martes, 16 de febrero de 2016

NELSON ACOSTA ESPINOZA, “AQUÍ PENSABAN SEGUIR JUGANDO A LA DEMOCRACIA, PERO LLEGÓ EL TSJ Y MANDÓ A PARAR”

La decisión del TSJ de validar el Decreto de Emergencia Económica propuesto por el presidente de la República, Nicolás Maduro, y que había sido rechazado por la AN, me trae a la memoria una frase de un son entonado por Carlos Puebla (canta autor cubano, 1917-1989) en los inicios de la revolución cubana. Disculpe, amigo lector, el tono irónico, pero creo que este parafraseo recoge el sentido político e histórico del momento actual: “aquí pensaban seguir jugando a la democracia, pero llego el TSJ y mandó a parar”.

Bueno, vamos a explicar esta afirmación. Evitemos interpretaciones sesgadas. Lo que intento subrayar es lo siguiente. Las actuaciones del TSJ y la crisis económica terminal que estamos padeciendo exigen, a la dirección política opositora, poner en práctica un ejercicio de imaginación democrática. 
La contienda política no se juega exclusivamente al interior de los “aparatos” del estado socialista. Desde luego, la presencia del factor democrático en estas instituciones es vital. Es un terreno de lucha. Pero no es el único campo para ejercitar la oposición a este régimen. La decisión de TSJ es harto reveladora. Su mensaje es claro. Para revertir la voluntad antidemocrática del madurismo se requiere acompañar las batallas jurídicas con la presencia cívica de la gente en las calles.
Si se quiere, “la calle” pudiera asumirse como un ejercicio de pedagogía democrática. ¿En qué sentido? Por un lado, la “salida” a los espacios públicos serviría para comprometer al liderazgo opositor (gobernadores, alcaldes, concejales, diputados,  rectores universitarios, entre otros) con una estrategia de gran aliento popular y, por el otro, las consignas, afiches, pancartas etc., deberían expresar la construcción de una nueva narrativa que sustituya a la socialista. La combinación de estas dos formas de expresión política (la legislativa y cívica popular) resultarían imbatible y apresuraría cualquier solución al actual impasse político.
Voy a detenerme en un aspecto que he denominado nueva narrativa política. Soy de quienes sostienen que, con grado de variaciones, en el país ha predominado hegemónicamente una concepción de la nación y su realidad política ampliamente compartida por los diversos actores que hacen vida en el escenario político. “Narran” el acontecer diario a través de párrafos parecidos (nacionalismo, sustitución de importaciones, políticas de acento distribucionistas,  invocación abstracta al sujeto pueblo, centralismo, etc.), Este relato, en su versión democrática y socialista, resulta insuficiente para explicar y formular salidas a la actual crisis orgánica que atraviesa el país.
Venezuela se encuentra en una fase de naturaleza terminal. ¿Fin de época? ¿Inicio de un nuevo tiempo político? Las respuestas a estas interrogantes hay que construirlas. Lo cierto es que el país se encuentra frente a una coyuntura de extrema fragilidad. Los cimientos de la “vieja” Venezuela, tras diecisiete años de socialismo, están cediendo en forma apresurada. Y, los viejos relatos que fueron útiles en el pasado, son inútiles para aportar respuestas a esta crisis terminal y catastrófica que estamos padeciendo.
Retomemos el significado de esta última decisión de TSJ validando el Decreto de Emergencia Economía elaborado por el ejecutivo y que desconoce  la voluntad expresada por la mayoría de la Asamblea Nacional. ¿Agotamiento del dialogo como mecanismo para llegar a formular acuerdo? Pareciera que esta es la situación a la que se enfrenta la oposición democrática. Para el oficialismo, “la revolución no se negocia”. En pocas palabras, no hay espacios para rectificaciones, sino para enfrentamiento y la ingobernalidad.
Me parece, ojala me equivoque, que tiene cierto contenido de veracidad el encabezamiento de este escrito: “Aquí pensaban seguir jugando a la democracia, pero llego el TSJ y mandó a parar”
Sin lugar a dudas, la política es así
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

Carabobo - Venezuela

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