viernes, 15 de abril de 2016

NEURO J. VILLALOBOS RINCÓN, MUROS Y CORTINAS

 “Una democracia moderna debe sustentarse sobre una base única –el sistema jurídico que la rige- y sobre ella numerosas realidades plurales.” Neuro J. Villalobos Rincón
Semióticamente hablando, forma parte de la práctica del modelo comunista la construcción material o simbólica de signos que denotan separación o incomunicación de dos partes o regiones, o de ocultamiento de algo. Si bien la muralla china se erigió para proteger su imperio de la Mongolia, ha quedado como un símbolo de separación y ocultamiento de la aplicación de un modo de vida cruel, sangriento, injusto e indigno. El muro de Berlín fue el símbolo de la división de una misma nación con dos realidades antitéticas. La cortina de hierro en la Unión Soviética recibió su nombre por el férreo control de la vida de sus habitantes, impidiéndoles salir o para evitar que el resto del mundo se enterara de una realidad perversa que afortunadamente explosionó por insoportable.
Lo que yace conceptualmente detrás de esos símbolos es el producto de mentes calenturientas, desquiciadas por el odio, el resentimiento, el fanatismo y el desamor. En Venezuela, una criatura perteneciente a la especie de los psicófagos, etimológicamente son los devoradores de almas, intentó imponer una barrera entre buenos y malos, estimulando una lucha de clases e inoculando odio, convirtiendo a su creador y a sus seguidores en una gran amenaza para la humanidad. Este tipo de seres, como afirma Savater, aparecen siempre entre las sombras del miedo y del prejuicio. Han convertido la palabra “pueblo” en la justificación de todos los atropellos y en la coartada de quienes quieren gobernar sin críticos ni rivales.
Es a nuestro pueblo a quien en lugar de una felicidad general le han ahuyentado su alegría y le imposibilitan vivir una vida digna; en lugar del respeto y la preocupación por el prójimo, se ha llegado a una indiferencia absoluta hacia el ser humano. La “justicia” venezolana, contrariando su esencia, desconoce e irrespeta la dignidad de propios y extraños; niega la posibilidad de poner en vigencia una ley de amnistía y de reconciliación nacional que pondría en libertad a nuestros presos políticos y permitiría el retorno de nuestros exiliados.
El régimen venezolano viene construyendo su propio muro tratando de distanciar, dividir y ocultar sus fechorías; de su lado queda una minúscula parte de la población sin Dios y sin pueblo. Del nuestro quedamos la gran mayoría que creemos en la justicia como la concibe el Dr. Carlos Cossio: como “la mejora del orden que nos sitúa, la mejora de la seguridad que nos protege, la mejora del poder que nos jerarquiza, la mejora de la paz que nos une, la mejora de la cooperación que nos armoniza y la mejora de la solidaridad que nos acoge.”
Neuro Villalobos
nevillarin@gmail.com
@nevillarin

Zulia - Venezuela

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