jueves, 31 de marzo de 2016

ALFREDO M. CEPERO, UNA SAGA DE HUMOS, ESPEJOS Y ENGAÑOS.

El gran facilitador de la continuidad de nuestra tiranía se presentó como el crítico de nuestros tiranos y defensor de la soberanía del pueblo cubano.

La visita de Barack Obama a su nuevo amigo Raúl Castro estuvo matizada por todos los ingredientes de una saga aplicada al panorama político. Seamos específicos. La saga es un modo de operación de personajes sagaces que se proclaman benefactores de pueblos pero cuyo verdadero objetivo es el de esconder sus verdaderos propósitos de manipulación y control. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española los describe con palabras tales como "avisado, astuto y prudente que prevé y previene las cosas". De ahí que, desde tiempos inmemoriales, políticos de todos los plumajes, demagogos al igual que tiranos, hayan utilizado la argucia de "los humos y los espejos" para prolongar su influencia sobre las multitudes y perpetuar su poder sobre los pueblos. Presentan como realidad lo que saben que sus interlocutores quieren escuchar y hacen promesas que jamás se proponen cumplir. Ahí reside el engaño.

¿En qué consiste esta forma de engaño? Esto de "humos y espejos" es una metáfora para describir una explicación o descripción engañosa, fraudulenta o carente de substancia. Tiene su origen en la forma en que los magos realizan su labor ilusionista utilizando espejos y humo para hacer aparecer y desaparecer objetos y engañar al público.

Pero esto no es nada nuevo. Desde tiempos tan remotos como el siglo I a.C el brillante orador romano Marco Tulio Cicerón denunció este vicio de los gobernantes de su época. Sus discursos siguen siendo famosos y sus frases han pasado al imaginario colectivo, como el O tempora! O mores! de las Catilinarias. O tempora, o mores es una locución latina que se puede traducir como ¡Qué tiempos, qué costumbres!, o bien por ¡Oh tiempos, oh costumbres!. En su discurso contra Catilina, quien había intentado asesinarlo, Cicerón deplora la perfidia y la corrupción de su tiempo. La denuncia de Cicerón se convertiría en profecía cinco siglos más tarde con la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 de la Era Cristiana bajo el peso de su propia corrupción.

Los magos sagaces de nuestro tiempo se reunieron recientemente en La Habana. En estos 57 años los tiranos cubanos han dado pruebas de ser maestros en esta deplorable artimaña. Y, aunque en mucho menor grado, Barack Obama ha demostrado desde los inicios de su carrera política ser un alumno aventajado en las artes de la mentira y del engaño. Como magos actuando ante públicos crédulos en busca de soluciones inmediatas a complicados problemas existenciales, los Castro y Obama ocultaron su ideología y encubrieron su agenda política desde los inicios de sus respectivas carreras políticas para transformar radicalmente sus sociedades e imponer su voluntad sobre sus pueblos. Yo digo que han tenido éxito.

Para quienes creemos más en los actos que en las palabras y no nos emocionamos con inflexiones de voz o citas oportunas de Martí o de Martin Luther King, Obama pronunció en La Habana el mismo doble discurso con el que engañó al pueblo norteamericano. El gran facilitador de la continuidad de nuestra tiranía se presentó como el crítico de nuestros tiranos y defensor de la soberanía del pueblo cubano. Hay que tener "bemoles" para tanto cinismo y hay que ser un analfabeto político para creer en tamaña patraña. Desde luego ya sabemos que Obama es capaz de ese cinismo y que los cubanos somos tan analfabetos políticos que hemos creído en cuanto político norteamericano de ambos partidos que ha prometido ayudarnos a conquistar la libertad.

Pero, ¿qué es en realidad lo que dijo Obama en La Habana? Seré breve porque ni me siento víctima ni soy masoquista. Obama: " Debiera ser más fácil abrir un negocio aquí en Cuba. Un trabajador debiera poder conseguir un trabajo directamente con las empresas que invierten aquí en Cuba. Dos monedas no deben separar el tipo de salarios que los cubanos pueden ganar…. estamos alentando los viajes, que construirán puentes entre nuestros pueblos, y traerán más ingresos a las pequeñas empresas cubanas…. los ideales que son el punto de partida de toda revolución…. encuentran su expresión más auténtica, creo yo, en una democracia".

Suficiente para hacer saltar de alegría a un pueblo desesperado por un cambio. Cualquier cambio aunque esté limitado a mejoras materiales y no incluya la libertad que unos no han conocido y otros han olvidado. Suficiente para sembrar esperanzas en un exilio de gente cansada de tan largo camino y una diáspora de recién llegados que miden la felicidad en términos de prosperidad material. Suficiente para que un amigo que hasta ahora ha visto con claridad la situación cubana me haya comentado que "Obama tuvo el valor de decirle verdades en la cara a Raúl Castro". Y suficiente para que un analista a quien le he perdido el respeto dijera que fue una "brillante pieza oratoria".

Yo, sin embargo, discrepo de ellos y voy a traducir lo que dijo en verdad el Mesías protector de nuestros tiranos. "Los cubanos podrán abrir un negocio siempre que le paguen impuestos exorbitantes a sus amos….Pueden además tener más trabajos en empresas donde la mayoría es controlada por el gobierno…Las remesas y los viajes traerán más ingresos a las empresas estatales…los ideales de su revolución encuentran expresión en la democracia según la entiende la tiranía" Y quizás en un lapso mental confesó que: "He dejado claro que Estados Unidos no tiene ni la capacidad, ni la intención de imponer un cambio en Cuba. Cualquier cambio que venga dependerá del pueblo cubano". En forma clara y directa, le dijo a los cubanos que los abandonaba a su suerte bajo unos tiranos que él sabe que nunca dejarán el poder por medios pacíficos. Pero no hay mejor vidente que el que quiere ver, aunque le escondan la realidad dentro de una saga engañosa de "humo y espejos".

Y, para completar, tomo nota de los imitadores cubanos de Barack Obama. Unos regresan de la Casa Blanca diciendo que le advirtieron del error de apoyar a los Castro. Otros andan de fiesta en La Habana y se lamentan de que el pueblo sea apaleado y encarcelado. Otros comprometen su prestigio personal y el de sus organizaciones haciendo causa común con estos farsantes. Todos saben que nada que dijeran o digan cambiara en un centímetro las agendas de Obama ni de los Castro, pero no les importa. Lo importante es mantenerse vigentes. La maquinaria de los intereses y de las prebendas a toda marcha y para deshonra de todos los que han caído en la lucha por nuestra libertad.

Quiero, sin embargo, dejar clara una rara coincidencia con Barack Obama. Aunque por motivos distintos ambos estamos de acuerdo es en que si los cubanos queremos ser los dueños de nuestro destino tenemos que ser los arquitectos del cambio en nuestra patria. Ni suplicamos ayuda ni la aceptaríamos de nadie que nos impusiese condiciones a la hora de la reconstrucción. A la hora de la justicia con mayúscula en que el pueblo recupere sus derechos y los opresores paguen por sus delitos. Una hora que llegará irremisiblemente a pesar de las claudicaciones de los patriotas, las traiciones de los apátridas y las interferencias de las potencias externas.

Enviado a nuestros correos por
Alfredo Cepero
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
Director de www.lanuevanacion.com
Estados Unidos

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