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lunes, 19 de noviembre de 2018

GUSTAVO LINARES BENZO, LA UNIVERSIDAD, AUTÓNOMA


La falsa alegría del chavismo ante la falsa victoria de los estudiantes oficialistas en la Universidad de Carabobo (en realidad fue otra pela galáctica para el gobierno, cómo no) dejó una vertiente positiva para el futuro: las elecciones universitarias no son tan malas como dice el TSJ, que las tiene paralizadas desde el 2011, para todos los cargos y para todas las universidades públicas.

Que votar en la universidad sea maravilloso, al menos si gana el gobierno, permite tocar el tema universitario en estos tiempos de cólera. La Universidad es la institución más repugnante para el chavismo, la más odiada y objeto de todos los ataques del Gigante Eterno y de su seguidor. Porque universidad es autonomía, pluralismo, irreverencia; libertad, pues. Y así como no hay nada más parecido al socialismo del siglo XXI que un cuartel, nada le es más distinto que una universidad. (Los cuarteles son imprescindibles, pero están para proteger a las universidades, no para eliminarlas).

Por supuesto, saldrán las estadísticas de la matrícula universitaria con Chávez, de varios miles de millones de nuevos estudiantes. Pero son estudiantes de universidades que se parecen tanto a un cuartel. En realidad muy parecidas, pues la más grande del país, con mucho, es la de la Fuerza Armada, que hasta en uniforme van. En ellas no se elige ni al semanero, mientras los rectores son designados a dedo por el ministro del ramo y a gusto de Miraflores.

Y nos referimos solamente a la libertad (o su ausencia) que reina en la universidad oficialista. Porque de la calidad es imposible hablar con seriedad, pues no hay la más mínima información sobre ellas, no hay concursos para el ingreso de profesores y sus graduados no trabajan en otro lugar que no sea el gobierno.

Así que la generación de universidades chavistas nada tiene que ver con las universidades autónomas, entre otras cosas porque en éstas hay chavistas, algunos muy preparados y brillantes por cierto, pero en las del gobierno no hay nadie que no sea afecto al PSUV, así sea obligado.

Así que el odio del chavismo a la universidad venezolana ha llevado a asfixiar hasta literalmente a las autónomas, fundamentalmente eliminando toda posibilidad de relevo por la vía electoral. La Universidad de Carabobo es el comienzo de la renovación.

Gustavo Linares Benzo
@glinaresbenzo

jueves, 29 de octubre de 2015

ISAAC VILLAMIZAR, LA UNIVERSIDAD, NO SE RINDE,

La universidad venezolana vive uno de sus momentos más críticos. Particularmente, las universidades autónomas y experimentales no subordinadas a las imposiciones gubernamentales son atacadas por diversos flancos. Ser universitario, sea docente, estudiante o trabajador, parece ya ser un estigma. Por ser instituciones donde se ejercita la pluralidad de pensamiento, la creación del conocimiento significativo, la búsqueda incesante de la verdad, el debate abierto de las ideas y la transformación del status quo, no compagina con la mediocridad, la mentira, la ideología única, la improvisación, la torpeza y la crasa ignorancia del oficialismo.

El gobierno no entiende eso de apoyarse en instituciones donde se ejercita la democracia en la elección de sus autoridades, que puedan aportar a la solución del caos, la pobreza y la ausencia de políticas serias y efectivas, dirigidas a la ingente problemática nacional. Menos aún, la universidad realmente plural no puede ser vista con ojos bonitos si allí se pregonan los valores fundamentales del ser humano, como libertad, justicia, independencia, ética, igualdad y responsabilidad.

La autonomía financiera y económica que pregona la Ley de Universidades, para que las instituciones de educación superior públicas manejen su patrimonio, en realidad es una utopía. Desde hace años el presupuesto anual aprobado por el Ministerio de Educación Universitaria y la OPSU sólo cubre la nómina y providencias estudiantiles, en forma recortada, y para los programas académicos de docencia, investigación, extensión y producción de bienes y servicios, son prácticamente inexistentes en la estructura presupuestaria partidas que aseguren el desenvolvimiento normal de la universidad. Claro está, si se trata de una universidad pública donde sus autoridades son designadas por la discrecionalidad del Ejecutivo Nacional, allí sí se destinan mayores recursos, que, ciertamente, por la muy dudosa calidad de su enseñanza y de su producto de egresados, podríamos decir, son dineros que poco contribuyen a la formación de profesionales capacitados idóneamente para el desarrollo del país.
Una universidad con presupuesto deficitario, con profesores y personal muy mal remunerados, con una investigación castrada en recursos, con laboratorios obsoletos, con una infraestructura deteriorada, con ausencia de insumos y equipos, y amenazada con una inflación galopante, monstruosa y empobrecedora, ve cómo su talento, sus docentes, sus profesionales y sus alumnos emigran, ya sea a instituciones privadas o hacia oportunidades más atractivas en el extranjero. El gobierno, digámoslo así, está vaciando a las mejores universidades. Los recursos que ellas requieren están comprometidos en la campaña electoral, en el despilfarro, en las compras militares, en las limosnas de los programas sociales, en la corrupción, en los contratos públicos ilícitos y en todo aquello que pueda contribuir a hacer permanecer en el poder a un sistema totalmente colapsado.
Lejos estamos de estar en la cúspide mundial de una educación universitaria que cumpla con parámetros internacionales de calidad, pertinencia e innovación. Porque este gobierno quiere condenar a la universidad nacional al ostracismo y a la clausura. Pero los universitarios comprometidos no estamos dispuestos a declarar la rendición de la universidad.

Isaac Villamizar
isaacvil@yahoo.com
@isaacabogado

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