jueves, 9 de marzo de 2017

NELSON CASTELLANO-HERNÁNDEZ, ATRAPADOS POR LA HISTORIA

CASO VENEZUELA

La inercia del venezolano se ha convertido en un misterio insondable, sumido en el fatalismo no ve la salida del túnel. Golpeado por el alto costo de la vida, por la escasez de productos médicos y alimenticios, encerrado en su casa desde tempranas horas, para alejar lo que podría ser una muerte segura, en manos del hampa bolivariana, Preocupado… sin saber que le depara el mañana… sin trabajo y sin esperanzas.

La melancolía se ha instalado en el alma del pueblo, se sabe traicionado, burlado, humillado, tiene que pasar su vida en una cola sin derecho a protestar. Unos para no perder su trabajo como empleados publicos o de una empresa que no quiere problemas con el régimen, otros para no perder su bolsa CLAP.
En silencio, para conseguir una pequeña cantidad de productos escasos, vendidas con un sobreprecio hasta del 50%, sobre los precios regulados, sometido a que lo marquen como al ganado, con un número.

Nadie se rebela ¡una incongruencia!, como el país con las mayores reservas petroleras pudo llegar a esto… Un país con hierro, aluminio, oro, diamantes, tierras fértiles, una naturaleza exuberante, ríos, playas, montañas, selvas… propicias al turismo. Donde en apenas 16 años, una banda de hampones, traficantes, corruptos con vocación totalitaria y vendidos al Castro-comunismo, convirtieron a una Nación líder de la región, en una de las realidades más empobrecidas del mundo.

Un país que declina a paso militar, donde tampoco se revela un líder que sea capaz de dirigir y convencer, a una multitud inconforme que no encuentra como canalizar su descontento, que permanece con los brazos caídos, la cabeza baja, quejándose de su suerte.

Un país con un pasado glorioso y espíritu férreo, tierra de Libertadores, que parece borrarse lentamente de su propia historia. Olvidado estos últimos años, por todas esas naciones que recibieron acogida sin límites en nuestras tierras, cuando en sus respectivas realidades no existían garantías democráticas.

Habíamos desaparecido del radar latinoamericano, o peor aún, los intereses económicos y petroleros pesaron más que la Democracia y la libertad en Venezuela. Cuál será el estado de civismo y de valores de las democracias latinoamericanas, dispuestas a traicionar sus principios por petróleo barato, bastó con cerrar los ojos o mirar en dirección contraria.

De todo esto debemos aprender, sobre el mesianismo, sobre la probidad de las fuerzas armadas, sobre la solidaridad en la región, sobre la rectitud de los lideres… mitos que se han caído por su propio peso… y por la falta de honestidad.

Hemos aprendido de la traición, del palanqueado, del mediocre envalentonado con su padrino, del oportunista, del enchufado, del titiritero… del mercader de miseria. De todo aquel que no podía ver más lejos que su propio ombligo.

Hemos sido el país del hablar aproximado, del resolver al último minuto, del relativismo en los plazos y en el tiempo. Pero también el de Jacinto Convit, de José Gregorio Hernández, de Teresa Carreño, de Gallegos, de Reverón, de Soto, Simón, Zapata, Nazoa, Fernandez-Moran y tantos otros.

No fue casualidad que Bolívar, Urdaneta, Sucre o Páez nacieran aquí, ni que esta tierra produjera estadistas de visión universal y patriótica como Betancourt, Leoni, Caldera o Calvani. Ni es producto del azar la UCV, ni la PDVSA de la Cuarta, ni el sistema de orquestas, ni el museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, nada de eso existiría si faltara talento, seriedad, trabajo y profesionalismo.

Tampoco nuestras universidades, aun en medio de la peor crisis vivida en nuestra historia, estarían dando la talla con los profesionales que se forman en sus aulas. Ni los estudiantes estarían sacrificándose por la libertad.

Algo de la geografía, de la historia y de sus habitantes ha determinado esta tierra, donde sus montañas, playas, selvas y llanos permanecen inmutables, a la espera de presenciar un nuevo ciclo existencial. Porque en medio de nuestras angustias, sin lugar a dudas esta surgiendo esa generación que liberará, reconstruirá y fomentará un mundo culto, preparado, respetuoso de la ley y trabajador.

Otra Venezuela se está construyendo, no la percibimos, aturdidos con los gravísimos problemas. De los escombros del chavismo, surge un país sensibilizado con la cuestión social, más solidario, más humilde, consciente de sus errores y de lo que no quiere ser.

La oposición democrática debe percibir lo que se vislumbra, escuchar el murmullo que se repite, leer en los labios y sentir con el alma, debe convertirse en un verdadero parámetro de cambio, para así recuperar la credibilidad. Sigue siendo la alternativa, pero debe sintonizar con la angustia del que ya no tiene más nada que perder.

Algo de optimismo se desprende del dolor, del hambre y la desesperación. De allí surge la fuerza, la valentía, el coraje y la decisión. Aunque pareciera reinar el desconsuelo, cada día son más los que se atreven a hablar, a denunciar, a decirle al régimen sus cuatro verdades, todos dispuestos a actuar.

Muchos han pagan en carne propia, presos políticos, ciudadanos con sus derechos atropellados, jóvenes asesinados. Derechos humanos violados, la constitución irrespetada, delitos que no debemos olvidar, ni nosotros ni ellos, porque la de los ojos vendados tarda, pero llega.

Se lo debemos a los caídos y a sus familias, para que se haga justicia, se dé una lección, se recuperen bienes y riquezas mal habidas… y se limpie este país de traidores a la patria

La ignorancia y la improvisación del chavismo, lo llevó a implementar un proyecto fracasado donde quiera que se implementó, El régimen de Maduro es producto del desconocimiento de realidades geográficas, históricas y económicas.

Su indiferencia al sufrimiento, la ruina del aparato productivo, el irrespeto a las creencias religiosas, las violaciones a la ley y a la constitución y la insuperable improvisación en las relaciones diplomáticas, no le permiten al régimen recuperarse, la arrogancia, el cinismo, la borrachera de poder y la corrupción generalizada firmaron su muerte.

Maduro, Diosdado, Tarek, José Vicente, Jaua, Jorge y Delcy Rodríguez y Vladimir Padrino López… elites del régimen, están desesperados tratando de presentar a un muerto como si estuviera vivo, como está muerta también la revolución bolivariana.

La palabra a esa nueva Venezuela, para hablar en nombre de la historia, de ese pasado glorioso de hombres, visionarios, honestos y que dieron lo mejor de sí por la Patria y que hoy en día continúan, con un esfuerzo responsable dirigido hacia el futuro, las nuevas promociones de la UCAB, de la Simón Bolívar, de la Central o del Zulia.

Llegó la hora de escribir otras páginas de esa Venezuela que parecía dormida, que vive en nuestras almas y en el corazón… impaciente por convertirse en nuestra nueva realidad.

Nelson Castellano-Hernandez
nelsoncastellano@hotmail.com
@VFutura
Venezuela-Futura,  
Francia

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