asocia con el manejo equivocado de la incertidumbre. O mejor dicho, de las dificultades que acompañan cualquier determinación contaminada por la imprevisión o la inmediatez bajo la cual la irreverencia política plantea sus fines o propósitos. Muchas veces, equivocados.

Es el caso de quien, por osado, pueda darle rienda suelta a presunciones que son parte de un tramado ideológico directamente vinculado con intereses propios. La referencia es de aquel osado que al pecar de iluso, se ve tentado por el brillo que despide la ignorancia, su ignorancia. Es el caso del politiquero que creyéndose “salvador”, se transforma en el osado capaz de prometer lo posible y lo imposible para quedar mal parado después de todo los intentos realizados por demostrar, amparado en su verbosidad y en el poder, que es capaz hasta de dominar las fuerzas de la naturaleza.

Venezuela, tristemente, se convirtió en adecuado terreno para politiqueros osados. El populismo, dio paso al populacherismo que a su vez brindó las mejores condiciones para reivindicar la osadía como condición dialéctica y fáctica que restituyó el primitivismo que una vez, siglos atrás, caracterizó el territorio venezolano. Sólo que ahora, luce disfrazado de “socialismo bolivariano” con el ridículo añadido de ser supuestamente: del Siglo XXI.

La osadía de estos personajes de marras, ataviados de gobernantes revolucionarios, ha sido tan exitosa, que les permitió fabular una Venezuela que no podría compararse, ni siquiera, con el maravilloso país de Alicia. O sea, la fantasía del cuento de Lewis Carroll, luce ensombrecida ante la inspiración de los genios de la política que refundaron la República para establecer una sociedad presuntamente “democrática, participativa y protagónica”. Su obstinada osadía no tiene parangón. Tanto que no conforme con los preceptos sobre los cuales formalizaron el supuesto “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia” al cual refiere la Constitución de la República, se dieron a la tarea de forjar conceptos como “guerra económica”, “Venezuela potencia”, “Estado Comunal” entre otros no más rimbombantes y huecos, con la idea de desmembrar la institucionalidad democrática y así fraguar un país sometido y de aduladores que pueda maniobrarse a su entero antojo.

De manera que el proyecto pretendido por el alto gobierno, no va en la dirección que dictamina la Constitución al describir que el gobierno del país “es y será siempre democrático, responsable, pluralista (… )”. Nada de eso. Ya no puede ocultarse lo que en principio pretendió hacerse mediante discursos engañosos que exhortaban libertades, garantías y derechos. La osadía del régimen indujo a sus dirigentes a ejercer una política tendenciosa, que sin dejar de ser fantasiosa, se ocupara de hastiarle la vida a los venezolanos. Es decir, de cansarlos, ofuscarlos, humillarlos, sancionarlos, invisibilizarlos, hostigarlos, subordinarlos, acusarlos, penalizarlos, aterrorizarlos, idiotizarlos y en fin, todo aquello que posibilite su empobrecimiento económico, cultural, moral, social y político. Pero también su acoquinamiento o involución en todas las instancias posibles pues así le resulta fácil al régimen convencerlos de las “bondades” de la revolución bolivariana. Aunque en el fondo, ello es producto de la obtusa gestión de un gobierno cuyas decisiones se han elaborado bajo una perversa estrategia situacional. Impulsada, claro está, gracias a la osadía de la ignorancia.

VENTANA DE PAPEL

POBRES VENEZOLANOS POBRES

Lo que fue una vez opulencia que bien distinguió a Venezuela del resto de países latinoamericanos, y que fue legítimo motivo de orgullo del gentilicio venezolano, rápidamente se convirtió en cruda indigencia. Las cuentas del Banco Central de Venezuela referidas por corporaciones internacionales dedicadas a informar al resto del mundo sobre el comportamiento de economías en transición, revelaban los cambios que venían favoreciendo el desarrollo económico y social que mostraba el país.

Desde luego, el mercado petrolero configuraba buena parte de tales realidades. Pero también, el sistema político sobre el cual descansaba la economía nacional era igualmente causa de justificación para reconocer el esfuerzo que dejaba verse de cara a las exigencias del mundo industrializado. Sin embargo, el país comenzó a atorarse. Su desarrollo, tal como se había estructurado, vino retrasándose a nivel de casi todos sus indicadores.

Hoy, a diecisiete años de 1999, año en que la conducción del país cambia de  manos, Venezuela se vino a pique. La gestión gubernamental no escarmentó las recomendaciones de analistas económicos y políticos., tanto como de instancias académicas, profesionales y de universidades, sobre las posibles y distintas maneras de librarse de las dificultades que le asaltaron toda vez que para el régimen su primera ocupación iba a ser el pesado y absorbente proselitismo por aquello de justificar, fundamentar y consolidar la revolución socialista.

Todo el tiempo, fue destinado a eso. Los recursos se invirtieron en darle sentido y valor político a las distintas propuestas que supuestamente requería la “refundación de la República”. Pero además, la creación de entidades internacionales que generarían el apoyo preciso necesario para establecer casi un gobierno suramericano y centroamericano, fundamentalmente Un seudo gobierno que siguiera los lineamientos de acción dictados desde Caracas e inspirados en el proyecto político revolucionario.

Lejos de tan petulante ideario, las realidades demostraron que todo había sido una entelequia. La situación internacional, empezó a resistirse a los embates del aludido proyecto. Aunque peor aún fueron los resultados que se observaron Las fisuras se vieron por todos lados. En alimentos, medicamentos y servicios públicos.  La oferta y la demanda se invirtió estancando el país hasta niveles dramáticos.

Inclusive, el agua y la electricidad, a pesar de que el alto gobierno obtuvo mediante excusas que fabricó con base en el fenómeno El Niño, algunas razones que utilizó para evadir impugnaciones y cuestionamientos. Aún así, el país se desarregló profundamente. No obstante tales enredos y reveses, así estaba estipulado por el proyecto político que ha servido al régimen en la ejecución de sus múltiples intenciones. Pero tan cierto como que el sol no puede taparse con un dedo, tampoco podrá negarse que el venezolano está viviendo su ruina. O sea, un tanto para inferir: pobres venezolanos pobres.

“La ignorancia es para el politiquero de oficio, el recurso mejor resuelto del cual se sirve al momento de accionar razones que justifican las fechorías que su desvergonzada osadía determina”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

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