lunes, 18 de abril de 2016

SUSANA MORFFE, DECRETO POR APAGON (ENTRE CIELO Y TIERRA)

Solo él lo podía lograr. Paralizar a un país nos es tarea fácil y entre puentes, parálisis de la producción y mucho descanso, el mandatario procuro tal hazaña con 30 millones de venezolanos;  en realidad 29, porque aún no tenemos la certeza de que él pertenezca  a estos lares. De cualquier modo, es algo inédito, ningún otro país nos podría imitar y con toda seguridad el libro Guinness deberá, al menos, tomarnos en cuenta por semejante récord.

Para él todos los aplausos,  le queda perfecta la campaña que su régimen ha inducido: “El Niño no es un juego”. Claro que no es juego, es una telúrica realidad en la cual hemos sido arrasados por la flojera agonizante de un régimen definitivamente moribundo en el país de los problemas. A partir del mes de Mayo tendremos media hora adelantada por el huso horario, obedeciendo los gritos de El Niño.
Todo este enredo comenzó hace tres años, cuando “el pueblo” le entregó  en sus manos el control de la nación, cuyo objetivo primordial, era, fue, y es, la repartición del botín del último de los mohicanos, tipo película o historia narrada. Se presume inocente de los viajes, ida y vuelta, sacando el tesoro nacional hacia otras tierras, extrañas no, tenebrosas. La pregunta del día a día es: ¿Cuándo va a terminar todo esto? A prepararse, porque hay sospechas que será cuando ya no quedé nada en el tintero. Después vendrá el pronunciamiento y la gran escapada, pero con los bolsillos forrados de dólares.
Lo más audaz son las acciones que se han tomado, por un lado los obstáculos  impuestos por el Tribunal Supremo de Justicia, el Poder Electoral con su ausente y premeditada diligencia de no atender la petición del pueblo para el ansiado revocatorio. Marchas, cadenas, folclor y más folclor, como el de suspender las actividades laborales en la administración pública y afines, para decretar otro puente hasta el 19 de abril, Día de la Independencia,  día en que asumió el cargo y día del yugo laboral decretado por el mal entendido mandatario, y para quien “El Niño no es un juego”.
La naturaleza está solo esperando dar la estocada fatal, por  tanto embuste alrededor de sus acciones “naturales” y no debe ser justo añadirle todos los errores técnicos de la mano del hombre, por el apetito crematístico y al final del día decir: “El Niño no es un juego”.  Qué manera de enjugar las culpas.
Lo más feo y rechazado por todos es la parálisis que presenta el país, mentes conscientes repudian los pasos renegridos que da el gabinete, pero de igual forma todo el pueblo disfruta de la vagancia y el reposerismo, clave para la total destrucción de Venezuela. Si nadie se queja, que siga la fiesta. Es vergonzoso reconocerlo, pero tristemente es la realidad. ¿Quién da el primer paso? Silencio total.
No obstante, se aprovechan los días muertos en el cadavérico país, para recoger agua y almacenarla, buscar desesperadamente comida, artículos para la limpieza personal y del hogar, los pobres niños son las víctimas de todos los adultos que no pensaron en esta hecatombe. Se escucha incluso, que aún no vamos ni por la mitad de lo que presagian las Sagradas Escrituras. Apenas es el comienzo.
Entretanto, la incoherencia que domina en Venezuela, obliga a actuar de otro modo, porque entre tantos engaños a diario de los verdaderos opositores del pueblo, es decir, el régimen, se repite: “le restan días por vivir”, todo porque en las manos y en la vara de un infante se le apagará la luz,  ¡No es un juego!

Susana Morffe
susana.morffe@gmail.com
@susanamorffe
www.susanamorffe.blogspot.com
Nueva Esparta - Venezuela                  

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